Eva tenía seis años más que yo y un segundo apellido de origen francés. Era morena, alta y ligeramente atlética. Me ganaba en tetas pero tampoco nadaba en la abundancia. Nos habíamos conocido en un curso sobre nacionalismo alemán del profesor Abellán. Comenzamos intercambiando apuntes y terminamos intercambiando fluidos. Me propuso ir a pasar un fin de semana al pueblo de sus abuelos, el pueblo del que procedían la mayor parte de sus recuerdos estivales. El plan era sencillo: follar, pasear, bañarnos, comer y volver a follar. Obviamente dije que sí.
.
Su abuelo materno se llamaba Francisco, aunque todo el mundo le conocía como Cisquet. Cruzó los Pirineos, siendo apenas un niño, pocas semanas antes de que Franco entrase en Madrid y se pasó los siguientes 70 años en Toulouse. Regresó a España cumplidos los 80 con la única intención de morir y, mientras esperaba turno, descontaba los días mirando al infinito sentado en una banqueta a la puerta de una vieja casa al norte de la provincia de Castellón. Dos años antes le habían diagnosticado alzheimer. Sus recuerdos se habían vuelto transparentes y la enfermedad se había convertido en una jaula que no le dejaba moverse ni comunicarse.
.
Eva hizo las presentaciones. La abuela se llamaba Simone, aunque en el pueblo le habían castellanizado el nombre y todo el mundo la conocía como la Simona. Era una mujer de carácter, aparentemente desconfiada y poco amable. Yo dormiría —dijo— en la habitación de invitados y Eva lo haría en la suya propia. No importaba mucho, dormir no era una de nuestras prioridades.
.
Francisquet se me quedó mirando. «Tienes que hablarle fuerte porque se está quedando sordo», me dijo Eva. Le pregunté cómo estaba. Quizá en alguna parte de su licuado cerebro se articulara una respuesta pero, si así fue, nunca llegó a salir de su boca. Continuó mirándome. «Hace buen día, ¿no?», añadí. Nada. Ni siquiera parecía capaz de negar o asentir con la cabeza, solo era capaz de observar. Tenía una sonrisa imperturbable a la que ni siquiera el anuncio del fin del mundo podría haber perturbado. Ayudado del brazo de Eva caminó hasta la entrada arrastrando los pies. Sus pasos eran cortos y pausados. Se sentó en la banqueta. «Le voy a poner la gorra para que no le queme el sol», dijo Eva, que siempre se dirigía a sus abuelos llamándoles de usted. «Nosotras vamos a ir a dar una vuelta por el pueblo. Luego volvemos».
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







¡Follar! ¿Y cómo os las arreglasteis para conseguirlo, pequeñas?
No capto el rollo del texto, como la mayoría de veces que te leo ni sé qué tiene que ver con Amor de Haneke. ¿Que te follaste a tu amiga? enhorabuena, cualquier cosa que escandalice a Curri Valenzuela es bienvenida que supongo que al final es de lo que va todo esto.
Todo esto va de epatar, me temo.
Joder, he acentuado los ques como me ha salido del escrotum
No digas escrotum que vas a escandalizar a Curri.
Si Eva es nieta por parte materna de Francisco, que es español, su segundo apellido por 00 tiene que ser el de Francisco y no es posible que sea francés. Tendría que ser el primero de sus apellidos el francés, en el caso de que la madre de Eva se hubiese ayuntado con un francés antes de venirse a España con su hija Eva permitiéndole a usted conocerla. Pero lo que parece más probable es que Francisco sea su abuelo paterno y usted no se haya enterado bien.
Dementegordiana es posible que yo no me haya enterado bien o es posible que la madre de Eva cambiase el orden de sus apellidos
«Comenzamos intercambiando apuntes y terminamos intercambiando fluidos» Frase de nivel, como el resto del texto. Me recuerda a los relatos de la revista Lib que se editaba cuando era niña. Para querer contar que echaste un polvo no hace falta meter a Haneke de por medio, no seas pretenciosa.
Creo que será cierto y al final todo esto va de epatar y de un pretendido ingenio que no es.
Para los que no sepan que era la revista Lib, resulta que tienen hemeroteca! http://www.lib.es/decadas.asp?in=1&niv=b
Cuando alguien lee algo se queda con lo que quiere o con lo que puede. Si tú te has quedado con que de lo que se trataba era de contar que había echado un polvo me parece bien, te doy mi más sincera enhorabuena por tu perspicacia.
«Con lo que quiere o lo que puede» dejar al lector discrepante de gilipollas está bien. Yo creo que eres tú la que no pillas la crítica y es que chirría toda la parte sexual, metida un poco a calzador…pero bueno, no vamos a perder más el tiempo con esto
En realidad está plagiando a Woody Allen, doña Curry. »Te dirá que quiere intercambiar ideas pero, en realidad, quiere intercambiar fluidos». Espero haberle sido de utilidad, doña Curry.
¿La «a» entre paréntesis significa que vas a escribir un artículo por cada letra del abecedario? Dime que no por favor.
¡Lástima que sólo haya 27 letras!
Creo que no habeis pillado lo importante del texto. La autora no nos va a explicar las historias subyacentes, nosotros somos lo bastante inteligentes como para imaginarlas. Así, no nos dice nada sobre la paradoja del abuelo que vuelve después de su exilio para no acabar recordando ni porqué se fue ni porqué volvió, ni tampoco sobre como despistar a la abuela para acabar durmiendo juntas. Y al final, un episodio que pudo haber pasado pero no pasó, en forma de pesadilla. ¿Es que hay que darlo todo masticado (explicado)?
No, nosotros intuimos con solo estos ligerísimos apuntes el drama. Que cada cual se monte su historia.
Lo único que queda claro, clarísimo, es que follaron mucho. Será porque de eso es de lo que ha venido a hablar.
Pingback: Tema 18: Amor | DiverALS2013
Pingback: Amor (2012) | CineSalud