Marco Pantani: ascensión y descenso de Il Pirata

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Marco Pantani, «Il Pirata», fue uno de los grandes iconos del ciclismo mundial. Recientemente, el mundo del ciclismo le ha dedicado un monumento en el punto exacto en el que lanzó uno de los más sobrecogedores ataques de la historia de ese deporte, ascendiendo la cima del Galibier: ataque que le sirvió para ganar el Tour de Francia. Héroe y villano al mismo tiempo, sigue siendo recordado como una de las figuras más carismáticas del deporte reciente.

El 27 de julio de 1998, Marco Pantani logró una de las más grandes hazañas en la historia de la bibicleta. En un Tour que no tenía cabida para los escaladores y que durante años había sido dominado por contrarrelojistas como Miguel Induráin, Jan Ullrich o Bjarne Riis, «Il Pirata» (así apodado por su carácter guerrero y su estética: rapado, con pendientes, perilla y una bandana en la cabeza) rompió los esquemas en aquella etapa de alta montaña que pasaba por la Croix de Fer, el Galibier y Les Deux Alpes. La climatología de ese día le fue adversa, como lo fue casi todo en su vida: lluvia y frío se ensañaron con su pequeño cuerpo, de 1’72 metros de altura y tan sólo 57 kilos de peso. Un físico aparentemente frágil que sin embargo encerraba una fuerza y una capacidad de sacrificio sobrehumanas.

Pantani arrancó ese día con tres minutos de diferencia en la clasificación general respecto al líder, Jan Ullrich, gran contrarrelojista alemán que ya había ganado la anterior edición del Tour y nada invitaba a apostar en su contra en éste. Es probable que Pantani en un principio tan sólo buscara la victoria de etapa, de tan lejano como parecía el liderato. Salió el pelotón bajo el temporal replegado sobre sí mismo, como un rebaño que busca el calor de sus congéneres, pero en cuanto el terreno empezó a ascender sólo los más fuertes pudieron seguir el ritmo. Hasta aquí todo tenía sentido. Y entonces llegó el Galibier, puerto relativamente corto pero de gran dureza y que asciende hasta unos imponentes 2.642 metros de altura. Y entonces todo perdió sentido.

Il Pirata arrancó como una fiera desbocada, las manos en la parte baja del manillar como el escalador de raza que era, sus piernas dos pistones de acero amenazando con destrozar la bicicleta, que parecía de repente demasiado endeble como para soportar semejante castigo. Ullrich ni siquiera trató de seguirlo, ni lo pudo hacer nadie más. La posibilidad parecía tan ridícula como la de haber tratado de seguir un bólido de Formula 1. Fue tal la virulencia del ataque que Pantani coronó esa primera cima a poco menos de tres minutos del grupo de Ullrich. Dicho de otro modo: les sacó casi medio minuto por kilómetro. Ojalá pudiera expresarse con palabras lo que eso significa.

El descenso del Galibier estuvo marcado de nuevo por la climatología: al frío y la lluvia se les sumó una niebla que impedía ver a veinte metros. Solo y sobre una carretera resbaladiza, Pantani hizo lo que ha hecho toda su vida: tomar riesgos e ir al límite. Esta vez le salió bien. Al terminar el descenso contaba con cuatro minutos sobre Ullrich, y se elevaba ahora ante él otro puerto, el de Les Deux Alpes, que afrontó de nuevo con una fuerza incomprensible. «No puede seguir así: va demasiado forzado, terminará cediendo», nos decíamos todos. Pero «il Pirata» seguía marcando su ritmo infernal, kilómetro tras kilómetro, solo ante la montaña. Su gesto destilaba dolor, cansancio, pero sobre todo una determinación enfermiza. Con esa expresión cruzó la meta, sacándole casi dos minutos al segundo clasificado, un Massi que estuvo colosal. Pero «colosal» no basta como para acercarse siquiera a lo que hizo Pantani. Nueve minutos después, el que cruzaba la meta era un Ullrich incrédulo. Un escalador le había arrebatado el maillot amarillo.

Al día siguiente, Ullrich atacó con todas sus fuerzas, y nadie fue capaz de mantenerle el ritmo. Nadie, excepto un exultante Marco Pantani, que no le dio ni medio metro a un desesperado alemán, que veía como su perfectamente calculado Tour se le escurría entre los dedos debido a un factor que nadie tuvo en cuenta: un extravagante italiano absolutamente descontrolado que no sólo tuvo fuerzas como para ganar el Tour si no que además se había proclamado ese mismo año vencedor del Giro. Ese 1998, Pantani escaló montañas hasta llegar al cielo. Con su sempiterna bandana, había roto con la dictadura de los contrarrelojistas y había logrado un Tour para Italia rompiendo así treinta y tres años de sequía. El mundo se rendía ante el carismático pirata.

Cinco años y medio después, en el día de San Valentín, catorce de febrero de 2004, su cuerpo fue encontrado muerto en la habitación de un hotel fuera de temporada. El diagnóstico: muerte por paro del corazón como consecuencia de un edema pulmonar y cerebral, derivados del consumo abusivo de cocaína.

En menos de seis años, il Pirata había pasado de la más alta cima al más profundo pozo. ¿Qué le pasó a ese personaje extrovertido y luchador para verse reducido a un despojo?

