Hanói, más allá de las motos

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Comenzaremos por un lugar común a partir de una frase hecha: “Hanói es una ciudad joven que mira hacia delante”. Así, de entrada, podría encajar perfectamente en una de esas guías de viaje repletas de fotos a todo color en las que conviven la bahía de Halong, el mausoleo de Ho Chi Minh y una vendedora callejera de fruta sonriendo a cámara. Y motos, por supuesto. Muchas motos. No puede faltar la tan socorrida foto de una jovencita en moto con más motos difuminadas de fondo. Añadimos unos cuantos lugares recomendados para comer, para dormir, para tomar una copa y para comprar recuerdos (un pañuelo de seda, unos cuencos de madera y un imán para la nevera, por ejemplo) y ya lo tenemos: una fantástica colección de tópicos para ilustrar un viaje a una ciudad milenaria, desconocida y caótica. Y sin embargo es verdad: Hanói es una ciudad joven que mira hacia delante.

La primera impresión que el viajero recibe al llegar a Hanói (con tilde en la “o”, por favor) suele ser meteorológica. Nada extraño, por supuesto, ya que Vietnam es un país tropical. Aun así, el calor sofocante durante una buena parte del año convierte la ciudad en un destino para turistas valientes o al menos no hipotensos. Los meses de enero y febrero suelen ser algo más frescos e incómodos debido a que, por lo general, los edificios no están preparados para un frío húmedo. Una vez que se ha asumido que el clima va a estar siempre presente sea cuando sea la estancia, aparecen ante nuestros ojos las verdaderas protagonistas de la ciudad: las motos. Por todas partes, en todas direcciones y en todos los sentidos. Enjambres de motos que de algún modo no comprensible a primera vista consiguen no chocar.

Existe, por supuesto, una razón para este caos sensacional de ruedas y cláxones en el que sobrevivir es, a pesar de todo, más sencillo de lo que parece: Hanói tiene una extensión aproximada de 920 km2 y cerca de siete millones de habitantes. Para hacernos una idea, la extensión de Madrid es de poco más de 600 km2 sin que la población llegue a los cinco millones y medio. Es, en efecto, una ciudad grande. Pero mientras nosotros disponemos de una buena red de transporte público, la capital vietnamita solo cuenta con una gigantesca y calurosa flota de autobuses urbanos que, a pesar de ser vasta, no basta para abastecer a toda la ciudad. Afortunadamente, poco a poco se están introduciendo en algunas líneas vehículos nuevos que incluso disponen de aire acondicionado. Asimismo, hasta 2020 no se inaugurarán las primeras líneas de metro de la ciudad, aunque las complicaciones surgidas por el terreno pantanoso (Hanói es una ciudad con decenas de lagos) hace pensar que la fecha final será muy posterior. Los automóviles, por su parte, son carísimos debido a que los impuestos por comprar un vehículo de importación ascienden a un 100% del valor del coche. Esta medida pretende impulsar la industria automovilística vietnamita, aunque la realidad es que dicha industria se sitúa aún en un nivel bastante, digamos, incipiente: Thaco, la principal compañía local, produce para Kia unos 20.000 vehículos al año en un país de casi noventa millones de personas.

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Tây Hồ, el mayor de todos los lagos de Hanói.

Un momento”, se preguntará el lector avispado. “¿Qué sucede entonces con la bucólica imagen que todos tenemos en la cabeza de los dulces vietnamitas montando en bicicleta?” Pues que apenas se corresponde con la realidad debido a una cuestión eminentemente práctica: ¿cuántos de ustedes estarían dispuestos a pedalear cada día unos cuantos kilómetros para ir al trabajo aguantando una sensación térmica de 44º y una humedad relativa del 80 por ciento? Es mucho calor, sí, pero ¿acaso preferirían hacerlo en época de lluvias? La respuesta, por supuesto, es la misma aquí y en la Cochinchina (nombre que recibe la zona meridional de Vietnam): muy poca gente. Así que, una vez descartados el metro inexistente, el carísimo coche, el autobús caluroso y la poco práctica bici, comprenderemos que la moto es el único medio de transporte que les queda a los hanoienses. Y digo “el único que les queda” ya que sin motos no se van a quedar: se calcula que circulan por la ciudad cuatro millones de ellas. La norma prohíbe que vayan más de dos adultos, pero se permite transportar a todos los niños que uno sea capaz de llevar. De ahí que sea tan frecuente ver una familia al completo: por ejemplo, el padre conduce con un niño de pie delante de él mientras que la madre lleva a un bebé en brazos y un tercer crío entre ambos progenitores.

