San Jorge contra la Madre de Dragones

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El 23 de abril es mi día preferido del año. Siempre lo pido libre en el trabajo para celebrar la Diada de Sant Jordi, una ocasión ideal para entrar en librerías y verlas (para variar) llenas de gente, pasear por las barcelonesas Ramblas dando rienda suelta a mi fetichismo por las mujeres lectoras, comprar un libro y una rosa roja con que agasajar a la persona amada (con algún tipo de variante, como el CD de chocolate con rosas dibujadas que le regalé a mi musical pareja hace dos años)… En resumen, disfrutando de un día que permite conjugar amor, lectura, mitología y paseos al aire libre.

Como en toda fiesta interesante, el 23 de abril se han juntado varias celebraciones de orígenes muy diferentes, pero quiero dedicar el artículo a un aspecto en concreto: la leyenda de Jorge de Capadocia y su manía de acabar con animales en claro peligro de extinción.


San Jorge contra el dragón sin nombre

«No te interpongas entre el dragon y su ira”. William Shakespeare en El Rey Lear

 
San Jorge empezó a adoptar la costumbre de aparecer mágicamente junto a los ejércitos aragoneses en de la batalla de Alcoraz, en 1096. A partir de entonces, cada vez que las cosas parecían torcerse para la Corona de Aragón, aparecía el guerrero “acompañado por caballeros del Paraíso”, como dejó escrito
Jaime I el Conquistador hablando de las invasiones de Valencia y Mallorca. Como agradecimiento a los servicios prestados, Juan II de Aragón y Navarra lo nombró patrón del Reino a principios del siglo XV, y las Cortes Catalanas declararon festivo el día de San Jorge en 1456. Poco después empezó la tradición de asociar ese día a los enamorados y regalar a la persona amada una rosa, aunque la costumbre alcanzó un impulso definitivo gracias a la promoción oficial de la Mancomunitat en 1914.

La presencia del libro en la fiesta no empezó a ser relevante hasta los años treinta, cuando empezó a conmemorarse la muerte de Cervantes y de Shakespeare (aunque para que coincidan las fechas haya que hacer malabarismos con los calendarios juliano y gregoriano). La UNESCO acabaría internacionalizando el Día del Libro y los Derechos de Autor (!) en 1995, y la fiesta se extenderá a otros países bajo diversas formas. Me hizo ilusión enterarme de que en Japón se celebraba desde hace más de veinte años, aunque la crisis la haya puesto en peligro.

Pero volvamos a Jorge de Capadocia, del que no hay ninguna imagen en que aparezca leyendo. Confieso que el personaje siempre me ha resultado algo antipático: en la versión original de la historia, San Jorge no es mucho más heroico que un moderno cazador de elefantes, por poner un ejemplo tomado completamente al azar. Y es que a un nivel superficial, la historia del matadragones puede tomarse como una metáfora de la lucha contra las fuerzas del mal, o contra el demonio interior que encarna la necesaria batalla propia de todos los ritos de paso. Es casi siempre el dragón el malo de la película, la encarnación del Caos y la destrucción, Satanás hecho reptil, el horrendo monstruo ansioso de doncellas que desflorar o devorar. Pero en todo mito hay varias capas, y para explicar mis prevenciones contra San Jorge tendré que explicar la leyenda con algo más de detalle.

La primera mención que encontramos a la historia de San Jorge y el Dragón es en la Legenda aurea («leyenda dorada»), una recopilación de vidas de santos y mártires cristianos reunida por Santiago de Vorágine en el siglo XIII. Este libro se convirtió en el equivalente a un best-seller medieval (aún hoy en día se conservan más de mil incunables), y es responsable de la popularización de imágenes tan populares como la de  San Sebastián asaeteado por las flechas (estampa que excitaba tanto al escritor Yukio Mishima, que trató de reproducirla de forma involuntariamente cómica) o la de San Jorge ensartando en su lanza al dragón. 

