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El blues de Donald Young, el niño al que no dejaron ser prodigio

Donald Young Hz

Imagine el lector a un brillante aprendiz de tenista, de diez años de edad, con todo un incógnito pero prometedor futuro por delante. ¿Qué es lo mejor —y al mismo tiempo lo peor— que le puede ocurrir? Sólo hay una cosa lo bastante poderosa y ambivalente, tan beneficiosa y a la vez tan perjudicial, como para cubrir los dos extremos del espectro. Y esa cosa es la fama. Esta es la historia de un tenista al que le han pasado tantas cosas desde que hace más de una década empezó a servir de relleno para páginas y páginas de información deportiva norteamericana, que por el tiempo transcurrido se diría que debe de estar a punto de retirarse. Ha ascendido y ha caído varias veces —aunque no se sabe muy bien desde dónde ni hasta dónde— durante su carrera deportiva. No llegó a lo que se dijo que llegaría, pero tampoco ha caído a donde parecía a punto de caer. Ha tenido tiempo de ser encumbrado, vituperado… y olvidado.

Y eso que a día de hoy, mientras escribo este artículo, el jugador aún no ha cumplido los veintidós años. Sí, tal y como se lo cuento. Este es el blues de Donald Young.

El tenis norteamericano abdica de la corona

Para entender el fenómeno Donald Young, hay que entender primero de dónde venía el tenis norteamericano y en qué punto estaba cuando la prensa decidió volcarse con el prodigio de Chicago, la gran esperanza negra de la raqueta.

En la era ATP, el tenis masculino norteamericano —entendido como un todo: jugadores, asociaciones, escuelas, público, prensa— ha estado muy mal acostumbrado. Y estuvo mal acostumbrado durante bastantes años, hasta prácticamente el cambio de siglo. Ellos mandaban, ellos ganaban, ellos eran los número uno. Muchos de los nombres más importantes que han hecho historia vinieron de los Estados Unidos: siempre había uno de ellos en la cumbre o muy cerca de alcanzarla, reinando o asediando al rey. Los jugadores de aquel país produjeron, además, algunas de las rivalidades más notorias que ha visto esta disciplina. Podría hacerse historia hasta muy atrás, pero vayamos directamente a los años noventa, que es la década que realmente nos interesa porque fue la última década de hegemonía de la —hasta entonces— imparable maquinaria tenística trasatlántica. En 1990, el estadounidense Pete Sampras emergió como un fenómeno casi sin precedentes y en las siguientes doce temporadas se llevó a casa nada menos que catorce grandes trofeos, adelantando en el palmarés a nombres hasta entonces intocables como Rod Laver o Björn Borg, y a leyendas en blanco y negro como Bill Tilden, Roy Emerson o Ken Rosewall. Sampras se convirtió en el tenista con más títulos del Grand Slam de la historia. Si bien Pete Sampras no fue especialmente carismático y quizá no fascinó tanto a los aficionados como otros grandes del pasado, elevó el listón como nunca antes y protagonizó varios hitos y récords históricos impresionantes. Con Sampras, los Estados Unidos estaban dejando, por enésima vez, una huella imborrable en la historia del tenis. Sampras era la expresión de un dominio ancestral.

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6 comentarios

  1. Pingback: El blues de Donald Young, el niño al que no dejaron ser prodigio

  2. Gran artículo, me ha parecido muy entretenido y ligero de leer. Espero que a Donald Young le vaya mejor en un futuro próximo y consiga llevar al tenis americano a lo más alto de nuevo.
    Un Saludo

  3. Luis Fillat

    ¿Cierto paralelismo con Boluda en el tenis español?

  4. Arden Arboles

    Se nota que a Rodríguez le gustan los culebrones; es casi tan exagerado como la prensa norteamericana que critica. Young empezó joven en el circuito profesional, pero con 15 y 16 años sobre todo jugaba torneos junior (fue número 1 junior con 16 años y medio, el más joven en lograrlo, y ganó Australia y Wimbledon junior).

    Sus comienzos profesionales tampoco fueron nada vergonzosos, salvo que se pretenda comparar con jóvenes prodigios (Borg, Nadal, etc.) Además de ganar Futures y llegar bastante arriba en torneos Challenger, con poco más de 18 años entró por primera vez en los 100 mejores, a una edad que lo pone casi a la altura de Djokovic o del Potro en cuento a precocidad. Es cierto que el tenis de Young siempre fue muy inconsistente (capaz de ganar el primer set a Djokovic en el US Open perdiendo los dos últimos sets con poco más de un juego) y se fundaba en su gran velocidad. Por ello se resentía mucho al alargarse las partidas.

    Fue precisamente después de alcanzar los 100 primeros, ya cumplidos los 18, cuando su progresión se estancó. Mientras Djokovic y del Potro en poco más de un año alcanzaron la verdadera élite, los resultados de Young no mejoraron y de hecho comenzó un declive con algún que otro repunte.

    Fuera de las repercusiones mediáticas, las comparaciones con Boluda terminan a la edad de cadete. Young fue un junior con resultados excepcionales; Boluda fue un junior bastante más discreto. Young llegó a los 100 primeros al poco de cumplir 18 años. A esa edad Boluda no estaba entre los 500 mejores (y sigue sin estarlo).

    Ya nadie espera que Young se convierta en una gran estrella, pero nadie duda que es un jugador profesional (su mejor puesto, 38 del mundo, sus ganancias acumuladas en el circuito, del orden del millón y medio de dólares). Ojalá veamos a Boluda llegar a convertirse en un profesional del ténis, pero por el momento se mantiene la incógnita.

  5. Este tio escríbe bien

  6. Diego Ahumada

    Excelente articulo. Leyendo este articulo ya en el 2014, se puede afirmar con toda seguridad, que el caso de Young fue un Bluff mas en la historia del deporte gringo, tan acostumbrado a ellos con sus desafortunados Drafts. Young alcanzo la tercera racha mas larga sin ganar un partido en la historia de la ATP entre 2012 y 2013, perdiendo 17 partidos al hilo.

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