Faemino y Cansado: "El cerebro es gilipollas" - Jot Down Cultural Magazine

Faemino y Cansado: “El cerebro es gilipollas”

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Faemino y Cansado nos recibieron tras las bambalinas del Teatro Borrás de Barcelona, en el backstage que dicen los alternativos, poco antes de salir a escena. Carlos y Javier destilan ingenio, complicidad y un aprecio mutuo acomodado en la amistad. Esta pareja bien avenida nos habló de sus inicios, de su presente, de su futuro y, sobre todo, de lo suyo: el humor. Como colofón nos regalaron sublimes disertaciones sobre los mimos o sobre el fútbol que no os podéis perder.

Vuestros inicios en televisión fueron en Cajón Desastre, ¿qué opináis de la televisión que se hace ahora?

Cansado: Tenemos incluso un precedente que no contamos nunca pero que vamos a contaros: nuestro debut fue con Norma Duval, en un programa de TVE que se hacía en el Casino de Palma; hicimos una aparición estelar que fue una calamidad. Luego, efectivamente, nuestro programa un poco más serio fue Cajón Desastre y fue muy chulo. ¿Qué opinamos de la televisión actual? Pues hombre, hay tantos canales que mola. La oferta es tan enorme que al que no le guste la tele ahora mismo es que no le gusta la tele, porque puedes ver lo que quieras. A mí me encanta la tele.

Faemino: Pues sí, cuanta más oferta de humor, pues una felicidad. Nosotros somos de una generación equis, ese momento en que se empiezan a eclipsar los humoristas tradicionales y empieza una nueva forma de humor, distinta. Y nos encontramos con que la alternativa, de repente, estamos en un programa de Norma Duval. ¿Qué te parece?

C: Sí, sí, fue…Voy a contarlo: fuimos a Palma, ya se había acabado el programa y entonces hicimos una prueba como en las películas americanas, con el productor y el realizador sentados en las butacas del casino. Hicimos un pase del espectáculo para ellos dos solos y les gustó tanto que nos grabaron con una cámara, que es lo mejor que hemos hecho nunca en la tele porque era sólo una cámara y el out lo hacíamos nosotros; sacábamos lo que queríamos sacar en plano, entrábamos salíamos, y fue maravilloso.

¿Eso no está en YouTube?

C: No, eso no está. Lamentablemente. Lo teníamos pero se perdió. Perdimos eso y nuestro debut, la primera actuación que tuvimos en un local que fue en el bar Avapiés en la calle Lavapiés y que también lo teníamos grabado.

F: Inventamos el formato de Cámera Café sin saberlo.

Esa generación de la que hablábamos, de programas como Cajón Desastre o La Bola de Cristal en los que estaban Pedro Reyes, Pablo Carbonell, Javier Gurruchaga, etc. ¿Es la generación perdida?

C: Nosotros somos un poco como el eslabón, porque hasta ese momento el humor se entendía que era el chiste o la parodia, la imitación del famoso, y nuestra generación —Pablo Carbonell, Pedro Reyes, Wyoming, Virtudes, nosotros— aportó otra idea,  una idea más cosmopolita del humor, más abierta, con cosas más culturales; tampoco muy elevadas pero, en fin, otro planteamiento. Y es ese eslabón; pasamos de la parodia pura y dura a lo que se hace ahora que es más intelectual, más anglosajón. Nosotros somos los que hemos quedado, todo el mundo sigue trabajando pero somos los que hemos quedado un poco en la élite. Es muy agradable que cuando preguntan a los cómicos que están en boga ahora siempre hablen de nosotros, nos mola. Mola que digan “de pequeños veíamos a Faemino y Cansado”. O sea, mola… te disgusta que digan “de pequeño” pero es la puta realidad. Nosotros veíamos a Tip y Coll y ellos nos veían a nosotros. Y ahí estamos, en ese eslabón. Consideramos que todo lo que hemos hecho en televisión tiene validez hoy día. A lo mejor está mal hecho, a lo mejor no es bueno, pero de lo que hablas lo haces hoy mismo y tiene vigencia.

Las hombreras de las chaquetas quizá ya no.

(Risas)

C: Bueno, te voy a enseñar cómo están las chaquetas que sacamos que tienen ya veinte años. Están destrozadas.

