Tom Boonen es una auténtica celebridad en Bélgica. «No soy Dios, no soy el nuevo Eddy Merckx, no soy el nuevo Museeuw. Por favor, dejadme ser yo mismo» suplicaba a la prensa hace ya más de siete años, cuando alcanzó el estatus de estrella al proclamarse campeón en el Tour de Flandes y en París – Roubaix. Esas tres negaciones, aparentemente tan obvias, eran necesarias dentro de su contexto porque la prensa había llamado a Boonen todas esas cosas. Así de emocionados estaban los gacetilleros ante un fenómeno de la naturaleza, un chaval que no sólo era joven, alto, apuesto, inteligente y descarado, si no que además resultaba ser un atleta de primer orden. Un ciclista fortísimo y con un sprint explosivo, destinado a hacer cosas grandes en el ciclismo, especialmente en las clásicas, dado su físico. Un verdadero héroe nacional, un referente para los jóvenes, y un príncipe azul para las jóvenes. Alguien lo llamó «el Beckham belga», y dio en el clavo. Tom Boonen aparecía en los carteles publicitarios, en televisión y en las revistas del corazón.
Pero no todo ha sido un camino de rosas, ni su imagen ha sido siempre idolatrada. Entre 2008 y 2009 el éxito se le atragantó, como ha pasado con tantas superestrellas del mundo del deporte. Amagando con caer en una espiral autodestructiva, Boonen desestimó la extraordinaria oportunidad que la genética le había brindado para flirtear con el fracaso. Y si bien encima de una bicicleta seguía cosechando logros, cada vez que bajaba de ella lo que cosechaba eran escándalos: estrelló un par de deportivos, dejó a su novia para liarse con una cría de dieciséis años (Boonen contaba entonces veintisiete), pasó por una fuerte depresión, se hundió en el alcohol e incluso dio positivo por cocaína un par de veces, eso sí, siempre fuera de competición. Todo esto pasó factura, y los gacetilleros cambiaron eso de «Dios» o «el nuevo Merckx» por apelativos menos generosos: «oveja descarriada», «fraude» o «decepción» los sustituyeron para definir al genio del pavés. Las multas por exceso de velocidad eran hasta cierto punto divertidas, así como sus vaivenes sentimentales, pero el abuso del alcohol no era compatible con su imagen de atleta. Y lo de la cocaína colmó el vaso. Desapareció de los carteles publicitarios. Sí lo seguía haciendo en televisión o las revistas del corazón, claro, pero en términos mucho más peyorativos. Pruebas prestigiosas como el Tour de Francia le vetaron la entrada., considerando que su presencia ensuciaba la imagen de la competición. En 2009 y tras dar positivo por cocaína una segunda vez, su equipo, Quick Step, lo suspendió. Tom Boonen estaba hundido: «Últimamente, mi nombre ha aparecido en las noticias de un modo negativo. Me doy cuenta de que he dañado a mi familia, mis amigos, mi equipo y mis seguidores. Quiero pedir perdón por ello. Pero no soy perfecto. Aceptaré las consecuencias. A pesar de todo lo que se ha escrito, sea cierto o no, no estoy aquí para defender mi conducta».
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Sí señor, un gran artículo que dignifica el ciclismo y a sus protagonistas. Se puede caer a los infiernos como Boonen y resurgir luchando sin caer en atajos sucios como han hecho otros…
http://noteniabillete.blogspot.com.es/2012/07/lance-armstrong-un-ejemplo-de.html
Se agradece este artículo, en este pais en el que nos las damos de grandes aficionados al ciclismo no encuentras casi referencias a las clásicas en los grandes medios, y es un circuito tan atractivo o incluso mas que el de las grandes vueltas, como saben muy bien en otras naciones.
Soy aficionado y practicante de cliclismo desde hace más de veinte años. Mi interés por la temporada ciclista decae notablemente después de las Clásicas de Primavera, sobre todo esta maravillosa carrera. No considero como campeón a ningún corredor que no dispute las clásicas, aunque luego sea capaz de acumular los triunfos en las grandes vueltas. Le felicito por el fabuloso artículo.
Gracias, simplemente.