El 1999 y a sólo dos jornadas de ganar de nuevo el Giro de Italia, Marco fue despertado por la mañana por unos desconocidos que llamaban a su puerta: “control antidopaje”, le dijeron, secamente. Pantani no entendía nada: no era el procedimiento habitual. Los controles solían avisarse con cierto tiempo de antelación y desde luego nunca sacaban a nadie de la cama para hacerlos. Dio positivo por contener su sangre unos niveles de hematocrito más altos de lo legal. Los ciclistas saben cómo bajar los niveles de hematocrito: salinos y aspirina. Por supuesto, si el control no es anunciado con tiempo, como fue el extraño caso de Pantani, no pueden tomarse medidas. «¿Conoce a un deportista que no se dope?» preguntaba retóricamente tras la muerte la que fue su novia, Cristina Jonsson, a un periodista francés. Pantani desde luego no era la excepción. Fue expulsado del Giro que tenía ya en el bolsillo y suspendido durante un año.

«Il Pirata» jamás se recuperó de ese golpe. Tras la exclusión del Giro, pasó varios días encerrado en casa sin dejar de llorar. Siempre tuvo el convencimiento de que se la habían jugado, de que ese control sorpresa respondía a poderes fuera de su comprensión. Nunca pudo demostrarlo.

Pasado el periodo de sanción volvió a pedalear, pero nunca fue el mismo. Tras un par de años más agrios que dulces y retirado ya definitivamente del ciclismo, pasó los siguientes años de tribunal en tribunal intentando limpiar su imagen sin conseguirlo. Encontró refugio en la droga; «era la única manera que tenía para soportar la presión», cuenta Cristina, que consumía cocaína con él «por amor». Pantani padeció una depresión hasta la fecha de su muerte, que lo golpeaba con más fuerza cada vez que creía recuperarse. Intentó rehabilitarse del consumo de drogas diversas veces sin éxito alguno. Su conducta fue en muchas ocasiones autodestructiva. La relación con su familia se había roto por completo por culpa de la droga. La asombrosa capacidad para llevar su cuerpo al límite, rozando el masoquismo, la afición a llevar una vida extravagante y su propensión al riesgo fueron las cualidades que lo hicieron grande. Esas mismas cualidades, sin embargo, lo llevaron a la muerte.

Ese febrero de 2004, Marco reservó una habitación en Le Rose, decadente hotel de Rimini, una ciudad costera que pasa los veranos en ebullición pero durante el invierno es prácticamente un pueblo fantasma. Por qué eligió ese hotel barato y esa ciudad es algo que aún se desconoce. Sí se sabe que esa noche maldita del 14 de febrero atrancó la puerta de la habitación con un mueble y atiborró su maltrecho cuerpo de droga, ése que había coronado las más altas cimas pero ya no reconocía como suyo. Antidepresivos y cocaína sirvieron de mortal cóctel, y varios papeles en los que había escrito frases inconexas y sin sentido servían de desquiciado testamento.

Lucien van Impe, un escalador que ganó el Tour en 1976, dijo de Pantani cuando estaba en su plenitud: «Su problema es que escala con las piernas y no con la cabeza». Sin saberlo, resumió a la perfección su vida.

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7 comentarios

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  2. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Tour de France 2011, merci beaucoup

  3. Uno, el Galibier no es un puerto corto, tiene dos vertientes, una de más de 22 kilómetros, la otra, que es a la que te refieres, enlaza el puerto del Telegraphe con el Galibier, entre los dos 35 kilómetros, si solo cuentas la parte de ascensión pura al galibier, 17 km. No es corto precisamente, al menos en términos ciclistas.

    Dos, cuando atacó Pantani por delante iban Massi un par de corredores del equipo KELME y Fernando Escartín que había atacado antes que Marco. Sin la ayuda de estos corredores, Pantani no habría llegado con 4 minutos a los pies del último puerto.

    Tres, en 1999 no era detectable la eritoproyetina exógena, no podía dar positivo, fue suspendido cautelarmente, creo recordar que seis meses, porque todo ciclista con unos niveles de hematocrito en sangre superiores al 50% se consideraba peligroso para la salud del ciclista, en otras palabras su sangre era demasiado espesa y podía sufrir una embolia.

    Flojita la documentación del artículo…

  4. Propongo una corrección: «un extravagante italiano absolutamente drogado que no sólo tuvo fuerzas como para ganar el Tour si no que además se había proclamado ese mismo año vencedor del Giro».

    No se porqué dais esa aura de heroicidad a estas historias.

    Y sí, como bien dice Luis el Galibier no es un puerto corto, de hecho si se sube por St. Michel de Maurienne su dureza reside en su distancia y en que antes debes subir el Telegraphe. Y si se sube por Lautaret son 20km al 5,1% con kilometros al 9%. No se dónde ves tu lo de puerto corto.

  5. pantanisiempre

    Todavia queda su tiempo en el alpe d’huez y a diferencia de contador pantani NUNCA dio positivo.
    Aunque nadie se puede acercar al campionissimo fausto coppi el mejor ciclista de todos los tiempos.

  6. pantanielunico

    Para Joan:

    Como habrás leído éstos días, se va aclarando el misterio de la muerte de Marco.
    «No se porqué dais esa aura de heroicidad a estas historias». Pues bien, se la damos porque todos tenemos ídolos y porque lo que hizo Pantani en el ciclismo lo han hecho muy pocos.

    Poco a poco se va limpiando su nombre y la gente ya comienza a ver que su expulsión del Giro en Madonna di Campiglio fue una farsa, como hemos defendido sus numerosos fans desde siempre.

    Sólo dio un hematocrito superior al 50%, nunca pudo demostrarse un positivo.

    GRANDE MARCO.

  7. jose luis

    A raíz del caso Pantani se modificó la tasa de hematocrito a 52%, hoy día no hubiera marcado positivo. Investigue.

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