
Aquí seguimos, tras la primera parte.
Voy bastante a Italia por motivos personales y el mes pasado estuve en Roma donde, tras leer alarmado los signos crecientes que anticipan el cierre de Cinecittà, aproveché para visitar al fin los míticos estudios cinematográficos de la Vía Tuscolana. Seguramente no fue una buena idea: hay allí un museo bastante cuco pero pequeño e incompleto que cuenta la historia del lugar. También se puede visitar el mítico teatro 5 de Fellini y los grandes sets, uno de los cuales conserva aún un trozo de calle utilizado por Martin Scorsese durante el rodaje de Gangs of New York. Pero el lugar transmite, sí, una cierta melancolía de esplendor olvidado, de marchitez, de foto fija de un sueño perdido, de relativo abandono, todo lo cual provoca el inevitable rasgado de vestiduras a cuenta de los irrecuperables grandes tiempos del cine italiano. Pero luego vuelve uno al centro de Roma y comprueba que el gran cine italiano puede haber muerto para el celuloide, pero sobrevive en la calle. En mis cuatro días en la capital pude ver material de sobra para una gran commedia all’italiana: aquí un autobús que improvisa un cambio de ruta a petición de una viajera, más allá lo que parecen dos miembros del cuerpo de seguridad del papa charlando tranquilamente mientras degustan un helado de cucurucho minutos antes de que llegue la comitiva del santo padre; dos policías en la plaza del Panteón más atentos a las evoluciones del Italia-Costa Rica de fútbol que a los carteristas del lugar, etcétera. Basta también encender la tele para tener acceso directo a una fábrica de ideas: no solo por el permanente juego grotesco, cómico y trágico de la inigualable política italiana, sino también por increíbles sucesos de crónica negra que parecen salidos de una novela o por tristes noticias recurrentes como los derrumbes parciales en el yacimiento de Pompeya, donde una nueva modalidad de disparate saca al lugar de la trágica rutina: la escasa vigilancia del yacimiento contribuyó a que hace unas semanas alguien robara un trozo de un fresco en la Domus de Neptuno. En resumen: Italia está lista para que cualquier día un heredero de Dino Risi ruede otra versión de I mostri (1963), aquella comedia cínica y cruel que repasaba los pecados nacionales en veinte episodios independientes, algunos de ellos memorables. Hay que ser optimistas por tanto: Cinecittà languidece, pero el material temático sobrevive. También el escenario (esa Italia incorregible, frívola, caótica, genial, resplandeciente y maravillosa) conserva su apabullante belleza artística y monumental y su inagotable capacidad de fascinación. Y por supuesto, como nos recuerda la reciente La Grande Bellezza, no se concibe que Roma pierda algún día el trono de ciudad más esplendorosa del planeta:
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Pingback: Cine italiano: filmografía incompleta (I)
¡Excelente artículo!
Y a apropósito de «La gran belleza», película que ya forma parte de la historia del cine italiano, os dejo algo que escribí hace unos meses a propósito de la obra maestra de Sorrentino: http://cinedivergente.com/ensayos/estudios/la-gran-belleza
Pingback: Cine italiano: filmografía incompleta (y II)
Por mi parte y sin dudar encuentro a faltar a Gianni Amelio y » Il ladro di bambini» y «Lamerica».
Y tambien a Giuseppe Tornatore, con Cinema Paradiso y la reciente «La mejor oferta»
No deja de resultarme chocante que a Tornatore se le mencione tan de pasada. Es cierto que de Cinema Paradiso se ha hablado mucho (y no gusta a todo el mundo), pero no más que de muchas de las aquí nombradas, y además Tornatore tiene más películas interesantes.
Hecha esta reseña, debo decir que agradezco mucho ambas partes del artículo.
Buenísimos ambos artículos. Un repaso muy interesante de la que es sin duda una de las grandes filmografías del mundo.
En serie B, comedia erótica: la gran Edwige Fenech.
Por cierto, acabo de leer que Tarantino es «su incondicional fan». En mi caso no es por su faceta de horror sino por lo dicho arriba.
Los artículos, excelentes. Para los que amamos el cine, y sobre todo Italia.
He disfrutado mucho la lectura, y apenas habré visto una tercera parte de la filmografía aquí citada.
Y los créditos finales es un gran acierto.
Gracias por los momentos.
hola,
recomiendo, y hacerme caso, perfume de mujer con vittorio gassman . el remake, esencia de mujer, con al pacino bastante sobreactuado , peor en mi opinion.
Respecto a Antonioni he de decir que el factor Sala para mí fue fundamental.
Por ejemplo, La notte la vi en un cine enorme (como eran los cines entonces) y que en él había unos cuantos chavales que se dedicaban a lanzar pullas y a hacer comentarios hirientes a pleno pulmón. Y claro, así no había manera. No obstante el impacto visual fue tremendo.
Distinto fue el caso de El eclipse y sobre todo El Grito que vi sin ninguna información previa, virgen de toda consideración. Fue absolutamente demoledora.
I Mostri. El Testamento di Francisco.