Esta última historia sucede en una ciudad libia llamada Silene. En un estanque cercano vivía un aterrador dragón sin nombre (lástima, Smaug o Ancalagon le hubieran sentado bien) que aterrorizaba a los lugareños. Para evitar que el dragón les devorase, los silenitas le entregaban cada día a modo de sacrificio dos jugosas ovejas, hasta que todos los pastores de la zona acabaron en el paro. Llegó entonces el turno a los humanos: para elegir quién acabaría en la barriga del dragón, el Rey instauró una lotería de la muerte que cada día elegiría una víctima para la bestia. Aquí las versiones difieren: en algunas llegó el día en que le tocó a la hija del Rey, una bella joven llamada Sabra; y aunque el pueblo, siempre servil, pedía que la infanta fuera indultada (imagino que gritando algo en la línea de «¡llevaos a mi hija en lugar de a la princesa!»), el Rey quiso demostrar que su hija era una ciudadana más con las mismas obligaciones que el resto. Otra versión algo más creíble cuenta que el Rey trató de excluir del sorteo a su hija, lo que provocó la indignación popular hasta que una masa enfurecida armada con las tradicionales antorchas se presentó en el equivalente libio de la Zarzuela para llevarse a la infanta a rastras hasta la guarida del dragón.

De un modo u otro, la princesa acabó encadenada a un poste cerca del lago, ataviada por algún motivo con un radiante traje de novia. Y en ese momento, cuando ya el dragón empezaba a preguntarse si prefería la carne poco hecha o a al punto, apareció el soldado romano Jorge de Capadocia, guiado hacia allí por un ermitaño metomentodo. San Jorge se abalanzó al galope sobre el dragón, y tras un breve combate hirió gravemente a la bestia con un lanzazo. Al verse derrotada, la feroz serpiente se convirtió en un dócil corderillo: San Jorge le puso unas riendas al cuello y se las entregó a la princesa para que la condujera hasta la ciudad. Al ver llegar a la nueva mascota real los cobardes lugareños reaccionaron con pánico: San Jorge vio ahí una oportunidad de evangelizar y prometió a los silenitas que mataría al dragón si la ciudad se convertía al cristianismo. Una vez bautizados quince mil silenitas, y a pesar de que el dragón herido trató de calmar los ánimos con un “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”, San Jorge desenvainó su espada Ascalón (nombre por cierto del avión de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial) y mató a la bestia… O más bien la remató, en un acto más propio de matarife que de héroe. Otras versiones de la historia cuentan que no fue Jorge quien mató al dragón, sino los propios lugareños, que se sintieron más valientes enfrentándose a dragón moribundo. San Jorge salió de la ciudad (aunque haya quien, le case con Sabra, como en este cuadro de Dante Gabriel Rosetti), sin saber que pocos años más tarde acabaría decapitado frente a las murallas de Nicomedia. Pero esa es otra historia.

En Cataluña la leyenda es prácticamente igual pero con alguna variación, como sustituir la ciudad libia por Montblanc o añadir un detalle floral al final de la historia: en la tierra regada por la sangre del dragón crecieron unas hermosísimas rosas rojas, que San Jorge le regaló a la hermosa Sabra. Empezó ahí la bonita costumbre de regalar una rosa a la persona amada durante la Diada de Sant Jordi, para alegría del gremio de floristas (será porque la rosa tiene espinas además de pétalos, pero siempre ha sido una de mis flores preferidas).

En cualquier caso, para escarbar un poco más en el origen de la leyenda el siguiente paso será preguntarse por el origen del personaje más incomprendido de la historia: el dragón. O dragona.

