Pepe Albert de Paco: Por un nuevo concepto de creador

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Cada vez que alguno de los llamados creadores sale a hablar de dinero, lo primero que hago es tratar de emparejar creador y creación. No es fácil. Para empezar, los creadores no se prodigan demasiado. La mayoría de ellos fueron geniales hace cosa de treinta años, pero en puridad ya no crean nada; y, en algunos casos, la genialidad no dio más que para un hit. Pienso ahora en Teo Cardalda y su No mires a los ojos de la gente, en Sabino Méndez y su Cadillac solitario, en el propio Teddy Bautista, al que siempre confundo con Rudy Ventura. En parte me recuerdan a Rozalla, esa muchacha de 50 años que desde 1991 peina las discotecas cantando Everybody’s free. Con notable éxito, por cierto. La única diferencia entre ellos y Rozalla es que Rozalla trabaja.

¿Demagogia? Probablemente, pero la imagen de Caco Senante invocando autorías no le va a la zaga. ¿Han pensado estos creadores por qué nos tomamos a cachondeo las huelgas de la AFE? Exacto, porque al frente de las amenazas siempre hay un ex futbolista tipo Bakero, un personaje cuyo vínculo con el fútbol es tan difuso y enmohecido como el de Senante con la creación. El día en que aparezcan Xavi, Ramos y Casillas y uno de ellos diga (Ramos, por ejemplo, que es el que peor lo dice todo) «este domingo, señores, se me van ustedes al circo que no hay partido»; cuando llegue ese día, vamos a ver lo que tardan los morosos en quedar sepultados en Tercera. Con la creación ocurre otro tanto: cualquier esfuerzo pedagógico debería empezar por que la relación entre el hombre y la obra no sea un asunto de gravedad arqueológica, sino algo un pelín más fresco. Entre otras razones, porque no hay nada más cutre que poner a hablar de dinero a tipos que de verdad lo necesitan.

En fin, que todo esto de Ibercrea está muy bien, pero que la persona que esté al frente de ese organismo sea más brillante que todos los creadores juntos, no sé yo. Boadella sospechó algo cuando le dijeron que en España había 100.000 creadores. Ni uno menos. Sea como sea, me parece que no es mucho pedir que, habiendo cien mil, el que salga a la palestra no sea el del mojo picón. Y si tiene que ser el del mojo picón que al menos no lo haga en pijama y con gafas de lejos, que para eso es creador o eso dice. Los sindicatos, viejos y diablos, hace tiempo que lo vieron claro; por eso los obreros del metal salen a manifestarse con el mono azul. Estén en huelga o sea domingo, pero siempre con el mono azul.

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2 comentarios

  1. Querido José María:

    Aun a miedo de ser un pesado, creo que el término «cultura» contribuye a crear más confusión.

    El palabrejo de marras hace que tenga el mismo valor una creación de Velázquez que unos rayajos de la inefable ARCO. O cuando vimos que la UNESCO -organismo jefe del relativismo- le dio la misma categoría «cultural» a unos tíos que se suben unos encima de otros que a los deliciosos dedos de Paco de Lucía.

    El señor Arcadi percibe el efecto mitificador de la palabreja y la usa a diestro y siniestro cuando nos ataca diciéndonos lo paletos que somos por no apreciar a los culturistas. Como él, supongo.

    También está el asunto del valor de lo producido. Poca gente paga 10 euros por un par de calcetines, pudiendo comprárselos por 60 céntimos. Quizá sea también que nadie cree que una canción deba valer más de un euro, aunque el músico haya tardado meses en componerla.

    Tampoco puedo pedir yo más de 5 euros por una edición de unos poemas de Quevedo, por mucho que me quiera revestir con tazones de importancia; me haya dejado las pestañas en manuscritos antiguos; haya tenido que estudiar paleografía; haya tenido que viajar a diversas bibliotecas; haya tenido que leerme todas las ediciones existentes; y vaya por la calle -soberbio y altivo- porque sé más que nadie sobre Quevedo.

    Pero la gente no paga por Quevedo.

    Y sí. Que el Mojo Picón se recubra continuamente de atributos como «cultura» y «creador» a mí me suena a chirigota gaditana.

  2. Priede

    Crean los dioses; los hombres construyen o destruyen. A veces construyen destruyendo, por ejemplo los mitos. Vale también que el artista desvela, por algo Aristóteles decía que los dioses siempre están más cerca del arte que del artista, el cual es frecuente que ande cerca del delirio más que del sentido común.

    Hay inflación de diosecillos, de creadores.

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