Jeff Buckley en las corrientes del Mississippi

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Jeff Buckley era un cantante único, guitarrista y compositor, intérprete y arreglista exquisito, joven, visceral, transgresor constante, iluminado, imaginativo, artista completo y experimentador íntimo, revolucionario, iconoclasta, espíritu independiente y músico con alma más que estrella del rock. Era todo esto y mucho más. En los últimos años, la influencia y el reconocimiento de su obra ha aumentado vertiginosamente, y músicos de la talla de Tom Yorke (Radiohead) o Matthew Bellamy (Muse) lo consideran como una de sus principales referencias.

No importa que solo editara un álbum en vida, Grace (1994), pues en él Jeff Buckley nos descubre la medida exacta y precisa de su esencia, los resortes ocultos de su genio, su tono y su carácter, y la sustancia diversa, múltiple y sorprendentemente heterogénea de sus raíces, en las que se mueve desde el rock, la psicodelia, el blues y el jazz, hasta el folk y el góspel más tradicional. En medio de la efervescencia del grunge sucio y salvaje Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains—, Jeff Buckley crea una obra diferente, distinta, arropada por un lenguaje que se sale de los cánones de lo comercial, pero que a la vez, por su innegable brillantez, es capaz de golpearnos las sienes a la primera escucha.

Y, sobre todo, lo primero que nos llama la atención es la voz. Una voz que es como una oleada de estrellas chocando al unísono en el firmamento, un puro deleite. Siente uno al escucharla como un gran escalofrío recorriendo cada fibra del cuerpo, una misteriosa plenitud subiéndole por la espina dorsal, toda la humanidad parece estar concentrada en ella y sentimos como un temblor bajo nosotros. Y es que Jeff Buckley ha estado buscando día a día el estilo, la personalidad, el nervio propio que le diera el verdadero colorido como cantante. Y lo ha conseguido. Los falsetes de Robert Plant, el trémolo de Nina Simone, el misticismo de Nusrat Fateh Ali Khan, la rítmica de Billie Holliday, toda esta mescolanza de registros lo convierten en un vocalista versátil como pocos, un ecléctico con las ideas ajenas tan bien asimiladas que se hace genuino.

Sin embargo, para entender Grace habría que irse un poco más atrás, más concretamente a abril de 1991, cuando Jeff aparece, de pronto, en New York en un concierto benéfico a su padre, el también malogrado músico —muerto con apenas 28 años— Tim Buckley. El joven, con voz espiritual y mirada encantadora, deja atónitos a todos al interpretar cuatro canciones de su progenitor. Sin pretensiones, quizá solo por la necesidad de reconciliarse con él, de perdonarlo, —ya que lo vio nada más que dos veces en su vida— se presenta en la iglesia de St. Ann haciendo gala de una prodigiosa voz, la cual, abarcando más de cuatro octavas, se manifiesta en aquel momento como un inesperado hallazgo. Pero la música no es cuestión de técnica ni de virtuosismo, sino de sentimiento, y esto es lo que más aporta Jeff a quienes lo escuchan aquella noche redentora, presenciando ellos, sin duda, un diálogo íntimo entre padre e hijo.

Es la hora de sus conciertos en el Café Sin-é en el East Village, lugar privilegiado donde Jeff perfila su estilo personal, ese estilo cuya particularidad se basa en la cercanía y en el minimalismo, en la emoción personal, en el lirismo. Esas noches, eternas desde entonces, nos dan al Jeff delicado, al improvisador, al intuitivo, al espiritual, al que explora en cada canción, fijándose bien en el detalle, diferentes matices, tanto en las versiones —Strange Fruit, Night Flight—, como en las originales —Eternal Life, Mojo Pin—.  Se aproxima poco a poco a la entraña misma de la música, desnudándola toda, haciéndola lo más clara y diáfana posible, llegando lentamente al secreto. Jeff se debe al misterio interior que tiene cada nota, a la naturaleza de cada acorde y de cada ritmo, a las múltiples texturas que encuentra en otros artistas y, sobre todo, al placer de dejarse llevar en el escenario, palpitando como una explosión en cada actuación. Con su guitarra y su voz principia lo que más tarde dejará reflejado en el EP de cuatro temas que Columbia Records, ya interesada en su genialidad, le graba en 1993 en el mismo Sin-é.

Pero será el siguiente año, como hemos apuntado, cuando publique verdaderamente su disco debut, Grace. Jeff, ahora con una banda, crea una obra maestra que, si bien en ese momento no tiene el éxito esperado, con el tiempo demuestra ser un disco que logra una dimensión y una magnitud abrumadoras, a la altura de los grandes álbumes de la historia de la música. Todos los giros, fraseos, ideas, rasgos aprendidos en su pasado, están ahí magníficamente ensamblados. Jeff liga con este disco un puente —respetuoso, innovador— entre el pasado y el presente, uniendo en él tanto un villancico tradicional Corpus Christi Carol, como la hipnótica versión de Hallelujah de Leonard Cohen —para algunos la grabación definitiva de este tema—, como la canción homónima del disco, Grace, la cual, con su sutileza, sensibilidad, rabia, novedad, originalidad, nos proyecta hacia el futuro. No obstante, el futuro se enturbia con la fatalidad.