Este artículo fue petición de un lector. Me hubiera gustado poder publicarlo antes pero no ha sido posible. No quería escribir al tuntún un artículo sobre algo tan sagrado como París – Roubaix y Tom Boonen. Me ha llevado mucho más tiempo del esperado.
Entendí que no podía limitarme a hacer una crónica, puesto que eso es algo que debe hacerse el mismo día o el día siguiente. Y yo no pude ver la carrera hasta pasadas unas semanas, así que no tuve otra alternativa que escribir algo más elaborado.
Espero que aceptéis esto como disculpa por no haber podido colgar este artículo antes. Y, sobre todo, gracias por vuestros comentarios. Que me venga un tío que lleva veinte años en el ciclismo y me felicite es maravilloso. Gracias a todos.
Salud.
Bravo. Magnífico relato a dos bandas canalizadas en el final. Excelente narración.
Pingback: Anónimo
Cojonudérrimo artículo. Mi novia es belga y cuando veo los adoquines y a crios de 13 a 14 años hasta a personas mayores de 60 corriendo por encima de ellos se me hacen los ojos bolillas…
Totalmente de acuerdo con todos, me ha encantado el artículo. Enhorabuena!!
Me encantaría haber podido escribir este artículo porque lo hubiera acabado diciendo: «Y yo estaba allí para verlo».
Ver pasar a Bonnen a escasos 20 cm de mis palmadas en la sagrada tercera curva de Carrefour de l’Arbre fue simplemente estar presenciando la Historia pasar ante mis ojos.
Gracias por el artículo, me he pegado un buen disfrute, leyendo y recordando esos días de ciclismo y cerveza en nuestra siempre aclamada primavera belga. Porque aunque esto suceda en Francia, la primavera es y seguirá siendo belga.
Mítico Tom Boonen!
Mil gracias y mi más sincera enhorabuena, David.
Estupendo artículo! Como aficionado al ciclismo, echaba mucho de menos artículos sobre ciclismo que no tratasen sobre los mismos tópicos de siempre, ni sobre los mismos temas.
Solo una cosita: la carrera mítica ya desaparecida era la Burdeos – París, no París – Burdeos. Acababa precisamente en el ya desaparecido Parc des Princes de París. Su máximo ganador fue Herman Van Springel (creo que la ganó nueve veces, me parece), y también la ganó Jacques Anquetil. Eddy Merckx, por ejemplo, nunca la corrió, y en época de Hinault estaba ya en completa decadencia. Como curiosidad, es la única carrera que gana, en la ficción por supuesto, el desgraciado Ghislain Lambert, en la película Le Vélo de Ghislain Lambert.
Tienes toda la razón, Alpino, el recorrido era el inverso. Van Springel fue efectivamente el ciclista que la ganó más veces (siete, según Wikipedia, lo cual sigue sin estar nada mal). Gracias por tu comentario y un saludo.
Gràcies David!
Articulo precioso!
Gracias a ti – y a Jot down – por dignificar el ciclismo y elevarlo donde se merece: un deporte épico y precioso. Que lo és, lo ha sido y siempre lo será!
Salut i llambordes!!
Lo fantástico de la París-Roubaix, además, es que es la única gran clásica que permite ataques desde tan lejos, en solitario y victoriosos. Recuerdo que hace poco Cancellara intentó hacer algo parecido en el Tour de Flandes, pero que finalmente desfalleció en el Kapelmuur y sólo pudo ser tercero por detrás de Chavanel y de Nuyens.
Boonen siempre ataca desde muy lejos en Roubaix, al igual que Cancellara, y eso es una bendición para el ciclismo moderno, tan encorsetado en ataques muy cerca de meta o, directamente, en estrategias defensivas. Las clásicas son la época más bonita del calendario ciclista.
PD: Otra particularidad de la Roubaix es que es la clásica que más margen permite a los ciclistas que no son favoritos. Pensemos en victorias tan extrañas durante los últimos años como la de Van Summeren, Bäckstedt o Knaven. En fin, una preciosidad de carrera (yo siempre trato de verla prácticamente en su totalidad) y un artículo estupendo. Enhorabuena.
Me encanta este artículo. Soy amante del ciclismo en general y de Boonen en particular.
Y he releído estos párrafos más de una vez. Mil gracias.