La moto, por supuesto, también sirve para transportar todo tipo de mercancías. Y esto sí que no es una frase hecha. Cualquier vietnamita con una vespino y tres pulpos elásticos es capaz de desafiar a las leyes más elementales de la física. Mi imagen favorita es una de la que ya se habló por estos lares: el cerdo muerto y abierto en canal listo para llevar a ser vendido al mercado dejando por la carretera su rastro de sangre y todo. Pero no es difícil ver por las calles de Hanói mudanzas completas en moto. Cajas de gallinas, aparatos de aire acondicionado… Quien esto escribe ha llegado a ver transportar un ataúd. Presumiblemente vacío, aunque nunca se sabe. Existe un excelente libro de fotografías llamado Bikes of Burden con el que comprender, más allá de la comicidad, que este tesón motorizado con que los vietnamitas vencen cualquier adversidad es, en realidad, uno de los principales motores de la economía vietnamita desde que en 1991 el gobierno creó la Ley de Empresas Privadas: el abastecimiento de la mayoría de las decenas de miles de pequeños negocios que existen en el país se produce casi exclusivamente sobre dos ruedas.

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El calor y el tráfico son tan agotadores que el viajero tendrá que parar en cualquier sitio para refrescarse y de paso comer algo. Y ahí llegamos a otro gran tópico del país: la gastronomía. Es bastante sabido que por estas latitudes gustan de comer, entre otros manjares, serpiente. Se le extrae el corazón mientras aún está viva y se come antes de que deje de latir, acompañado de un chupito de su propia sangre. Por lo general, se trata de una comida exótica destinada a los turistas que quieren hacerse la foto y colgar en facebook un vídeo con su cara de náusea valiente. Más frecuente pero también más duro es ver en plena calle un puesto de perro asado, que aquí se considera como una comida para ocasiones especiales y que suele mezclarse con otros alimentos porque el sabor es muy intenso. Hay que tener en cuenta que no todas las razas de perro son consideradas comestibles y que en todos los mercados se vende al peso, pero ya asado. En el fondo es como nuestro cochinillo, pero sin manzana en la boca.

Posiblemente, el tercer alimento que más puede llamar la atención al viajero es el durian, una típica fruta del sudeste asiático cuyo característico y penetrante olor a pescado podrido provoca náuseas a las pituitarias no acostumbradas. El lector interesado en el tema podrá encontrar en la red una multitud de vídeos y entradas de blogs si hace búsquedas del tipo “durian vómito” o “durian apestoso”. No es para menos, habida cuenta de que en algunos países vecinos está prohibido comer esta fruta en público. Se puede encontrar en prácticamente todos los mercados y supermercados de Hanói, pero para confirmarlo solo hay que asomarse por la puerta: el olor de un durian abierto se percibe a varios metros de distancia. Aquellos que lo han probado (a mí no me miren) afirman que el sabor es delicioso.

Estas tres perlas de la peculiaridad (la serpiente, el perro y el durian) no dejan de ser anécdotas chocantes. Se comen, sí, al igual que otros tantos bichos de cuyo nombre es posible que alguno de ustedes prefiera no acordarse (un conocido refrán vietnamita afirma que todo lo que da sombra es comestible), pero son, como digo, simples anécdotas frente al espectacular despliegue de sabores de la gastronomía vietnamita. A fin de cuentas, también aquí se comen las criadillas, los zarajos y los callos y no por eso dejamos de presumir de cocina española.