El 29 de mayo de 1997 Jeff Buckley, sumergido en las aguas del río Wolf, en Memphis (Tenesse), muere ahogado a los treinta años de edad. Se mete en el agua, vestido, tranquilo, de buen humor, cantando el Whole Lotta Love de Led Zeppelin, y empieza a nadar mientras deja que todo el agua del Mississippi, el alma del Blues, le penetre como un reguero de vida en su interior. Había ido a esta simbólica ciudad a grabar el que sería su próximo álbum My Sweetheart the Drunk, pero nunca logrará terminarlo. De él solo nos dejará algunos esbozos, que, por suerte, serán publicados posteriormente.

Su muerte, aun siendo trágica y terrible, viene envuelta por un halo extraordinario, sublime, como si el momento final tuviese que estar a la altura de la vida, o, mejor dicho, de la obra. Desaparecido en aquellas misteriosas aguas, parece como si Jeff revelara un cierto tipo de conformidad y aceptación con su destino, como si él mismo hubiera escogido ese acabamiento previamente, ese dejarse ir con la corriente, tragando gota a gota toda la eternidad. De cualquier manera, contrariando a Heráclito, todo fluye, pero en ese fluir existen, sin duda, algunas cosas que sí permanecen con nosotros.

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34 comentarios

  1. Pingback: Música — Jeff Buckley en las corrientes del Mississippi

  2. Professor Rose

    Mágico es poco. Creo que lo que mejor le define es lo que comentas, que actúa de puente perfecto entre lo antiguo y lo nuevo. Es un genio entre dos aguas. Un Giotto.
    Y encima un guitarrista excepcional. Muy pocos artistas pueden dar conciertos con una guitarra eléctrica y su voz como únicas armas y no resultar insulsos, cansinos o pedantes. Jeff sonaba a toda una banda con esas armas.

  3. Idontgiveafuck

    La primera vez que vi el video de Grace en la MTV, si cuando aun echaban musica fue en el verano de del 94, aun tarde unos meses en comprarlo, una edicion canadiense en los extintos Linacero de Zaragoza, al tiempo Bunbury en una entrevista en Popular 1 lo calificaba junto con Achtung Baby y Ok Computer como los tres mejores discos de los 90 no puedo estar mas de acuerdo.
    Ese disco no hubo amigo al que le gustara la musica que no acabara prestandolo y el despues lo comprara.

  4. Yo descubrí a Jeff Buckley de forma tardía a traves de su perfecta y definitiva versión del Hallelujah de Cohen y desde entonces no pasa un més sin que tenga que escuchar alguna de sus canciones, pequeñas dosis de Jeff para ir tirando le digo yo. Sin duda un artista excepcional y una voz en multicolor.

  5. Muy buen artículo

  6. Podía haber sido el más grande. Voz, conocimiento, una esponja que lo captaba todo y lo expulsaba con un tamiz único.

    Corpus Christi Carol no sé si es un villancico tradicional. Lo que es, un tema de Benjamin Britten, uno de los compositores más grandes del siglo XX.

  7. Pezplátano

    Buen artículo, de su disco Grace me quedo con la versión de lilac wine, ejemplo perfecto de cómo sentir una canción, a mi hallejujah no me gusta en demasía, no ya la versión sino la original (y soy fan con nata absoluto de leonard cohen)
    Por otro lado diré algo a sabiendas que pueden caerme ostias por todos lados; no está a la altura de su padre, el enorme y minusvalorado Tim Buckley, tal vez en términos de talento padre e hijo puedan mirarse a los ojos allá donde se encuentren, pero en lo que se dice carrera musical el padre dobla varias vueltas al hijo
    He dicho

    • Hombre, no dobla, el padre publicó nueve discos de estudio y el hijo uno. Ese uno, para mí, vale por toda la carrera del padre, y eso que me gusta mucho.

  8. michelle

    Una vez más el gran maestre TRECET nos iluminó la senda a muchos……..

  9. Bulgakov

    Para quien no lo conozca recomiendo lo que iba a ser su segundo disco, Skeetches for my sweetheart the dunk. Circulan copias de las demos previas a su grabación (murió justo cuando iba a grabar el disco) y son una maravilla.

  10. de ventre

    pues, señores, a mí me parece un tostón del carajo de la vela y un hype sólo comprensible por su triste y joven muerte.

    así que, si alguien está pensando en «oh, voy a buscar algo de jeff buckley», hagame caso: ni se le ocurra.

    j

    • Pues qué quieres que te diga, yo conocí la música de Buckley antes de saber quien era y su trágico final, y aún así me enamoró.

    • Alejo Urzass

      «Hágame caso: ni se le ocurra» ¡Deje usted a quien lo quiera escuchar que escuche y decida! Que a usted no le gusta Jeff Buckley, bien ¿eso demuestra algo?

