The Master, de Paul Thomas Anderson

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Las máscaras de eros

Bakunin dejó escrito el juicio de la religión como locura colectiva, idea que fundamenta no poco las teorías que construyeran la antropología cultural de los años 70. Si la religión es la explicación del conocimiento a través del relato mitológico, de la pura ficción, los locos como bardos inspirados deben contener todos y cada uno de ellos el germen de un profeta.

La nueva y notable película de Paul Thomas Anderson es, en ese sentido, un ejemplo consistente de cómo los locos no solo no desconfían entre sí, sino que su desvinculación de la realidad los une en amistades persistentes. Las relaciones extrañas no son una novedad para este director, y pueden rastrearse en parte de su filmografía, ya sea por exageración (Magnolia como un Vidas Cruzadas pasado por una sobredosis de Foster Wallace) o por épicas relaciones dinásticas (la brillante Pozos de Ambición). La novedad, en este caso, es que esta vez no son un rasgo de la película, sino que son la película en sí; su razón de ser y el único hilo narrativo.

La trama del film es, entonces, un nudo simbólico del sujeto y el maestro, donde el personaje de un veterano de guerra llamado Freddie Quell (Joaquin Phoenix) se proyecta como antítesis de un seguro gurú llamado Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman).Pero esto esta trampa edípica, con figura paterna ausente, nos hace olvidar que no es una relación solo jerárquica. ¿La razón? Hoffman, trasunto claro de L. Ron Hubbard, busca probar con Phoenix como conejillo de indias que su proyección religiosa funciona en un segundo sujeto en riesgo de disolución psíquica ¿Adivinan el primero? El propio Lancaster Dodd.

Es un mismo arquetipo, claro, solo que Freddie no ha dominado su filo, mientras que Lancaster ha sabido esconder sus debilidades a través de la seducción y la incógnita. ¿Cómo lo hace Lancaster Dodd para dominar a un personaje que no es tan distinto a él? La solución no es otra que la construcción de una inmensa estafa, un entramado religioso, que sirve como pastiche y tapadera de sus vicios. Las constantes elipsis, los sobreentendidos, hacen complicado el análisis de esta pareja en psicoterapia ausente. ¿Cómo mostrar sin diálogos precisos que los dos personajes son paralelos en su disfuncionalidad psíquica? A través de las constantes secuencias en fuera de foco que dejan ver cómo son agentes exógenos, chiflados, en la América de Norman Rockwell y Mad Men.

Este recurso de estilo, popularizado en la última década por esa oda a la alienación naif que fue Lost In Translation, actúa como símbolo de la incapacidad de integración de los personajes, y es el paralelismo más marcado. Utilizado por primera vez de manera narrativa total por Antonioni en la seminal El Desierto Rojo para describir la enfermedad de Monica Vitti, es en este film de Anderson donde construye de manera narrativa a los personajes evitando una exposición formal a través de los diálogos.

El personaje de Phoenix es el ejemplo más concreto y sencillo de analizar, ya que ve cómo cada intento de llevar una vida normal es filmado en bokeh. Su efímero trabajo de fotógrafo, arruinado por su vehemencia, es presentado en un montaje que pasa de un enfoque preciso a un desenfoque absoluto; disolución de lo real paralela a su propio estado mental. Más tarde en el propio film Lancaster pasa de estar en un plano preciso, en una pequeña fiesta intelectual neoyorkina, a estar desenfocado cuando se cuestionan sus teorías. ¿Son personajes paralelos? Más bien, es un único personaje en distintas etapas. La escena de la cárcel es el ejemplo claro de esta relación paterno-filial, para algunos homosexual, que persigue el hilo narrativo del film. Pero ¿cómo controlar esa evasión? ¿de dónde viene el comportamiento violento y cómo consigue controlarlo Hoffman?

Ahí está el nudo narrativo y probablemente lo más elíptico del guión: eros. La negación del sexo a través de un conflicto postraumático, una sublimación del recuerdo pasado, fundamenta la figura de Quell. Más aún, las proyecciones amorosas derivadas de su falta de relaciones deconstruyen un posible desdoblamiento sexual por falta de cónyuge y alto rigor moral. Pero ¿Y Lancaster? Controlado por una madre castradora, Peggy Dodd (Amy Adams) parece compartir los traumas sexuales de Quell, de ahí que existan escenas paralelas con el onanismo como tema principal. Al final, lo que en principio resultaba una reflexión del poder en la práctica es un relato de la religión como consuelo de cierto tipo de frustración sexual. Una especie de remake religioso y masculino de Marnie la Ladrona de Hitchcock con una Marnie desdoblada en dos personajes masculinos.

