Rubén Díaz Caviedes: Gira la noria

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Noria-Tibidabo cc Vcarceler
Fuente: CC / Vcarceler

Tengo que confesarles que me gusta el debate que hay montado en torno a La Noria. Que me gusta en sí, quiero decir. Como debate. No confundir con que me alegre, que son cosas distintas. Ni que no me alegre con que no me parezca justo, que también es distinto. Justo me lo parece, y ahora más todavía porque, no sé si lo saben: varios periodistas de prestigio, entre ellos Julia Otero, Isabel Durán o Melchor Miralles han mostrado públicamente su apoyo al programa de Telecinco. Es decir, que de linchamiento unidireccional ha pasado a ser, pues eso. Un debate. Estupendo, proclamo. Viva debatir. Y le aplaudo a Otero el valor que hay que tener para meterse en según qué jardines sin que a una le vaya el sueldo en ello. “Tiene gracia —tuiteaba la de Monforte— que nos estemos mojando los que nunca hemos ido ni iremos”. Y se lo aplaudo sólo a ella, les aclaro, porque Miralles y Durán son habituales del programa y que lo defiendan parece, en principio, lo propio. Peor, digo yo, sería que no lo hicieran.

El debate me gusta por la razón bien sencilla de que es muy propio de los tiempos. Nos parezca justo o no, La Noria es presa ahora mismo de un boicot comercial y hay a quien se le escapa que no es precisamente el primero. Wikileaks, por ejemplo, que es una organización filantrópica y sin ánimo de lucro, acaba de caer presa de otro. Y dos naciones europeas tienen ya un gobierno no democrático fruto del boicot de los mercados. Los anunciantes de Telecinco han decidido no comprarle espacio publicitario a La Noria para no verse relacionados con ella y esto, en principio, no guarda ninguna diferencia fundamental —sólo de escala— con que los agentes financieros decidan no comprarle a España su deuda soberana por considerarla tóxica, por poner un ejemplo. Lógica de mercado, quiero decir. Así es el bussiness. Yo me limito a dejar comprarte cosas y si tú te vas al carajo, ah, se siente. Problema tuyo. Nos guste o no —y en principio no nos gusta— ningún boicot comercial es en realidad ilegítimo mientras sea precisamente así: comercial. En su día inventamos, luchamos y matamos a dos manos por implantar un sistema económico que sólo funciona si sus reglas son inmunes al alcance de lo moral, lo ético y en muchas ocasiones, la simple conveniencia social. Y nos pareció a todos estupendo, además, hasta hace cosa de cuatro años. Así que ahora apechuga, quiero decir, y agárrate como puedas a la goma de la braga. Lo que no puede ser, digo yo, es que nos parezca mal si le ocurre a Wikileaks y bien si le ocurre a La Noria. Además de errónea, es una lógica perversa. Por mucho que en Telecinco se esfuercen en demostrarnos que tienen menos vergüenza que un litro de vino, quiero animarles desde aquí a que nos parezca mal en todo caso. Al capitalismo no se les vota, desde luego, pero estar de acuerdo con él porque a ti te beneficia es la quintaesencia que lo mantiene vivo y con una salud de hierro. Si lo van a hacer, que sea por lo de siempre: porque son ustedes ricos y porque quieren seguir siéndolo. Hacerlo y seguir siendo pobres es, me perdonen la sinceridad, del género gilipollas.

No quiero que quiten La Noria. De verdad que no. Hace unas semanas, viendo la tele con mi pareja, asistimos a ese gran momentum televisivo que fue ver a Pilar Rahola y Celia Villalobos llamándose cerda a gritos la una la otra. Fue lo más zafio, lo más grosero y lo más divertido que se ha visto en televisión en años con permiso, quizá, de este momento. Pero lo mismo que lo cortés no suele quitar lo valiente, no se me ocurre pensar que la desaparición de La Noria, si ocurriese, fuese injusta. No creo siquiera que nadie esté siendo injusto con ellos ahora porque, pienso, han sido víctimas de sí mismos. La televisión privada, especialmente Telecinco, sobreexpone, agita y explota la crónica negra de España hasta el borde mismo de la arcada, desde la AR a La Noria pasando por los informativos, y no les cuento ya si en ella median menores de edad. Les asiste en su necrofilia la libertad de expresión y los ratings de audiencia —“Las cifras de audiencia son mi ética”, dijo una vez el grande Paolo Vasile—, con los que construyen en torno a sí una infranqueable muralla de inmunidad ética y con frecuencia, judicial. La indignación de quienes pensamos que no hay derecho a que hagan lo que hacen ha encontrado, sencillamente, un medio indirecto de franquear esa muralla y se ha colado de polizón con las contratas publicitarias. ¿Es lo deseable? Creo que no. Lo deseable sería que Telecinco actuase con un poco más de sentido de la decencia o que fuese La 2, puestos a desear. Y que a la voz del pueblo soberano, en este contexto llamado audiencia, se le reconociera la facultad de estar en desacuerdo con lo que ponen en la tele pese a encender el televisor, del mismo modo que no por votar cada cuatro años se concluye que esa misma audiencia, en este contexto llamada pueblo soberano, esté contenta con lo que hacen sus partidos. O dicho de otro modo; que lo injusto no es que La Noria se hunda, sino que se hunda así. Cuando se juega con fuego, lo propio si mueres es morir por deflagración, no por asfixia.

