
El arco es una construcción nacida de dos debilidades que, al unirse, se convierten en una fortaleza.
Leonardo da Vinci, todólogo (1452-1519)
Un día antes de la Feria de Mayo de 1741, en Ronda (Málaga), murieron unas cincuenta personas en un desgraciado suceso: el puente que unía las dos márgenes del denominado Tajo (o Garganta) de Ronda, un espectacular accidente geográfico creado por caprichos de la tectónica y la meteorización durante milenios, se venía abajo seis años después de su inauguración. Si ya es muy complicado sobrevivir al colapso de un puente de piedra bajo tus pies, en este caso, era casi imposible, puesto que sus restos se precipitaron al vacío hasta aterrizar sobre el lecho del río Guadalevín, que estaba (y está) situado a unos noventa metros bajo la estructura. El tipo de tragedia que pensábamos que solo le ocurre al Coyote cuando persigue al Correcaminos. No hay documentos gráficos precisos del puente, solo se sabe que aquel diseño de los arquitectos José García y Juan Camacho era un arco de piedra de unos treinta y cinco metros de luz. Y, por supuesto, no hay ningún informe sobre las causas del fallo.
Crisis (no) significa también oportunidad en chino
Recuperados del duelo, el deseo de unir las dos márgenes del Tajo, la parte antigua (La Ciudadela) con la nueva (El Mercadillo), seguía latente tras ese primer intento que acabó con medio centenar de vidas. Como siempre pasa en estos casos, la reconstrucción de un puente que ha caído suele hacerse desde la prudencia; al fin y al cabo, un accidente con víctimas mortales actúa en un constructor como un picador haciendo huelga a la japonesa o una sobredosis de bromuro: adiós a la bravura. Allí ha muerto gente, algo ha fallado estrepitosamente. Convendremos en que es deseable que no vuelva a ocurrir, por lo que sea, así que no hay que repetir los mismos errores (si es que sabemos cuáles han sido) y el sentido común insta a ser segurola, como se dice coloquialmente, con la propuesta.
Recordemos primero cómo funciona un arco. Una liana o un árbol uniendo dos extremos de una vaguada fueron la inspiración para los puentes colgantes y los puentes de vigas, pero los arcos naturales no existen: o bien son vigas con directriz curva, o bien macizos a los que se les ha hecho un agujero. Salvar un río organizando la materia según una determinada alineación que implique que solo esté sometido a compresión (o, lo que es lo mismo, que sea antifunicular) es un hito de la tecnología humana. El arco solo funciona cuando se cierra en clave, es decir, cuando se coloca la pieza central, la más alta. Hasta ese momento, es un montón de material que no es capaz ni de soportar su propio peso; es colocar la llave y, como si fuera magia, todo ese material se sostiene en el aire e incluso puede soportar carga sobre él. En la naturaleza no se encuentran construcciones tan puras. Por otro lado, un buen arco estructural no dibuja una semicircunferencia; la forma matemática que más se aproxima a la antifunicular de cargas es una parábola de segundo grado. Si antiguamente se construían arcos de medio punto era porque la experiencia decía que funcionaban y porque la cimbra (la estructura auxiliar que sostiene la construcción hasta que tiene capacidad portante) era relativamente sencilla de montar. Funcionaban porque los tímpanos y los rellenos del trasdós de las bóvedas también colaboraban (hoy en día, como podrán comprobar, los arcos metálicos o de hormigón están «huecos», no están completamente macizos entre el arco y el tablero) y porque en las juntas entre las dovelas (los sillares que componen el arco) se generan seudoarticulaciones que permiten que la directriz se autoajuste frente a los esfuerzos que ha de soportar. Y la cimbra era fácil de replantear, puesto que se podía trazar con una cuerda, un clavo y un lápiz (no es tan sencillo si, en lugar de una semicircunferencia, tenemos que marcar puntos pertenecientes a una parábola).
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Qué buen artículo, estimado, no obstante la arquitectura y construcción de puentes sea áspera y desalentadora. Lo que no entiendo es la frase de Leonardo Da Vinci al inicio, visto que no son para nada débiles los dos bordes de un cauce que la naturaleza se ha encargado de fortalecer; es lo más sólido que hay. Tal vez se refiera a algo que se me escapa. Y la verdad es que es un espectáculo contemplarlo. Gracias.
Quizás, esta frase resume la impresión que te queda al contemplarlo por primera vez …
» el puente parece estar tallado en el Tajo, al estilo de las edificaciones de Petra, como si hubiera llegado Miguel Ángel con un cincel y hubiera quitado el material que sobraba . «
He pasado muy buen rato leyendo el artículo, muy razonable y muy buen humor. Me dedico a construir puentes y me he puesto en la piel de esos arquitectos. Gracias