Flamencos
Jerónimo Navarrete, José María Goicoechea y José Manuel Gómez, «Gufi»
Edita: Rey Lear, S. L. (2013)
Idioma: Castellano
Páginas: 320
Precio: 23,95 €
Habla Jerónimo Navarrete en la introducción de su libro Flamencos de lo inexplicable del pellizco, de eso inmaterial que es el duende, del sentir irracional y profundo, dice, que te puede llegar a provocar una música que es el flamenco.
Jerónimo lleva desde finales de los ochenta retratando rostros del toque, del baile y del cante flamenco y ahora —como ya hizo en su anterior trabajo Los ojos del flamenco (1999)— ha reunido una selección de ellos en una obra: Flamencos.
Decíamos que el duende y el pellizco son eso que un día se siente por este arte y lo identificas como algo que no has sentido nunca por ninguna música más. En esa obsesión que tenemos los humanos por querer hacerlo todo tangible, contrastable y medible, cuando se siente el duende, también queremos ponerle cara, y pies, y manos y sexo.
Si eso es lo que quiere, mirar al duende a los ojos, abra Flamencos por cualquiera de sus trescientas veinte páginas. Mírelo. Ahí está, ya lo tiene. Les presento: Duende, Lector. Lector, Duende. Unas veces el duende tiene cara de mujer, otras es hombre. A veces es gitano, otras payo. Unas veces no llega ni a los veinte y tiene granos. Otras ronda los setenta. Mire bien al duende con arrugas porque quizá en la página siguiente no las tenga.
En Flamencos hay rostros, más de ciento cuarenta, que Navarrete ha inmortalizado para nosotros, pero también hay nombres propios, anécdotas y mucho dato y reseña interesante sobre el mundo del flamenco y quienes lo hacen. La culpa de esto la tienen José María Goicoechea y José Manuel Gómez, «Gufi», que de flamenco y flamencos saben un rato largo. Y con todo lo que saben, prefieren dejarnos con ganas más que perderse en largas explicaciones melómanas. Eligen dar cuatro datos y tres apuntes para esbozarnos en una página escasa al artista que sale a escala de grises en la foto.
Flamencos arranca fuerte, ya se lo aviso. En la introducción se habla de dos grandes: Camarón y Enrique Morente. Casi ná. Y ya cogido el tono, da la llamada —como dicen los flamencos—, con D. Francisco Sánchez Gómez, que dicho así no suena a mucho, pero si digo Paco de Lucía, le conoce todo el mundo.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.





