Ciencias

Puentes colgantes (I): una introducción

«El puente colgante
En lo alto y en todas direcciones
Balancea la lluvia fresca»
Masaoka Shiki (1867 –1902), poeta, crítico literario y periodista japonés

 

Una escena habitual en las películas de aventuras es aquella en la que el intrépido héroe huye —por lo general de una tribu bastante hostil— hasta un barranco, al que finalmente salta entre una lluvia de flechas y lanzas para alcanzar con éxito el exiguo río que circula decenas de metros más abajo. En otras ocasiones, la persecución le dirige hacia otro punto del ineludible precipicio en el que éste es salvado por una pasarela de lianas, siempre a punto de desmoronarse, que milagrosamente soporta el peso del protagonista (no sin algún que otro susto) pero, cuando los villanos intentan seguir sus pasos, se viene abajo en un gran ejemplo de obsolescencia programada.

Pasarela Templo Maldito
Indiana Jones y el templo maldito: estar rodeado de enemigos en un puente de lianas y la chica raptada por el malo es lo que Indy llama «una tarde movidita»

Bromas y tropes cinematográficos aparte (aunque salpicaremos el artículo con otras imágenes de películas), realmente estas pasarelas de lianas o cuerdas, el origen de los puentes colgantes que conocemos hoy en día, se han encontrado en distintas civilizaciones primitivas de un extremo a otro del planeta porque es una de las estructuras más eficientes y relativamente sencillas de ejecutar, comparada con las alternativas; para una cultura tecnológicamente atrasada, un accidente natural se podía salvar colocando un objeto apropiado (por ejemplo, un tronco de árbol o una roca), pero esta operación tenía dos claras limitaciones: la longitud del objeto y las operaciones necesarias para colocar el mismo en su posición definitiva. Y la ejecución de estructuras en arco exigía conocimientos técnicos fuera del alcance de la mayoría de estas comunidades.

Genealogía-ficción de los puentes colgantes

Probablemente, el primer proto-puente colgante artificial consistió en atar una cuerda resistente a una piedra o a una flecha para lanzarla al otro lado de un valle estrecho, amarrarla firmemente en cada margen y después animar a la gente a pasar por sus propios medios: a pulso o caminando sobre la cuerda (1).

Aunque esa es la configuración más sencilla porque solo necesitaban pasar una cuerda de un lado a otro del accidente geográfico, la verdad es que cruzar así es una opción bastante incómoda si no eres un agente secreto en misión especial, por lo que en algún momento alguien tuvo la idea de tender dos cuerdas en paralelo, unidas a su vez con otras cuerdas o tablas para conformar una superficie transitable. En cierto modo, esta opción es mejor que la inicial pero exige tener cierto equilibrio para mantener la verticalidad frente a las oscilaciones que se generan al caminar sobre él. Un ejemplo de la inestabilidad de un puente configurado así es la prueba de Humor Amarillo que se llamaba «Los Cañones de Nakasone»… obviando los balonazos, evidentemente.

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10 comentarios

  1. Pingback: Puentes colgantes (I): una introducción

  2. A ver si en el siguiente artículo puedes comentar algo sobre el Puente Colgante de Portugalete: http://www.puente-colgante.com/nueva/index.php/es/

    Gracias

  3. di que si Txemanu! el puente colgante por excelencia!

  4. Txomin Goitibera

    Por supuesto el de Portugalete, no hay puente más elegante pero aún a riesgo de que me tachen de mal bilbaino, tengo que ponderar uno del que no se habla mucho, el Verrazano Narrows en NY entre Brooklyn y Staten Island, una auténtica pasada: http://www.winwallpapers.net/w1/2011/03/Verrazano-Narrows-Bridge.jpg

  5. Bueno, el puente de Brooklyn ya no es un puente colgante.

    Según parece, tras el susto de Tacoma Narrows decidieron atirantar el tablero para darle más estabilidad frente al viento. Así que ahora es un extraño tipo de puente mixto colgante-atirantado.

    Por lo demás, didáctico artículo para los no familiarizados con la ingeniería civil.

    En Elche hay un puente colgante interesante, el Pont del Bimil.lenari, colgante con una sola pila:
    http://www.panoramio.com/photo_explorer#user=3365655&with_photo_id=28733902&order=date_desc

    • Hola, David.

      No sé si estamos hablando de lo mismo, pero los atirantamientos que parten de las pilas que se aprecian hoy en día en el Puente de Brooklyn (1883) no se hicieron tras el derrumbe del primer colgante de Tacoma (1940).

      John A. Roebling diseñó intuitivamente (tanto en el de Brooklyn como en el colgante de las cataratas del Niágara -1854- o el de Cincinnati -1866-, por ejemplo) un atirantamiento que rigidizase el tablero en las cercanías de las pilas.

      Entra ya en el terreno de la discusión si se puede considerar una solución mixta (colgante+atirantada) porque la verdadera estructura portante se basa en los cables de suspensión.

      No obstante, de todo esto hablaremos en profundidad en la siguiente entrega (cuando quiera que la acabe).

      Un saludo y gracias por su comentario.

  6. Julián García

    Interesante artículo. Gracias por divulgar temas de ingeniería (no sé por qué hay gente que le cuesta entender que la ingeniería forma parte de la cultura).
    Supongo, ya que se ha mencionado el puente de Tacoma, que en la siguiente entrega se hablará de la resonancia y de las consecuencias que producía sobre algunos puentes el que los soldados de la primera guerra mundial pasasen sobre ellos marcando el paso.

    un cordial saludo.

  7. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Puentes colgantes (II): la fabulosa historia del Puente de Brooklyn

  8. Mi cuestión es la siguiente: como se lo montaban las civilizaciones primitivas para tender un puente levadizo siendo la distancia entre las dos partes larga y de gran profundidad

  9. Pingback: Debilidades y fortalezas del puente Nuevo de Ronda - Jot Down Cultural Magazine

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