Mujeres que bailan con serpientes

El error estuvo en prohibir la manzana. Si hubiesen prohibido la serpiente, Eva se hubiera comido la serpiente”. Anónimo


Simplificándolo mucho, un dragón viene a ser una serpiente enorme y terrorífica, y por tanto hereda gran parte del simbolismo que se asocia tradicionalmente a estos animales. Las serpientes mudan su piel («mueren y renacen»): la serpiente/dragón Uróboros que se muerde la cola es el símbolo del ciclo perpetuo de la muerte y el renacimiento, el eterno retorno nitzscheano, la destrucción inevitable que precede a toda creación. A veces el Uróboros se representa como dos serpientes entrelazadas formando variaciones del signo del infinito, como en el medallón Áuryn de La Historia Interminable (por cierto, un libro con mucho más jugo del que pueden hacer pensar sus pésimas adaptaciones cinematográficas).La serpiente nórdica Jörmungandr rodea Midgard, nuestro mundo, mordiéndose la cola, y cuando se libere el día del Ragnarok (a ver si es en diciembre de 2012 y me pilla con la cámara de fotos lista) morirá en combate singular contra el dios del truenoThor, dejándolo a su vez mortalmente herido. Las serpientes/dragones simbolizan pues el Caos que acecha en los límites de la realidad, y forman parte de los ciclos de muerte y renacimiento.

La Luna, símbolo femenino por excelencia, también muere y renace cíclicamente de luna llena a luna nueva marcando a su paso los ciclos menstruales y el ritmo de las cosechas: no es extraño entonces que serpientes y mujeres hayan sido tradicionalmente asociados. En algunas representaciones de la carta del Tarot El Mundo, una serpiente que simboliza el mundo material baila con una hermosa joven que representa la imaginación: la carta representa pues la danza de la realidad entre el mundo físico y el del pensamiento. En varias leyendas de héroes matadragones los arquetipos de «la princesa» y «el dragón» se confunden: a veces la doncella da consejos sobre cómo vencer al dragón, y en ocasiones es el propio reptil quien acaba convirtiéndose en mujer o viceversa. Equidna, hija de Tártaro y Gea en la mitología griega, era una criatura con torso de mujer y cuerpo de serpiente, como algunas lamias. Y se ligó a Hércules, por cierto.

En la visión no precisamente feminista del Génesis bíblico, una serpiente parlante convence a Eva para que coma el fruto prohibido del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal: hay quien dice que una manzana (¿influencia de las manzanas doradas del Jardín de las Hespérides?), otros apuntan a un higo (símbolo sexual por excelencia). A Dios no le sienta bien que sus criaturas desobedezcan sus órdenes, así que un arcángel de espada flamígera expulsa a Adán y Eva al este del Edén, condenándolos no sólo a morir por primera vez (mira tú por dónde, la serpiente como detonante de un ciclo de muerte/renovación) sino también a ganarse el pan y la nómina con el sudor de la frente, y a parir con dolor o engorrosas epidurales. En cualquier caso, en esta historia serpentina la mujer queda especialmente marcada por haberse dejado tentar por el reptil (a la que la tradición judía identificará con el Maligno), argumento que fue utilizado por ejemplo por San Pablo en la I epístola a Timoteo para prohibir la prédica femenina: “la mujer debe escuchar la instrucción en silencio, con toda docilidad; y no permito que la mujer enseñe en público ni corrija al hombre. Quiero que permanezca callada, porque Dios hizo primero a Adán y después a Eva; y Adán no fue el engañado, sino la mujer; y al ser engañada, cayó en pecado”. Caray con Pablo.

La relación entre mujeres y serpientes (y, por ende, dragones) está grabada en el inconsciente colectivo: así a vuelapluma me vienen a la cabeza el mítico baile serpentino de Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer, la famosa fotografía de Richard Avedon en que la bella Nastassja Kinski posa con una pitón enroscada en torno a su cuerpo desnudo, Rachel Weisz en esta foto para Esquire o este retrato de Lisa Lyon tomado por Robert Mapplethorpe. O, por traer simbología menos contemporánea, este precioso cuadro pintado por John Collier de la «diabólica» Lilith, antecesora de Eva a la que Adán rechazó porque quería ponerse encima de él durante el coito (Khal Drogo se lo tomó mejor cuando Daenerys, madre de dragones, le hizo una jugada parecida), y que al ser expulsada del Paraíso se apareó con demonios y bestias… Serpientes sinuosas y mujeres con curvas, como en muchas versiones de la danza del vientre. Y no me hagáis enumerar las abundantes relaciones entre los tentáculos en general, la femineidad y la sexualidad, que ya escribí exhaustivamente sobre ello en Jot Down.