Mientras tanto, lo dicho. Pan y circo. Yo, que soy muy frívolo, seguiré viendo La Noria de vez en cuando por el gusto de ver a María Antonia Iglesias llamar demagogo a gritos hasta a los objetos inanimados. Y Jordi González ponerse solemne por chorradas, que es otra cosa que también me gusta. Y los análisis en profunda profundidad de Sandra Barneda, mujerón bellísimo, y sus objetivérrimas encuestas a pie de web. Y a ese público aplaudir con furioso entusiasmo cuando Celia Villalobos hace una proclama de centro-izquierda, cosa sorprendentemente frecuente. Y me daré por contento si lo de esta ocasión queda, sin más, como un toque de atención. Y si no tenemos que volver a ver allí a ministros de Fomento, madres del cuco y violetas santanderes.

 

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15 Comentarios

  1. Comparar el caso de la noria con el de wikileaks es frívolo y equivocado; los anunciantes no cumplen el mismo papel que las empresas que boicotean a Wikileaks. Los anunciantes pagan porque se las asocie al programa (o a fernando alonso, nadal, gasol, iniesta…), y me parece lógico que si les parece un mal negocio que la gente les asocie a algo malo terminen su vinculación.
    Pero visa y compañía no pagan por anunciarse en wikileaks, y su imagen no está asociada a ellos. Lo que hacen es prohibirle usar sus servicios, y al mismo tiempo impiden que la gente que les quiere ayudar lo haga. Cuando estas mismas empresas no tienen ningún problema en que organizaciones como el KKK, la Falange, el frente nacional del PP y otras de similar calaña sí que puedan financiarse a través de ellas, el agravio comparativo es mayúsculo.
    Si la noria pide ayuda a sus espectadores para seguir viva, no creo que visa tenga ningún problema en dejarles usar su tarjeta para hacerlo.

  2. Sospecho que estamos de acuerdo en lo básico: el motivo no nos gusta, pero que desaparezca, que desaparezca…

    pd. No sé qué ha pasado, cómo he caído en este universo paralelo :-)

    Pero he descubierto que esta página se carga mucho más rápido, así que, tan contenta.

  3. En general suelo comulgar con todo lo que dice usted (y me encanta su forma de decirlo, por cierto). Pero en esta ocasión estoy mucho más de acuerdo con las reflexiones que hace Irlandés en el comentario nº 2.

    Saludos, es un placer leerle

  4. Yo debo de tener muy poco sentido del humor, porque esas divertidas frivolidades que usted dice no me hacen maldita gracia.

    Por eso no me importa que La Noria desaparezca, por el motivo que sea. Y si me apuran, indluso el motivo me parece coherente con la lógica del negocio privado: Si CNN+ ingresa menos que Gran Hermano 24h, se quita. Luego si La Noria deja de ingresar, se quita también.

    Es decir que los negocios van a obligar a Vasile, por una vez, a replantearse su ética de la audiencia.

  5. Rubén, confieso que he estado buscando un botón «me disgusta» porque, aparte de como dice Irlandés mezclar churras con merinas, trae usted al salón que compartimos en esta nuestra casa (suya y mía) un debate que me incomoda. Si una cosa tengo clara es que quien tiene que decidir que en la intimidad de su casa se cuelen señores gritando es el dueño del mando, como hace usted y su pareja cuando disfrutan de esos momentos que ahora comparte con nosotros, y que cualquier valoración sobre su gusto, ética, educación, etc incurre en lo que se critica.
    Más que boicot comercial entiendo que se ha producido un boicot de unos espectadores a otros, puesto que, no ya las empresas en sí mismas, sino las agencias de márqueting, no pueden más que responder a su propia naturaleza populista.
    Efectivamente la presión de anunciantes en los contenidos de televisión no es nueva, lo nuevo es aplaudir esta concesión de guardianes de la ética a marcas comerciales. Absurdo.
    En fin, que sospecho que estamos de acuerdo en un punto de dos líneas divergentes pero yo venía a decirle que como siga por esta vereda me apropio del mando y estamos viendo ñus en la 2 hasta que se sienta el rey de la selva.

  6. Muy de acuerdo con lo que es injusto es que La Noria muera así. Se lo tendrían que haber cargado desde la cadena por el tratamiento que da a todo, pero claro, si Vasile dijo Eso, pues qué más vamos a añadir

    otro artículazo

  7. Entiendo su linea argumental…

    pero no quiero un mundo en el que le paguen 9000 € a la madre de un asesino solo porque el crimen le proporcionó notoriedad mediatica.

    Es tan peligroso premiar la notoriedad a cualquier precio que creo que es positivo el castigo a la noria. En este caso, las empresas han castigado lo que un comité de sabios debería haber hecho antes.

    No todo vale… y no es mala cosa que la noria muera por haber hecho las cosas mal. Es una lección de la que toda la profesión aprenderá. Lo de la libertad de expresión con lo que se excusó Jordi Gonzalez… paparruchas;-)

  8. Pues le reconozco la razón. Es una táctica fea dejar de anunciarse en un sitio por ser consciente de que a la gente, véase potenciales clientes, no le agrada. Al fin y al cabo el programa lleva tiempo haciendo lo mismo.

    Eso sí, si este tipo de programas quedan reducidos a dos o tres tampoco me parece mal, hay que cambiar de aires de vez en cuando aunque después se vuelva a lo mismo. Estoy hablando de tele…

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