    • Miquel Àngel

      Me pregunto yo quien te ha pedido a ti consejo de nada.

  11. J.Buckley era un grande, gracias por recordarlo en día del aniversario de su muerte.

  12. J.Buckley era un grande, gracias por recordarlo en día del aniversario de su muerte.
    Nos dejó solo un disco, pero este vale por cien. A mí, de todas maneras, hay una canción que hizo ( y que no terminó) con Elizabeth Fraser, la cantante de Cocteau Twins, que me parece una maravilla ‘All flowers in time bend towards the sun»…

  13. Ágata

    Jeff Buckley era realmente un Giotto. Pero el articulo es un poco más barroco que lo permitido. Artículo? no: revisión – poetica, pero revisión. Casi un apunte hecho por un colegial muy fanatico.

  14. de ventre

    jeff buckley es a la música lo que la filmografía irańi al cine: un tostonazo con muy buenas referencias.

    en fin, tranquilos que no padeceréis insomnio.

    j

    • @De ventre, ¡son tantas las cosas de gran calidad artística, musicales o cinematográficas, a las que usted a la fuerza habrá tenido que renunciar por miedo a quedarse dormido…! ¡O la de veces que habrá tenido que ponerse lo de georgie dann para lograr mantenerse despierto! Cómo le compadezco.

  15. Leonardi

    Sin tonterías. Se ahogó por meterse en el agua vestido (primer error) y, sobre todo, porque pasó un barco que le arrastró en su corriente. Dejad de decir chorradas.

  16. Midnighter

    ¿Realmente se sabe la canción que tarareaba mientras se metía vestido en el Mississipi o es una licencia creativa? ¿Queda claro entonces que fue un suicidio?

  17. gorka martin

    Para mí «hallelujah» es grande, como grande es «last goodbye»; sin embargo, en mi humilde opinión, el tema que mejor define a J.Buckley es, «Everybody here wants you», del disco «Sketches for my sweetheart the drunk». Imprescindible.

    • Álvarez

      Ese disco abre con un tema que creo que proyecta un poco lo que era Jeff Buckley: «The Sky is a Landfill»

  18. Idontgiveafuck

    Sketches for my sweetheart se publico como Cd doble en España, tambien muy recomendable el Live At The Sin-è y maravilosas las versiones de reediciones, las de singles etc.

  19. Pues yo me quedo con la versión original del ‘Hallellujah’, la de Leonard Cohen. Jeff Buckley me parece un soberano tostón.

  20. lentorro

    Como dice pezplátano , el padre le da mil vueltas. A mí personalmente Jeff no me ha gustado cuando me he acercado a él, pero Tim Buckley me parece de esos músicos que están por encima incluso de sus propias facultades. Tiene discos «duros» como «Starsailor» pero animo al personal a dejarse llevar por «Happy Sad» y
    «Blue Afternoon» y luego venir a contarlo.

    Ay la drogaína

    • Sandman

      Pues a mí esos discos sí que me parecen un tostón. Me recuerdan al «Astral Weeks» de Van Morrison: alargar gratuitamente una idea sencilla hasta el empacho. Además Tim Buckley engola sin dar tregua. Magnífica voz, pero sólo eso

  21. Maqrol

    Hola,

    Estoy con quien apunta lo de la revisión poética. De tan poética que es poetética. Titular con las corrientes y deslizar la especie del suicidio es poetético. Escuchadle esta bien, más por lo que promete que por lo que da. No le conocí en persona, solo por su música así que me resulta aventurado juzgar si se suicidó. La música no me lo parecía. Suicida digo. Es complicado hablar de música: se da un fenómeno curioso. En música, el autor puede ser un memo pero se le disculpa, ¡ah! pero en literatura no. Del hijo de Tim Buckley no se ahonda en la persona pero tampoco en la música (i.e. la famosa versión de Cohen parece jazz con los saltos tonales que no hay Dios que los haga, pero de eso no se habla mucho, la verdad) Esto no deja de ser una opinión,claro. Signo de los tiempos.

    Starsailor es estupendo lentorro. Gracias por recordarlo.

    Un saludo y gracias por el artículo

  22. dauðum

    Gran artista!

  23. Alejandro

    Excelente Artículo. Gracias!

  24. Escuchar a Buckley es algo que hago a diario desde hace unos 4 o 5 años. Sólo leer o escuchar algo sobre él me pone los pelos de punta. Como él dijo: «La sensibilidad no es una ñoñería. Porque una pulga aterrizando sobre un perro suena como explosión.»
    ´
    http://planetamancha.blogspot.com.es/search/label/Jeff%20Buckley

  25. Ruymán

    Yo lo descubrí tardíamente, es decir, mis amigos lo escuchaban pero a mi me deprimía bastante. Cuando empecé a escucharlo fue de manera natural, se cruzó en mi camino y me quedé alucinado. Debo decir que su influencia de Nina Simone a la hora de cantar es brutal y curiosamente lo escuché primero a él y después a Nina. Sólo encuentro una gran palabra que lo define SENSIBILIDAD.

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