Combatiendo a la madre de dragones

«Quien lucha contra dragones demasiado tiempo se convierte en un dragón; y si miras demasiado al abismo, el abismo te devolverá la mirada.» Friedrich Nietzsche

Y ahora volved a examinar la leyenda de San Jorge teniendo en mente este doble simbolismo: por un lado el dragón (o dragona) encarnando la femineidad poderosa, caótica y sexual, a la que se ofrecen sacrificios como a una diosa pagana; por el otro, la princesita que simboliza la femineidad recatada, virgen, indefensa y necesitada de socorro. San Jorge penetra a la bestia con su enhiesta lanza y la hiere convirtiéndola en un ser sumiso y dócil, una fierecilla domada a la que se le pueden poner riendas que quedan en manos de la dulce princesa que, para más inri, lleva un vestido de novia. Al ver a la serpiente/diosa lunar indefensa, los ciudadanos la aniquilan y pasan a adorar al “civilizador” San Jorge, que desaparece en el horizonte cumplida ya su misión evangelizadora. Los matadragones o mataserpientes son soldados de una antigua guerra religiosa: la imagen de San Patricio expulsando con su bastón a todas las serpientes de Irlanda es una metáfora de la erradicación de la fe pagana y el triunfo del cristianismo solar.

En realidad el arquetipo del dios/héroe masculino y solar destruyendo al caótico y monstruoso principio femenino lunar ya viene de lejos, de muchísimo antes del siglo XIII. El poema babilónico Enuma Elish narra el combate del campeón Marduk contra la diosa mesopotámica Tiamat, madre de dragones y señora de los océanos primordiales (y sí, de ahí sacaron el nombre los copiones de Dungeons&Dragons y Dragonlance). Con el cadáver de la diosa, Marduk creó el mundo: con la mitad superior hizo el cielo; con la inferior (¡los genitales!) la tierra en que vivimos… Símbolo de cómo el sacerdocio masculino usurpa el poder generador de vida asignado en antiguas culturas paganas a las diosas femeninas.

En el Japón mitológico, el dios de las tormentas Susano-ou-no-Mikoto (conocido entre otras cosas por dedicarse a combatir a su hermana Amaterasu) mató a la serpiente de ocho cabezas Yamata-no-Orochi, no sin antes emborracharla a conciencia para que no pudiera defenderse, un poco a lo Mitrofán. En el antiguo Egipto era Ra, el dios Sol, quien bajaba cada noche a los abismos infernales a derrotar a la gigantesca serpiente Apep (o Apofis). En Canaan, el dios Baal derrota a una serpiente marina llamada Yam, que más adelante se identificará con el Leviatán al que destruirá Yahvé. El dios griego Apolo derrota en la cueva de Delfos a la enorme Pitón, serpiente/dragón hija de la diosa madre Gea, y obtiene a cambio el don de la profecía. El héroe Perseo hizo doblete matareptiles: poco después de cortarle la cabeza a Medusa salvó a la princesa Andrómeda de morir devorada por la bestia marina Cetus. Zeus derrota al reptiliano Tifón y su hijo Hércules a la hidra de Lerma (hija de Tifón). Jasón derrota al dragón de la Cólquida, Cadmo a la serpiente de Ares… Sólo a veces un cierto sincretismo permite que las serpientes sean adoptadas en lugar de exterminadas, como en el caduceo de Hermes/Thoth con que Alan Moore armó a su heroína Promethea.

