A primera vista el británico Christopher Hitchens y el estadounidense David Rieff parecen dos tipos separados por un océano de desacuerdos (simplemente virtuales, no tengo noticia de ningún enfrentamiento directo más allá de alguna coincidencia en el debate televisivo de turno). El primero, corresponsal de guerra, ensayista, escritor de altura, agnóstico abonado a la polémica y belicista cuando ha hecho falta; el segundo, corresponsal de guerra, ensayista, escritor de altura, ateo con reticencias y profundamente reflexivo en los asuntos guerreros. Hitchens fue siempre un fanático defensor del intervencionismo cuya sublimación se produjo en su cerrada apología de la invasión de Irak cuando George W. Bush guiaba los destinos del imperio estadounidense. Reiff un firme defensor de las causas humanitarias (incluidas las intervenciones militares) hasta que a principios del siglo XXI decidió que no existía el humanitarismo belicista ni la dictadura del bien y que la coincidencia ideológica entre los ultra-liberales en las altas esferas estadounidenses y los principales gurús de los derechos humanos era demasiado dolorosa. Contó todo ello en A punto de pistola, probablemente el libro más contundente (en su criticismo) que jamás se ha escrito sobre la ONU sin ni siquiera la necesidad de recurrir a trapos sucios, contando la historia, sin ambages.
Desde las esquinas opuestas del cuadrilátero muestran sin embargo coincidencias notables: su amor (más crítico en el caso de Hitchens) por Rudyard Kipling, al que ambos utilizan como referente para (re)interpretar el mundo moderno; su desprecio, agudo en Hitchens, grave en Reiff, por Noam Chomsky (Rieff le llama “el antes intelectual”) y por esa izquierda de corte ingenuo que comanda el lingüista y filósofo y que pretende ser un icono de la intelectualidad global; su (brutal) relación con la mortalidad, que se refleja en el libro póstumo de Hitchens, Mortality, preciosa y durísima crónica de sus últimos tiempos, cuando llegó a perder la voz, su posesión más preciada y en Un mar de muerte, el doloroso relato de los días en los que la madre de Rieff, la dramaturga Susan Sontag, agonizaba en el hospital. Y, finalmente —lo que nos va a ocupar en estas lineas— la voluntad de ambos de transitar sin red por la cuerda de la incorrección política, de no ceder a la tentación de callarse para ahorrarse líos, de no pertenecer a “el rebaño de los librepensadores” (en afortunada expresión de Hitchens). Hasta ahora el inglés había tomado la delantera con obras —hipercríticas— sobre la madre Teresa de Calcuta (con un título que se las traía: La postura del misionero), Clinton o el propio Dios, pero una vez desaparecido, parece que el hijo de Sontag ha decidido que le toca a él menear el avispero.
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Muy buen artículo!
Muy flojo.
Vamos a hacer lo posible por no caer en el topicazo en el titular. Supongo que en el inicio de los noventa la frase tuvo su aquel, pero en 2012 es jodido que no suene a rancia. Suficiente para quitar cualquier tipo de apetencia de leer el artículo.
Juer, vamos con la escopeta cargada. Es indudable que la idea da que pensar. Tendría que darle algunas vueltas. Paz y olvido, pero no desde la absoluta impunidad porque esa lección es muy peligrosa. Ni uno solo de los responsables del golpe de Estado y posterior dictadura franquista, ni uno solo, ha pisado una cárcel. Ruanda podría ser un ejemplo. Reconciliación y olvido, pero penas para los genocidas. Un genocidio nunca puede ser gratuito, tampoco un golpe de Estado como lo ha sido aquí en España.
No se, tendría que leer el libro, pero hay cosas con las que disiento en el análisis que leo en el resumen que se hace aqui.
Si la causa de los problemas de los balcanes es el silencio impuesto por Tito, entonces la culpa no es de la memoria, es de no haber solucionado los problemas de verdad y cruzar los dedos a ver si se olvidan no hablando de ellos. Y eso, no pasa tan fácilmente.
Es sencillo olvidar los problemas que se solucionan. Los que simplemente se callan, se quedan ahi, fermentando.
Hitchens agnóstico ¿?
jeje que gracioso.
Efectivamente muy flojito, basta mirar en Hitch-22,
Nombra a Rieff cuatro veces y dos de ellas como querido amigo, ya que se les compara creo que se trata de un dato a tener a cuenta
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