
«Sergio Leone me preguntó si quería hacer una película. Me envió el guión, lo leí y era tan malo que no me lo podía creer. Me reuní con él y comimos juntos. No había visto sus películas anteriores ni conocía su reputación. Él se dio cuenta de que no las había visto, así que organizó una proyección. Revisé unas tres horas y media de aquellas películas en las que salía Clint Eastwood. En una de ellas aparecía un amigo mío, Eli Wallach, así que le llamé por teléfono. Me dijo: “¡No lo dejes pasar, haz la película! Al infierno con el guión, ¡hazla! Te enamorarás de Leone, es maravilloso”. Así que acepté. En los meses previos al rodaje me pregunté qué aspecto debería tener aquel tremendo hijo de puta al que yo iba a interpretar. Fui a un óptico, que me dio lentillas para convertir mis ojos azules en marrones. Me dejé bigote y un poco de perilla, intentando parecer un hijo de puta. Pero cuando llegué al estudio en Roma, Sergio me echó un vistazo y dijo: “¡oh, joder!”. Él estaba pagando por mis ojos azules. Él los quería así. Yo no entendí por qué, hasta que en la secuencia inicial ves a cinco o seis personajes saliendo de los arbustos con rifles y pistolas. Es un momento terrible, en el que hemos visto masacrar a una familia. Empiezan a caminar hacia el espectador. La cámara muestra un niño pequeño, petrificado, viendo cómo esos hombres se le acercan. Mientras, en primer plano, hay una figura que está de espaldas. La cámara empieza a rodearle lentamente para mostrar su rostro… Sergio me había contratado porque podía imaginar cómo en ese preciso momento el público diría: ¡Santo Dios! ¡Es Henry Fonda!»
Sergio Leone lo tenía todo en mente. Tras el éxito de la “trilogía del dólar” y la posibilidad de trabajar con un gran presupuesto a la altura de los que se disfrutaban en Hollywood, iría a por todas. Estaba dispuesto a rodar una película colosal. Algo que no solamente dejase atrás el “spaghetti western” sino que rompiese —una vez más— todas las barreras y convenciones en el cine de pistoleros. Por aquel entonces Leone todavía pensaba que su nuevo proyecto iba a ser su último Western, así que quería despedirse del género a lo grande.
Érase una vez el Oeste
La idea inicial consistía en reunir a su admirado Henry Fonda con Clint Eastwood en un simbólico adiós para el personaje del “hombre sin nombre” que había hecho mundialmente famoso a Eastwood. Como veía cierto parecido físico entre ambos actores, imaginó una parábola que enfrentaba al villano que representaba la figura del padre, Fonda, con el héroe encarnado por el hijo, Eastwood. Aunque en el argumento los personajes no estaban emparentados, le gustaba la idea de escenificar un metafórico complejo de Edipo como trasfondo oculto de la acción. Dicho de otro modo, el nuevo estilo del Western, personificado por Eastwood, acabaría con el viejo Western que representaba Fonda… o viceversa. Tanto simbolismo freudiano una novedad en el cine de Leone, introduciendo significados trascendentes y aumentando la profundidad de campo psicológica de lo que hasta entonces había sido la mera representación de un juego infantil de tiros y pistolas. Estaba dispuesto a variar la orientación de su narrativa. Leone estaba madurando y Hasta que llegó su hora sería la consecuencia de ello.
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Un detalle sobre las localizaciones de los westerns de Leone, y específicamente acerca de «Hasta que llegó su hora». Es muy cierto que Leone sentía fascinación por Ford, y que eso le llevó a Monument Valley, donde hay grabada al menos una escena (si no recuerdo mal, el ahorcamiento del hermano del protagonista) Sin embargo, tras andar buscando localizaciones…decidió volver a llevarse el grueso del rodaje a España, que, decía, por algún motivo (y no sólo de caracter económico) le parecía a Sergio, a través de su cámara, «es más «americana» que la propia América»; al menos en el sentido de que, de alguna forma, los paisajes de Almería o Burgos parecen transmitir una escala más real, o más «prosaica» del escenario o el decorado de fondo, frente al recuerdo idealizado de la infancia del personaje de Bronson, para el que sí usa el paisaje de la filmografía Fordiana. Todo muy intencionado, como los ojos azules de Fonda…la visión de un director sobresaliente.
Me ha encantado el monográfico. Enhorabuena.
Bueno, lo dicho, que me enrollo, que enhorabuena y no tengas miedo, que lo vas a hacer geniallllllllllllllll.
¡Qué maravilla de artículo! Muy agradecida por el homenaje al gran Sergio Leone, a quien queremos tanto.
impresionante articulo!!
Muy buena monografía.
Un detalle sobre «Once Upon a Time in America», yo leí en algún sitio que rodar esta peli era el sueño de Leone y además, trabajar con DeNiro, pero los estudios americanos le presionaron para hacer otro western posterior a la trilogía del dólar y así surgió «Once Upon a Time in the West».
Pues menos mal que esta última le salió mejor porque las otras dos que había hecho no había por donde cogerlas, sobre todo la primera.
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Excelente artículo sobre la obra de Leone, gran director.
Se puede interpretar por lo leído en este magnífico articulo que los Estados Unidos fueron su inspiración y su tumba cinematográficas.Solo nos queda imaginarnos como habría sido la historia si el público americano ,algunos productores y críticos, hubiesen correspondido y respetado al director romano.
Llevo unos 12 años leyendo y opinando en Jot Down. Curiosamente, no recuerdo haber leído nunca estas dos reseñas de Emilio de Gorgot (estupendas por otra parte) sobre Leone, una de mis bestias negras cinemat0gráficas. Grande ha sido mi asombro al constatar que al mismo tiempo, junto a las alabanzas, de Gorgot plasma una por una, todas las cosas que me horrorizan y me hastían de Leone, lo que viene a demostrar el profundo conocimiento que el autor de este artículo tiene sobre su cine. La diferencia entre ambos es que lo que a él le entusiasma, a mí me da grima; no entraré en detalles puesto que solo hay que buscar en los archivos sobre Sergio, bandas sonoras, Eastwood, Eli Wallach, Morricone, etc, etc… para saber de qué estoy hablando.
En el estupendo film «The American» de Anton Corbijn, hay una escena en la que George Clooney está en el bar del pueblo mientras en la gran pantalla de un televisor, se aprecia una secuencia de «Once upon a time in the West». El propietario y barman del local, dirigiéndose a Clooney le puntualiza, sacando pecho: «Sergio Leone, italiano». Sin responder, George se levanta, paga y sale sin decir palabra. No bien cruza la puerta, ese ufano paisano de Leone, apaga el televisor con cara de aburrimiento. ¡Genial!