Sasa Curcic (y II): el Dennis Rodman serbio

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 (Viene de la primera parte)

«Yo soy el metrosexual de Serbia. Me doy rayos UVA, me hago la manicura, pedicura, me echo cremas, estoy feminizado. En el armario tengo un millón de euros en ropa. Por eso me gustan las mujeres, porque soy como ellas».

«Tenía más dinero que cerebro»

«Siempre he pensado que había algo malo en todo esto del fútbol. Yo solo acabé la escuela primaria, pero como jugador de fútbol ganaba 10.000 euros a la semana, mientras que en Serbia un médico, un doctorado o un profesor ganan 100 euros. Es surrealista, nunca he podido estar de acuerdo con esto».

¡Sácate el tonto!”.

Sasa en el Aston Villa12.000 libras a la semana, eso cobró exactamente Sasa Curcic cuando fichó por el Aston Villa. No empezó mal, pero a los seis meses ya estaba deseando irse. Los artículos ingleses que recuerdan esta etapa explican que sin la libertad de movimientos en el campo de la que había gozado en el Partizan y el Bolton, no se acopló a Ian Taylor y Mark Draper, sus compañeros en la media. Pero esto fue solo sobre el césped. Fuera de terreno de juego surgieron grandes momentos de camaradería, como el mencionado en la primera parte de esta biografía, la historia del autobús de dos plantas lleno de mozas.

Curcic estaba en Londres de visita, con el trinitense Dwight Yorke, el portero australiano hijo de croatas Mark Bosnich y los centrocampistas Taylor y Draper. El grupo salió del hotel a correrse una juerguecilla y se encontró con un autobús de dos plantas lleno de modelos en la puerta. Lo había alquilado el serbio en King’s Road por 25.000 libras. Curcic les estaba esperando. Venga, todos para dentro. Y no iba a ser ni la primera ni la última vez.

Las noticias de estas correrías llegaron a oídos del entrenador Brian Little y empezó a enturbiarse su relación. Una cosa es tener tragaderas con las fiestas que se meten entre pecho y espalda los jugadores ingleses, porque lo cortés no quita lo valiente en ese país, y otra cosa tener a un tío oficiando de maestro de ceremonias cada noche imponiendo un ritmo de vida de estrellas del rock. Un tute que también tuvo su reflejo en la cartera del futbolista, que se estaba puliendo las 12.000 libras cada semana. Cobrando alrededor de tres millones de pesetas de los años noventa semanales, el hombre vivía al día: “Todos los lunes estaba a cero en la cuenta”.

Encima este entrenador tenía una presión importante con su otra gran apuesta, el otro serbio —serbobosnio—, Savo Milosevic, que no estaba rindiendo y había costado 3,4 millones de libras. Curcic le echó un cable, dijo en los medios que tranquilos, que sería “el nuevo Alan Shearer”, pero nada. No lo tragaban. Al final Milosevic terminó escupiendo años más tarde a sus propios aficionados antes de partir para Zaragoza y lo último que hemos sabido de él es que su abuelo ha matado a su padre a tiros, pero esa es otra película.

Sasa no solo desestabilizaba el vestuario, sino que también empezó a entrenarse de mala gana y a pasar de todo. Al año siguiente, el bueno de Little hizo otra apuesta personal para ver si mejoraba aquello, la tercera, Stan Collymore por siete millones de libras. El flamante delantero también se acopló bien… a la vida nocturna. Pronto empezó a dar noticias junto a Sasa. Les echaron de una discoteca porque Collymore se subió a una tarima, mostró el pene a los clientes y se puso a orinar delante de una chica. La frase que ha convertido a Curcic en todo un personaje de los reality shows serbios tiene su origen en esa noche, el serbio dijo “¡sácate el tonto!”. Y Collymore se conoce que le hizo caso.

Estos tres ases y un esquema más bien defensivo fueron los clavos en el ataúd de Brian Little, que fue sustituido por John Gregory, un técnico que venía de divisiones inferiores. El presidente, Doug Ellis, solo le pidió al nuevo entrenador que impusiera el orden con mano dura, que es lo único que echaba en falta de una plantilla sobrada de calidad y que había costado un pico. A Curcic se conformaban con venderlo a las primeras de cambio.

