Diego Rasskin: orígenes del ajedrez (II) Cosmogonías, guerras y naranjas gigantes

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La cuestión de los orígenes siempre es interesante. Hay algo en la historia, en el comienzo de las cosas, que nos atrapa y nos hace querer saber más. Siempre creemos que al saber de dónde vienen las cosas, sabremos algo misterioso acerca de su naturaleza, de su realidad, que no podíamos conocer de otro modo simplemente mirando a su evolución pasada, a su desarrollo presente o a su posible devenir futuro. Tarde o temprano, en la vida de cada uno, hay un interés personal por saber más acerca de nuestros orígenes: el pueblo de los abuelos, cómo se enamoraron nuestros padres, bajo qué árbol cerca de qué puente se pusieron a salvo del resto del mundo.

1Comencemos el viaje a los orígenes. Miles de años atrás, un paisaje difuso de fronteras lejanas y exóticas en alguna región perdida entre la India y la China actuales. Viejos sabios de bigotes infinitos o jóvenes iniciados, de piel quemada por el sol. En un campo de árboles frutales, lo improbable: una naranja gigante. Y en el interior de esa naranja gigante, lo más improbable aún: dos viejos sabios pasan la eternidad jugando al ajedrez. Una antigua leyenda china. Es en la cosmogonía china donde podemos encontrar pistas acerca de los orígenes; si en la cosmogonía hindú tenemos una tortuga y cuatro elefantes que sostienen nuestro planeta, en la china nos encontramos con la dialéctica del todo y la nada y las infinitas combinaciones del código binario representadas en los hexagramas del I Ching.

En el artículo anterior pusimos las bases para una indagación acerca de los orígenes del ajedrez. Nos interesamos por el viaje del conocimiento, no por el hecho en sí del origen del juego. Entonces, establecíamos una línea genealógica entre el oráculo y el juego, entre lo sagrado y lo lúdico, entre el animal que juega y el animal que conoce. Las metáforas cambian: antes de establecerse como una metáfora de la sociedad, de la mano de la estricta moralidad cristiana, como le ocurrirá al ajedrez de la Edad Media europea, iban más allá, eran la gran abstracción, el universo entero.

2En la ciencia pasa igual. Antes de la división del conocimiento científico en campos más o menos definidos se hablaba de una Historia Natural en donde todo se estudiaba al mismo tiempo. Los sabios eran alquimistas de la realidad. Hoy en día, la especialización del conocimiento hace esto imposible y nos encontramos con la física, la química y la biología como grandes campos del saber científico. Hay, por supuesto, un tema común a todas ellas: la organización de la materia. Todo y todos, estamos hechos de las mismas substancias, de los mismos elementos; todo y todos, estamos relacionados.

Hay tres cuestiones acerca de los orígenes que han permanecido como interrogantes de manera invariable a lo largo de la historia del conocimiento humano:

El origen del universo, o… la Creación.

El origen de la vida, o… la Creación.

El origen del hombre, o… la Creación.

El denominador común, esa insistencia religiosa en llamar a las cosas con un único nombre, la Creación, nos recuerda que venimos de un pasado de esplendorosa, si acaso altamente imaginativa, ignorancia. Los mitos, las leyendas, las explicaciones ad hoc, sobre las cuestiones relacionadas con los orígenes han determinado la historia de las civilizaciones hasta el comienzo de la Ilustración y de la ciencia moderna, donde por fin se las naturaliza y se las acomete desde una perspectiva abordable, más acá de la metafísica. Desde Galileo y Newton hasta Einstein y Feynman. Desde Darwin y Oparin hasta Miller y Crick.

