Seis claves para un Eurobasket histórico

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La final

Después de sonados fracasos, la generación dorada del baloncesto francés —Parker, Batum, Diaw y el recién llegado Noah— llegaban a la final de una gran competición. Había que remontarse a Sydney 2000 para recordar algo parecido, los tiempos del maravilloso Rigaudeau… y al igual que sucediera en aquellos Juegos Olímpicos, los franceses salieron con muchas ganas pero se fueron diluyendo conforme avanzó el partido.

La premisa número uno para el triunfo galo era que el encuentro fuera a pocos puntos. Ahí se podían manejar con cierta comodidad y poner en apuros al conjunto español, cuyo juego posicional es francamente mejorable y que ha demostrado en estos seis años victoriosos ciertos problemas en los últimos cuartos. Si lo intentaron, desde luego no lo consiguieron: intercambiando golpes, España iba a ser superior y eso se veía venir desde el minuto seis. Nadie va a ganar anotando a un equipo con los dos Gasol, Navarro, Rudy, Calderón y compañía… Si a eso le unimos el control del rebote, tenemos el partido soñado para los nuestros: diez arriba más o menos desde inicios del segundo cuarto y a conservar.

Anotar casi 100 puntos en una final de un gran evento europeo remite a otras épocas. Las épocas del dominio yugoslavo y soviético. Esas son las referencias de esta generación a la que no se le adivinan sustitutos. A la vez, recibir 100 puntos en una final habla de la tensión competitiva de los franceses, empeñados en tirar triple tras triple para compensar sus carencias interiores. El truco les funcionó cinco minutos. No hubo más. Cada vez que se ponían a una distancia de siete u ocho puntos, el balón llegaba a Pau Gasol o Juan Carlos Navarro y se acabó la revolución. Pareció fácil, eso lo dice todo. Igual que en 2009, España quedó campeona de Europa ganando sus tres cruces por una diferencia mayor de 10 puntos.

El MVP

Nadie duda que Pau Gasol es el mejor jugador de la historia del baloncesto español. No solo eso: probablemente haya sido también el mejor jugador de este Europeo, pero el premio se lo llevó su compañero de quinta Juan Carlos Navarro. No se puede decir que no se lo mereciera. Aunque Pau fue el pan y la mantequilla del juego español —el único partido perdido coincidió con su lesión en el tobillo—, el campeonato de Navarro hizo justicia a una trayectoria deportiva espectacular: campeón de todo con el Barcelona y con la selección, solo pinchó en la NBA y por puro aburrimiento: pasar los mejores años de su carrera en Memphis viendo a Rudy Gay tirar suspensiones y perdiendo 50 partidos por temporada no podía resultarle demasiado atractivo. Su actuación en cuartos, semifinales y final fue demoledora, decisiva, a la altura de los mejores escoltas europeos de todos los tiempos y pongan aquí el nombre que quieran.

Si Gasol era la gota malaya que erosionaba a los rivales, Navarro era la dinamita que los hacía saltar por los aires: triples en carrera, a pie cambiado, penetraciones imposibles, tiros tras bloqueo recibiendo casi de espaldas… la exhibición ofensiva de Navarro en estos tres partidos finales compensan su espantosa final de 2007 ante Rusia y el constante segundo plano que no le ha quedado más remedio que asumir ante los triunfos y el dominio de Pau.

Navarro necesitaba ese reconocimiento y que fuera público y notorio. Necesitaba un trofeo, vaya. Doce veranos consecutivos con la selección, siete medallas y tres campeonatos: dos de Europa y uno del mundo. Un jugador diferente, especial, uno más de nuestros bajitos locos que andan desquiciando el deporte mundial, muy bien acompañado por Marc Gasol, quien por fin dio ese paso adelante que tanto le reclamábamos y el intermitente pero siempre intenso Rudy Fernández.

Sergio Scariolo

Para la historia quedarán sus dos victorias, las dos primeras de España en un Europeo. No deja de ser irónico tratándose del seleccionador más cuestionado desde los últimos tiempos de Díaz-Miguel. Hay algo errático en Scariolo cuando dirige a la selección. Como un hombre que no supiera posar en la foto y siempre le pillaran cerrando los ojos, con el paso cambiado o con una sonrisa demasiado forzada en la boca.