Su salida fue otra sucesión de escándalos. Curcic, que solo estaba para beber y salir, largaba en los medios que daba gusto. Había desbordado a Little, que le tuvo que decir a través de la prensa que, literalmente, cerrase la boca. El serbio había soltado perlas como: “estoy considerando seriamente la opción de volver a casa y empezar una carrera como mago, tengo amigos en el mundo del espectáculo y sé que puedo ser un buen mago, puedo vivir trabajando de eso… estoy desesperado por marcharme”. Para rematar, su falta de motivación se la echó en cara al entrenador: “Jugar al fútbol siempre ha sido un placer para mí, pero en los últimos meses no he entrado en los planes del Little porque dice que no encajo en su esquema, me entreno cada día pero es muy duro cuando sabes que no tienes posibilidades de jugar el fin de semana, me he terminado hartando”. Con esta actitud no hacía más que abaratar su ya más que segura venta de saldo, aunque se habían interesado por él la Real Sociedad y el Olympiacos.

Incluso sus padres, Toza y Raemila, viajaron a Inglaterra a vivir con él en un último intento de que se centrase. Y llegó a casarse, pero también rodeado de una cantidad de noticias sensacionalistas porque se sospechó, no sin fundamento, que lo hizo solo por los papeles. La norma decía que los extranjeros que llegasen a la Premier tenían que jugar al menos un 75% de partidos por temporada para renovar su ficha como futbolista. Él no había llegado al mínimo y al año siguiente, sencillamente, tenía que irse del país. El Sunday Mirror narró su historia de amor con melaza, pero con sarcasmo: “Con sus looks, su fama y su riqueza, Curcic se podía haber quedado con cualquiera de las chicas que llenan los nightclubs, pero él sólo tenía ojos para una. Después de una hora, le pidió una cita. Después de una semana, matrimonio. Incluso sabiendo que estaba embarazada de cuatro meses de otra persona”.

Sasa Curcic of Crystal PalaceCurcic, según salió de la Abadía de Westminster ya con el anillo puesto, cogió el teléfono para invitar a los amigos a comer en un restaurante. Luego se fue a ver el partido de su equipo contra el Atlético de Madrid y no pasó la noche de bodas con su mujer, Lisa Aldred. A la semana, con los papeles en regla, fue vendido al Crystal Palace con un lacito. Qué malpensada es la prensa.

Costó solo un millón de libras. El Aston Villa perdió tres en la inversión por un futbolista que no había rendido y dejaba a una plantilla alcoholizada soplando matasuegras. Antes de partir, se operó la nariz para ser más guapo. Fue el último rebote que se pillaron en el Villa porque no les avisó de que fuera a meterse en un quirófano, algo que no podía decidir por su cuenta y sin permiso. Steve Stride, un directivo del club, una vez había empaquetado el jugador dirección a Londres, dijo: “Curcic, mientras estuvo con nosotros, se tiñó el pelo, se cambió los dientes y se operó la nariz, creo que intentaba ser más atractivo para las mujeres, pero me da que logró el efecto contrario”. En un artículo en el Sunday Mercury de Birmingham, le incluyeron en una lista de “Cry Babys” extranjeros que daban vergüenza ajena en la Premier.

Pero él ya había pasado página. En su presentación por el Crystal Palace proclamó “me siento como nuevo, seré vuestro Cantoná”. Estaba a las órdenes de un ex entrenador del FC Barcelona y escritor de novela negra, el gran Terry Venables. Y también estaba henchido de orgullo: “No me siento culpable de mi trayectoria en el Aston Villa, todos los errores fueron del club, no míos”. Lo cierto, y es curioso, es que años después Curcic tuvo una conversación con Mark Draper en la que el autor de la frase “me gustaría jugar en un equipo italiano, como el Barcelona”, le confesó que había estado charlando con Beckham, Giggs y Roy Keane y le dijeron “si no habéis podido con nosotros es porque no habéis aprovechado ni un poquito el potencial que teníais con Sasa Curcic”.