La tesis póstuma del film es la frustración que acaba como un tipo de proyección religiosa, de figura paterna, ya sea como esforzado aprendiz religioso o pergeñador de imaginación fastuosa. La solución al dilema del creyente o el gurú no es otra que la pareja: cuando Freddie repite las preguntas a su chica del final ve cómo las relaciones son un tipo de dominación no distinta de la religiosa.

Si la castidad o la impotencia parecen ser, así, los motores de la experiencia mística, ¿no serán acaso las religiones un tipo de gran onanismo colectivo?

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33 comentarios

  1. L.E. Llort

    No es nada la paja que le hacen a Hoffman en la película para las pajas mentales que se van a hacer (y se hacen) gafapastas y modernos con una película tan hueca y pretenciosa.

    • El niño desgraciaíto

      Ahí le has dado. Es la nada pretenciosa que se presta muy bien a luego poder divagar sobre Antonioni o Welles o Igmar Bergman

      • Sangita

        #El niño desgraciaíto estoy de acuerdo, pretenciosa y vacua son los dos adjetivos que mejor le van.
        Personalmente me defraudó, las expectativas eran altas. Se sostiene por el indudable talento de sus dos actores principales, pero en mi opinión la trama no profundiza y desde luego no me emociona a ningún nivel.

        • Raponcio

          Completamente de acuerdo con usted, iba a escribir exactamente lo mismo. Dejando a un lado una buena dirección y la actuación portentosa de Philip Seymour Hoffman y, sobre todo, de Joaquin Phoenix, la película me pareció bastante aburrida a medida que se acercaba hacia su final. Yo también iba con las expectativas muy altas pero me quedé frío cuando terminó,

    • L.M. Arbella

      No puedo estar más de acuerdo, la peor película ( si puede llamarse así ) que tengo el «placer» de ver en mucho tiempo.

    • Marlo Brando

      Amén.
      Me gustó más Holy Motors… con eso lo digo todo.

  2. Asubola

    Un lapicero puede sugestionar lo mismo que esta película. Es decir, lo que te dé la gana.

    No hay nada como hacer algo sinsentido a conciencia para arrastrar a todos esos quienes su única motivación es ir a contracorriente.

  3. Pues a mí la película me pareció muy buena. Pocos cara a cara más intensos he visto yo a nivel psicológico. A mí me tuvo enganchado desde el principio, pero claro, para gustos los colores.

  4. Jeremías

    Te habrás quedado a gusto, Julio Tovar.

  5. ana m.

    De acuerdo en parte con almaciguero mayor. Los comentarios anteriores son de la habitual pandilla de domingueros «todo tiempo pasado fue mejor», y a nosotros que nos den Casablanca, y no nos fastidien con Antonioni, Godard, ni con los modernos de ahora.

    • Que no, Que no. Que es un tostón en términos absolutos. Sin necesidad de compararla ni con otras películas ni con otros tiempos.

  6. ¿Tesis «póstuma»…?
    Muchas ganas de ver esta peli.

  7. Sofía Alberoni

    Si no fuera imposible -por razones estrictamente temporales- diría que Paul Thomas Anderson es Kubrick reencarnado. El mismo rigor, el mismo desprecio hacia las espectativas del espectador medio.

    Una gran peli sobre aquello que Harold Bloom llama «la religión americana» y sobre la religión y el mesianismo en general.

    • L.E. Llort

      ¿Anderson es Kubrick reencarnado? Lo que hay que oír. No lo dirás por esta castaña de película.