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Uno de estos platos está hecho con perro.

Antes de comenzar a disfrutar de la comida, es probable que el viajero tenga que dejar sus escrúpulos a un lado: con frecuencia, el mejor sabor vietnamita está en los puestos callejeros que para el estándar occidental pueden parecer a primera vista poco higiénicos aunque la realidad es muy diferente y la recompensa muy grande: la mezcla de influencias orientales, francesa, india y malaya (entre otras) hace que nuestro cielo del paladar se convierta en un paraíso insospechado, ávido de nuevos sabores. El plato estrella de Vietnam es el phở. Sí, con esos acentos extraños en la “o”. No se preocupen: después hablaremos del idioma, que se las trae. Quedémonos de momento en la gastronomía. El phở es una sopa de noodles y verdura que se acompaña con ternera o pollo y cuyo sabor característico proviene, sobre todo, de hervir varias veces todos los ingredientes así como de la mezcla de hierbas aromáticas que lo acompañan. Los vietnamitas suelen tomar phở a todas horas, aunque suele preferirse como desayuno: un tazón de phở a las seis de la mañana y uno ya tiene la energía necesaria para enfrentarse a las motos, al calor y a todo lo que se ponga por delante.

Más célebres en España son, sin duda, los nem, conocidos aquí como “rollitos vietnamitas” por comparación con los rollitos de primavera chinos. Desengáñense: no tienen nada que ver, por mucho que lo parezca a primera vista. Es como decir que un bocadillo y una hamburguesa son lo mismo porque ambos tienen cosas metidas en un pan cortado por la mitad. Para disfrutar de una buena ración de nem hanoienses es preciso tener algunas premisas en cuenta. Primera premisa: en Hanói no existe una receta única. Cada uno se lo rellena con lo que tenga a mano: cerdo, pollo, cangrejo, verdura, fideos de arroz, piña… En el sur del país, eso sí, son más estrictos en cuanto a la definición de nem. Segunda premisa: es preciso tomarlos con salsa. Tercera premisa (y más importante): los nem frescos (nem cuốn) son aún más sabrosos que los fritos (nem rán).

Tanto los nem como el phở son platos típicos de todo Vietnam. Pero quien se acerque a Hanói tiene que probar el bún chả, que es más difícil de encontrar en Ciudad Ho Chi Minh (la antigua Saigón). El bún chả, como su nombre claramente indica,es un plato compuesto por dos platos: el bún (fideos de arroz) y el chả (cerdo a la brasa). La magia del plato está en el nước chấm (un caldo tibio preparado con salsa de pescado y papaya verde) en el que se va remojando poco a poco todo lo que hay en ambos platos. A modo de guarnición, un plato generoso de hierbas aromáticas (cilantro, soja, menta, albahaca) para favorecer la digestión.

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Hasta aquí las recomendaciones culinarias. La lista de platos sabrosos es innumerable, por supuesto, pero baste con estos tres. Sea cual sea la duración del viaje, marcharse de Hanói sin haber probado estas delicias es, sencillamente, no haber visitado la ciudad. Especialmente el phở y el bún chả, dada la complicación de encontrar en Madrid restaurantes donde preparen bien estos platos tan sencillos como suculentos. Si algún amable lector conoce alguno, le quedaré muy agradecido si lo indica en los comentarios.

Es muy posible que al viajero le apetezca conocer algunas frases básicas para interactuar en la gran ciudad. Si es así, aquí tiene unas cuantas. Como en cualquier sitio civilizado, la gente quedará muy agradecida de que alguien se esfuerce por intentar comunicarse en su idioma. Pero es preciso tener en cuenta dos aspectos: en primer lugar, que ponerse a memorizar frases sin conocer la complicada fonética y los acentos con que se transcriben es perder el tiempo. En segundo lugar, que debido a esa complicada fonética es muy posible que no consigan entenderle ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera. ¿Por qué digo esto? ¿Tan difícil es el vietnamita? Imposible no es, claro, ya que más de 70 millones de personas lo hablan. Pero para un occidental no acostumbrado a las lenguas tonales es posible que se le haga un poco cuesta arriba. Y más aún a un español. No, no se me alarmen: no estoy hablando de nuestra consabida y problemática relación con el aprendizaje de idiomas. Voy a intentar explicarlo, pero antes echen un ojo a un texto escrito en vietnamita para saber de qué hablamos. Por ejemplo, la página de wikipedia sobre el phở.