C: Ojo, que a Gaultier le hemos visto un modelo parecido, eh.

¿Volveríais a televisión como dúo? Ahora no dejan fumar.

F: Yo soy fumador. Católico y fumador. Voy a contar una anécdota curiosa: cuando empezamos en televisión alguien nos dijo que no sacáramos el coñac porque era una apología del alcohol. Nos dijo: en lugar de coñac vais a meter té, y dijimos “vale” y metimos coñac. La ley y la trampa.

C: Pero no, no volveríamos a televisión como dúo, no ya por no fumar sino porque ya está, ya se acabó. La tele fue una parte de nuestra vida, fue un escaparate maravilloso, nos dio prestigio, dinero; en fin, todo lo que tiene que darte y ya está. Ya se hizo.

Vuestra carrera profesional ha ido desde los inicios en El Retiro, pasando por la popularidad de la televisión para llegar a las actuaciones en teatros ¿preferís un público minoritario?

C: La alternativa que tenía un humorista (también en eso somos un poco pioneros) era actuar en la tele, en las fiestas de los municipios o salas de fiesta, y nosotros nos negábamos a hacer esto. Queríamos actuar en teatros, que es una cosa más recogida, más divertido y más cercano. Al principio nos costó muchísimo; no actuaba nadie, el humorista estaba mal visto en el teatro. De hecho para registrar los espectáculos en la SGAE te registrabas en variedades en vez de en gran obra. Cuando tuvimos algo de fama hicimos una gira y dijimos que era una mierda; qué hacemos en un sitio en el que te ven tres mil personas, que no te ven. Entonces para qué. Tú puedes ir un día a una ciudad y que te vean tres mil personas o ir tres días, que al final te ven los mismos, pero te escuchan, te ven. Nuestro formato quedó decidido que era hacer teatros. Este teatro o en Madrid elAlcázar son ideales, son setecientas localidades y son perfectos.

En alguna ocasión habéis hablado de la influencia de los Monty Python en vuestros inicios. ¿Qué otras influencias habéis ido absorbiendo?

F: Todo aquello que tenga un toque poético, que se vaya un poco de la literalidad. El absurdo, lo surrealista, el punto de fuga. Podemos revisar el trabajo de ellos y a lo mejor ahora lo ves de otro modo, pero entonces la oferta de Tip y Coll era fascinante.

C: Cuando vimos a Monty Python, o incluso a Les Luthiers en el teatro, vimos que te podías ganar la vida haciendo un humor más sofisticado. Descubrimos un mundo profesional. Nosotros entonces hacíamos nuestros pinitos para los colegas y decidimos, viendo a Monty Python, hacer un espectáculo e irnos a la calle. Empezamos haciendo una performance, pintábamos en el suelo en el Paseo del Prado. Hubo una señora que nos dio dinero y dijimos: hostia, esto es una mina.

¿Es el sentido del humor un distintivo de cada nacionalidad?

C: El sentido del humor es una cosa muy peculiar. Es un temazo. Es algo que no se puede enseñar, ni explicar. El humor efectivamente caracteriza a las personas y a grandes rasgos sí, hay humor catalán… belga no sé si habrá, pero bueno; esto a grandes rasgos, pero curiosamente creo que todo el mundo se ríe con lo mismo. Hay un detalle que me gusta: Javier Fesser cuando hizo El milagro de P. Tinto la presentó en Sundance y había un gag de un menda que se bebe una gaseosa y eructa, que es una cosa muy española y tal. Pues dice que en los dos o tres pases que dio la gente se descojonaba. Otro detalle personal muy simpático: nuestros programas de televisión se han vendido en todo el mundo y aún hoy nos viene dinero por los derechos de autor de Finlandia, Nueva Zelanda… entonces alguien lo ha entendido. También hay cosas muy locales, tú ves el Saturday Night Live y dices: esto es algo muy suyo. Pero también te ríes.

¿Y a nivel regional? Vosotros tenéis un humor más castizo, en Cataluña por ejemplo tenemos a El Tricicle. ¿Qué opináis del humor de  El Tricicle?

