
En mis entradas anteriores les hablé de asuntos relativos a la ciencia, pero de los aspectos más sociales. Aquí me voy a meter en harina sobre ciencia hecha por nosotros. Les voy contar un estudio que acabamos de publicar en la revista PLOS One. Se trata del tipo de experimentos que más me gustan, simples, pero que proporcionan suficiente información para entender un problema. Esta entrada, en sí misma, es también un experimento pues me da la posibilidad de poner a disposición de los lectores interesados, pero no especialistas, la información sobre uno de mis trabajos científicos al mismo tiempo que se publica para los profesionales de la ciencia.
Nuestro sistema visual es maravilloso cuando funciona correctamente. Está equipado con múltiples mecanismos que lo hacen robusto a cambios y le permiten operar bajo condiciones muy extremas. Desde pleno sol a la casi total oscuridad, percibir detalles o ligeros movimientos en los laterales del campo visual; el sistema visual es increíblemente superior a cualquier sistema de visión artificial. Y una de las causas que lo hacen posible es su comportamiento dinámico. El ojo se mueve continuamente para colocar nuestra fóvea, la zona central de la retina que nos proporciona la visión de detalles, sobre los objetos que requieren nuestra atención. Estos movimientos oculares se denominan sacádicos. Se trata de una danza continua y sin descanso.
Les voy a proponer un pequeño juego para que lo constaten por ustedes mismos. ¡Háganse una película selfie de sus ojos! Con la cámara delantera de su teléfono colocado a unos quince centímetros y enfocando a sus dos ojos, tómese un vídeo de unos segundos mientras va cambiando la dirección de su mirada de un ojo a otro. Y luego, véalo. Impresiona, especialmente si piensa que de media realizamos más de sesenta mil movimientos sacádicos como estos al día. Y aún más al saber que tras cada movimiento nuestra visión queda suprimida durante un breve período de tiempo (unos cincuenta milisegundos) en el cual nos quedamos prácticamente a ciegas, por un mecanismo que se denomina «supresión sacádica». Si sumáramos la duración de todas estas supresiones sacádicas, podríamos decir que pasamos alrededor de una hora al día sin ver, y sin percatarnos de ello. Es posible que por nuestra visión dinámica paguemos el precio de todos estos momentos inconscientes de microceguera.
Mi principal interés científico es entender mejor el papel que juega el ojo en el sistema visual. Desde el punto de vista óptico, el ojo es un sistema extremadamente simple: solo tiene dos lentes, la córnea y el cristalino, que de manera combinada forman las imágenes del mundo en la retina. Como comparación, un objetivo fotográfico puede tener más de una docena de lentes. El cristalino está suspendido en los medios oculares por el músculo ciliar, lo que le permite cambiar de forma y enfocar objetos a distintas distancias. Por supuesto, esto sucede siempre que usted sea lo suficientemente joven, antes de alcanzar la edad de la presbicia. Por simple inercia, tras cada movimiento del ojo para cambiar la dirección de mirada, el cristalino debería moverse dentro del ojo. El impacto de estos movimientos sería un emborronamiento de las imágenes en la retina, y por lo tanto de nuestra visión.
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¡Interesantísimo! Enhorabuena…
Gracias por el post. Me ha encantado, espero que escribas más
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La cosa pinta bien, lo que pasa es que aquí estamos cinco y ninguno ha entendido ni jota. ¡Otra vez será!
Vaya, lo siento. Como decia en el texto, esto es un «experimento». Sin duda, vuestro comentario me ayuda a refinar los proximos para hacerlos mas inteligibles!
Un saludo.
No creo que sea culpa tuya, más bien se deberá a deficiencias nuestras. Cada un@ llega hasta donde puede, aunque tú, piadosamente, has obviado la cuestión. Gracias.
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«nuestros resultados pueden sugerir que nuestro sistema visual desarrolló una estrategia de protección contra la degradación de la imagen retiniana durante los movimientos oculares en la que se priorizó la «microceguera» temporal impuesta por el cerebro a una visión con fenómenos anómalos por los emborronamientos que pudiera resultar confusa y molesta».
Me recuerda al intérvalo de guarda del mecanismo de acceso del 4G (OFDMA). Curioso como las tecnología va adaptando soluciones parecidas a la evolución.
Gracias por el comentario. Sin duda esto es asi muy a menudo. Las soluciones tecnologicas son «meras» copias flojas.
Releyendo mi parrafo aislado… la verdad que tiene «miga» el asunto de la micro-ceguera temporal. Para muchas cosas, mas parece que suframos una ceguera bastante permanente. Saludos.
»«microceguera» temporal impuesta por el cerebro a una visión con fenómenos anómalos por los emborronamientos que pudiera resultar confusa y molesta”.
Más que confusa y molesta, tengo entendido que nuestro ojo sufre microtrémores constantes para evitar el conocido fogging o saturación de nuestros fotorreceptores en la retina, ayudado también por supuesto, por el cristalino.
Ana. Gracias por tu muy atinado comentario. Te refieres a un asunto relacionado, que no he querido mencionar para no complicar mas la entrada.
Como bien dices, es conocido que los pequeños micro-movimientos constantes del ojo parecen necesarios para mantener la vision. De hecho, experimentos clasicos mostraron que cuando la imagen en la retina se estabiliza (se le impide que haga esos movimientos) se pierde la vision.
Sin embargo, nuestro experimento se refiere a lo que ocurre tras los grandes movimientos, que llamamos sacadicos, y que realizamos para cambiar la mirada de posicion. Es en las situaciones de fijacion (entre sacadicos) donde se produce los micromovientos que mencionas. Pero su amplitud es mucho menor aunque su papel en la vision es muy relevante.
A pesar de la dificultad del tema, creo que ha conseguido hacerlo entendible. Es algo muy especial cuando la ciencia la cuenta quien la hace, y ademas bien. Gracias y adelante. Espero otro articulo que me sorprenda tanto como este.