¿Qué les parece? ¿Han visto qué cantidad de acentos extraños? El responsable fue el jesuita francés Alexandre de Rhodes, que en el siglo XVII desarrolló un método para transcribir la fonética del vietnamita al alfabeto latino. El nuevo alfabeto, llamado Quốc Ngữ (lengua nacional) es el alfabeto oficial de Vietnam. Algo ya tenemos ganado, por tanto, ya que no tenemos que aprender infinitos ideogramas (como los kanjis, compartidos por el chino o el japonés), ni otros alfabetos enigmáticos (como el tailandés, que tiene una grafía preciosa). La dificultad radica en que, desde el punto de vista fonético, el vietnamita es un idioma bastante más complejo que el español. Nosotros tenemos cinco vocales (sonidos vocálicos, se entiende) mientras que ellos tienen, dependiendo de la zona del país, hasta 12. En Hanói, por ejemplo, tienen 11. Algunos de los acentos ideados por Alexandre de Rhodes son diacríticos, o, lo que es lo mismo, ayudan a distinguir los distintos sonidos vocálicos compartidos por una misma grafía. Así, las letras a, ă y â son tres vocales distintas que, por tanto, se pronuncian de forma distinta. En total, 11 vocales básicas. No está mal, sabiendo que el inglés tiene más de 20. Pero entonces nos cuentan que el vietnamita es una lengua tonal y ya la hemos terminado de liar.

¿Qué es una lengua tonal? Pues, para entendernos, una lengua en la que las diversas entonaciones de una palabra (más grave o más aguda, por ejemplo) modifican su significado. El chino mandarín, por ejemplo, tiene cuatro tonos. El vietnamita, seis. Un caso paradigmático es el de la sílaba ma, que dependiendo de su pronunciación puede significar caballo, madre, campo de arroz, fantasma o pero. Ahora multiplicamos las 11 vocales por los seis tonos con que pueden pronunciarse, y ahí tenemos: hasta 66 sonidos vocálicos. En teoría, afortunadamente, porque en la práctica no todas las vocales usan todos los tonos. Qué alivio, ¿verdad? Pues no respiren todavía, amigos, que aún hay más: también hay que tener en cuenta los diptongos y el hecho ineludible de que, en vietnamita, todas las palabras son monosílabas. Vuelvan al texto en vietnamita que vimos antes y compruébenlo. Todas monosílabas. Por eso Vietnam se dice Việt Nam y Hanói, Hà Nội. Además de eso, muchas palabras tienen diptongo. Un bello ejemplo es el apellido que comparten cerca del 40 por ciento de los vietnamitas: Nguyễn. Fíjense, fíjense en la “e”. Tiene, a la vez, un acento tonal y uno diacrítico. Y, sí, la palabra solo tiene una sílaba.

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Ojalá el lector no entienda tras leer esta breve introducción a la lengua vietnamita que no merece la pena aprender unas cuantas expresiones para su viaje a Hanói. En absoluto. La satisfacción al conseguir establecer una comunicación mínima es tan grande que solo por eso ya merece la pena el esfuerzo. Con todo, recuerde que si no piensa salir de las zonas turísticas es muy probable que pueda sobrevivir con el inglés. De hecho, no intente aprender a decir “sí”: existen varias formas de decirlo y cada una debe ser usada en un contexto gramatical determinado. Será mucho más fácil si utiliza el internacional “ok”: le comprenderá todo el mundo.