C: Yo creo que es una cosa más sofisticada, más limpia. Una línea clara. Pero nosotros llevamos viniendo a Barcelona mucho tiempo, la primera vez que vinimos nos trajeron El Tricicle al teatro Victoria hace veinte años, y nos decían: el público catalán… vosotros sois muy madrileños, muy castizos. Mentira, desde el primer día que llegamos aquí hemos funcionado siempre muy bien.

F: Con el material que trabajamos es con el que nos identificamos todos, trabajamos con lo que pasa en la comunidad de vecinos y eso le da igual a un catalán que a un andaluz. Todo lo que trabajamos nos pasa a nosotros también, entonces es un humor solidario.

¿Vosotros con quién os reís más?

C: El humor es una cosa que te hace ver la vida de una manera determinada, algo que tú buscas y puedes encontrarlo en todo. Profesionalmente, mi humorista favorito es Carlos Faemino, no solo de ahora sino de toda la historia. (Faemino pestañea mirando hacia arriba). No porque esté aquí, no porque sea mi amigo. Yo soy un entomólogo del humor, me interesa mucho y estudio cómo funciona. Tú no te ríes porque algo te haga gracia, es curioso el cerebro cómo funciona. Hasta ahora pensábamos que algo te hace gracia y entonces te ríes, pues no es así; resulta que el cerebro es cartesiano, es lógico, entonces, cuando algo le distrae, no puede. Y una salida que tiene es reírse. Y al reírte te hace gracia, pero es previa la risa al hacerte gracia. Cuando buscas ideas sofisticadas de humor a veces piensas: si da igual, si al cerebro no le importa. El cerebro es gilipollas, muy sofisticado y tal, pero gilipollas. En definitiva, yo me río con todo y sobre todo con Faemino. También con gente emergente, con Agustín Jiménez, con Goyo Jiménez, con Muchachada Nui. Hovik también me gusta mucho, os lo recomiendo.

¿Hay humor inteligente o público listo?

F: A nosotros lo que nos ha dado la edad es la libertad. Antes teníamos ciertos prejuicios, ahora dices: que la gente se ría como quiera, de lo que quiera. En mi caso cualquier cosa que me haga reír es genial, es maravilloso. Te liberas de historias de humor intelectual.

C: Ahí vamos a discrepar. Una cosa es que te haga reír, vale, pero luego otra cosa es que tú puedas pensar por qué te hace reír eso. Yo prefiero que, una vez que me he reído, que sea una cosa que me la halague intelectualmente, que sea algo más sofisticadito.  Son ambas cosas. Los espectáculos tienen muchos niveles, desde tacos infectos hasta cosas muy sofisticadas de carpintería teatral; a nosotros nos da igual con lo que se ría la gente, que se ría con cagarnos en la puta madre de un personaje o que se ría con una cosa sutil, pero efectivamente hay días, eso sí que es verdad, que hay un público que con las cosas sutiles se ríe menos. Pero al final la balanza es que si tiene que haber sesenta carcajadas en el espectáculo, que las haya donde sea. Porque además el directo es muy desagradecido para el humor en ese sentido; una película con ocho carcajadas —esto está censado, eh— es una película de éxito cómico, en hora y media; un espectáculo de humor de hora y media si no te da cincuenta, no vale. Es acojonante, macho, qué injusticia.

F: ¡Que conste, que conste!

C: Hala, ya está, ya está.

Hablemos de tipos de humor. Con cuál de estos conceptos os sentís más identificados: Humorista, cómico, payaso.

C: Hombre, una vez que nos llamaron payasitos nos mosqueamos un poco.

¿Por qué tiene ese sentido peyorativo?

C: Según cómo se diga. Cómo se marque la i griega ésa. Nosotros somos humoristas.

F: Antes, cuando había que sindicarse…

C: Ah, bueno… cuando empezamos. Di lo que somos, a ver si te acuerdas.

F: Somos excéntricos.

(Risas)

C: No, perdona: excéntricos, charlistas y caricatos. Nuestra licencia fiscal era ésa.

F: Y, naturalmente, si nos preguntas con cuál de las tres nos quedamos elegimos “excéntricos”, sin duda alguna.

C: Es que mola, tú no tienes hijos, pero imagina si al mío le preguntan: ¿tu padre qué es? Excéntrico. Mola.

¿Es indispensable la existencia de los mimos?