Estos sincretismos son poco habituales: es una pena ver cómo se han dedicado tantos esfuerzos a la destrucción de los dragones (a estas alturas habréis adivinado que les tengo un cierto cariño), teniendo en cuenta lo hermoso que resulta ver a mujeres montándolos en lugar de esperando pasivamente a ser rescatadas. Pero voy a irme despidiendo ya, no sin dejaros con una última reflexión… Ahora que se va acercando el Fin del Mundo y pronto tendremos a Jörmungandr surcando los cielos en busca de Thor y matando por error a Chris Hemsworth, es un buen momento para pensar en la Meretriz de Babilonia. Según el libro del Apocalipsis será una mujer, “madre de prostitutas y de las abominaciones de la tierra”, que aparecerá sosteniendo una copa de oro y montando una bestia de siete cabezas y diez cuernos. La Biblia no entra en demasiados detalles sobre la naturaleza de esa bestia, así que hay quien la intepreta como una especie de guepardo (aquí montado aparentemente por una pin-up) o un extraño cruce entre león y tapir. Pero lo más frecuente es imaginar a la Gran Meretriz a lomos de un dragón de un tipo u otro, como un sirrush en este grabado ruso del siglo XIX o una especie de guiverna en la pintura de Mathias Gerung. En cualquier caso, si cuando aparezca Su Babilónica Majestad resulta ser tan sexy como Daenerys, Madre de Dragones, al primer San Jorge aguafiestas que se acerque lanza en ristre juro que le fulmino yo mismo.


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36 comentarios

  1. Nikkisaku

    A finales de los 80, fui a ver con mis padres una exposición sobre Sant Jordi organizada por La Caixa y quedé totalmente fascinada… por los dragones! Me di cuenta de que, a pesar de ser el famoso santo el patrono de nuestra ciudad, etc., en realidad era la figura mitológica del dragón lo que aparecía más veces adornando fachadas, rejas, esculturas… y me dediqué a fotografiarlas. Tengo una interesante colección de fotos de dragones de Barcelona (además, os recuerdo que ese fue también el nombre escogido para el primer equipo de rugby de la ciudad jajaa) y alguna vez me he planteado el hacer una ruta para enseñarlos y hablar un poco de estos seres…

    La gente se fue enterando de mi gusto por los dragones y empezaron a avisarme cuando encontraban alguno nuevo, regalarme figuritas, dibujos, libros… la colección se hizo enoooorme…

    Muy acertada reflexión, Josep, me ha encantado y tomo buena nota, por si agún día me toca explicar de donde vienen los dragones jajaja

    Un besoteeee!

    • Pues me parece una muy buena idea lo de la ruta dragonil por Barcelona… Me da la impresión de que muchos son modernistas, desde el dragoncito del Parque Güell hasta los reptiles de la Casa Batlló, así que seguro que la ruta sería especialmente interesante. A ver si prospera la idea ahora que llega el buen tiempo. :)

  2. Gran y denso artículo, va a ser necesaria una relectura pausada para asimilarlo todo. Tendrías que cambiarte el nombre a Tyrion Lapidario, de tan fascinado por los dragones que se te ve. ;)

    Y de propina, una película que de niño me fascinaba, con los dragones como símbolo de la imaginación y la fantasía enfrentándose a la racionalidad y la ciencia:

    http://www.youtube.com/watch?v=PwuhdhYL8UY

    • Pues sí que comparto fascinación dragonil con Tyrion, sí… :) Aunque he de confesar que no he visto la película que enlazas (y eso que en general soy fan de las pelis de animación ochenteras): tendré que poner remedio a ello. Gracias por el enlace.

      • Format

        Sí que te podrías cambiar el nombre por el de Tyrionn, aunque más que por su obsesión con los dragones, por su obsesión con otras bestias indomables de curvas más sugerentes ;)

        • Esas otras bestias son aún más fascinantes y temibles que los dragones, si. ;)

          Mr. Lapidario, no hay de que. Es una película curiosa, una pequeña joya que dejó un gran impacto en todos quienes la vieron en su momento. La cinta de VHS que tenía debió quedar reducida a polvo de tanto desgaste.