Qué paradoja, ¿verdad? Irse a Hanói, la capital del norte vencedor, y tener que comunicarse con una expresión de la que la leyenda urbana cuenta que en origen significaba “0 killed” (cero muertos). Una expresión tan norteamericana, la principal vía de comunicación entre occidentales y vietnamitas. Así, después de todos los estereotipos que hemos revisitado en estas líneas, llegamos, por fin, al último de todos ellos que es, sin duda, el mayor de todos: para la gran mayoría de los occidentales, Vietnam no es un país sino una guerra. Pero en este artículo no vamos a hablar de ella, porque 38 años después no solo es perfectamente posible hablar de Hanói sin mencionar todo aquello, sino también necesario. Esa es la mayor lección que nos enseña esta ciudad milenaria, capital de un país en la que el 70 por ciento de la población es menor de 35 años. Una ciudad vibrante y ensordecedora en la que siete millones de personas persiguen sus sueños a diario mientras soportan sus cuarenta y tantos grados, desayunan su cuenco de phở, montan en su moto y se comunican con sus 11 vocales y sus seis tonos. Más allá de las frases hechas, más allá de los lugares comunes, Hanói es, por supuesto, una ciudad joven que mira hacia delante.

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25 comentarios

  1. Una matización…

    Los vietnamitas no comen perro, de hecho les molesta que la gente piense eso. Ellos se meten con la comunidad china (que sí que come carne de perro) diciendo que “un chino se come todo lo que anda”.

    Muchos años viviendo en Ho Chi Minh.

    Por lo demás, genial

    • Gracias por el comentario, Minh. He vivido en Hanói y allí no sólo comen perro sino que les gusta mucho. Te dejo un enlace de una página vietnamita en la que, además de las fotos, se habla de la delicia de comer perro. (ATENCIÓN: LAS FOTOS DE ESTA PÁGINA PUEDEN RESULTAR DESAGRADABLES) http://vietbao.vn/Doi-song-Gia-dinh/An-thit-cho-don-nam-Tuat/45182304/111/

      Por lo que parece, las diferencias entre el norte y el sur también son gastronómicas ;)

    • Cristina

      Minh, vivo en Vietnam hace 4 años, puede ser poco o no, pero tanto en Saigon, (llegué antes al sur y al igual que ellos prefiero seguir llamando así a la ciudad de Ho Chi Minh) como en Hanoi si comen perro, lo he visto en más de 10 ocasiones, les gusta y no hay nada de malo en ello.
      Yo personalmente no lo he comido, no me seduce la idea.

  2. Has conseguido que me lea entero el texto desde el móvil, que ya sabemos todos que se hace un poco pesado, y aún así lo has conseguido. Muy bueno y muy interesante.

  3. Eduardo

    Por tu “culpa” me acabo de comprar el Bikes of burden…

  4. El artículo me ha encantado. Parece que se vive. Casi tanto como “españoles por el mundo” o quizá mejor. Y las personas son encantadoras, y siempre respetando y cuidando de sus mayores. Y pensamos que occidente es el paraíso de la civilización. Cuanto nos queda de aprender, o quizá es que hemos perdido, con tanta tecnología los valores morales y éticos que aprendimos de nuestros antepasados.

  5. Sencillamente fascinante. ¿Hanoi o Ernesto? Puedes tirarte meses y años en un país exótico y lleno de vivencias increíbles. Pero si no tienes la facilidad de comunicar esos sentimientos la has “cagado”. Ernesto transmite y comunica todo aquello que vive, toca, come (o no) y ve. En verso o en prosa.
    Gracias por tus experiencias, querido amigo.

  6. Marta

    Alberto, en Madrid ni idea. Pero en BCN tenemos un restaurante en la calle Sepúlveda de nombre el Phô, que sirve unos ídems decentes y sabrosos. Eso sí, sin minisilas a dos centímetros del suelo.

