Arte y Letras

Huyamos de aquí

thelma y Louise

Todos huimos. Hasta las ratas huyen. La vida va de eso. Incluso la muerte. Hay infinitas formas de hacerlo. Ni siquiera tiene que existir una razón. La huida posee una cara absurda que la libera de ese requisito. A la mierda. Cualquier momento es bueno para largarse. Ni siquiera hay que ir lejos. Eso te exime de hacer una maleta y meter una muda. Huir, a veces, solo es dar media vuelta en mitad de la calle, con el mismo calzoncillo. O abandonar un libro en la página 17. O entrar en Zara con 20 euros. John Fante contaba que su primera huida seria fue, en realidad, una carrera desesperada de 200 metros, cuando solo tenía diez años. Ese día caminaba por las calles de su Denver natal y decrépito, de regreso del colegio, cuando vio salir a una mujer de la parte de atrás de la casa del Padre Stevens. Ella parecía feliz, y el pequeño John se quedó estudiando fijamente su gesto. Tal vez le extrañó, aunque sin tener claro por qué le extrañaba, aquella presencia femenina en la casa del pastor. En verdad, no tenía aún edad para distinguir a una prostituta a lo lejos, mirando de reojo. El descaro de su mirada fija incomodó a la mujer, que cuando estuvo a su altura emborronó la sonrisa y le espetó: «Qué coño miras, mocoso. ¿Quieres que te la chupe?» El muchacho salió corriendo, aterrorizado por la presencia del verbo chupar. Normal. Solo con el tiempo aprendes que no se huye de la mamada, sino que se va hacia ella.

En el fondo cabe la posibilidad de que John ensayase, como hombre previsor, su escapada hacia la literatura. Nadie se hace escritor, después de todo, si no huye de algo. «Algo» puede ser una sombra, nada en concreto, un fantasma, una obsesión, algo que simplemente no va bien. Uno huye a menudo no sabe de qué. La fuga tiene mucho que ver con la ignorancia, que te obliga a abrir nuevos caminos en la oscuridad, golpeando la paredes con la cabeza. Las hostias desbrozan. La primera temporada de Los Soprano evoluciona entre el desasosiego que Tony experimenta cuando una familia de patos acampa un día en su jardín, y al poco tiempo desaparece. Esa huida imprevista, después de tomar cariño a las aves, lo sume en una extraña tristeza, y esta lo aboca, finalmente, a la consulta de la doctora Jennifer Melfi. «A dónde cojones han ido», se pregunta durante una buena temporada. Es exactamente el mismo tipo de interrogante que atosiga a Holden Caulfield en El guardián entre el centeno, obsesionado por saber hacia dónde se dirigen —que es lo mismo que hacia dónde huyen— los patos en invierno cuando el lago de Central Park se hiela.

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42 comentarios

  1. Me ha gustado. Alguna vez habia pensado en ello pero nunca me hubiera figurado que es un tema tan recurrente en nuestras vidas… Un saludo

  2. ¡Genial! El fantasma de Tom Joad, que cantaría Bruce Springsteen. Un placer leerte.

  3. Buen artículo. Justo anoche recordaba la historia de Christopher McCandless. No me veo capaz de efectuar un acto de escapatoria como la de él, pero ganas no me faltan.

  4. ¿Y qué paso con Majorana? ¿Fue una huída su desaparición o fue un accidente?
    Aún sigue sin esclarecerse qué pasó con este físico italiano que muchos creían como la nueva sensación de las ciencias físicas.
    A mí me gusta pensarlo en algún rincón del globo, disfrutando de su anonimato y alejado de academias.

    • Antonio Villalpando

      Me alegra ver que se cite su nombre por aquí, pues había revoloteado por mi cabeza durante toda la lectura del artículo.

  5. Muy bueno. Me alegro verle en estás páginas, sr Tallón

  6. Me alegro «de» verle en estas páginas. Santo cielo, que mal escribo.

  7. Creo que la vida sería mucho más triste si no pudiéramos soñar con la huida. Otra cosa es tener el valor para emprenderla…Genial su artículo, señor Tallón

  8. Este texto, por momentos, te hace feliz. La huida… buff. Menudo tema, cuando lo piensas en la clave que lo hace el autor.

