Rubén Díaz Caviedes: Marte español

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“¿Para qué sirve Marte?”, se preguntaba hace unas semanas Alfonso Ussía en las páginas de La Razón, respondiéndose acto seguido que “para nada”. Lo hacía el maestro de maestros taxativo, categórico, con la rotundidad convencida de quien juzga la inoperancia de las diputaciones o de los pezones masculinos. Como aquellos funcionalistas antiguos, Lasswell y compañía, empeñados en reducir las cosas a sus propósitos, o como el albañil que te viene a casa y concluye nada más entrar por la puerta que el latiguillo ese que tiene en el baño, señora, no sirve para nada. Así refiere Ussía al planeta rojo, que además de inútil, dice, es “más feo aún que la zona de Arroyoculebro o los descampados que se abren al norte de Arganda del Rey”. Que son, indeed, sitios muy feos. Hay algo, sintetizando, que huele a podrido en Marte, como en un Hamlet escrito por Asimov en lugar de Shakespeare, aunque Ussía, que también sabe hacer concesiones, nos anima a “ser cautelosos en el análisis negativo de la gran hazaña”. El motivo de la prudencia, no te lo pierdas, es que el Curiosity, el robot que la NASA acaba de llevar al planeta vecino, incorpora tecnología que él denomina “española” y que aquí, por purismo, vamos a denominar “hecha en España”. Que como decían Martes y Trece en un sketch, es lo mismo, pero no es igual.

E incluso en eso, vaya por Dios, estamos jodidos. En la condición española de la gesta. Porque a todos los factores que hacen de Marte una puta mierda hay que sumar, por lo visto, su capacidad potencial de disgregar España, y no en el sentido tectónico de la expresión, sino en el tradicional. Según Ussía, “ahora dirá Mas que el software es catalán, López que la luz que suena y hace pip-pip en la cabeza de Curiosity es vasca, Griñán que los tornillos los han apretado dos andaluces”. Y eso que a Patxi López no se le ha conocido reacción alguna y Artur Mas, pobrecito mío, no ha dicho ni aquesta boca és meva. De momento, la apropiación de la proeza ha correspondido en solitario a La Razón, que este martes abría portada con un “Conquista de Marte made in Spain” que hubiera hecho caerse de la silla a los ingenieros del Jet Propulsion Laboratory de la NASA —ingratamente traducido como Laboratorio de Propulsión a Chorro— si en Pasadena supieran, angelitos, quién coño es Paco Marhuenda. Por no hablar del “Alianza EEUU – España” del antetítulo, que agüita. Es en este anexionismo simbólicamente acometido y esperpénticamente ejecutado que entra Ussía, pocos días después, a demostrar en subtexto aquello de que el ladrón piensa que son todos de su condición. “Lo que tendríamos que celebrar como un triunfo de todos se lo apuntarán sólo algunos”, dice aludiendo a nacionalistas y regionalistas, “dejándonos a los ciudadanos y contribuyentes sin nuestro merecido pedazo de tarta”.

Hay que haber perdido el norte, miren, y oír en la propia mente voces que te hablan en euskera para montar semejante brainstorming, pero eso es lo de menos. También lo es, aunque lo parezca, lo enroscada que hay que tener la boina para criticar la inversión en el espacio, en particular cuando el dinero no es tuyo. “Neil Armstrong acaba de cumplir 82 años”, explica Alfonso, “y todavía nadie se ha aventurado a explicar los beneficios que la humanidad ha recibido de la luna”. Incluso siguiéndole el rollo a Ussía y confundiendo ciencia e ideología, que es como decir el culo con las témporas, cabe preguntarse qué hubiera sido de “esa unión que tanto añoramos los que amamos a nuestro mapa por igual” si sus artífices, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, hubieran adolecido de su misma miopía científica cuando Cristóbal Colón se les plantó en Granada pidiendo un gritón de maravedís para irse a dar la vuelta al mundo, como Willy Fog. Una España, quiero decir, que nunca se hubiera lanzado a explorar el mar y que no hubiera descubierto América. ¿Se la pueden imaginar? Yo tampoco.