Igual que sucediera en Polonia 2009 y Turquía 2010, el equipo, por momentos, pareció descontrolado, tanto en defensa como en ataque. Había una orden algo vaga y de sentido común consistente en meter balones a los pivots, pero poco más. Entre los episodios realmente extraños de estas tres semanas contamos dos muy llamativos: ese último cuarto ante Turquía en el que España no solo fue incapaz de meter más de dos puntos en diez minutos sino que cada jugador decidió hacer la guerra por su cuenta, olvidando cualquier tipo de consideración táctica, y los últimos ocho minutos contra Alemania en defensa, en los que Ricky Rubio pasó mal los bloqueos hasta once veces consecutivas sin ninguna reacción desde el banquillo.

Incluso Iturriaga se lanzó a la crítica tras la enésima penetración de Schaffartzik sin que nadie acudiera a la ayuda.

Dejar a Carlos Suárez fuera del equipo fue un error. Un error cruel porque se trataba del tercer año consecutivo para el de Aranjuez. Como no le dejaron llevarse 14 jugadores decidió llevarse 11, algo ridículo. Probablemente, Claver no esté al nivel de sus compañeros o eso han demostrado los tres campeonatos consecutivos que lleva viendo desde el banquillo. Queda la sensación de que nunca lo sabremos. Scariolo no le hace ningún favor llevándole todos los veranos para luego dejarlo sin participar más que en el último minuto de los partidos sentenciados.

Su dirección táctica a menudo dio la sensación de entorpecer más que de ayudar aunque en realidad se limitó a no existir. Durante todo el campeonato —y esto también pasó hace dos años— dio la sensación de estar ante un equipo autogestionado, con sus ventajas y sus inconvenientes. Algo parecido a lo que era Estados Unidos en la época del Dream Team: jugadores maravillosos, ráfagas de gran juego, presión durante unos minutillos… y a ganar a base de talento. A favor del técnico italiano hay que decir que su política de rotación en los cruces, ciñéndose a 8 ó 9 jugadores se demostró acertada. Todos estuvieron centrados y preparados, sin grandes estancias en el banquillo. Aparte de eso, poco. También es cierto que un equipo así, tan unido desde hace tantos años, probablemente sea imposible de entrenar.

Macedonia, el nuevo Super Depor

Hubo un tiempo en España en el que todos decíamos que nuestro segundo equipo era el Deportivo de la Coruña, aquel pequeño club de un rincón de la península que se empeñaba en plantarle guerra año tras año a Real Madrid y Barcelona. Aquel “Súper Depor” fue algo más que un equipo revelación que pasaba de moda a las diez jornadas… y lo mismo se puede decir de Macedonia, junto a Rusia el equipo que mejor jugó al baloncesto colectivo del torneo, con el añadido de que Macedonia no tenía ni a Kirilenko, ni a Mozgov ni a Khryapa ni a ninguna estrella de la NBA. Solo tenía un buen grupo de jugadores veteranos y rocosos y un pequeño mago llamado Bo McCallebb que jugó un campeonato de dibujos animados.

Con su pequeña estrella —no llega al 1,80— subiendo el balón lentamente, con su aire desolado, cansino, melancólico… para de repente cruzarlo entre las piernas dos veces, cambiarlo de mano y anotar en una penetración imposible, Macedonia se cargó a Lituania en cuartos y fue competitiva ante España en semifinales. Desde luego, más de lo que lo sería Francia en la final. En el partido por la medalla de bronce cayó ante Rusia por una cuestión de cansancio y peso específico, pero siempre dio gusto ver jugar a ese equipo pegajoso, como el ciclista que no suelta nunca la rueda y en cualquier momento lanza un ataque pestoso.

El triple de Illievski que dejó fuera a la anfitriona quedará sin duda como la gran canasta del campeonato. Ver a jugadores como el imposible Chekovski, con sus dos metros de ancho y dos de alto o el hiper-tatuado Antic remitía a alguna de esas películas americanas de los 70 tipo “El gran castañazo”. Oficio, oficio y oficio. Fíjense en los nombres de las selecciones que quedaron fuera de la lucha por las medallas y admiren el trabajo de estos jornaleros de la antigua Yugoslavia.

