Javier Gómez: Las gafas de Jaruzelski

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Wojciech Jaruzelski

Los hombres antiguos nunca saben modernizar sus gafas. Como si las lentes no fueran instrumentos para mejorar la visión, sino un telón de época; un par de ojos con ancla en la nostalgia; el atrezzo de su Good Bye Lenin.

Las gafas de Wojciech Jaruzelski son desmedidamente anchas, como dos televisores ensamblados por una concha marrón irisada. Su cristal es tristón, indeciso entre lo opaco y lo transparente. De ésas gafas de viejo que no sabes si son de óptica o de sol. Unas gafas con un relente a carta de ajuste. A sábana de popelín. A camisa de las que pican. A un Cuéntame perestroiko.

Con esas gafas, algo anacrónicas en la autoritaria nariz de un general y primer ministro comunista, anunció en televisión, el 13 de diciembre de 1981, que la Ley Marcial quedaba decretada en Polonia. El mundo, incluso sin lentes, vio cómo 91 personas eran ejecutadas y más de 10.000, arrestadas.

Hoy, a sus 88 años, con su enjuto cuerpo embutido en un albornoz negro, posa para Le Monde en silla de ruedas pero con sus gafas oscuras, algo anacrónicas en un paciente de cáncer linfático que lucha no contra la enfermedad sino contra la Historia.

El viejo general, que se mantuvo al frente del Estado hasta que los tozudos bigotes de Lech Walesa, el dinero americano y la influencia de Juan Pablo II terminaron tumbando el comunismo en Polonia, fue acusado en 2006 de “crímenes comunistas” por la introducción de esa Ley Marcial. A imagen y semejanza de España, la Transición polaca se cerró con “vodka para todos”. Y los tribunales han seguido el ejemplo: en verano declararon exento del proceso por razones médicas a Jaruzelski, martillo ejecutor (y hoz) de Moscú en Varsovia durante largos años.

Y como si Franco pidiera la vez para opinar sobre la memoria histórica, o Pinochet hubiera recompensado a Garzón con una caja de puros por detenerle en Londres, Jaruzelski quiere curarse para que le juzguen. No es un asomo de arrepentimiento, sino un intento de limpiar su condecorada pechera. Que si la Ley Marcial era “un mal necesario”, que si lo persiguen por “razones subjetivas y políticas”…

y me ha recordado al Camarada Petkánov de Julian Barnes en El Puercoespín. Ese dictador comunista, juzgado en una imaginaria Bulgaria, que defiende en su proceso la pobreza naive del comunismo: “¿Y qué es lo que quiere la gente? Estabilidad y esperanza. Se lo dimos. Es posible que las cosas no hayan sido perfectas, pero con el socialismo la gente podía soñar que lo fuesen algún día. Tú sólo les has dado inestabilidad y desesperanza. Una ola de crímenes. Mercado negro. Pornografía. Prostitución”.

El personaje de Petkánov no era un cínico, sino un iluminado. Jaruzelski también está convencido, en su terquedad bolchevique, solo que él es de carne y hueso. Probablemente no lo entenderá nunca. Quizá ni sea posible entenderlo tras esas gafas trasnochadas que sólo se quitará cuando muera.

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2 Comentarios

  1. No soy un especialista pero discrepo. Por lo que he leído sobre los días de la Ley Marcial, por lo que de Jaruzelski han dicho figuras de la talla y la honestidad de Michnik, el general de las gafas ahumadas merece mi respeto. Por lo que sé sólo la Ley Marcial evitó que la URSS interviniera en Polonia. Seguro hubiera sido peor.

    Por otra parte me ha gustado el artículo. Buen punto de partida el detalle de las gafas.

    Un saludo, Javier

  2. La Historia, cuando se suicida, sabes bien que no deja una nota con su versión de los hechos. Si hay controversia con Stalin, con Honecker, con Gorbachov… cómo no la va a haber con Jaruzelski. Pero de lo que no hay duda es de que el Tribunal que lo juzgó condenó a una persona, sólo una, con la misma responsabilidad que Jaruzelski, e incluso menos (aunque mejor salud).

    De lo que no hay duda es de que ese proceso lo pusieron en marcha los polacos. Jaruzelski fue inculpado de crímenes, no sólo de delitos. E incluso de subvertir el orden y asumir más funciones de las que le correspondían. O sea, que la Ley Marcial habría sido no sólo criminal, sino incluso ilegal. Pueden equivocarse, pero no era tanto mi opinión historicista como el reflejo de lo que la propia Polonia ha hecho con JAruzelski.

    Abrazos
    J.

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