Así que Alfonso, querido amigo, te anuncio que renuncio a mi porción de tarta pese a ser, como dices, ciudadano y contribuyente. También a considerarme, como español “dueño, en la proporción que sea estimada, de Marte”. Le cedo mi cachito del pastel metafórico y las escrituras del solar extraterrestre a cualquier andaluz, vasco o catalán que las quiera, e incluso a los lectores de tu periódico que deseen, por amor “al mapa por igual”, participar de vuestros delirios, jugar al Risk mental que habéis montado y plantar la rojigualda en el cráter Gale por el mero gusto de plantarla, dado que es un lugar inútil, improductivo y feo. A mí, ya ves tú. Chinchín de aflelú. No lo hago por solidaridad territorial o, qué te diría yo. Abnegado espíritu conciliador. Ni siquiera por buenrollismo, fíjate, de ese con el que se combate la fanfarronería sólo porque te hace quedar mejor. Lo hago por convicción. Porque posar un robot en Marte, Alfonso, es una hazaña de la humanidad. Es épica. El último capítulo de una epopeya, poniéndonos algo horteras, que empezó una noche, hace cientos de miles de años, cuando un primer ser humano alzó la mirada hacia arriba y se preguntó por qué hay estrellas que titilan en el cielo. En la que no importa donde lo hiciera, Alfonso, sino que lo hiciera. De la que recordamos no a quien lo hizo, sino lo que hizo. Y en la que no cabe, aunque esto ya es por poética elemental, comparación alguna con Arroyoculebro.

 

 

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35 Comentarios

  1. El planeta rojo no servirá para nada mientras no tenga un bar, una iglesia, un campo de fútbol y un par de fronteras. Y un rey, sí, un rey estaría bien. Aunque quizás lo de poner un rey en un planeta rojo habría que madurarlo un pelín más.

    Como catalán, cedo también mi porción de gloria hispánica al señor Ussía. Y no por entrar en discusiones patrias, si no porque esta gesta pertenece a la humanidad, y no al pedazo de tierra de donde sea el tipo a nombre del cual está la empresa que diseñó la máquina para pintar los tornillos de la junta de la trócola del Curiosity.

    Enhorabuena a todos los seres humanos, aún sabiendo que en este país ha llegado la noticia por tener que cubrir espacios mediáticos que otros meses menos calurosos están dedicados al deporte nacional o lo caras que están las langostas con la crisis pero que es Navidad y un día es un día y viene la familia a cenar.

    Felicidades por el artículo, Rubén.

  2. Me puse negro cuando lei el articulo. No creo que Ussia pueda ser tan estupido. Mi unica explicacion racional es que ya se ha vuelto loco

    • ¿No puedes creer que sea tan estúpido? Pues yo no tengo ningún problema para creerlo. En cualquier caso, me parece que ni está ejerciendo de estúpido ni de loco, sino metiendo ruido interesadamente.

  3. Haciendo una consulta básica en google sobre las innovaciones que la investigación espacial ha revertido en la sociedad, le dedico esta al gran Ussía:

    la tecnología elaborada por la ESA para estudiar los desplazamientos de fluidos en el cuerpo de los astronautas sirve ahora a los productores de jamones españoles para medir la tasa de humedad de sus jamones etiquetados.

    Asbos, nunca subestimes la estupidez de un facha reaccionario.

  4. Lo mejor de este artículo es poder saber qué burradas decía la Razón sin necesidad de ensuciarme los dedos con ese panfleto ni darles una entrada en la página web :)

  5. Felicidades por el artículo, Rubén. Decirle a alguien que es un completo gilipollas y hacerlo con tanto tino y gracia no es fácil.

  6. Explicar lo que escribes a Ussía es mas difícil que enviar el curiosity a marte.
    Todo sea por la alianza EEUU-Espaiñ :-)
    Que portada señores!!!!!

  7. Admiro a Alfonso Ussía pero siento decir que en esto estoy diametralmente o mejor astronómicamente en desacuerdo. No le concedo ni siquiera la duda a que lo haya escrito con ironía, que la tiene y mucha, pero a veces pienso que es mejor que dejásemos los demás planetas en paz no llevándoles nuestra mierda pueblerina y los corsés mentales que prueban que no somos la única inteligencia de la galaxia. No somos inteligencia, punto.

  8. El Curiosity ha ido a analizar el terreno para descubrir indicios de vida pasada o presente y esas cosas. Imagino que la contribución española al Curiosity consistirá en un sistema que le permita, además, recalificar dicho terreno.

  9. «¿Para qué sirve Marte?, me pregunto. Para nada, me respondo. Si me equivoco, la causa no es otra que mi desproporcionada incultura planetaria.»

    Pues sí, incultura es lo que hay. Y de escala planetaria, no hay duda.

    Pero una cosa hemos de reconocer: no lo hacen tan bien los científicos. Quizás tenga razón este buen hombre en que gastan dinero investigando para nada.
    Fíjese usted que vienen diciendo desde siempre que los dinosaurios se han extinguido, y yo los veo muy vivos y escribientes.

  10. Me ha encantado el artículo, pero me gustaría más si la reseña a la vuelta al mundo se refiriera al Phileas Fogg en lugar de al león de dibujos animados Willy.