  9. Creo que para huir, hay que ser valiente. Gracias por recordarlo.

  10. Yo un buen día huí, vaya si huí. Me vine a Nebraska. A las llanuras del midwest, a un pueblecito a cuatro horas de la «ciudad» más cercana, rodeado de maíz por todas partes, vaqueros, tornados en verano, radiopredicadores… Me calmó por dentro. Ahora, 5 años después, estoy listo para mi próxima huída. Lo tengo todo preparado.
    http://www.youtube.com/watch?v=zsvTfaAAVBg

  11. Pingback: Huyamos de aquí | Descartemos el revólver

  12. Pingback: Fuxamos de aquí « Probemos con veleno

  13. Pingback: 14/02/13 – Huyamos de aquí « La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  14. Actualmente estoy descubriendo a Georges Simenon, al cual alude Juan Tallón en este, otro más, de sus exquisitos artículos.
    La cita es de Charles Chaplin:
    «Ni usted ni yo somos neuróticos, pues, cuando nuestras angustias son demasiado grandes, usted escribe un libro y yo hago una película.»

    ¿Es otra forma de huir?
    Ni correr es de cobardes, ni huir es malo.
    Salgo corriendo, antes que esto se acabe y me lo pierda.

  15. Simplemente, gracias. Muy pocos escritos me hacen vibrar como lo ha conseguido este. Y reír. Sólo una cuestión: se puede huir por partes. De mí, solo huyó mi corazón.

  16. Una lectura que me ha sacudido la tarde. Ehorabuena.

  17. Maestro Ciruela

    Gracias por el lujo que me ha supuesto la lectura de este gran artículo; le veo a usted algo obsesionado con las mudas de ropa interior. ¿Algún trauma de infancia – adolescencia…?

  18. Lo que me jode es que ahora quiero huir de este artículo y no puedo. No se me va de la cabeza. La culpa es tuya Juan Tallón. Me debes dos copas de wisky o algo mejor que leer. Si no, me quedaré aquí por mucho tiempo.

    ¡Enhorabuena!

  19. Me ha parecido estupendo. Lo he leído con avidez. Gracias.

  20. Magnífico artículo: la muestra de casos que propone ilustra el carácter universal de esta fantasía, que creo más propia de hombres. Tan sólo evoco un caso femenino, en la magnífica adaptación para el cine de una novela de Virginia Woolf ( Las horas ).
    Bromeo con amigos que nuestros problemas empezaron el día en que una mujer dijo a su pareja «de esta cueva ya no me muevo», y el tipo claudicó.
    También me ha recordado un documental de La2 , hace siglos, sobre los sadhus, los hombres que un buen día comunican que se van a ir, dejando familia y bienes.
    Ah! y Tólstoi: qué tremendo final.
    En fin, huyo.

  21. Desapariciones, huidas, ¿es esto lo que ahora dicta la modernidad literaria? (ver el blog enlazado al nombre)

  22. Cristina Llamedo

    Quizá sea un poco largo, pero te voy a copiar lo que acabo de escribir a razón de leer tu artículo y resumirá todo lo que me ha parecido. Antes de todo GRACIAS por este artículo:

    «Siempre he pensado si soy de esas personas que necesitan «huír» para encontrarse a si misma y conseguir lo que quiere. Posiblemente a día de hoy que me conozco un poco más diría y digo, que es posible, pero matizando que no considero el verbo «huír» como algo negativo al igual que siempre que dicho que: » Perderse es necesario para reencontrarse a uno mismo».
    Cierto es que soy una persona a veces de extremos cuando me pierdo y que junto los dos extremos sin pasar por el medio a veces cuando estoy en equilibrio, es una buena forma de describirme ahora que lo que escribo llega a mi cabeza y me entiendo.
    Llevo desde 2008 que hice el inter-rail «huyendo» y desde mucho antes queriendo hacerlo por eso siempre digo que estar en un mismo sitio me agobia y que necesito echar de menos las cosas y a las personas. No porque no las valore porque sé que y quién es importante en mi vida y tengo la suerte de ser muy consciente de ello.
    Primera huída justificada quizás fue Florencia, huída que utilicé para conseguir un paso más en mi futuro a la vez que me reconstruía de algo que me hizo daño y me enseñó muchísimo.
    Segunda huída justiticada, ésta, París, que otra vez utilizo a mi favor. Y las que quedan…
    Confieso y siempre se lo digo a mis padres, mis abuelos, mi gente en general que yo no sé donde voy a acabar y ni me importa, que me adapto a donde sea y yo misma hago por sentirme bien, por eso la huída presente en mi vida lo veo como un punto positivo en el que el significado de huír es positivo y yo lo entiendo como evolución, superación, conseguir lo que se quiere a la vez que huyo en el sentido literal de la palabra de cosas que no quiero en mi vida.
    También lo digo, lo que no me haga bien lo pienso apartar de mi vida, cueste lo que cueste y duela lo que duela, pero no aguantaré nada que no me haga feliz y no me lleve a mi objetivo, que no es otro que ser feliz y disfrutar de mi vida haciendo una obra de arte para mi y para los que me rodean.
    Al leer este artículo me han entrado ganas de expresar todo esto y aquí está, en cuanto al artículo me parece absolutamente necesario, escrito de una forma increíble y que derrocha cultura por todas partes por todas las citaciones, y importante… que nombra con algunos autores la generación beat, movimiento literario muy presente en mi vida. Simplemente es un artículo SUBLIME y que ha pasado a formar parte de mis favoritos, lo escribiría por todas las paredes para tenerlo presente siempre que lo que está ahí escrito por alguien ajeno y lo que acabo de escribir yo es parte de mi. «

  23. Alexander Supertramp en Into the Wild…

  24. asdfghjklñ

    Enhorabuena.