El problema es que Londres no era el lugar más indicado para que Sasa sacase ahora ese potencial. Ya había tenido allí un apartamento de lujo alquilado, era vecino de Michael Caine nada menos, y conocía lo más canalla de la ciudad. Estuvo saliendo cada día de marcha con Robbie Williams y Jamiroquai. Presumía de “encajar en todo tipo de compañías”, “conocer a un montón de gente” y “cambiar de chica cada día”. Pues ahora estaba de vuelta, in situ.

Lo cierto es que la cosa no empezó mal. No estaba para noventa minutos, pero sí que servía de revulsivo a Venables, que lo utilizaba para inyectarle energía al equipo. Pero había cierto problemilla relacionado con eso, con la energía. Como se había operado la nariz antes del verano, pasó un tiempo sin tocar la cocaína. Gracias a esa abstinencia, logró pasar el examen médico del Crystal Palace y disimular durante un tiempo, hacer como que era un deportista hasta que vio que lo de no poder enchufarse por la nariz tenía solución: ¡las pastillas de éxtasis!

En una ocasión se encontró con un hincha del Palace en una discoteca. Tenía los ojos brillantes del ciego que llevaba, pero el hooligan no se lo reprochó. Al contrario, se interesó por su vida, le dijo que no sabía que los futbolistas se ponían tanto. Curcic estuvo hablando con él unas horas y se quedó encantado. Con una afición así da gusto, dijo en sus memorias, “en el Palace me quisieron siempre y eso que no jugué ni la mitad que en el Aston Villa”. A Terry Venables, sin embargo, se le acabó la paciencia muy pronto y le puso a entrenar con los juveniles. ¿Qué recuerdo guarda Sasa de la sanción? Pues que le pareció una vergüenza, un escándalo, porque: “yo no puedo ser peor influencia para los chicos jóvenes”.

Hacía ya mucho tiempo que él iba a lo suyo. “Fuera del campo, el fútbol no era mi mundo, era futbolista pero nunca pensé como un futbolista. Yo no hablaba de fútbol ni salía con muchos compañeros, tenía otro tipo de amigos (…) Mi estilismo siempre fue muy reconocido, estaba al tanto de todas las gilipolleces modernas. Estuve siempre en los círculos de la moda, me relacioné con la agencia de modelos Select y con las dueñas, que son tres hermanas indias con las que tuve una amistad muy estrecha y, gracias a ello, luego abrimos franquicias en Belgrado. También ayudé a llevar la MTV al Este de Europa”.

En la Sky TV hizo una aparición explicando cómo había que tratar a una mujer. “Ir siempre bien vestido, llevar pendiente”, dijo, “oler cool, les chifla eso”, siguió, “cuando veas una chica guapa, esperas tu oportunidad, le pides una copa, le besas la mano y te presentas, entonces demuestras cómo bailas y dices algo romántico”, mientras, Sasa ejecutaba ante las cámaras los pasos de baile de su cosecha más sexys e infalibles. Esto no había forma de conciliarlo con el deporte profesional.

Y Sasa lo tenía bastante claro desde el primer momento: “A Terry Venables sabía ponerle furioso a propósito para que me dejase fuera del equipo, así no jugaba y podía seguir yéndome de fiesta”. Ya era un exfutbolista: “En el 98 sentía que mi carrera y mis ganas de fútbol se estaban apagando, me levantaba por la mañana y lo primero que me venía a la mente era que no quería ir a entrenar”. Entonces, de pronto, estalló una estafa piramidal en Albania.

Miles de albaneses perdieron sus ahorros, salieron a la calle, el país cayó en la anarquía, se asaltaron los cuarteles del ejército, en algunos casos los militares dejaron que las masas entraran en sus instalaciones para usarlo como excusa y poder así vender las armas que custodiaban. Todo esto derivó en que los albaneses de la vecina región serbia de Kosovo, que vivían bajo una represión intolerable, pudieran crear una guerrilla, la UCK, que comenzó a perpetrar atentados armada como un ejército regular. Hubo una escalada de violencia y el presidente de la última Yugoslavia, Slobodan Milosevic, se convirtió en el nuevo supervillano internacional. La OTAN y su secretario general, Javier Solana, los Estados Unidos de Clinton y Albright, la Inglaterra de Blair, la España de Aznar, la mayoría de países montaron la Conferencia de Rambouillet para supuestamente llegar a una solución pacífica. En la reunión se le pusieron unas condiciones a Yugoslavia, prácticamente la pérdida de su soberanía, que era imposible que nadie pudiese aceptar. Milosevic —no hubiera podido ni volver a su casa— no lo hizo. Con un país arruinado, en un régimen despótico con las mafias campando por sus respetos, el presidente ahora le pedía a sus ciudadanos que se enfrentasen a la coalición militar más grande del mundo. El 24 de marzo de 1999, F-18 españoles empezaron a bombardear Belgrado. Y a Sasa todo esto no le vino mal. Según él mismo confesó, ahora tenía otra excusa con lo de ir de manifestación en manifestación para seguir sin jugar.