      La película tiene buena fotografía y actuaciones pero el guión es vacío. No dice nada, no transmite nada más allá de unos diálogos más o menos elaborados. A mi me parece que Anderson no es capaz de explicar lo que quiere contar porque ni él mismo lo tiene claro y así queda la película de inconexa. Pero claro, ponemos una buena fotografía, unas actuaciones razonablemente buenas (a pesar de los caretos que pone Joaquin Phoenix para que quede claro que el personaje está medio tarado), unas escenas algo desconcertantes que no vienen al caso pero aportan incertidumbre (la mujer que parece ser el cerebro en la sombra, la masturbación) y unas escenas de estilo «onírico» (las volutas de agua, los sueños y las tías en pelotas) y ya está creada la estafa. Muy bonita la caja, pero vacía. Yo aquí no veo ni rigor ni ese supuesto desprecio de Kubrick (que no creo que nunca tuviera).

      Las películas de Kubrick transmitían sensaciones: desasosiego como en la naranja, o incertidumbre y soledad como en 2001, o brutalidad y desamparo como en la chaqueta. Los guiones contaban historias aunque fuese difícil entenderlas (2001 otra vez). Pero las formas de Kubrick siempre estaban al servicio de la historia. The master no tiene nada que contar y, lo peor, es que manipula para que la responsabilidad de sacar algo de la película esté en el lado del espectador por la incapacidad de su autor. Sobra metraje, falta historia y abusa de la estética para tratar de crear un nuevo clásico, para tratar de dar a su autor una pátina de grandeza, del nuevo gran talento que en esta película no es.

      ¿Rigor? En esa película no hay rigor por ningún lado.

      • Sofía Alberoni

        Un poco más de humildad, Sr Llort. Que usted no sea capaz de verlo/comprenderlo, no quiere decir que el guión de esta película no tenga sentido y que no resulte incluso ejemplar.

      • Parnassus

        Las interpretaciones no son razonablemente buenas, son maravillosas, son la hostia vamos, y decir algo diferente a eso es no tener ni puta idea de interpretación y de cine. El guión sin ser excelente no es malo, lo que es malo es ser tan imbécil como para no enterarte del mensaje, y por supuesto, una vez que entiendes el mensaje te transmite esas sensaciones que dices.

    • Puñal

      Por favor, no faltes al respeto y a la memoria del gran Kubrick de esa forma tan descarada. Lo que has dicho es un insulto a toda su filmografía.

  8. L.E. Llort

    Sin problema, para que vea mi humildad:
    Reconozco mi incapacidad en ver el ejemplar guión. Ilústreme usted, que tan claro lo ve, en este asunto y cuénteme lo que ignoro.

  9. charlie

    Las mejores interpretaciones vistas en mucho tiempo. Pero la pelicula es una paja mental de mucho cuidado.

  10. Blackkader

    Me voy a poner chulo.
    Y pedante.
    Espero que estén hablando de la versión original.
    Criticar las actuaciones habiendo visto la peli doblada es como ir a McDonalds y al salir declarar que no te gustan las hamburguesas.

    • En los Ideal en la fila 5.
      Llort clava la crítica.

    • Hay quienes no tenemos la opción de ver la película en versión original porque vivimos en el norte de África (Murcia). De todos modos queda bastante claro que las actuaciones son prodigiosas aunque las doble un mono, caso típico en la industria del doblaje español.

      Yo salí estupefacto de esta película, hacía tiempo que no me daban semejante paliza cerebral en el cine. Una de las cosas que más valoro del cine es la experiencia que me ofrece la película, no soy muy de filosofar sobre temas y tal. Pero aquí, a pesar de que la peli sea una preciosidad visualmente, no puedo dejar de pensar en lo que he visto. Guion vacío? No lo creo, Anderson está hablando de muchas cosas y con una clase inédita, entre ellas la reinserción del soldado tras la guerra (o la imposibilidad de esta), el alzamiento de las religiones (no solo sectas, esto también vale para cualquiera), el american way of life, las relaciones paternofiliales, etc.

      Esta es una película con la que se tiene que conectar desde el principio. A mí se me ha hecho hasta corta. Pero entiendo que muchos la encuentren tediosa e inaccesible.

  11. Los comentarios posicionados en contra de esta película que se están virtiendo por aquí deberían ir de pleno al Cliché Museum de los tópicos topicazos.

    «Pretenciosa», «vácua», «gafapasta», «no emociona» (oig!), «modernos»… No digo que la película no sea así, pero qué casualidad, son los términos que más suelen poner de manifiesto las limitaciones y el síndrome de inferioridad de quienes los utilizan que describir al objeto sobre el que se usan.