Grande Gassman
http://www.youtube.com/watch?v=_tPBlJu4rjM
Lo uomo del le selle. Mi favorita.
L’uomo delle stelle es, para mí, superior a Cinema Paradiso. Maravillosa y hermosísima.
Las mejores películas del cine italiano son las mías: http://pictures2.todocoleccion.net/tc/2010/03/05/17934160.jpg
Pan, amor, fantasía y buenos artículos como éste. ¿Para cuando uno sobre Mastroiani, solito para él?
y qué decir de Valentina Nappi!
j
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Hablando de Pasolini, Habrá que ver el biopic de Abel Ferrara.
http://www.youtube.com/watch?v=iOVDmHmisQw
Es esencial hablar de Antonioni, el más experimental y atrevido de los grandes cineastas italianos, y artista e intelectual de talla. Pero el repaso que se ofrece aquí de su filmografía se queda muy corto.
Antonioni rueda una primera película neorrealista (Gentes del Po, parcialmente perdida) en 1943, pero su primer largometraje comercial fue Crónica de un amor, con Lucía Bosé, que Noel Burch considera una obra maestra. De similar nivel es la desgarradora La dama sin camelias (1953, también con Bosé), y fresca y modernísima, Las amigas (1955), que anuncia el Antonioni futuro. El grito (1957) es su última gran película de los 50, pero no hay que olvidar que la deliciosa comedia de Fellini, su primera película, El jeque blanco (1952), una de las favoritas de Woody Allen, cuenta con una historia del propio Antonioni, a quien nadie asociaría con la comedia ¿verdad?
La fama le vino con La Aventura (1960). Aunque otras películas anteriores contienen elementos del Antonioni maduro, esta es su primera película marca de la casa. Resuelta desconcertante, pero también fascinante. En Antonioni la imagen va por un lado y el sonido (y los diálogos) por otro. Es casi cine mudo, en buena medida documental, en parte poético, y solo marginalmente dramático. De La Noche (1961) resultan fascinantes esas largas escenas rodadas de un tirón, sin palabras, o donde estas no tienen sentido alguno. Por ejemplo, las escenas diurnas, agobiantes a pesar de la luz, que contrastan con la larga noche que ocupa la segunda mitad de la película: el paseo de Moreau sola por las calles de Milán, incluidos los extraños cohetes, o la visita al hospital del principio. De El Eclipse (1962) podemos quedarnos con la secuencia de la bolsa, el paseo nocturno por el EUR o el agobiante principio con Paco Rabal, además del famoso final.
Desierto rojo (1964) introduce el color, y lo hace de forma poco convencional, arriesgada, creativa y sorprendente. Los colores de los objetos están modificados artificialmente (frutas petrificadas, árboles blancos) para mostrar el estado mental de la protagonista.
Blow-Up (1965) es la más fácil de sus películas, creo, rica en significados y cargada de simbolismo. Pero es cierto que El Reportero (1975), película favorita de Jack Nicholson, quien la compró, restauró y reeditó, es quizás tanto o más seductora. Atesora una de las secuencias de cierre más famosas y sofisticadas de la historia del cine. Zabriskie Point (1970) fue la más cara rodada por Antonioni, y pincha debido a su elección de actores no profesionales, que lastran sin remedio la película, aunque quién puede olvidar la famosa secuencia final de la explosión a cámara lenta con música de Pink Floyd.
El misterio de Oberwald (1981) presenta experimentación con la manipulación del color, pero en sí misma es una película que pudo haber filmado el mismo Visconti. Una delicia decimonónica.
Identificación de una mujer (1982) fue su última película antes del ictus que acabó con su carrera, y es una película compleja, sofisticada y fascinante.
Muchos años después pudo conseguir poner imágenes a algunos de sus relatos poéticos en las tres historias de Más allá de las nubes (1995), rodar un corto que formaba parte de la película-homenaje Eros (2004) -turbador- y el corto La mirada de Michelangelo (2004), fascinante reflexión puramente visual sobre la forma, la luz y el genio.
Maravilloso artículo! Decidí leerlo hace unos meses y lo vuelvo a releer ahora. Para aprender y seguir aprendiendo.
Mi humilde pedido al autor: Parte 3, parte Bis, relegados, B-sides, Llamalo como quieras, este tema merece aunque sea una parte más!
Saludos calabreses
Gracias por los artículos. Los años 50/60/70 son los grandes del cine italiano, pero también de muchos otros cines: el japonés, el francés, el polaco, el checo, y por supuesto del norteamericano . La cita del cine de Rohmer la dice el personaje que interpreta Gene Hackman en Night moves, de Arthur Penn. Dudo mucho que Woody Allen la dijese. Saludos. Muy bueno, por cierto, el repaso del comentario de Rubén Baena a la carrera de Antonioni. Como película entera, me quedo con El grito y El desierto rojo, y luego son momentos, como bien dice Rubén.
Rubén Osuna, perdón.
Excelente artículo. Realmente echo de menos hablar un poco más de G.Tornatore ya que para mí es un director que ha hecho grandes películas no solo Cinema Paradiso, representa muy bien el contexto siciliano de donde es.