Sasa manifestándoseAntes de que cayeran las bombas, en un viaje a Belgrado, Curcic había sido detenido por la Policía Militar de Yugoslavia por eludir el servicio militar. Un malentendido, según el futbolista, que siempre había estado en contacto con la embajada. “Parece que alguien dudaba de mi patriotismo”, explica en su libro. Tras pagar la multa, se quejó de que no sería porque no sabían dónde estaba, él, que era una persona pública y encima con una acusada tendencia a aparecer en cada escándalo con el que abrían los tabloides. No sabían los militares que le estafaron que, después de eso, su destino era convertirse en el primero de los patriotas.

Aunque Sasa haya fardado años después de que utilizó la exclusa de la guerra para no jugar, en los primeros momentos, cuando nadie sabía cómo iba a acabar aquello —que se llevó por delante a aproximadamente 3000 yugoslavos— se sentía preocupado como todo el mundo. Para empezar, porque su familia estaba en Belgrado. De hecho, quiso volver a su país, pero Milosevic no le dejó. El presidente le llamó por teléfono y le dijo que era más importante lo que pudiera hacer en Londres: “Únete a la huelga internacional con los demás jugadores, tengo fe en ti, te necesitamos más allí que aquí”. Así Curcic se convirtió en lo que él mismo denominó “embajador de la paz”. Y las imágenes de la que montó dieron la vuelta al mundo.

Cogió una pancarta e hizo una manifestación él solo en el campo del Crystal Palace. Hubo gente a la que no le gustó porque su país, Reino Unido, estaba protagonizando aquella «guerra humanitaria», pero el presidente del equipo comprendió su postura. En su cartel ponía “Stop NATO bombing” y apareció al día siguiente en todos los periódicos de Inglaterra.

Darko Kovacevic huyó en coche de su país con su hija hacia Hungría. Mijatovic también hizo lo propio y llegó a escuchar tras de sí los bombardeos sobre Novi Sad. Djukic hizo unas declaraciones incendiarias: “Al pueblo no se le puede dar una bofetada y esperar que ponga la otra mejilla. Por una vez, todos los yugoslavos estamos de acuerdo con nuestro gobierno. Y quizás sea mejor morir de repente y con orgullo que no poco a poco». Sinisa Mihajlovic, actual seleccionador serbio, entonces en el SS Lazio, cerró filas con el presidente: “Estamos todos orgullosos de Milosevic. Kosovo siempre ha pertenecido a Serbia y no es justo aceptar el chantaje de la OTAN”. También había un niño de 11 años por allí, escondido en el refugio de la casa de su abuelo, que luego fue número uno del mundo jugando al tenis, Novak Djokovic

Por su parte, Sasa Curcic no desentonó: “Estoy al 100% con Milosevic. Me olvidaré del fútbol hasta que no paren los bombardeos. Quiero dejar este deporte para siempre porque esto me está creando grandes problemas mentales. No creo que pueda recuperarme, no volveré a jugar, puede que sea una vergüenza, pero necesito todo mi espíritu para luchar contra esta situación. Me sorprende que los medios ingleses solo den un punto de vista de lo que ocurre. No muestran lo que pasa en Belgrado. Yo tengo la televisión serbia por satélite y veo mujeres y niños en refugios, escondiéndose de las bombas. Es increíble porque tengo a mi familia allí, las bombas están cayendo cerca de ellos. Tengo que rezar y estar feliz porque una bomba no caiga en mi casa. Es una tragedia y los medios no están sacando cuánto están sufriendo. Dormiré frente a Downing Street cada noche y estaré ahí tanto como dure la guerra. Inglaterra es mi segunda casa y los ingleses mis segundos compatriotas. Yo solo quiero que ellos deseen la paz. Pero estoy muy asustado por lo que pueda pasar. Los que no entienden lo que hago me están ofendiendo. Solo quiero estar listo para jugar al fútbol como hacía hace pocos días”.