Hay, también, un origen sacro en el ajedrez, una Creación, sagrada, mágica. El viaje comienza en sistemas de adivinación: puntas o flechas o varillas que se tiran al aire cuya caída sobre un círculo sagrado permite vislumbrar el futuro. Ahí ocurre un proceso de conversión en el que el círculo se convierte en un espacio propio, un modelo del universo, cuadriculado, por donde corren las fichas en busca de una recompensa. La decisión la tomará un dado. Ocho por ocho. Las 64 casillas del tablero ashtapada hindú y, en la tradición taoísta, los 64 hexagramas del I Ching, el origen de todo, que es también un juego dialéctico.

3¿Dónde, cuándo? No hay una historia cierta acerca de los orígenes del ajedrez. Todas son plausibles aunque unas más que otras. Las que lo sitúan en el antiguo Egipto y la antigua Grecia parecen estar equivocadas. Los juegos de mesa con tableros y piezas poseen una antigüedad cercana a los 6000 años. Existen evidencias de múltiples juegos tanto en el antiguo Egipto como en la antigua Grecia que se han confundido con los precursores remotos del moderno ajedrez. En la tumba de Nefertari, del año 1250 antes de la era Común, hay un fresco en donde se muestra a la reina egipcia luciendo su túnica blanca, jugando sobre un tablero sobre el que se vislumbran algunas piezas de forma incierta. En Grecia, un ánfora de Exequias, retrata a Aquiles y Ajax jugando sobre un tablero. Estos descubrimientos, y otros como las piezas del siglo II halladas en Uzbekistán, simplemente señalan la existencia de los juegos de mesa como una constante en distintas civilizaciones, pero no del ajedrez.

La hipótesis más plausible, aleja al origen del ajedrez a la región oriental del subcontinente indio, en la frontera chino-india, hace unos 1500 años. Ahí se encontraron los primeros vestigios ciertos del chaturanga y, desde ese momento, en un largo camino hacia occidente irá transformándose primero en shatranj y luego en el ajedrez (al-shatranj, al-xadrex, ajedrez) que iría sufriendo unas cuantas —no muchas— modificaciones, hasta el ajedrez moderno. En Europa entraría por dos vías, por la vía árabe hacia la península ibérica, Italia y el resto de la Europa mediterránea y, tal vez, por la vía mongola hacia Rusia, Europa central y los países escandinavos.

4Desde la aparición del chaturanga, juego de cuatro ejércitos de ocho piezas cada uno que se repartían por las esquinas del tablero, varios siglos tendrían que sucederse hasta que el juego pasara a formar parte de la cultura hindú y mereciera un lugar en los versos de sus poetas contemporáneos. En el poema sánscrito Vasavadatta, de Subandhu, que data de finales del Siglo VI, se lee: “El tiempo de las lluvias jugaba, las ranas eran sus piezas, de colores amarillo y verde, como si estuvieran moteadas con laca, saltaban sobre las casillas del jardín”. Unos años más tarde, se habla del juego con más concreción. El poeta Bana, escribe: “… solo los asthapadas enseñan la posición del chaturanga”.

Son las casillas del ashtapada, las 64 casillas del universo acotado sobre el cual se jugaría el chaturanga. El juego incluía piezas como el rajá, el consejero, el elefante, el caballo, el carro y los soldados. Y no cabe duda de que se trataba de una batalla con piezas que eran equivalentes a la armada india de la época, de hecho, la palabra chaturanga (cuatro secciones) se refiere específicamente a dicha formación bélica.

5En el tablero de ajedrez, con sus 64 casillas, las blancas simbolizan la nada de las negras y las negras, la nada de las blancas. Yin y Yang. Cuando las blancas hacen un movimiento, comienza el juego dialéctico: mi todo es tu nada, tu todo es mi nada. Claude Shannon, padre de la teoría de la información y de la Ciencia de la Computación, cierra el círculo, un círculo que no es sagrado, ni mágico, sino exclusivamente del conocimiento, y utiliza el mini-max, un algoritmo que juega al ajedrez, que explota mi mejor realidad en función de la tuya. La metáfora se abre y pervierte el modelo del mundo, del universo, para adentrarse en el pensamiento humano, la toma de decisiones y la inteligencia. La materia se organiza aún más. Ya tendremos tiempo de explorarla, poco a poco.

