Blacksad, de las sombras al silencio

Publicado por

Juan Díaz Canales (Guión) – Juanjo Guarnido (Dibujo y color)
Norma Editorial

Resulta cuando menos irónico irrumpir en el cambio de siglo con una propuesta tildada de rompedora y original… recuperando un cliché indisolublemente ligado a las entrañas del siglo XX. El tándem Canales-Guarnido lo hizo con un comic que  sacudió la industria europea, arrasando en premios y reconocimientos, y haciéndolo con una novela negra. Una novela negra, además, plenamente consciente y referencial, anclada a la tradición más chandleriana, ácida, decadente, con un protagonista recién despertado del sueño eterno o a punto de dedicarnos un largo adiós.

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Comenzando el viaje

Un lugar entre las sombras nos presenta a Blacksad, un huelebraguetas, un detective privado que se enfrenta a un caso trágico, una hermosa mujer asesinada. No se nos ahorra ni uno solo de los clichés del género, desde la relación digamos conflictiva del protagonista con “la bofia”, las femmes fatales, las réplicas ingeniosas, la crítica a la hipócrita high-society, la estética de perdedor antiheroico del detective, los bajos fondos de Chicago, el jazz, la violencia descarnada. No falta nada que no hayamos visto y leído en un centenar de películas y novelas, ni siquiera el monólogo interior del protagonista, a modo de diario. A qué tanto entusiasmo, se podría uno preguntar, con esta obra, que se convirtió en referente de la industria francesa, que es tanto como decir europea, de su año.

Porque estéticamente es una auténtica maravilla.

La recreación del Chicago de finales de los cuarenta, o al menos de sus referencias cinematográficas,  son minuciosas, brillantes, con unos ambientes y juegos de iluminación asombrosos. Con Blacksad recorremos desde un sórdido gimnasio a una taberna de mala muerte, pasando por lujosos apartamentos, mansiones, despachos de negocios, estudios de grabación o las mallas calles de la ciudad del hampa. Todo con un sentido de la ambientación, un manejo de la composición y el ritmo de primer orden, dado que Guarnido posee un admirable y casi visionario sentido cinematográfico al  comprender y abordar el género secuencial. Muchas de las planchas parecen planos de películas, pequeños fragmentos de animación. No en vano trabajó durante años para la Disney como animador.

Aunque quizá el gran hallazgo, lo definitivamente extraordinario del comic de Canales y Guarnido sea el convertir a los personajes en animales antropomorfos. No son los primeros (ni los últimos) en optar por esta decisión estética, pero sin lugar a dudas Juanjo Guarnido es uno de los dibujantes que mejor y más allá lo ha llevado. No es tan sólo la belleza y fluidez de los dibujos, sino que dota a la obra de una personalidad, un estilo original y definido. Los personajes no solo no pierden expresividad o carisma, sino que la caracterización les dota, de un solo trazo, de gran personalidad. Así, tenemos al boxeador convertido en gorila, a despiadado productor musical travestido de foca, al sicario con forma de serpiente, al barman transformado en un puerco. Todo ello sin asomo de caricatura, de forma tan natural, tan minuciosa, que resulta casi imposible imaginarse al detective con otro rostro que no sea el de su sosias felino.

Todo el tomo es una suerte de homenaje al género negro, a sus topoi más reconocibles, con un Blacksad que no es sino el reflejo del Phillip Marlowe más sardónico, pero los dos autores españoles consiguieron dotar de un carácter único, espectacular y emocionante a su ópera prima, y no fuimos pocos los que esperamos con inusitada expectación el segundo tomo de las aventuras del gato detective.

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Un hito en el buen camino

Dos años después de confirmarse como las grandes promesas de cómic europeo, la pareja creativa Canales-Guarnido publicaron Artic Nation, la segunda aventura de Blacksad. Y no defraudaron a nadie.