La guerra no fue en un principio nada bien para la OTAN. Solana leía los partes en televisión descompuesto. Demasiadas «víctimas colaterales». La segunda estrategia pasó por amenazar a Milosevic con devolver a Yugoslavia a la Edad de Piedra. Los bombardeos se recrudecieron, se destruyeron puentes, centrales eléctricas, los hospitales se quedaron sin luz… al final ‘Slobo’ claudicó. Pero dijo que había ganado la guerra y, por desgracia doble para muchos serbios, encima conservó el poder. Su ministro de Exteriores, Zivadim Jovanovic, ya con todos más tranquilos, invitó a Curcic a una charla informal y celebrar la «victoria».

Curcic llegó a Serbia en coche desde Budapest. Le recogió un amigo. Al cruzar la frontera, besó la tierra. Luego se encontró con los políticos: “Cuando llegué al ministerio vi a un africano y me dijeron que era el embajador de Nigeria, entré y empecé a hablar con el ministro sobre fútbol. Me puse a hacer imitaciones de cómo salí en la CNN gritando ¡paren el bombardeo! y Jovanovic se partía de risa. Estuvimos un buen rato y después me di cuenta de que el embajador había tenido que esperar una hora a que yo acabase mi charla con el ministro”.

En casa volvió a sentirse feliz. “Salí de ese mundo de ricos”, explicó, terminó rompiendo su contrato con el Crystal Palace y criticó a Venables: “No puedes traer a catorce jugadores nuevos y pretender que un equipo funcione, no tengo nada en contra de Terry como persona, pero él no entrenaba nada, se lo dejaba todo a su asistente”.

No obstante, cuando más a gusto estaba en Belgrado, rechazando ofertas incluso, llegó una llamada desde Estados Unidos que no pudo rechazar. El Metro Stars de Nueva York solicitaba sus servicios. Sería interesante conocer al directivo de ese equipo que pensó que Sasa podía dar algún tipo de rendimiento a esas alturas solo para ver si también se gastó la fortuna familiar en adosados en Valencia hace cinco años. La oferta era de 10.000 dólares semanales. En Nueva York, Sasa recuerda que pasó los mejores años de su vida

sasa rodmanSin lugar a dudas, es la mejor ciudad del mundo”, comenta. “Es la ciudad del pecado, siempre puedes pasártelo bien”. En cuanto la vio, escupió sobre su vida en Londres, que es una expresión serbia para enfatizar que una cosa es mejor que otra. “Me aceptaron con los brazos abiertos, pronto conocí la ciudad como mi bolsillo, me sentía como en casa, aunque al fútbol no va casi nadie, cinco mil por partido como mucho, intentan cambiar este deporte trayendo talentos europeos, pero nada. Después de mí, el que vino fue Lothar Mattäus”.

Su entrenador fue uno de los más famosos especialistas en retos exóticos, Boran Milutinovic, ex seleccionador de Costa Rica, Estados Unidos, Nigeria, China, Honduras, Jamaica o Irak. Eran dos serbios en el país que acababa de dirigir y patrocinar los bombardeos sobre Yugoslavia. Antes de cada partido, afición y jugadores cantaban el himno de las barras y estrellas y a ellos no les quedaba otra que encerrarse en el vestuario para no verlo. Saltaban al campo los dos juntos cuando había terminado la parafernalia patriótica.

Curcic, nada más llegar, fue bautizado por el New York Times como el Dennis Rodman del fútbol. Empezó a frecuentar el restaurante Cipriani, donde acudía el famoseo. “Ni importa en qué seas famoso, lo importante es que lo seas”, apreció el serbio. “En poco tiempo entré en los círculos de las celebrities, si eres popular en Estados Unidos todas las puertas se te abren”. Pronto se hizo amigo del extravagante sujeto que le había prestado el mote, Rodman: “Ese sí que era un fiestero, siempre estaba con chicas guapas, se gastaba un montón de dinero cada vez que salía”.