    ;)

  7. Connie

    Ya he leído este artículo varias veces y es impresionante. Felicito A Ernesto Filardi por todo lo que nos transmite y la facilidad de hacernos ver todas sus vivencias. Gracias a el “he conocido Hanoi”

  8. Gran artículo. Es simplemente fascinante llegar a Hanói en tren a las cuatro de mañana procedente de Sapa, y ver amanecer lentamente frente al lago Hoàn Kiếm, mientras cientos de personas practican Tai Chi en sus orillas, presenciando cómo la ciudad se despereza lentamente a golpe de phở (inenarrable la expresión de los locales que nos contemplaban sentados con ellos tomando uno ese día, poco más tarde de que empezara a clarear, con cara de “qué demonios hacen estos guiris aquí y ahora”).

    Como fascinante es todo Vietnam. Qué sitio mágico. Para quedarse.

  9. Muy buen post Ernesto, enorabuena!! Llevo viviendo una buena temporada por HCMC y la verdad es que todo lo que comentas esta muy bien descrito, sobre todo el apartado de la lengua (grandiosa la mencion al Bun Cha!!) Si hubiera habido alguna foto-mencion a la vida de las vias del tren de Hanoi creo que hubiera sido perfecto!

    Solo decir al lector, que si bien es cierto que en Hanoi las motos son una locura, en HCMC (Saigon), con casi un millon de motos mas y muchos menos coches, puede llegar a ser aun peor @@!!

    Un abrazo!

  10. Pingback: Ernesto Filardi

  11. laska

    Hanoi fue la puerta de entrada a nuestra luna de miel y he de confesar que fue impactante.

    El pasar de Madrid a Hanoi sin escala ninguna y amanecer en esta ciudad con una lluvia fina y persistente, una mañana brumosa y una autovia atestada de motos, es una sensación rompedora.

    Ciudad totalmente recomentable que lejos del convecionalismo de los charlies del sur, se muestra eterna, enigmática y orgullosa de si misma.

  12. Sencillamente maravilloso. Toda una delicia tan refrescante lectura, pese al intenso calor que nos describes por sus calles. Me ha encantado. Es vivir Hanói sin conocerlo ni pisarlo. Gracias por hablar de un pais nuevo sin mención alguna a su reciente historia. Historia que hace ya más de 38 años nos conmovía a muchos, día a día transmitida en directo por los telediarios de todo el mundo. Gracias, gato.

  13. Jose A.

    Una aclaración sobre las motos: Existen alternativas, como las bicicletas eléctricas pero existe también un aspecto social muy importante sobre el vehículo que llevas y por eso se dejan los salarios en Vespas cuando pueden. Llevar una bici eléctrica es de niños (según su criterio) pero ayudaría muchísimo a rebajar el nivel de polución de las grandes ciudades.

  14. fjavier

    1. Muy de acuerdo con el articulo, una gran ciudad y claro que comen perro, es normal ver una moto con varios perros (y ratas) en una jaula en la parte de atras preparados para comer.

    2. Hay más motos en Saigon y el perro en Saigon no suele degustarse tanto como en el norte.

    3. Si no tienes moto (además tiene que ser japonesa, las de China o Taiwan que valen 500 euros son consideradas inferiores) no eres nadie socialmente.

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  17. Un artículo magistral. Muchas gracias.

  18. Parece que se vive. Casi tanto como “españoles por el mundo” o quizá mejor. Y las personas son encantadoras, y siempre respetando y cuidando de sus mayores. Y pensamos que occidente es el paraíso de la civilización. Es simplemente fascinante llegar a Hanói en tren a las cuatro de mañana procedente de Sapa, y ver amanecer lentamente frente al lago Hoàn Kiếm, mientras cientos de personas practican Tai Chi en sus orillas, presenciando cómo la ciudad se despereza lentamente a golpe de phở

  19. Pingback: Hanói, más allá de las motos | Ernesto Filardi

  20. Nguyễn Thành

    Y pensamos que occidente es el paraíso de la civilización. Es simplemente fascinante llegar a Hanói en tren a las cuatro de mañana procedente de Sapa, y ver amanecer lentamente frente al lago Hoàn Kiếm, mientras cientos de personas practican Tai Chi en sus orillas, presenciando cómo la ciudad se despereza lentamente a golpe de phở

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