Si aceptan ustedes que la comedia no es solo un género, sino una actitud, podríamos decir que este blog irá sobre comedia en general y sobre la vida en particular. Y comienza con un post dedicado al “grito”, porque la comedia tiene mucho de eso, de grito, de queja, sobre todo esa en la que una sola persona se sube a un escenario para decirle a otras que todo lo que parece que está bien, en el fondo está mal.
Es lógico que en un mundo inundado de estímulos suela ganar el que más grita. Pasa en los mercados callejeros, donde los verduleros justifican su fama; sucede en los programas de televisión, donde la mayor audiencia coincide casi siempre con el programa con más gritos por minuto, incluyendo los partidos de fútbol. Pasa en el porno, donde a la sobreabundancia de silicona y centímetros de falo se une una sobredosis de gritos que tampoco se corresponde con la realidad del ciudadano medio. A menudo, la mala comedia se apoya en el grito. En ocasiones, la buena, también. El grito es una llamada de atención. Se grita cuando algo te duele, o te molesta, se grita para pedir ayuda, para abroncar a alguien, para mostrar enfado o desesperación. Se grita para que la gente se entere de que pasa algo. Hay quien menosprecia el grito por asociarlo a la vulgaridad, a lo gratuito. El grito, efectivamente, puede hinchar lo banal, pero también marca la realidad con un rosa fluorescente de lo más eficaz. Todos los cómicos recurren de un modo u otro al grito en algún momento de sus carreras. Algunos puristas lo consideran el camino fácil, como decir mucho “follar” o “puta”, o hablar de por qué las mujeres van juntas al baño. Otros hacen de él su distintivo. En todo caso, es inevitable cierto grado de decibelios al hacer un monólogo. Normalmente el Stand Up se hace en un local de copas, donde solo tienes un micro y un taburete, a veces ni siquiera un escenario. Cuarenta, sesenta, cien personas que llevan un par de horas bebiendo no tienen por qué haber acudido al bar para ver un monólogo, y mucho menos el tuyo. Hay que hacerse notar. Puedes llevar un texto trabajado, pero si no entonas, si no fuerzas la voz y sacas el feriante que llevas dentro, es probable que el local se llene de murmullos de gente distraída que quiere que termines para seguir la noche en otra parte.
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Caray, el gran Miguel Iríbar escribiendo en Jot Down. Con lo que a mi me gustan los monólogos estoy seguro que disfrutaré mucho leyendo estos artículos.
Espero que no quieras decir que el humor de Ignatius es grueso… yo creo que es bestia y fino a la vez, nunca grueso. Si has tenido ocasión de verle actuar en un tugurio (no en sus videos de youtube, donde es esencialmente lineal ) habrás podido apreciar que tiene su propia metodología, carpeta de apuntes en mano. A lo mejor el método no lo inventó él, pero aún así le considero como el mayor ideólogo del humor de este país.
Jaja, tranquilo, no puedo ser más fan de Ignatius, aparte de que hablamos de un buen colega y compañero de bastantes bolos y postbolos
Una entrevista a Ignatius sería casi tan grande como la entrevista de Panero o Anguita.
Genial Miguel!!!… Muchas gracias por mencionarme!!!… La Comedia Prevalecerá!!!…