El futbolista no tardó en entrar en su característica dinámica de estajanovismo de la noche. En una ocasión, fue a una fiesta de un jeque árabe, la mejor en la que había estado en su vida, y cuando acabó, todos los invitados iban a otro edificio a recibir un masaje y comer frutitas para la resaca. Al salir a la calle, Sasa se dijo: “Este ha sido tu top, esto es lo más alto que vas a estar en toda tu vida”.

Su piso estaba en Nueva Jersey. Tenía 300 metros cuadrados, dos plantas, seguridad, piscina y tanta privacidad que no sabía ni quien vivía al lado, pero terminó enterándose. Después de llegar de una noche, continuó la fiesta en su casa, puso el Turbo Folk a tope y la vecina llamó a su puerta para quejarse. “Vi a una negra con un montón de oro y unas gafas de Versace”. Era la madre de Puff Daddy.

Sasa-CurcicPara pedirle perdón, les regaló a ella y a su hijo unas entradas para el fútbol. Quiso la casualidad que el rapero y su madre coincidieran en el palco VIP con los actores de Los Soprano, una serie curiosa y distinta que estaba empezando a emitirse ese año. Puff Daddy se lo pasó tan bien que le devolvió el favor invitándole luego a cientos de fiestas de las suyas. Más leña al fuego.

En la liga estadounidense, la MLS, cada desplazamiento es una aventura. San Francisco, Los Ángeles, Las Vegas. Por supuesto, Curcic siempre huía del hotel y se iba de jarana. Una noche, en Miami, terminó en casa de Hugh Hefner, “no puedo decir mucho de él porque no hablamos, pero ahí estaba, rodeado de chicas guapas”. Su entrenador, Milutinovic, le permitía todo. De hecho hasta le cubría en ocasiones, pero un día fue demasiado lejos: “Fuimos a Los Ángeles, me escapé y salí por ahí con Dennis Rodman. Terminamos en Las Vegas. Allí un tío empezó a vacilarme, preguntándome que por qué era yo famoso, no quería darle la mano y le golpee. Hubo una pelea multitudinaria, con Rodman por ahí por medio, me detuvieron. Estuve cuatro días detenido. En la cárcel americana, por cierto, no se estaba mal. Me vinieron bien esos días, descansé un poco de tanta fiesta, pero llegué tarde al partido con los Galaxy”. Cuando en el Metro Stars recibieron la llamada de la Policía alucinaron. Luego Rodman le dio una tarjeta por si volvía a pasarle algo parecido: “Era una tarjeta de oro, con ella los agentes te trataban de un modo muy diferente, cuando se la enseñé a la Policía me decían ¡hombre, un saludo para Rodman!”.

Salió del equipo ese mismo año. Prolongó la agonía de su carrera como deportista en Escocia, en el Motherwell. Duró tres meses. Él mismo les dijo que ni le pagaran. En casa, en Belgrado, peloteó un poco más en el Obilic y definitivamente colgó las botas. Tampoco tenía ya ganas de marcha y empezó a sentirse depresivo.

Se mudó con sus padres cerca de Padinska Sekela, un pueblo al lado de Belgrado, donde está la cárcel. No tenía un duro y gastaba su tiempo yendo a pescar al río Tamis con su padre. Tuvo tiempo de pensar. “Olvídate de Londres, de Nueva York, allí solo te quieren cuando tienes dinero, esto es vida, el bosque, el agua, pescar”. Se compró una roulotte y se fue a vivir al lado del río. Sobrevivía con 500 euros al mes. “No tenía móvil y no importaba, yo no llamaba a nadie y nadie quería llamarme a mí”. Nadie sabía ni dónde estaba ni qué le había podido pasar. Él pensaba “si me vieran mis amigos de Nueva York y Londres aquí, no creo que entendieran en Cipriani eso de pescar y cocinar tu propia comida”.

En otro pueblo, Arandjelovac, conoció a Vesna Zmijanac, una estrella del Turbo Folk que también había decidido dejarlo todo e irse a campo, a ser libre. Pero llegó el invierno, que en Serbia puede presentarse con -20º tranquilamente, y lo de vivir en el bosque dejó de ser tan bucólico. Entre otras cosas, porque el río estaba congelado y ya no podía pescar. La depresión, en ese momento, le pegó fuerte.