Blacksad abandona las sombras y entra de ello en una pequeña comunidad, atormentada por los prejuicios y conflictos raciales, para desentrañar el misterio de la desaparición de una niña huérfana que pronto descubriremos que implica incluso a las figuras más destacadas de esa comunidad. Sin despreciar el origen policíaco, casi pulp, de su personaje, los autores se atreven a lanzar mensajes de mayor altura y carga crítica, introduciendo a su protagonista en un trama de venganzas y secretos con ecos del Ku Klux Klan y el black power. Un guión algo más complejo, unos conflictos más elaborados, unos personajes más ambiguos y cínicos, pero sin perder ni un ápice de carisma ni mordacidad en los diálogos y textos de apoyo, enriquecen la trama y la colocan a la altura de su, una vez más, impecable realización gráfica.

Es en Artic Nation donde más y mejor se desenvuelven los lápices de Guarnido. El juego continuo de colores y dualidades, la inmaculada precisión de su trazo, el inteligente dominio de las expresiones de los personajes, que consiguen, tras su máscara animal, resultan inesperadamente humanos. Mil y un detalles de encuadres, composiciones, cinemáticas, que resultan en una obra redonda, perfecta. Desde la elección de cada uno de los animales que ilustrarían la obra a la violenta y climática resolución final, el dibujo acompaña, enriquece, engrana la acción y el argumento de una manera  soberbia. La segunda aventura de Blacksad logra conmover, emocionar, indignar, sorprender e intrigar con el devenir de unos personajes, protagonistas y secundarios, sobresalientes.

Artic Nation confirmó de un plumazo todas las buenas sensaciones que dejó en los aficionados el álbum de debut de los españoles, y colocó a los buenos aficionados en la incómoda posición de tener que esperar varios años más para una tercera entrega.

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Paso en falso

Dos años más, y en 2005 aparece Alma Roja, tercer volumen de Blacksad. Un tercer color, tras el negro de Un lugar en las sombras y el blanco de Artic Nation, y una legión  de fieles dispuestas a devorar, una vez más, su ración de misterio e  ingenio.

El chasco no pudo ser mayor.

Gran parte de lo que hizo grande a Blacksad parecía estar allí. La estética, el carisma, la retorcida trama, las alusiones a la historia, en este caso de la Guerra Fría…  incluso en un alarde de intelectualismo en este tomo se homenajeaba a la generación beat. Y sin  embargo… tras tres tomos, se empieza a exigir algo más que repetir el esquema, una y otra vez. Queremos saber más de Blacksad, de su pasado, pero no de manera confusa y casi accidental. El personaje del detective es suficientemente atractivo por sí mismo como para merecer una historia para él, que los autores nos escamotean introduciéndole en este argumento frío, desapasionado, que por momentos desfallece y se torna aburrido. Incluso el dibujo de Guarnido parece perder fuelle, constreñido por una paleta anodina, lejos de los alardes de los dos primeros tomos. Los personajes de Alma Roja, desde ese paródico millonario playboy al inevitable, pero en este caso muy prescindible, alivio emocional del protagonista, adolecen de falta de garra, con diálogos a veces demasiado impostados, sin esa espontaneidad irónica y lenguaraz del mejor Blacksad.

Quizá demasiado convencional, a ratos repetitivo, en otros momentos insulso y demasiado confiado en sus propios recursos y autocitas, como si la inercia del personaje fuese a ser capaz de arrastrar hacia delante una trama inverosímil, Alma Roja provocó incredulidad a quienes nos confesamos admiradores y seguidores del personaje. Tras una irrupción rompedora en la escena tebeística y un segundo tomo excelente como confirmación, el tercer álbum de Blacksad parecía más el episodio de una serie procedimental que un verdadero paso adelante.

Todo ello sin despreciar una factura nuevamente muy inspirada, con algunas viñetas de gran belleza. Ese evidente que a Guarnido no se le había olvidado cómo convertir a Blacksad en una obra más que notable, pero era en este caso el guión de Canales el que no conseguía remontar en ningún momento.

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Tomando impulso

Canales y Guarnido demoraron el cuarto tomo de Blacksad durante cinco años. Cinco años en los que se han sucedido las ediciones de lujo, las reediciones en diversos formatos, los “cómo se hizo”… pero en la mente de este aficionado quedaba, amargo, el poso del relativo fracaso del anterior álbum, a pesar de un premio en el Salón del Cómic de Barcelona a mi entender inmerecido (se enfrentaba a dos obras claramente superiores, Pyonyang de Delisle o Los combates cotidianos de Larcenet , aunque no compitiera en la misma categoría por ser extranjeras; como si la editorial de Blacksad no fuese la muy francesa Dargaud y el idioma original de la obra no fuese el francés).

