Un cuento francés

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Una imagen de Un cuento francés. Foto: Les Films.
Una imagen de Un cuento francés. Foto: Les Films.

Tantas veces hemos recalcado el amor que se le profesa a Woody Allen en Europa, el reconocimiento que en su propio país —nos dicen se le niega, se le escatima, se le arrebata llegado el caso de que ose acariciar una estatuilla chapada en oro, que al terminar una película como Un cuento francés (Au bout du conte, 2014) hasta el espectador más avispado, aquel que ha podido permanecer inmune a esa vanagloria de eurocentrismo, se sumirá en una disquisición genealógica sobre la gallina, el huevo y, si tiene mala suerte y lleva sus reflexiones demasiado lejos, sobre algún asunto más que le puede sumir en adicciones más o menos degeneradas, como por ejemplo suscribiese al Cahiers du Cinéma. Porque Un cuento francés, disponible en Filmin a partir del 4 de julio, resulta ser una amalgama de la filmografía más transcendental del neoyorquino, es decir, aquella en la que aborda temas como los cuernos y las ganas de poner los cuernos.

Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri se dieron a conocer al resto del mundo en el año 2000, cuando su obra Para todos los gustos fue nominada para competir por el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en la edición del año siguiente. Su última colaboración nos llegó en 2008; fue una película bastante deslavazada y sobrecargada que aquí se tituló Háblame de la lluvia. Esta vez Jaoui dirige y escribe junto a Bacri y además actúan, y ambos están espléndidos una historia sobre las dificultades de colmar las expectativas que todos alguna vez hemos depositado en el amor, y de los obstáculos que nos encontramos por el camino.

El amor, ya lo sabemos, es un cuento. Para algunos es un cuento chino, para otros un cuento salaz y para los demás un metacuento infinito que nos volvemos locos por vivir. Para Jaoui y Bacri es un cuento infantil, una fantasía divertida de la que despertamos cuando maduramos o cuando se nos cruza por delante alguien que nos revoluciona los bajos fondos. Lo que antes ocurra. Todo esto, como es sabido, ya lo habíamos visto antes expuesto de muchas maneras, pero quizá quien mejor ha sabido reflejar estas cuestiones sin perder el sentido del humor sea el viejo amigo Allen. Y en esta película tenemos muchos de sus personajes favoritos pasados por la túrmix de la grandeur. El viejo cínico, filosóficamente materialista, ególatra y hasta diríamos que asocial uno de esos hombres que solamente podemos comprender que una mujer los aguante si son los afortunados depositarios de un pollón al que en ningún momento se hace referencia que se ve sacudido por el hecho de que sea precisamente una superstición absurda la que le haga plantearse las cuestiones que cualquier persona normal afronta a diario. La pareja joven, enamorada, de hábitos casi mongoloides a la hora de dar rienda suelta a su estado como debe ser se ve sacudida por la aparición, como en un sueño (¡deus ex machina! ¡deus ex machina!), de un famoso crítico musical que, para dejar aún más claras las cosas, tiene la apariencia externa de un cruce muy loco entre Benicio del Toro y Alain Delon y la catadura moral de algún gurú de la FAES. Una violoncelista enamorada en lo que para todos es un secreto a voces. La niña tarada que lee la Biblia de modo compulsivo como respuesta a la separación de sus padres; y esa mujer que es consuelo y apoyo de todos los que se le acercan, pero que ella misma se considera incapaz de conducir un Peugeot por algún motivo psicológico que afortunadamente nos pasa desapercibido. Y hay más, pues esta es una de esas películas que hace las delicias de los críticos, porque nos da la oportunidad de insertar el adjetivo «coral» a la hora de describirla. Hay quien considerará este batiburrillo como un defecto y hay quien lo apreciará como un acierto intencionado. Además vemos besos de puntillas y escuchamos música latina para dar énfasis a los momentos de infidelidad; es decir, que hay humor para el que quiera buscarlo. Humor francés.

Sí, todo esto ya ha sido contado antes, unas veces mejor que otras, pero nunca está de más sentarse un par de horas para verlo una vez más. Porque nos sentimos solos, morimos solos, nos quejamos solos. Y si no entendemos por qué, quizá deberíamos haber prestado atención unas cuantas veces más a todas esas imágenes de un París triste y lluvioso, de un Nueva York triste y primaveral, que nos ponen delante de los ojos mientras la gente pasa y conversa y se ríe y se sienta en las butacas de una sala casi vacía a escuchar un concierto de música de cámara. Y que después se ponen los cuernos y pasan página como mejor pueden.

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5 Comentarios

  1. Franceses y humor… Supongo que naturalmente, ellos pensarán que lo tienen, claro…
    Quiero decir que cuando pienso en otros europeos aparte de los españoles, con los que compartir sentido del humor, forma de entender el cine, agudeza, sal…sólo veo a los ingleses y a los italianos. Creo que estos tres países constituyen un mundo aparte (quizá con la excepción de Grecia, aunque no conozco mucho el tema) en relación al resto de Europa.
    Solamente hay que fijarse en las series televisivas y el cine en general que hacen alemanes, holandeses y gente de por ahí. Incluyo en esto a los nórdicos, que junto a todos los otros (a pesar de estas recientes y buenas series como the killing o the bridge) constituyen para mí el claro ejemplo de falta de un hervor.
    Los franceses no llegan a tanto, porque están pegados por el sur a España e Italia, pero por el norte y el este les llega la mala influencia, esa que les mantiene en la tierra de nadie. Ni son unos pelmazos totales como los alemanes, austríacos, belgas, luxemburgueses, holandeses, etcr… ni espabilados como los ingleses, italianos, o nosotros mismos, sin ir más lejos.

  2. Estaba de acuerdo con el artículo en general hasta que he leído «uno de esos hombres que solamente podemos comprender que una mujer los aguante si son los afortunados depositarios de un pollón al que en ningún momento se hace referencia». He dejado de leer: pereza. Parece una frase inocente, pero tiene una connotación evidente.
    Jot Down, no os hace falta rebajaros así.

  3. Pues una de las reflexiones sobre el amor más diferentes y divertidas… que últimamente he visto es este libro http://concancionesdeamorysexo.com, que os recomiendo. Viendo el artículo me he acordado inmediatamente de él.. además tiene mucho de rollo francés también…jajaja… La peli la veo el domingo. Acabo de comprar las entradas

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