Futbolismos Opinión

Javier Gómez: La felicidad de Abdul

El mundo se está encabronando. Puede sonar subjetivo, pero es científico. Y lo dice la Sorbona, que desde tiempos de Mingote es una cosa muy seria: hace 50 años reíamos más. Un cuarto de hora al día. Ahora no pasamos de cinco minutos de carcajeo batiente.

La dosis de risa recomendada por los que saben de esto, que paradójicamente tiene pinta de ser gente muy seria, es de una media hora. Entran ganas de agarrarse a las excusas: “Ya, es que nos gobierna Rajoy, que baja la media”. Pues sepan que enseñar dientes como la Pantoja estimula defensas inmunitarias, produce adrenalina, libera endorfinas y abre la esperanza de que te fiche Telecinco.

No vale agarrarse a la crisis, a cómo va España. Nos contaba David Jiménez, siempre certero, que el científico Mathieu Ricard dejó su vida de lujo parisiense por un sayo budista y se largó a meditar a una montaña del Nepal. No tiene nada. Ni coche, ni casa, ni folla. Y es feliz. De hecho, según científicos americanos, que desde los tiempos de Mingote son una cosa muy seria, Ricard no sólo es más feliz que usted y que yo: es el hombre más feliz del mundo.

La cosa tiene su aplicación psicológica en el fútbol. Hervé Mathoux, presentador estrella de la televisión francesa, me explicó un día por qué los entrenadores son la diana de tanta garganta infeliz. “A la gente le gustaría cambiar de casa, de coche y, a ser posible, de mujer. Por lo general, de lo único que pueden cambiar es de entrenador”.

La ONU no lo ha tenido en cuenta, pero debería, ahora que celebra una conferencia sobre la felicidad. Un ataque a lo Aldous Huxley pero sin cambiar de moqueta. Han determinado, con sus pisacorbatas y desde sus estrados microfonados, que Costa Rica es el país más feliz del mundo y que deberíamos todos crear un índice de Felicidad Interna Bruta, como Bután. Y aplauden emocionados los cursis, ésos que siempre hablan de planeta cuando quieren decir mundo .

Son los mismos estrados desde donde no se hizo nada por detener el genocidio en los Balcanes: aquéllos desde donde no se puede castigar a Siria por limpiarse a buena parte de su población. Pero es que las Naciones Unidas nunca han sido una cosa seria,   ni desde tiempos de Mingote.

Que a un país se le borre la sonrisa tiene sus riesgos. Andan en Grecia escandalizados porque un señor se ha disparado en plena calle por la crisis. En Italia, donde conviven un poco mejor con el drama, tampoco ha importado tanto que doña Nuncia, siciliana de 78 años, se tirase anteayer de un tercer piso tras pasarse la noche haciendo cuentas en la cocina. Le habían bajado la pensión de 786 a 600 euros . Y no quería ser pobre.

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7 comentarios

  1. Soberbio artículo compañero. Casi lloro imaginandome a Abdul.

  2. fenómeno Javier, tiempos de vías de información sin comunicación, una época trágica en la que no reímos. Hay que emplearse más y pensar qué nos hace sonreir, a veces son simples gestos…

  3. muy buen artículo, gracias por compartirlo

  4. Una vez más magnífico. Se está convirtiendo en mi autor favorito de esta revista.

  5. Aqui dejo un video de un hombre que no es de Costa Rica y tampoco es Abdul pero me hizo sonreir y espero que a quien lo vea tambien…
    http://www.youtube.com/watch?v=BKRvOe_RPZE&ob=av2n
    Estupendo artículo y muy necesario en estos momentos.

  6. Espléndido, Javier. Gracias

  7. Buen artículo. Gracias.

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