Se mudó a casa de su hermana. No se lavó ni duchó en un mes, reconoce. No quería hacer nada: “Todo me parecía duro, no encontraba nada que me alegrase, me pasaba las noches despierto viendo la televisión, por el día esperaba a que mi hermana llevase a los niños al colegio para irme del sofá a su cama”.

sasa-curcic7Vagabundeaba por la calle. Nadie sabía quién era, para los habitantes de Belgrado era un indigente más. En el mercadillo de Kalenish, un amigo suyo tenía una tienda de cedés. Ahí mataba el tiempo. Pasaba días sin comer nada, no quería pedir dinero a nadie por orgullo, aunque su colega, a la fuerza, le dejaba unos dínares para que se comiera una pljeskavica, una hamburguesa serbia que no cuesta más de un euro y medio actualmente y tiene el tamaño de una txapela. A cambio, le barría la acera enfrente de su tienda. Iba por la calle con una barba enorme, vestido solo con un abrigo de Dolce & Gabbana y un chándal.

Cuando tenía dinero me gustaba compartirlo todo y regalé todo lo que tenía, hasta mi ropa, me quedé casi desnudo, no tenía ni calcetines ni calzoncillos, tuvieron que comprarme la muda en el mercadillo. Mi hermana tiró del dinero que ahorraba para la guardería de mi sobrino y me dijo: Sasa, has tocado fondo”.

Empezó a pensar en todo lo que habían hecho con sus vidas los futbolistas de su generación y se quería suicidar: “Mi único pensamiento era que me trajeran una pistola para matarme”. Pero mira, cambió su suerte. Un amigo le había inscrito en Gran Hermano sin que él lo supiera. Le llamaron, por supuesto.

B92 era una radio serbia puesta en marcha por estudiantes contrarios a la dictadura comunista. En los 80, toda la música underground la pincharon ellos. Introdujeron el hip-hop, la electrónica, el rock de Seattle. Todo. En aquellos años oscuros era lo único a lo que muchos jóvenes pudieron agarrarse. En los 90, que todavía fueron más oscuros, fue el único medio de comunicación que se opuso a Milosevic. El presidente no se atrevía a meterlos en la cárcel, o directamente matarlos, porque estaban muy bien conectados en el exterior y hubiera sido un escándalo internacional. Además, le servían para que pareciera que había pluralidad en el país. En el fondo, no eran más que una emisora de punks. Sin embargo, pasaron los años, aguantaron más que el sátrapa, que vendió caro el tour de force, y la radio pasó a ser una televisión. Actualmente, es la cadena más independiente, menos nacionalista y que más lucha porque el país entre en la UE. Pero hacer tele es muy caro. Sus problemas de financiación son tremebundos. Por eso no se anduvieron con escrúpulos, compraron los derechos de Gran Hermano seguros de que iban a dar el pelotazo para poder sobrevivir. Efectivamente, triunfaron y la edición VIP fue una forma de seguir haciendo caja, luego se desentendieron del asunto.

Como era de esperar, Sasa se convirtió rápidamente en uno de los concursantes más carismáticos. “Me daban ataques de pánico ahí dentro, solo pensaba en salir, es horrible estar encerrado con gente que no son tus amigos, da yuyu, por eso me concentré en hacer bien las pruebas y me pasaba el día cantando”. Allí abrió su corazón ante la audiencia. Contó sus andanzas, que había tocado fondo. Se ganó al público.

Su frase “¡sácate el tonto!” fue motivo de mofa entre los demás concursantes. Hasta que otro personaje de cuidado, el DJ y relaciones públicas, PedjaThe boy’, un anciano melenudo, se lo tomó a pecho, se sacó el pene y golpeó repetidamente con el glande en la mesa del salón diciéndole cositas a los eslovenos, a los bosnios, a los croatas… (Los realities se retransmiten para todas las ex repúblicas yugoslavas) Por una vez, Sasa era el gracioso y otro tío el payaso. Ganó el concurso.