Las estrellas sin brillo

Cuando Serbia llegó a la pasada final del Eurobasket, llegó como favorita. No hay que olvidar eso. Había arrollado a España en el primer partido de la competición y su juventud hacía pensar en un dominio parecido al que mantuvieron en la segunda mitad de los noventa, con Teodosic, Tepic, Keselj, Bjelica, Velickovic, Krstic… un montón de jugadores que apenas superaban los 20 años y rebosaban talento.

Dos años después, apenas han podido llegar a cuartos de final y ahí fueron superados claramente por la Rusia del gran Kirilenko, un jugador descomunal.

No fue Serbia la única gran decepción. El fracaso alemán podía preverse pero no la escasa aportación de Dirk Nowitzki, reciente MVP de las finales de la NBA. Incluso Chris Kaman rayó a mayor altura. Peor lo tuvieron Turkoglu e Ilyasova en Turquía, eliminada en la segunda fase pese a la citada victoria contra España. Grecia cumplió: se clasificó para el pre-olímpico pese a contar con las ausencias de Papaloukas, Diamantidis, Spanoulis y Schortsianitis entre otros.

Con todo, probablemente la gran decepción fuera Italia. Su grupo era muy complicado, de acuerdo, pero una selección con Bargnani, Belinelli y Gallinari debería aspirar a algo más que una victoria en seis partidos. La crisis italiana va ya para doce años, desde que los Carlton Myers, Andrea Meneghin, Gregor Fucka y compañía vencieran precisamente a España en la final del Eurobasket de 1999. Se hace raro, la verdad.

Caser necesita un nuevo actor

Ya se sabe que el deporte en España sigue unas constantes: los jugadores despotrican del entrenador, el entrenador del árbitro, la prensa de entrenador, árbitro y jugadores… y el aficionado pone a caer de un burro a los cuatro anteriores y a la televisión que retransmita el campeonato o partido en cuestión.

No nos vamos a alejar del tópico ni un centímetro. Seis años de La Sexta empiezan a ser muchos años, con esas agotadoras giras de pretemporada en las que ya se prueban los anuncios con los que nos machacarán durante semanas y semanas… ese “este partido es la leche” para anunciar a una central lechera, ese Marc Gasol aturdido, medio mareado, dando vueltas en bucle en su coqueto loft pidiendo a Caser que le arregle una gotera, o el hombre que consigue gracias a su móvil arreglar un desayuno de aniversario moviendo sillas, mesas, flores y bandejas llenas de comida sin que su mujer se despierte.

Podría llegar a odiar la retransmisión del Eurobasket solo por convertir el It must be love de Madness en una pesadilla.

Aparte, los recortes de Mediapro se notaron. Aunque no lo llegaran a admitir nunca, la retransmisión hasta los cuartos de final se hizo en un estudio de Madrid. Iturriaga no se ahorró ninguna broma al respecto ante la evidente incomodidad de Mel Otero. Solo en las eliminatorias consiguieron que La Sexta pagara el desplazamiento de los comentaristas a Kaunas, a costa de dejar a Trecet en tierra e incorporar a Epi. Que Epi lleve casi quince años comentando partidos de baloncesto resulta un misterio, he renunciado a intentar entenderlo.

Trecet, como Scariolo, tiene sus seguidores y detractores. Creo que podría encuadrarme en las dos categorías: a veces sus aires de superioridad o su histrionismo me desesperan, aparte de ese misterio vacuo con el que pretende envolver cada comentario… pero por otro lado reconozco que me hace pensar, aunque solo sea para contradecirle. El resto de los comentaristas no llegaron a eso, salvo algún chiste de Iturriaga, un tipo llamado a caer bien y que por fin se soltó con alguna crítica. A favor: nos ahorramos las batallitas. Seis años han bastado para que se les agotaran.