  3. Jorge de Capadocia y su manía de acabar con animales en claro peligro de extinción. Parece ser que el dócil capado creo escuela y otros reyezuelos posteriores tomaron su ejemplo con eso de cargarse animales protegidos como hobby personal…
    Un día precioso, mi preferido del año, sin duda. Que el calendario diga que es laboral nos lo pasamos por el forro, y como ciudadanos de buena voluntad lo hacemos FESTIVO.

    Larga vida al Amor y a los Libros (que lo demás son milongas).-

    • Se comenta mucho que no sólo debería ser festivo, sino que podría proponerse como fecha alternativa a la Diada del 11 de Septiembre (que al fin y al cabo conmemora una derrota). Pero no tengo tampoco una opinión firme al respecto, ya que por ejemplo para las librerías sería una putada que el día en que más ventas hacen al año fuera festivo. Podría hacerse una excepción con librerías y floristerías, pero ya complica el asunto, supongo…

  4. Fawkes

    Grande. Totalmente de acuerdo con el comentario sobre La historia interminable, parece un libro infantil, pero en realidad toca temas muy, muy adultos.

    Felicidades por el artículo.

    • ¡Muchas gracias! :) En «La historia interminable» hay mucha miga, especialmente en la segunda parte y los últimos capítulos, llenos de imágenes y personajes durísimos (el minero Yor, los marineros del mar de niebla, los Ayayai, los Antiguos Emperadores Locos) que hasta donde yo sé jamás se han mostrado en película. El libro tuvo la desgracia de sufrir una pésima adaptación al cine, en la que por ejemplo el Bastián más bien gordopilo y repelente se convierte en un crío normalito, con lo que pierde sentido toda la horrible transformación mental que sufre al convertirse en héroe… Y que por cierto también se cargan en la peli. En fin.

      En mi opinión el libro es infantil y adulto a la vez, en el sentido de que hay que leerlo siendo crío pero tiene una carga de profundidad suficiente como para acompañarte en la vida adulta. «Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión».

      • Áuryn

        Coincido en que la película de La Historia Interminable no sólo no hace justicia al libro, sino que hasta logra estropear la historia, y mira que era difícil. Y, ya puestos, como enamorada confesa de Michael Ende, y re-lectora empedernida de La Historia Interminable desde que me lo regalaron a los seis años, pido, suplico e imploro, un artículo sobre la tremenda profundidad de dicho libro (y otros de Ende, como Momo, sin ir más lejos), cuya riqueza de trasfondo, simbología y hasta filosofía, ha pasado tan desapercibida por su condición de «literatura infantil».

  5. Esa cita de Nietzsche no se yo… :|

    • Bueno, la traducción más frecuente de esa cita usa «monstruo», pero dado que también he visto utilizar «dragón», no he podido resistirme. :)

  6. Me ha hecho mucha ilusión encontrar a alguien que también haya tratado este tema. Con tu permiso, te dejo un enlace a una entrada a mi blog que también escribí en su día, hace bastante tiempo, y que rescaté para el blog actual.

    Aun así, tu entrada es más completa e interesante. Gracias por compartirlo ;)

    http://habitacion701.blogspot.com.es/2011/10/la-batalla-de-la-serpiente.html

    • Gracias a ti por escribirlo: veo ahí una referencia a una diosa-serpiente muy chula que se me había escapado, la minoica. Y me quedé también con las ganas de hablar un poco de los dragones chinos que mencionas, portadores de buena suerte (un poco como el Fújur de La Historia Interminable, ya que estamos con el tema en los comentarios).

  7. Albincai

    Caetano Veloso cantándole a san Jorge da Capadocia

    http://www.youtube.com/watch?v=-fJIC00VPxk

    los brasileños creen que san jorge habita en la luna, pero no por la conexión femenina de tu artículo, que está muy bien, sino por influencia afrobrasileira de los orixás.