En cualquier caso, en 2010 aparece en las librerías El infierno, el silencio, el bastante esperado cuarto episodio… que remite, de forma clara, al primero.  Ignoro si es de forma consciente, si realmente Canales y Guarnido comparten mi opinión de que Alma Roja no está a la altura del personaje. Pero El infierno, el silencio es una vuelta al espíritu original de Blacksad, al detective urbano y huelebraguetas, lejos de los problemas más o menos universales del racismo (Artic Nation) o la lucha entre capitalismo y comunismo (Alma Roja). En este episodio el detective regresa a un caso humilde, la desaparición de un genial pero conflictivo músico de jazz, aunque la investigación se traslade desde Chicago a Nueva Orleáns.

Como si se hubieran olvidado de la contención cromática de su anterior obra, Guarnido despliega aquí una paleta amplísima de colores, intentando representar los contrastes del abigarrado desfile del Mardi Gras con el oscuro y lúgubre cenagal del bayou, junto a la casi latina vorágine del delta, todo con idéntica eficacia. Al igual que en Un lugar entre las sombras, Blacksad recorre la ciudad, sus ambientes, sus escenarios, cada uno precisa y meticulosamente recreado. Y lo que es aún mejor, lo que en primer tomo era contención narrativa y ajustarse a las convenciones del género negro, en El infierno, el silencio Canales no nos ahorra flash-backs, montajes en paralelo, escena oníricas, guiños sobrenaturales y un sinfín de sorpresas. Podría resultar confuso en una primera lectura, ya que es posiblemente el guión con la estructura más compleja de la serie, pero hay que reconocer la competente ejecución del mismo por parte de los autores.

Ágil, enigmático, sorprendente, colorista, vital, casi entrañable en la reconstrucción de ese espíritu pionero, libre, primigenio, del jazz y el blues del Mississippi, El infierno, el silencio parece retornar la serie a la buena senda. Regresan los diálogos chispeantes, los personajes secundarios llenos de carisma, el humor socarrón, el misterio, la aventura, el ritmo desenfrenado y cinematográfico en el que tan bien se desenvuelven los autores. El infierno, el silencio es una revisión de Un lugar entre las sombras más madura, con más recursos, con más perspectiva, enriquecido con más matices y posiblemente aprendiendo de los errores del anterior álbum. Canales y Guarnido se reinventan invocando precisamente el espíritu del celebrado debut que convirtió a Blacksad en una serie referente en la escena europea.

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Mirando hacia el futuro

Siempre es complicado anticipar las futuras andanzas del fisgón profesional gatuno. Quizá los autores opten por explorar el pasado del personaje, camino que quisieron introducir tímidamente en Alma Roja. O puede que  elijan seguir el periplo del protagonista por nuevas ciudades y rincones, siempre al filo de la navaja. Sea cual sea el camino elegido, el trayecto de Blacksad desde las sombras al silencio ha sido desigual, a veces decepcionante, pero siempre lo bastante gratificante como para no perder de vista sus felinas huellas.

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4 comentarios

  1. Ofelia

    Gaticos!

  2. Muy buen repaso a esta colección, Sergio.

    Tengo pendientes de lectura el tercero y el cuarto. En los dos primeros coincido completamente. La trama del primero es sencillota y previsible, pero como punto de arranque y presentación del concepto y estilo de la obra está bien. Artic Nation es formidable, superación en todos los aspectos.

    Del bajón en el tercero había tenido alguna noticia y costará un poco recuperar la lectura con ese moscardon encima, pero seguramente acabe cayendo.

  3. Ricardo

    Excelente reseña. Yo sólo compré los dos primeros tomos. El segundo ya no me gustó demasiado pues, como el primero, tiene una trama bastante simple. Como se apunta en el texto: uno, vale; dos, también, pero a la tercera nos damos por vencidos. No más.

    Sin embargo, la grata sorpresa, la maravilla que me supuso descubrir el primer álbum, es inigualable. Guarnido es un auténtico maestro en el dibujo y en el color. Una delicia.

  4. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Librerías con encanto: Shogun (Salamanca)

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