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6 Comentarios

  1. Está bien eso de criticar incluso cuando se gana. Para mantener la intensidad es bueno que nadie se olvide de que hubo momentos malos y que seguro los volverá a haber en un futuro, pero creo que resaltar tanto los defectos de Scariolo no es justo del todo.
    Su elección de los jugadores y la rotación de los mismos creo que queda fuera de toda duda después de que en la final parte de la ventaja adquirida se hiciera con 2 y 3 suplentes en cancha. Que es cruel que algunos jugadores se queden fuera de la convocatoria… pues seguro que sí, pero para que te vas a llevar a 13 jugadores si al final ha quedado demostrado que utilizando 9 y medio íbamos sobrados, -quizás la Federación estaba de recortes como Mediapro-. Y que conste que todo esto lo digo con el convencimiento de que no es necesario tener a un seleccionador Italiano, ya que en España hay grandes entrenadores que lo harían igual de bien o mejor, porque no es cierto eso de que los jugadores por muy buenos que sean jueguen solitos, si no que se lo pregunten a Serbia o a la misma Francia o por el contrario a Macedonia la cual tiene mucho que agradecer a su entrenador Marin Dokuzovski el 4º puesto obtenido.
    A lo que no pongo ninguna objeción es a las críticas de la publicidad de Caser y a la central lechera, vaya bombardeo.
    Lo importante es que de nuevo en España quien ha vuelto a ganar ha sido el BA-LON-CES-TO como dijo el gran Pepu Hernández, y en los informativos deportivos nacionales durante por lo menos 24 horas se le dé más importancia a los campeones de Europa de Baloncesto que al nuevo peinado de CR7.

  2. Gracias, Josema. Tampoco me gustaría que este análisis se entendiera solo como una crítica. Hay múltiples elogios en cada párrafo y solo un par de menciones al entrenador y a la retransmisión, muy matizables. Creo que el equipo tiende a autogestionarse y en esas situaciones Scariolo no sabe qué hacer. Tampoco digo que sea culpa suya exclusivamente, de hecho, ya advierto de que entrenar determinados grupos muy cerrados y con vicios adquiridos de antes es muy, muy complicado. Su política de rotaciones, soberbia.

    En términos de calidad individual, España es la mejor de Europa y de las mejores selecciones de la historia FIBA. En términos de planteamiento táctico y juego colectivo, Rusia y Macedonia me parecieron mejores. Eso se puede entender como una crítica a Scariolo o como un elogio a Platt y Dokuzovski, como cada uno prefiera.

    Lo de La Sexta tampoco es en realidad una crítica, simplemente la constatación del hartazgo de un aficionado que se ha visto 600 veces el vídeo de Cáser, el de San Miguel, el de Bankia y el de Samsung. ¿Me parece mal? No, hombre, de algo hay que vivir… Otra cosa es que pueda hacer algún comentario divertido al respecto y constate que, como aficionado, aburre a las ovejas.

    Pero, en serio, si cuentas el número de elogios comparado con el de críticas es muy superior, como es lógico, porque todos disfrutamos desde hace años con esta selección. Un saludo!

    • Tienes razón Guille, me he centrado demasiado en lo poco de lo que no estaba de acuerdo en tu post y menos en el resto, que está bastante bien y además coincido plenamente, sobre todo en comparar a Macedonia con el Super-Depor de Arsenio Iglesias.
      Pero veo que lo asumes con deportividad, que es lo importante.

  3. Yo lo que no acabo de entender ha sido la filosofía de la Federación Española de Baloncesto. Supuestamente Pepu, creador del grupo y genial entrenador de BA-LON-CES-TO, fue echado de su cargo porque la Federación le prohibía compatibilizar ser seleccionador con entrenar a otro equipo, fuere cual fuere.

    Ahora con Scariolo, para mí de lo peor, tanto estratega como en intensidad en defensa (¡cómo te he añorado en eso, Pepu!), parece que sí que puede hacer eso que vetó a Pepu, ¡encima siendo extranjero! Aunque rescindiera contrato con el Khimki…

    En fin, ha habido buen baloncesto a dosis. Malos comentaristas (cosa que sabíamos. Negro, ¿por qué nos has abandonado?), mucha publicidad cansina, y un grupo donde DON JUAN CARLOS NAVARRO ha hecho que vibre con cada triple imposible, cada rebote de Mark, cada jugadón de Pau, cada taponazo del abusón Ibaka, o la genial dirección de juego de Calderón (eso también lo estaba echando de menos durante todo el campeonato).

    Una selección de ensueño, la verdad… ya nos acordaremos cuando lleguen las vacas flacas.

    • En el baloncesto como en casi todos las disciplinas deportivas en España, sus jugadores y deportistas están muy por encima de sus dirigentes, desgraciada pero a la vez afortunadamente, es lo que hay.

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