C: Hombre, hay todavía una vuelta de tuerca que son las estatuas.

(Risas)

F: A mí me parece algo nefasto, que no aporta nada. Su trabajo es una angustia. Pero que, como dice Javi, ya lo han superado, lo han eclipsado. Un tío que se para ahí, pintado de plata, que está transpirando, está viviendo una tragedia, porque esa piel dentro de dos años está podrida. Y que además te quedas un poco estupefacto porque están ahí y siguen recompensando esa tragedia. Pero es la ley de la oferta y la demanda.

¿De los imitadores qué pensáis?

C: Hay dos grandes grupos de humoristas, los que te ofrecen un mundo personal y los que copian. Todo es muy válido y está muy bien, pero yo prefiero uno que te ofrece su mundo. A lo mejor luego no te interesa nada su mundo, pero bueno, al menos se lo ha currado, se ha hecho un personaje.

F: Sí, a nosotros nos deja esto un poco estupefactos, que puedas hacer una imitación, que es un género que existe y es celebrado, pero que tú, como observador, dices ¿imitas al personaje que ya en sí mismo suele ser exagerado y divertido? Un poco mimo sí que es. Por ahí va la cosa.

¿Y los ventrílocuos?

F: Bueno, eso ya es el colmo.

C: Hay que tener huevos.

F: Otra cosa que nos deja estupefactos, fíjate, que en este país las tres mayores fortunas son: de un mimo, es decir, de un payasito con un cencerro, de un ventrílocuo y… bueno, voy a decir solo dos.

(Risas)

C: Y Amancio Ortega, que es un cachondo.

En este mismo número entrevistamos a Ferran Adrià; nos ha dicho que le gusta el humor absurdo. ¿Qué opináis vosotros de la comida absurda?

C: Nosotros somos muy comilones y nos gusta mucho. Nos gusta la comida en todas sus variantes. Nos gusta la comida seria, la sofisticada, nos gusta todo. Y la cocina de Ferran Adrià es estupenda porque además de ser buena es simpática, es sorprendente, en fin, lo tiene todo.

F: Lo que nos sorprende son los imitadores, porque de repente hay gente que te ofrece cosas que dices: mira, esto no, no te ha salido, lo que sí te ha salido es la cuenta.

Todas vuestras actuaciones están en YouTube. ¿Cuál es vuestra postura respecto a la divulgación en internet?

C: En nuestro caso que lo hagan, adelante, pero yo creo que si el artista no quiere no se debe hacer y si alguien se lucra con tu trabajo, menos todavía. Si yo no quiero que sea, creo que no debería ser. En nuestro caso sí, que lo hagan. Incluso nos conviene, porque nuestro trabajo está en el directo, en la improvisación. Pero, desde mi punto de vista, si no quiere el creador no se debería hacer.

F: Yo creo que el mercado crea el sistema de difusión, la misma multinacional  es la que crea el sistema de difusión y el artista depende del sistema de difusión. Crea la cinta de casete, desaparece y aparece el CD, desaparece el CD y aparece el Mp3; todo esto lo hace la misma multinacional. Lo que creo que se tiene que hacer es buscar sistemas  alternativos, pero no sancionar, porque es algo que es imparable. Además es un poco hipócrita; dicen que van a cerrar páginas, saben perfectamente cómo acabar con eso, lo que pasa es que el servidor está en Islandia y a ver quién es el guapo que va al servidor de Islandia o al servidor ruso a cortar el grifo. Yo creo que en ese marasmo somos inocentes todos, somos víctimas de la multinacional y el consumidor al final es politizado. Resultamos todos perjudicados, como autores y como consumidores.

¿Qué pasó con vuestra página web “La Mandíbula”?

C: No había todavía dinero en Internet. Teníamos gente trabajando, el dinero lo poníamos Carlos y yo; al principio teníamos un socio, Canal 21, que pagaba los trabajos, pero luego estuvimos varios meses en los que nosotros hacíamos los contenidos y también pagábamos. Mientras no ganábamos no pasaba nada, pero cuando ya empezamos a perder dijimos que ya estaba bien.

Wikipedia dice de Faemino: Aunque no es algo comprobado parece ser que es también el actor que da vida al personaje Rafa Corega, un músico multidisciplinar aparecido en 2006 cuya obra se distribuye por internet. ¿Confirmas o desmientes?