  8. migueleme

    Muy buen artículo. Pero quizá convendría estudiar tamvién otra vertiente del mito: Georgos significa acricultor o algo así (de ahí las Geórgicas de Virgilio) y la acción de clavar la lanza se puede asemejar a la de roturar la tierra, desvirgar la tierra, quizá…

  9. Antonio Bou

    Muchas gracias por el artículo, me ha ****encantado**** leerlo.

  10. Yo también apoyo la ruta dragonil. Siempre he dicho que a Barcelona aún le faltan dragones y sacarle partido a los que tiene!

    Gracias por el artículo.

  11. Kurush

    Por culpa de tantas princesas se acabaron los dragones.

  12. ¡Delicioso!
    Me he quedado con una especie de cosquilleo en la piel, pensando en dragones.

  13. isblagi

    plas, plas, plas! Cuan a gusto se queda uno tras leer artículos como este. Casi cómo después de matar un dragón (dragona).

    Por cierto, que su ilustrísima don Alan Moore también habla largo y tendido de la constante lucha del patriarcado frente a la diosa madre en el capítulo 4 de From Hell, si no me falla la memoria.

    un saludo

  14. Sarkoma

    No está del todo mal este refrito de la Wikipedia.

    http://en.wikipedia.org/wiki/Saint_George_and_the_Dragon

  15. crédito urgente

    Es una genial idea !

  16. ¿Las cortes catalanas?
    Que yo sepa, fue en Calatayud (Zaragoza) en 1461.
    El documento, de hecho, dice así “…ordenamos que la fiesta del glorioso Martyr Senyor sant Jorge, que caye a XXIII días de abril, sia en el dito regno inviolablemente perpetua, guardada y reservada, e celebrada…»

    • Bravo Cris a partir de lo de las «cortes catalanas» ataque de risa y no he podido seguir leyendo.

  17. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Pies, ¿para qué os quiero?

  18. Pingback: San Jorge contra la Madre de los Dragones. | Recolección de pensamientos

  19. Un artículo muy interesante, la verdad.

  20. Pues sí REP-PC, muy interesante

  21. Pingback: Todo lo que necesito saber lo aprendí leyendo Dragonlance

  22. Javier Borràs Arumí

    Josep,

    en el primer párrafo de «Mujeres qu bailan con serpientes», has puesto «nitzscheano», y creo que la manera correcta es «nietzscheano».

    Saludos y buen artículo.

  23. El 23 de abril conmemora la muerte de San Jorge en 303 d.C (un hipotético soldado romano de Capadocia, en la actual Turquía, más tarde considerado martir y después santo). También, curiosamente, es el día de la muerte de Cervantes y Shakespeare en 1616 (de ahí el día del Libro y la tradición de regalar libros este día).

    San Jorge es el patrón de Inglaterra, Georgia, Etiopía, Bulgaria, Tombuctú y Portugal. En España lo es de las comunidades autónomas de Aragón y Cataluña, así como de Cáceres, Alcoy, Bañeres y Alcafrán.

    San Jorge se simboliza con un caballero vestido de blanco con una cruz roja en su capa, a lomos de un caballo blanco, matando a un dragón o serpiente gigante con su lanza o espada. Por eso la bandera de Inglaterra es blanca con una cruz roja (la cruz de San Jorge). Igual que la bandera de Georgia, e igual que la primera bandera de Cataluña, que más tarde cogió la señera en tiempos de Alfonso II (actualmente sólo aparece la cruz de San Jorge en el escudo de Barcelona).

    Felicidades a todos los Jorge, Jordi, Gorka, George, Giorgio, Jürgen, Gorän, Yuri y demás variantes ;)

  24. Interesantísimo diría yo, REP-PC

  25. davsaj

    San Jorge y Arago!!
    Dia Nazional de Aragon
    Festivo aqui, SIEMPRE

  26. Pingback: Los monstruos gigantes nos atacan - Jot Down Cultural Magazine

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