Dudas
Precisamente porque Manuel Antonio (Rianxo, 1900- 1930), poeta gallego, ha tenido una vida tan razonablemente fotogénica cuesta encontrar al individuo tangible tras esos intentos por hacerse una biografía. Supongo que no hace falta encontrar a nadie; incluso una buena labor del retratista o biógrafo debiera ser la de esquivar al hombre redondo que se ha hecho a sí mismo (o que lo han hecho), y nunca mejor dicho. Suele ser una redondez sospechosa, esa. Qué mejor que descomponerlo, como un mecano. No he visto más que wikipedias por ahí sobre nuestro poeta, muy razonables y ortodoxas todas. Se ha creado una coraza alrededor de Manuel Antonio. Es, como diríamos, un intocable. Hay un muy digno artículo de César Antonio Molina sobre el poeta en su libro Sobre la inutilidad de la poesía, que se sale del palabreo militante. Las cartas del poeta no aclaran gran cosa; son una extensión de su fotografía, y todo contribuye a endurecer esa costra de coherencia. Así, tenemos la pajarita de poeta, la pipa de marinero y el sombrero de ala ancha; alguna vez hubo alguien que sostuvo todos esos complementos, que observaba a la posteridad con el desparpajo aprendido en las fotos de las revistas literarias de vanguardia. Pero quiero pensar que no hay nadie, que el energúmeno melancólico y rabioso que creemos ver se ha evaporado o nunca ha estado ahí, y que es la poesía anclada en esa cáscara la que sostiene todos los versos, como si los versos necesitasen de una percha.
Ruido
Pensemos, antes de seguir, que se trata de una percha sin apellidos. El Pérez Sánchez se le ha caído al nombre. Puede que el Pérez fuese una de las primeras trabas que encuentra para ser poeta. Se quita de en medio los apellidos. Esto es lo primero que hará el poeta; antes del primer verso compone el nombre. Más ligero, todavía se ve rodeado de aldea, y la aldea es otro incordio. La aldea, como se sabe, es el punto más lejano de un centro, de cualquier centro. La aldea es un enterrarse bajo un cielo. El centro es ruidoso y el tiempo corre rápido. Octavio Paz: «La época moderna es la aceleración del tiempo histórico». Manuel Antonio asume hasta tal punto esa máxima que también en él se acelera el tiempo vital. «La vida obliga a la prisa por vivir porque el pan enseguida se pone duro», diría Ramón. Los futuristas italianos, menos metafóricos, asombrados por la velocidad de los trenes, fundan su religión, una metafísica de la turbina con mucho ruido de exclamaciones. La ciudad es la gran expendedora de novedades, y a principios del siglo XX no va a haber otra cosa que sed de novedades. El terremoto apenas llega a la aldea.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Pingback: Bitacoras.com
Interesante.
Por fin, alguien que descubre y e invita a descubrir y a disfrutar del mas grande poeta gallego de todos los tiempos.. Máis Alá sempre!!
Os invito a leerlo con cuadros de Urbano Lugrís en perspectiva y con el acompañamiento de Emilio Cao (otros artistas pendientes de descubrir)
Saúde dende Galiza.
Loceiros degolados desángrase de ouro no mar….
(Onte desangramonos nas vías …Unha aperta a todos os que sufirdes polos vosos queridos, choramos con vos)
Pingback: 29/07/13 – Variaciones sobre un poeta gallego | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real
Es el GRAN poeta gallego. Denostado por sus ideas políticas que lo enviaron al ostracismo desde las instituciones -esa RAG cuyo presidente era también delegado del gobierno-, intraducibles sus imágenes…
Por cierto, etiqueta «a coruña» aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid…
Bueno, escribió al vicecónsul que estaba en A Coruña, y Rianxo está en la provincia! ;)
«Lo que se echa en falta en este manifiesto es la absoluta ausencia de sentido del humor». Vaya, hombre. Lo que se echará en falta será el sentido del humor, digo yo, no su «absoluta ausencia», que precisamente, y por lo que se nos explica, está más que presente en él. O sea, que se dice aquí exactamente lo contrario de lo que se pretende. Un poquito de por favor, oiga, que no cuesta tanto.