F: He oído hablar de él. Y lo he visto en algunas ocasiones, por la noche en alguna fiesta, pero no me he atrevido a preguntarle.

¿Siendo de Carabanchel seréis de Atlético de Madrid?

C: ¡Qué va, me he hecho del Madrid! Fíjate, yo era anti madridista, vivía en Carabanchel y era socio del Atleti, pero llegó Jesús Gil y me quité; me dije que qué hacía yo allí que soy muy marxista. Hace como dos años me hice del Madrid por pose, cuando se empezó a decir que el Barcelona era cojonudo porque ponía Unicef en su camiseta y el Madrid ponía Bwin, que es una casa de apuestas, y es como brindar por el capitalismo. Entonces dije: pues yo lo reivindico, porque el hecho de que ponga Unicef es una tapadera, eres igual de capitalista. Pero es que ahora soy del Madrid de verdad. Es flipante, Carlos, me he hecho del Madrid.

F: Lo sé, lo sé. Me consta.

C: Pero cuando el Atleti esté por encima del Madrid seré del Atleti. Yo soy muy madrileño, me he hecho muy abertzale de Madrid y, claro, me sentaba mal que se hablara mal del Madrid porque pusiera Bwin en sus camisetas.

F: Es un idealista, ha sido de varios equipos. De un montón. Pero con chapitas y todo. Muy forofo.

C: Sí, he sido del Valencia, he sido de la Real…

(Llaman a Cansado para ir a calentar la voz )

F: Yo soy del Madrid porque me encanta la camiseta blanca. La idea del blanco me encanta. Cuando salen con la otra camiseta negra se me vienen un poquito abajo, pero cuando van de blanco… qué limpieza, qué maravilla. Sufro cuando se hacen zurraspones verdes en las caídas. ¡Cámbiate la camiseta! Nosotros tuvimos un programa de deportes en nuestros inicios. Javi sabe mucho de fútbol y yo no sé nada. El contrapunto ese nos condujo a un programa de humor, entonces no se nos conocía, no teníamos solvencia profesional y, bueno, nos despidieron a los tres o cuatro programas porque no entendían nada. La oferta les superó. Demasiado surrealista, demasiado tonto o lo que fuera. Y uno de los ingredientes de lo que hacíamos era que yo iba a hablar de fútbol sin saber. Y, joder, por qué nos echarían, quedaba fenómeno. En Madrid se hacían tertulias en las que era obligatorio que la gente hablara de lo que no sabía y eran un éxito. Porque, claro, qué ameno Ramón y Cajal hablando de toros, por ejemplo. Yo decía: ¿cuánto costará una red de portería? ¿Dónde las encargas? ¿Por qué cobra lo mismo el portero que los que corren? ¿Por qué son once? Qué cifra más caprichosa. Total, no duramos.

Fotografía: Yolanda Gándara

18 comentarios

  1. Curioso lo de esta redactora: inconmensurable en el desarrollo de sus artículos, pero a la hora de titularlos (los dos) no puede prescindir de “gilipolleces”.

    Enhorabuena por la revista (perdón, por el contemporary culture mag). El trabajo mereció la pena. Seguid. Atreveos a salir en papel. Pero no olvideis lo que ha pasado con Superpop.
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    • Para no desviarse de la línea establecida, es reconfortante que los comentarios se inicien con una gilipollez.

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  3. Me ha encantado la entrevista, me parece que las respuestas están muy bien (pero no cabía esperar otra cosa de estos dos tipos tan gracioso) pero es que ME HAN GUSTADO LAS PREGUNTAS. Cojonuda entrevista, sí señora.

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  9. Pues a mí me ha dejado pensativo la entrevista. ¿Por qué son once?
    Me pasao la noche en vela, tú.

  10. No son once. Son diez más el portero.

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  16. ¡Qué descojone de notas…! Tantos años después, y no están forzados. Me encantan! Siguen saliendo por los cerros de Úbeda, con libertad, con espontaneidad. Hombre! Seguro que tienen ya unos reflejos más que entrenados, no será todo cien por cien espontáneo, pero te descojonas igual que siempre. Grande Faemino y Cansado!

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