    Por no mencionar luego las originalísimas referencias a Antonioni, Bergman o Welles… ¡Ay, niños, que se os ha olvidado Tarkovsky! Si es que os acabarán quitando el carnet del Comando Anti-Gafapastas Imaginarios… ;)

  12. Jofaines

    Vaya peli que se montó el que firma la nota. Es lo que pasa con el cine postmoderno. la peli te la montas tu.

  13. Para empezar, creo que hay una enorme disfuncionalidad por parte de muchos para entender la película, el guión, o en otro caso: no quieren entenderlo y prefieren tildar la película de los más mundanos y despreciativos adjetivos para descalificar lo que para ellos parece ser una deyección en toda regla. ¿Cuándo aprenderemos a calificar una película sin caer en los tópicos ya comentados por Wendigo? Está claro que no corresponde a una de las mejores obras de Anderson, de eso no hay duda. No obstante, la reflexión que se hace a raíz de todas esas escenas oníricas y preciosistas visualmente sí que persiguen una finalidad. En todo momento se nos está intentando plasmar las inconscientes relaciones que se establecen entre un maestro y un discípulo. En el transcurso de la historia, los lazos sociales entre estos dos personajes muestran con rigor y exactitud la manipulación a la que se expone Freddie Quell, y sobre todo, cómo nos afecta al espectador. La vulnerabilidad del ser humano y la facilidad de convicción a las personas de pensamientos inocuos e irracionales se plasma de una forma clara y concisa: los hombres más perturbados y esa índole de enfermos mentales, con grandes deficiencias en el ámbito afectivo/sentimental, son el objetivo más idóneo e incluso más peligroso para llevar a cabo su premisa, pues su fe ciega en las doctrinas no les hace replantearse los fundamentos de éstas y bajo sus aparentes justificaciones son capaces de cualquier cosa.
    En este filme hay chicha de la que nutrirse, que no queráis es cosa vuestra. Sigan con vuestras disertaciones descalificativas, yo he salido del cine desconcertado y tras horas de reflexión he llegado a la intención prístina del director. Quizá eso es lo que os falta a vosotros.

    • Pedfor

      Ahora me explicas, segun la chorrada que has puesto en el final del primer parrafo, ¿Por qué se va con la moto?

  14. Si la peli te gusta (o al menos eso dices), eres un gafapasta.

    Si la peli no te gusta, eres un vulgar consumidor de palomitas sin tener ni idea de cine.

    Basta ya. Por favor, basta ya. Dejemos las simplezas de una puñetera vez.

    Que no gustándole a uno el Ulysses de Joyce, se puede saber muchísimo de literatura.

    Que si no le veo la gracia ni el bouquet al Vega Sicilia, no tengo porqué ser un cazurro abocado al peleón.

    Etcétera.

    Además, qué cojones, ni que The Master fuese ahora la película que sirve como prueba de algodón para dirimir el eterno debate entre los que saben de cine y los que no tienen ni puta idea. Venga coño, vale ya. Que lo de las pajas mentales en el cine es más antiguo que el mear en pared.

    Anda que no me he reí yo cuando salí de la sala de cine pensando en todos los idiotas que estarán sufriendo por no atreverse a decir que la peli no vale nada. Menudo estreñimiento intelectual tendrán, las noches del viernes, en Malasaña. Suficiente para dar tiempo a que se les deshagan los hielos del gintonic.

  15. De Thomas Anderson he visto tres películas: «Boogie Nights», «Pozos de ambición» y «The master». La única que me gustó y no necesité meditación trascendental, leer foros cinéfilos y poner velitas a Manoel de Oliveira (¿sigue vivo?) para entenderla fue «Boogie Nights». Me pareció fresca, con ritmo, buenos personajes y desacomplejada.

    «Pozos de ambición» me pareció un truño de cuidado. Con mucha intención de hacer «gran cine americano», pero vacua, laaarga y en general, sobrevalorada. Y de Day-Lewis, mejor ni hablar. Repetía el papel de «Gangs of New York» pero en plan magnate del petróleo con el pelo churretoso. Ah, y la ví en versión original. Lo digo por el comentario del McDonald’s.

    De «The Master» salvaría la interpretación de Seymour Hoffman y el personaje de Amy Adams, haciendo de su mujer, que da un miedo total. El resto, palabrería.