Interesante artículo. Hay un par de detalles (su renuncia al ruralismo o a la vida en la aldea, y tal vez la insinuada percepción de Manuel Antonio como un «maudit» abocado al desastre o al vértigo) que son un poco borrosos, y dibujan de un modo bastante interesado la figura del autor. En cualquier caso es la figura literaria de inicios de siglo en España que con mayor calado fundió vida y obra; una obra expresada en el profundo lirismo que el pueblo gallego tiene, unido también a esa sed épica que marcó por décadas la llamada emigración y que en fondo respira un aire ciertamente mítico. El aire mítico de las sagas antiguas. En el artículo hay otros puntos un tanto cuestionables, lo cual no sería de importancia, empero dado el desconocimiento general que hay sobre Manuel Antonio (y Risco, Castelao, etc.), dar ciertas «opiniones» sobre los mismos hace que mucha gente que no los conoce use esta «opinión» como criterio de verdad, lo cual -naturalmente- es dudoso.
Interesante dislocación de la perspectiva habitual sobre Manuel Antonio. Es cierto que las biografías de personas que tocan los cimientos (culturales, identitarios, intencionales) de una sociedad suelen acabar por reducirse a una construcción extraña, casi ajena a la persona en sí, convirtiéndose (y más cuando se institucionalizan) en dogma de fe cuya contradicción es siempre entendida como blasfemia o traición. Es, sin embargo, también reductivo —me parece— el abocar la complejidad vital de cualquier persona (Manuel Antonio, en este caso) a una idea específica, más o menos argumentada, como puede ser el atribuir el viaje, la exploración y el impulso hacia ámbitos desconocidos o extraños en la cultura propia, como un intento de huída de ésta. Decir que «no era un marino que escribía versos, sino un poeta que se hizo marino para salir de su aldea y encontrarse poéticamente» es, por una parte, cortar por la mitad a Manuel Antonio; por otra, negar la posibilidad de la poesía en su cultura raíz, la de la aldea gallega, en donde mar y poesía son elementos que conviven integrados. Decir también que «la aldea, como se sabe, es el punto más lejano de un centro, de cualquier centro» en el contexto en el que está dicho implica una visión del mundo que presupone la existencia de «Un centro» (la ciudad, la «gran» ciudad) en torno al que todo gira, lo cual, de por sí, es reductivo, pues no se trata sino de una visión específica del mundo cuanto menos sospechosa de centrípeta y parcial. Es cierto que el mundo de la aldea ha estado fuertemente sometido a la presión ejercida por esa construción del mundo citadina y que ello ha ayudado a desestructurarla en gran medida, pero presuponer que un aldeano (y Manuel Antonio lo era) percibe el mundo desde ese punto de vista implica, cuanto menos, atribuir a la aldea la mentalidad de la ciudad, cosa dificilmente sostenible. El aldeano Manuel Antonio —es indudable— buscó e investigó otras realidades aparte de aquella en la que nació, lo cual no significa abandonar una para asumir otra, sino explorar las posibilidades para integrarlas en una nueva, cosa que—a mi modo de ver— hizo de manera maestra a través de su poesía.
poesía romanticista, mala de solemnidad…
otro más que sustancializa la cosa esa de la «galleguidad».
Son muy pesados en general, unos sentimentaloides espantosos de difícil digestión.
Se metían con Valle-Inclán por pura envidia, como los de después se meten con Torrente Ballester, porque claro, la «galleguidad» , esa señora, para un escritor gallego consiste en escribir en gallego, y si no no es ni gallego -que por supuesto, eso te hace ser un ser superior, como afirmaba Murguía con aquello de la «raza» galaica; paradójicamente Murguía era un señor más bien contrahecho y de pocas luces; pues menuda raza galaica es esa-.
Dedíquenle un artículo serio, de verdad, se lo pido por favor a Cunqueiro, y déjense de mandangas
Hablar de poesía romanticista en Manuel Antonio denota una falta de conocimiento muy grande de lo más esencial de la historia de la literatura.
Más allá de eso, Valle-Inclán y Torrente fueron magníficos escritores, utilizaran la lengua que utilizaran. No entiendo, en cualquier caso, la alusión cuando ni en el artículo ni en ninguno de los comentarios se hizo referencia ni valoración de ningún tipo sobre ellos.
Un saludo.
Pingback: Todas as letras galegas, no 17 de maio