    Felicidades por cómo vives o por cómo escribes, si es que hay diferencia, que no lo tengo muy claro.

  25. Pingback: La huida | contraportada

  26. Pingback: Sálvenme | periodistaparia

  27. Pingback: carracuca

  28. Pingback: Manual de un buen vividor » Y póngase crema solar

  29. Pingback: Hay más cosas además de alejarnos de lo que nos hace daño | viernesdenoche

  30. Hace un año, después de trabajar, sin maleta, ni destino, fui al aeropuerto deseando huir (de mi vida, de la gente, de mi suerte…). Al llegar a la terminal, compre un libro y me senté en una cafetería. Pasaron las horas, ausente al sonido monótono de mi teléfono, y tras terminar de leer (y llorar en el baño) emprendí la vuelta… El psicólogo dijo que trataba de volver a la infancia, yo creo que huí de mi realidad…

  31. Pingback: Las noches canallas de José Mourinho | pablobeas

  32. » Pues me gustan demasiadas cosas , y me confundo y desconcierto corriendo en pos de una estrella fugaz tras otra . Vivo en la noche y no puedo remediarlo . Nada puedo ofrecer , salvo mi propia confusión . » On the road . Jack Kerouac

  33. Tempus Fugit

    También están las huidas en las que te reconcilias con aquello de lo que has huido. Nunca imaginé que mi animadversión al Sol se transformaría en amor y respeto al volver de mi huida al Norte.

    Las huidas también son reconciliaciones, ¿no?

  34. Inevitable recordar a Harry ‘Rabbit’ Armstrong tras leer este genial artículo.

  35. Magnífico, Tallón.

  36. Creo que cuando se huye de uno mismo, esa huida acaba siendo como la serpiente que se muerde la cola. Vaya a donde vaya, la persona se autodestruye y renace, solo para ver que sigue siendo la misma. Y que la esperada metarmorfosis producto de ese escape, es como mucho una muda superficial de piel. Un poco como Flitcraft.
    Sin embargo, cuando se huye de una situación, de un lugar, de una prisión (desde fuera o desde dentro de la jaula), la cosa cambia. Te preguntas, Tallón, si la huida no será acaso un ida y vuelta, donde la fuga no se diferencia del retorno. Yo pienso que sí, que entre la ida y la vuelta hay un abismo. El que regresa ya no es el mismo que el que se fue.

  37. Pingback: Irene Morán: pruebas de estanqueidad | Un trozo de cartón

  38. Pingback: Mi huida | La bitácora empolvada

  39. Maravilloso
    Gracias!!!!
    A veces uno no es ni libre para huir…
    Para mi es inevitable; huir para regresar con fuerza,para curarse,para descansar…
    Pero quien demonios ha puesto la escalera al al lado de mi muro?
    Cuando no sabes que hacer o que camino tomar quien no huye aunque sea inconscientemente?
    Efectivamente a veces huir es estarse quieto.
    Lo que no identificó es cuando se huye por falta de motivación para volver;creo que más que huir es irse,marcharse
    Pero es verdad; hasta de huir hay que descansar…
    Y » se está mejor en casa que en ningún sitio»
    Y con permiso de Dorothy,esa casa está dentro de uno mismo.

  40. Godfor Saken

    «¿Adónde va corriendo ese hombre? ¿Por qué pedalea ese otro en su bicicleta? ¿Y ese tren? ¿Y ese avión? ¿Adónde va toda esa gente, cada vez más deprisa, cada vez en un medio más veloz? Están huyendo. ¿De qué huyen? Del cuerpo. El ser humano es el único animal que hace clasificaciones y también el único animal que huye de su cuerpo. De hecho, es el único animal que tiene realmente cuerpo y lo tiene en la medida en que está siempre huyendo de él —y recayendo una y otra vez—. Casi todo lo que hacemos en nuestra vida —casi todo lo que ha hecho el ser humano desde hace 40.000 años— es una tentativa de dejar atrás, aumentando la velocidad, nuestro cuerpo mortal. La cuestión es (de eso hablaremos en los próximos capítulos) si no nos estamos PASANDO».
    Santiago Alba Rico, «Ser o no ser (un cuerpo)”.

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