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7 comentarios

  1. Señor Mochales

    El ajedrez, en contra de lo que algunos puedan pensar, es una actividad de gente muy agresiva. Pasiva-agresiva, para concretar. Es decir, de estos que nunca se atreverían a líarse a hostias en público (¡qué bochorno, dios mío!) pero que luego se van corriendo al tablero para destrozar a alguien sin que le «hagan pupa». Bueno sí, pero en el ego solamente.

    • Hola Señor Mochales. Creo que sólo estás valorando una de las múltiples facetas del ajedrez. Efectivamente, la agresividad es una de ellas, aunque hay estudios rigurosos que muestran que los jugadores de ajedrez, tanto los profesionales como los amateurs no son más agresivos que aquellos que no juegan (Avni, Kipper y Fox, 1987, Personality and leisure activities: an illustration with chess players)

      Por otro lado, las motivaciones para jugar al ajedrez son múltiples y la pasiva-agresiva puede ser una de ellas, pero desde luego no la única. Además, mira el Chess-Boxing (http://es.wikipedia.org/wiki/Chess_boxing), en donde los jugadores juegan al ajedrez y se machacan en el ring delante del público. No creo que les de ningún bochorno hacerlo… También hay teorías psicoanalíticas que encuentran en el jugador de ajedrez un comportamiento represivo-agresivo, que estarían en la línea de lo que apuntas (Fine, 1978, Psicología del jugador de ajedrez).

      Sea como fuere, el caso es que no se puede simplificar y poner la etiqueta de agresividad al ajedrez como actividad. Quien se siente delante de un tablero a resolver un problema de ajedrez está muy lejos de enfrascarse en una actividad violenta..

  2. Maestro Ciruela

    ¡Lo que me faltaba por leer! ¡Ahora el Chess-Boxing! Me parece bien el ajedrez, pero, ¿a quién se le puede ocurrir algo como esto? ¿Es que hay que hacerlo TODO en esta vida? ¿Alguien ha pensado ya en torear un mihura mientras juega al dominó?
    En cuanto al Señor Mochales, aunque es evidente que exagera -creo que a sabiendas-, es interesante el punto de vista que plantea, precisamente porque la mayoría piensan en un ajedrecista como en un ser tranquilo, pausado y con tendencia a resolver los problemas con bondadosa inteligencia.
    A mí, siempre me ha molestado la competición, Sr. Rasskin; si pierdo me sienta mal, y si pierde el otro, me siento, no voy a decir peor, pero si, triste por él. Remedando al gran Gila, pienso que la mamá del derrotado, al ir por la calle tendrá que oír abochornada comentarios tales como: «¡Por allí va la madre del que perdió la final de Chess-Boxing al perder el último alfil!

    • Diego

      Hola Maestro Ciruela, gracias por tu comentario. El Chess-Boxing es, efectivamente, algo no apto para la mayoría de nosotros… al señalarlo quería hacer ver que la pasividad-agresividad no tiene por que ser tal, la agresividad puede ser muy evidente…

      En cualquier caso, el juego tiene un componente agonista indudable y hay que estar preparado para ello. Pero, si hay algo que enseña el ajedrez es a aceptar tanto la victoria como la derrota, en la mayoría de los casos con gran sentido del humor (con excepciones notables!). No hay más que ir a un torneo y ver como los jugadores, al terminar la partida, siguen sentados en la misma mesa en la que han estado jugando durante cinco o seis horas y analizan juntos todo lo que ha pasado. Después, se van a tomar un café.

  3. Maestro Ciruela

    Vaya, pues me alegra saberlo, Sr. Rasskin. Y gracias a usted por atender mi comentario. ¡Un saludo!

  4. Txuribeltz

    ¿Habrá algún día tercera parte?. Llevo meses esperándola.

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