Con el dinero pagó todas sus deudas. Sobre todo devolvió lo que le habían prestado sus amigos Savo Milosevic y Dragan Ciric en los momentos más duros. Se compró un coche y se marchó a la preciosa bahía de Kotor, en Montenegro, a saborear el título. De regreso en Belgrado volvió a dar la nota pata negra, ahora con Youtube como testigo. No es difícil encontrar sus vídeos. Lo tienes dirigiendo el tráfico semidesnudo con temperaturas bajo cero y el Turbo Folk a tope saliendo de su coche orillado en la cuneta. Bailando botella en mano sobre el techo su BMW en plena rúe; bailando en la acera con una preciosa camiseta con espejos y un sombrero rojo de cowboy. Paseándose por una de las calles principales de la ciudad, Kralja Milana, conduciendo un tractor con una modelo en biquini detrás, levantando el pulgar, diciendo sí, sí, ahora sí que sí.

Sasa Curcic pelea con GruTambién aprovechó para escribir sus memorias, Ja Saša Ćurčić: Gola istina, donde cuenta su romance con Eva Herzigova, sus encuentros con Carmen Electra. Juergas en Londres con George Michael. Escapadas a Madrid, donde tenía dos amantes bisexuales. Cuatro veranos seguidos en Ibiza. Su tipo de mujer favorita, las negras. Presume de que en un momento tuvo quince novias a la vez, cada una en un país distinto.

Ya no se mete cocaína, está completamente limpio. Da clases de fútbol a niños. Y es budista, sin renunciar a la fe ortodoxa, desde que trabajó con Richard Gere para Unicef y le presentó al Dalai Lama. Dice que su libro le cambió la vida.

Pero eso habrá sido para sus adentros. Volvió a un reality, Parovi (Parejas). Esta vez en una cadena de poca monta, Happy : ). Tuvo un problema con un invitado especial que entró en la casa unas horas, el rapero Gru. En directo, Curcic le dijo que a ver si tenía huevos de volver y hablar cara a cara con él. Los productores del programa olfatearon la carnaza y dejaron entrar de nuevo a Gru. Nada más verse empezaron a intercambiar golpes. Hubo que cortar la emisión. El rapero ha contado que le cogió, le tiró al suelo en el patio de la casa y le dio una paliza. Le pateó la cabeza.

Haciendo lo propio con los telespectadores, Sasa Curcic ha rehecho su vida enganchado al mamoneo televisivo. Pero no se conforma solo con eso. También quiere que se le deje de recordar como el talento desperdiciado por excelencia. En el diario Telegraf ha anunciado que quiere volver al al fútbol profesional a sus 40 años. Asegura que tiene ofertas y una proposición de Harry Redknapp para hacer una prueba con el Queen Park Rangers, colista de la Premier en el momento de escribir estas líneas. Dice que ha bajado mucho peso y está en forma: «He perdido 30 kilos y, aunque ya no soy un crío y no estoy para noventa minutos cada tres días, sí que puedo ser útil media hora». Pues sí, Djani: Queremos más. 

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12 comentarios

  1. ¿»Sácate el tonto»?… Traduzca bien «dick», hombre.

  2. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Sasa Curcic (I): el George Best serbio

  3. Muy bueno y muy original. Enhorabuena.

  4. Hadock, Archibald

    «Saca la chorra», no «scate el tonto». Vaditi no es reflexivo y es transitivo. Budalastina, budalo es más bien chorrada, chorra…

  5. Toneti Chacel

    Absolutamente espectacular! De lo mejor que he leído en meses coño, por fin periodismo de verdad. Lo hemos comentado y es muy original y muy inteligente haber cogido este personaje casi desconocido y con una vida tan alucinante para contarte otras miles de cosas de otra gente mucho más conocida pero también increíble.
    Bru-tal!

  6. karpov

    Si hay que montar ya la Asociación de Amigos de lo Yugoslavo, que se apuntó en el post anterior, aquí me tienen para lo que haga falta.
    Qué cabezas, madre.

  7. Estoy de acuerdo, un artículo enorme. Gran trabajo.

  8. Ángel

    Brutal. Días esperando a la segunda parte y cuando llega es aún mejor que la primera. Menudo personaje, digno de película, libro o serie de TV.

  9. Rodrigo

    Genial!gracias por compartir.

  10. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Roky Erickson: padre de la psicodelia, superviviente al electroshock y… alienígena

  11. Pingback: Anónimo

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