  11. He acudido a leer el artículo de Ussia y me he quedado horrorizado al asomarme a semejantes abismos de estulticia cateta. Lo he vuelto a leer, esta vez con el detector de ironía en máxima sensibilidad, y el resultado ha sido idéntico, coincido con Javi A. en que no se trata de eso.

    El problema no es preguntarse «para qué sirve ir a la Luna o a Marte», que es una pregunta bien digna y que probablemente casi todos nos hemos hecho en alguna ocasión. El problema es no querer buscar una respuesta sino regodearse en la autocomplacencia de no necesitar nada más que tres o cuatro lugares comunes para juzgar y pontificar sobre cualquier asunto que se ponga a tiro.

    Y esto se demuestra, entre otras cosas, cuando se dice que » todavía nadie se ha aventurado a explicar los beneficios que la humanidad ha recibido de la luna» y una sencilla búsqueda de información (ya no digo pensar en serio durante dos minutos) proporciona al abundantes respuestas sobre las que, al menos, poder debatir.

    Es como cuando en la «Vida de Brian», el personaje de John Cleese exclama «los romanos, ¿qué han hecho por nosotros los romanos?». En fin…

    Sobre la obsesión maniaca sobre los nacionalismos creo que huelga adicional comentario.

  12. Portadas así son las que enaltecen el saber hablar y pensar coherentemente frente al pensamiento subjetivo de algunos ensimismados que se creen mesias.

    Felicidades.

  13. PDT: ¿En el artículo de Ussia han tenido que bloquear los comentarios?…jaja

    Me he quedado con las ganas de dejarle alguna perla..

  14. Señor Ussia, Ya se que Marte es de color rojo, pero por favor, no juzgue ese planeta sólo por su color. El hecho de que a los rojos se les denomine rojos es sólo un accidente histórico. Podrían haber elegido otro color y entonces qué, ¿Marte ya sería útil?

  15. Artículo bastante rebuscado en su fraseología, bastante oscuro y retorcido, no muy comprensible en su temática para el no español (los temas de los vascos, catalanes, etc). Pero volviendo al tema, la investigación espacial (y la investigación en general) sirven para:
    1) generar ciencia
    2) Generar nueva tecnología
    3) Generar y mejorar diseño de procesos.
    Y todo esto a la larga o a la corta redundan en beneficio de todos. Preguntar para que sirve aquel proyecto científico o para que sirve la investigación científica (para los que buscan resultados inmediatos) es lo mismo que si un cavernícola le hubiese preguntado al otro para que servía la rueda que acababa de inventar o el fuego que acababa de encender. Los resultados de la investigación científica no siempre son instantáneos pero siempre son en beneficio de todos. Al momento de pagar patentes por medicamentos u otros productos es el momento en que os empezais a dar cuenta de los resultados de la investigación científica.

    • Nuestra aspiración debería ser conseguir hacer ambas cosas de la mejor manera posible. No son, o no deberían, ser excluyentes.

  16. Decía el Presidente Bartlett (y cito de memoria) que el problema de los conservadores es que como ellos son incapaces de pensar alternativas, creen firmemente que no las hay. Y aunque digo yo que no todos serán como el señor Ussia, a el le veo la misma carencia, entre otras muchas: que como no es capaz de imaginar ni consecuencias ni implicaciones ni (sobrevaloradas) aplicaciones, debe ser que ni existen ni importan. ¡Caramba, si no es capaz de aventurar nada más ingenioso que el consabido «si hubiera petróleo»! No le vendría mal leerse la magnífica carta enlazada mas arriba por la primera comentarista. Y no, yo tampoco he conseguido verle la «ironía» al artículo.

  17. Rubén, estás hecho un pirámide. Ojalá (Ussía) lea tu artículo y piense un poco más lo que escribe. Si ya acierta poco (nada) habitualmente, con esto se ha coronado. Sigue así, cada artículo mejor que el anterior.

  18. Isabel La Catolica y su corte adolecian de miopia cientifica: creian que la ciencia se equivocaba y que ellos eran mas listos, y creian que la tierra era muchisimo mas pequeña que lo que decia la ciencia desde hacia mas de dos milenios ( Eratostenes), haciendo el viaje a «las indias» mas corto y rentable hacia el oeste. Afórtunadamente para algunos pobladores de la peninsula, se equivocaron. Y desafortunadamente para los americanos de la epoca. Enfin, creerse mas listos que los demas, y «hecharle guevos» ya formaba parte de la cultura iberica de la epoca. Y como salio bien, durante siglos ha perdurado el arrimarse a la corte( a ver si se agarra un poco de oro), y el » que inventen ellos».

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