Javier Gómez: La Final Four y el póster de Mickey Rourke

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Un directivo madridista, semanas después del batacazo en Copa del Rey frente al Barcelona, reconocía en privado cierto estupor por aquella derrota: “No nos esperábamos que algunos de nuestros jugadores fueran tan débiles mentalmente. Seguro que habrá otra oportunidad esta temporada: pero ahí tendrán que demostrar si valen o no valen; si son fuertes o no”. La oportunidad está delante de sus narices. Se disputa el viernes en el O2 de Londres. Semifinal de la Final Four: Madrid-Barça.

Los azulgrana llegan como un batallón de fusileros franceses tras la batalla de Verdún: Ingles y Sada, tocados; Jawai, casi baja; CJ Wallace y Todorovic, con graves molestias; Mickeal, retirado por una tromboembolia pulmonar… por eso sorprenden las declaraciones del entrenador Xavi Pascual: “No puedo permitirme el lujo de llorar”. Igualito que en fútbol o en política, donde todavía no se han inventado los antirretrovirales para el virus FIFA, la “herencia recibida” o la “crisis de los mercados”.

Ignoro si, como se dice, los perros se parecen a sus dueños, pero los buenos equipos siempre se parecen a sus entrenadores. Este Barça es Xavi Pascual. Un tipo de poco brillo y mucho método. Un boxeador que no persigue la mascletá pomposa del K.O., sino castigar el estómago y las costillas. Una y otra vez. Hasta que, pasados los asaltos, el aire ya no sube por las vías respiratorias y, solo entonces, conecta el golpe ganador. Un Guardiola del basket al que el barcelonismo no hace todo el caso que se merece, por cierto. Será que sus vaqueros y sus jerseys molan menos. “Lo más positivo es que la gente de la calle confía en mí”, afirmó ayer en su rueda de prensa. Del club no dijo nada.

Ese es el reto del Madrid, que se presenta  un peldaño de talento y dos de físico por encima del Barça, pero dos escalones más abajo en la cuestión psicológica. Quizás porque lo que todavía no ha logrado el equipo blanco, que ha enamorado por su juego, (pero por ahora sólo ha logrado una Copa del Rey, y conviene que se lo repitan cada día para conjurar el efecto adormecedor de los halagos), es parecerse más a su entrenador: Pablo Laso.

Mickey Rourke contaba que emplea un viejo truco del Actor’s Studio para entrar en sus personajes. Se cuelga una foto gigantesca de ellos, tamaño pared, delante de su cama. Cada vez que se levanta o acuesta, ahí los tiene, de frente, mirándole, con la expresión que mejor caracterice el rol que pretende encarnar. Ahora, en la cama de Rourke, hay un póster tamaño sábana de Gareth Thomas, el excapitán de la selección galesa de rugby, que contó con el apoyo de su entonces esposa para, recién retirado, reconocerle al mundo que siempre fue gay. Su próxima película: The Welshman.

Los jugadores del Madrid, no sé si con o sin póster frente a sus camas, han calcado al Pablo Laso que, de naranja Taugrés, cruzaba la llanura vitoriana en un santiamén a base de contraataques. Un base que Montes habría definido como “aseado”. Elegante, rápido, caballeroso y calmado en la cancha. Les falta algo fundamental: parecerse al Pablo Laso entrenador, capaz de dar dos voces y una hostia en la pizarra, exigente y peleón, afónico y vehemente. Tarea pendiente de ellos y del coach.

Laso no se ha alejado ni un centímetro de su propuesta inicial. Correr, anotar, ritmos altos… pero parece haberse dado cuenta, tras las derrotas en la ACB y Copa del Rey (un naufragio sobre todo mental de algunos jugadores, como reconocía su directivo), de que el equipo está menos armado de lo que pensaba para la batalla psicológica. Y si pierde el duelo  de cabezas, perderá también el físico y, sobre todo, el de talentos. Si se llevan esta Final Four, será gracias a Rudy, Llull o Mirotic. Pero solo porque antes el equipo habrá logrado impregnarse de la determinación de Slaughter, la voluntad de Reyes o la calma de Sergio Rodríguez, que parece haber leído a Rourke sobre boxeo: “En cualquier deporte de combate lo más importante es relajarse y respirar”.

Quizás consciente de ello, Laso ha apretado las tuercas a algunos jugadores en los últimos meses. Para recordarles que el espejito mágico de la prensa no es como el del cuento, que siempre decía la verdad. Puso firme a Mirotic frente al Maccabi. Se enfrentó al desaire de Llull en el reciente partido de ACB contra el Barça. Habló seriamente con Rudy tras una Copa del Rey en que naufragó mentalmente ante el Barça. Ha subido el nivel de exigencia mental y disciplinario para que nadie dé por tomada Omaha Beach cuando aún no ha comenzado el desembarco.

Sobre todo porque, si vencen al Barça, en la final espera previsiblemente otra horma tridimensional de un entrenador: el CSKA de Ettor Messina. El otro día, el entrenador aseguraba a Jot Down: “Podremos jugar bien o no esta Final Four, pero hemos alcanzado un nivel de solidez que me gusta. Los jugadores han entendido el mensaje”. Solidez. Ausencia de fisuras. Resucitar cuando estás jodido y agazapado en la trinchera. Rematar al rival cuanto está contra las cuerdas. Y todo, en la última batalla. Exactamente el póster al que debe parecerse el Madrid.

 

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8 comentarios

  1. Estoy de acuerdo en que al Madrid le falta solidez y convencimiento psicológico en sus posibilidades pero también hay que tener en cuenta que en la Final Four la presión suele pesar a los favoritos y muchas veces la cenicienta se sale con la suya. Jugar sin presión puede ser favorable para el Madrid, el gran favorito es el CSKA.

  2. Watanabe

    Gran analisis. Sin embargo tengo que hacer una puntualización, Mickey Rourke ha renunciado a hacer de Gareth Thomas, ya que tiene 20 años mas que éste. Suena Tom Hardy.

  3. Javier Montón Mayer

    Mickey Rourke empleando trucos del Actor’s Studio? Oh, my God! Qué poco se le nota. Que los jugadores del Madrid tomen otro ejemplo o van directos al desastre

  4. Grande Mickey Rourke!!!

  5. Pingback: La Final Four y el póster de Mickey Rourke | Artículos de Basket

  6. Pues, en mi opinión, el Pablo Laso que jugó en el MAdrid -en el Taugrés era otra cosa muy diferente- de calmado tenía poco. Siempre le veía -repito, opinión personal- un par de revoluciones por encima de lo deseado y con una especie de ansia de demostrar que su fichaje fue adecuado. Todo lo contrario de ese gran olvidado que es Lasa.

  7. Totalmente de acuerdo, gran parte del partido estará en la cabeza de los jugadores del Madrid. A ver si se les quita el complejo con el que juegan contra el Barcelona.

  8. Eddy Felson

    Comparar el juego del Barça de basket de Pascual con el de fútbol de Pep, creo que no es muy afortunado. Este Barça de Pascual ha ganado históricamente por físico y dureza mental (Tipos como Mickeal, Grimau o N’Dong saben de lo que hablo. La guinda era Navarro, claro), y los de Pep eran (¿son?) un grupo de violinistas súperdotados. Por lo demás totalmente de acuerdo con el artículo.
    Saludos

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