Nos encontramos con Héctor de Miguel Martín, conocido artística y familiarmente como Quequé en su hábitat natural: la cueva (típica de muchos locales madrileños) de Artebar La Latina. Quequé es de humor austero, de una sobriedad —no sabemos si dada por su naturaleza o prestada por su Salamanca natal— de la que hace gala y explota como recurso humorístico. Hablamos de humor y le damos a probar de su propia medicina sometiéndole a un test inspirado en el que realiza él mismo a los invitados de Abierto hasta las 2, en RNE.
En España, durante muchos años, más que monologuistas había “cuentachistes” como Arévalo, Marianico el Corto o los Hermanos Calatrava. ¿Sientes algún vínculo con ellos? ¿Hay una continuidad o te parece algo totalmente ajeno?
No solo siento continuidad, sino también mucho cariño y admiración. Si no me dedicara a esto también lo sentiría. Me he reído mucho con Arévalo, con los Hermanos Calatrava, con Marianico el Corto y, sobre todo, me he reído mucho con Eugenio. Eugenio era dentro de los “cuentachistes”, digamos, otro estilo; y no creo que sea difícil ver en mí la influencia de ese estilo en esa cosa de estar serio, ese no reírse nunca. Es verdad que muchas veces hablamos con cierto desdén de esta gente. Era lo que se podía hacer en aquella época. Y también estaba Gila haciendo monólogos. Son gente que abrió camino, es posible que ahora hayan quedado un poco desfasados por la nueva moda o lo que sea, pero ahí está Arévalo trabajando con Bertín Osborne en el teatro. Quizá no es un show que yo iría a ver, pero tiene su público. Para mí son pioneros y los respeto mucho.
Ya que mencionas la influencia de Eugenio en tu estilo, ¿es más efectivo el humor cuando quien interpreta está completamente serio?
En mi caso es un recurso que uso y que me gusta. No sé si es más efectivo. Hay gente que usa el recurso contrario, reírse de sus propios chistes cuando va contando la película, y también les funciona. Me parece bien, pero yo prefiero lo otro: estar serio.
¿A qué se debe la explosión del stand up en España?
La verdad es que no lo sé. Llegó el Club de la Comedia hace muchos años, puso la marca, puso el ladrillo detrás, puso el micrófono y dijo: esto son monólogos y esto es humor inteligente. Yo creo que ya existía, con Gila por supuesto, y con alguno más que hizo el intento; Pepe da Rosa, en su estilo, y alguno más. No sé a qué se debe el boom. Bueno, en los bares o locales que hacen monólogos sí hemos notado que la ley antitabaco les ha venido muy mal y en la primera hora que están medio vacíos no les viene nada mal contratar a un cómico, que además les sales muy barato —en comparación con contratar un grupo— y animas hasta que se va llenando. Pero antes las salas de fiesta también lo hacían.
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Bueno, también estaban como monologuistas Manolito Royo, Fernando Esteso, Andrés Pajares y otros muchos que pululaban por las salas de fiestas. Pero creo que los monólogos de antes de El Club de la Comedia estaban dirigidos a un público más amplio de lo que están ahora. Por ejemplo, Goyo Jiménez hace referencias que mucha gente que no sabe ni de que está hablando (que si Mordor, que si ciclotímicos)
Jajá me ha gustado mucho tu comentario, lo de Mordor… Muy bueno.
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