“Un rey en el exilio”
La ley de la calle
“No hay segundos actos en las vidas estadounidenses”, sentenció Scott Fitzerald, el cuentista, junto a Dorothy Parker, más querido por Francis Ford Coppola. La trayectoria cinematográfica de Coppola, sin embargo, parece desafiar el apotegma del autor de El Gran Gatsby (obra que, por cierto, el realizador adaptó para el cine en los años setenta del pasado siglo) ya que, a la manera clásica, podría dividirse en tres grandes partes o actos. Los inicios en la industria, sus mayores éxitos y la máxima intensidad creativa (las dos primeras partes de El Padrino y Apocalypse Now), y el consiguiente exilio después del desastre económico de Corazonada. A mi entender, la clásica división dramática sirve para aportar lógica y orden al análisis de una filmografía, aunque sería injusto utilizarla como valoración crítica global, tanto por tratarse de un director en activo como por obviar grandes obras que, en su época de destierro, se han considerado de encargo o alimenticias. Me refiero, sin ir más lejos, a La ley de la calle, El Padrino III o en menor medida, al Drácula de Bram Stoker, películas de los años ochenta y noventa, cuando Coppola es considerado una vieja gloria noqueada y una maldición para la taquilla.
Siempre he considerado a Coppola el cineasta con mayor talento de su generación. Bien es cierto que muchos han dudado de ese talento, empezando por él mismo. Y también es cierto que trata de uno de los directores contemporáneos con una formación literaria más sólida. De su ambición, a veces desmedida, han salido ideas que han ido un paso por delante (sus primeras incursiones en el vídeo, por ejemplo) y que han acabado imponiéndose. Gracias en gran parte a él, toda una generación de jóvenes cineastas llegaron a conquistar Hollywood. Aquella hazaña supuso su reinado. Un reinado, eso sí, efímero.
Su vanguardismo convive con un redescubrimiento de los primitivos del cine mudo, así como su célebre egolatría va replegándose con el paso de los años en un cine intimista y reflexivo. Coppola puede ser un cineasta espectacular, operístico, tanto como un realizador introspectivo, recluido, de cámara. Su concepción tradicional de la familia se ensambla con un romanticismo indómito, tanto como su capacidad de fabulación y su fascinación por mundos fantásticos no le impiden ejercer de productor pragmático y claudicar frente a la realidad. Aunque como reconoce su mujer con sarcasmo herido el ilusionismo es su gran baza: “Francis es un maestro creando ilusiones. Es uno de los mejores profesionales del mundo en su campo. Una y otra vez consigue crear la ilusión más convincente de que desea sinceramente tener un matrimonio y una familia sin un triángulo. Entonces pasa un poco de tiempo y resulta evidente que se trataba de una ilusión”. La cita pertenece al diario (íntimo) que Eleanor Coppola escribió durante el rodaje de Apocalypse Now y que se publicó con el título Con el corazón en tinieblas. De hecho, cada una de las citas que inauguran los apartados de este artículo está extraída de dicho diario. Pese a mis sospechas de que haya una labor importante de reescritura posterior de las anotaciones diarísticas con la finalidad, sobre todo, de adecuar el proceso de degradación sentimental con el caos imperante en el rodaje, el libro es recomendable por reflejar el testimonio de una relación con un hombre al borde del naufragio. Un cineasta admirado por muchos y también denostado por unos cuantos, que, como su sufrida mujer demuestra, puede llegar a ser una condena de hombre y un tipo pesadísimo.
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Buenísimo artículo, espero con ansia la continuación, pero corrige la palabra «automobilística» por Dios, que cuando entro en Jot Down desactivo el campo de fuerza y me ha dejado un buen rato jodido.
jajajajajaja…..buenísimo…..llevo 20 minutos de risa floja…..jajaja
Gracias, Rojo. Jot Down es pura «automobilísitica». Esto es, una belleza junto a un coche. http://www.youtube.com/watch?v=LnQO0wh2MU4
Salud y República.
Ya estoy deseando la continuación del texto. Completo, entretenido y sustancial retrato de Coppola.
Gracias al autor.
Gracias a usted.
El que escribiese (muy) bien no quiere decir que todo lo que escribiera fuese verdad. Sí que hay segundos actos en la vida de los americanos. Y terceros. E incluso cuartos. Es, a mi entender, una de sus mayores virtudes. De los americanos quiero decir. Levantarse tras caer para volver a caer y levantarse de nuevo. Su capacidad para las segundas oportunidades, su falta de autoconmiseración, su optimismo a veces suicida.
Respecto a Coppola ¿Cuántos años hace que no realiza una, no grande, sino tan sólo buena película?. Lo de «Drácula de Bram Stoker» lo tomo como una boutade. A las que, por cierto, yo también soy muy aficionado.
Un saludo
Tómeselo como usted mejor prefiera, don sicalíptico. Entiendo que compartimos afición por la boutade. Pero no en el caso que nos ocupa.
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