    Nota: Ví la película con mis gafas (de pasta) y llevaba camisa de cuadros.

    Nota 2: Salí del cine 10 euros más pobre. 7,90 de la entrada y 2 euros la Coca-Cola. Anatema: bebí en el cine.

  16. Ernesto

    A mí me llama la atención el que la peli haya deslumbrado a unos cuantos ¡¡¡simplemente porque la han entendido!!! (como muestra sólo hay que leer alguno de los comentarios precedentes), cuando lo que plantea Anderson no es especialmente críptico, pero tampoco quiere serlo, por eso pretender dividir la peli entre aquellos que la han entendido y los que no resulta cuando menos curioso.

    Más curioso todavía es intentar clasificar al espectador en bruto según odie o ame la película cuando una película como esta puede ofrecer una experiencia compleja que amalgame momentos de supino aburrimiento con trallazos de cine en mayúsculas

    Yo, desde luego, me aburrí a ratos y disfrute como un enano otros tantos, y al acabar di por bien empleados los 9 eurazos de la taquilla, pero no sentirme estafado no se traduce en que considere a The Master como una de las mejores películas de todos los tiempos.

    La pena es que el debate siempre se vea abocado a discurrir en términos absolutos.

  17. Evidentemente, Paul Thomas Anderson no es Stanley Kubrick. Está a años luz. Cualquier director de cine contemporáneo a Anderson está a años luz de Kubrick. Pero eso no desmerece la labor de este relativamente joven director. A mí personalmente me parece un maestro dominando las emociones y un director de primera clase en la selección de planos, banda sonora y fotografía. Es, probablemente, uno de los mejores directores de la actualidad, y cada obra que sale a la luz parida por este genio es una maravilla. Estamos hablando de alguien que hizo a Adam Sandler realizar una interpretación media que incluso podría calificarse como buena. A los que sois tan críticos con su estilo os invito a hacer una película con ese ‘actorazo’ como protagonista y conseguir aceptación por parte de la crítica.

    Dejando esto, y a pesar de mi admiración por Anderson, ‘The Master’ no es, ni mucho menos, su mejor trabajo. ‘There will be blood’ y, para mi gusto, sobre todo ‘Magnolia’ están a un nivel superior. De todas formas eso tampoco desmerece a esta cinta. Su labor con los actores vuelve a ser acojonante. Lo de Joaquin Phoenix no es para nada sobreactuación. Lo que es es un Oscar que la Academia le va a robar para entregárselo de rodillas al brutal Dae-Lewis (sin desmerecer su sublime papel en ‘Lincoln’, este Oscar no debería ser suyo). Y Seymour Hoffman está que se sube por las paredes.

    Anderson es un director difícil, pero en la proclama por la diferenciación es el que lleva la batuta en los tiempos que corren. Tiene un estilo marcado y no tiene miedo a explotarlo. Domina las relaciones interpersonales, de carácter ambiguo y constantemente con ese factor sexual prominente. Crea su atmósfera y te atrapa. No aburre, desconcierta. Son conceptos diferentes.

    Sólo me queda deshacerme en halagos por este director que opta por evadirse de los cánones y hacer cine según sus criterios. Es un valiente. Y además tiene más talento que la mitad de Hollywood unida. Un genio.

  18. The Master me recuerda a otra película «mítica», inclasificable y cumbre: Pickpocket. Ambas comparten la disolución de os cánones de contar una historia; un formalismo en la imagen parecido; una aridez dramática; el uso de la elipsis y el montaje; su concepción cómo metáfora del sentimiento religioso. Y también, la aridez de ciertos momentos cuando las vemos; la falta de emotividad; la frialdad,…

    Bresson, Malick, Anderson no crean historias; usan el lenguaje cinematográfico más puro para hablarnos de sus cosas y mundos interiores. Otra cosa es que los comportamos, o que nos interesen o nos aburran.

  19. hermano brown

    No dudo ni por un momento del saber hacer de Anderson, he visto todas sus peliculas y todas me gustan menos esta. Al margen de las implicaciones psicologicas y filosoficas de la pelicula en cuestion-que creo me superan- no consigo quitarme la idea de la cabeza de que, los personajes principales me importan una mierda.

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