Se busca actor, no sujeto a criterios estéticos definidos. Tendrán prioridad aquellos con rarezas físicas tales como extremidades desmedidas o bisojas miradas. Capacidad retentiva no exigida, sus líneas de guion —de haberlas— cabrán en un post-it. Imprescindibles posaderas pacientes porque pasarán más tiempo en el set de maquillaje que en el de rodaje. El seguro no cubrirá las molestias físicas derivadas de acarrear las prótesis y postizos que le sepultarán. Absténganse soñadores con el Paseo de la Fama: difícilmente le reconocerán después de esto. Saldrá en los luminosos de medio mundo y venderemos merchandising con su rostro, o con lo que quedará de él. Empleo perfecto para anhelantes de anonimato en la panadería.
Nunca sucede así, pero en un ejercicio dramático este podría ser el hipotético reclamo al que acudieran, años ha, Kevin Peter Hall, Bolaji Badejo o Haruo Nakajima. Lo ideal sería que a ustedes estos nombres les sonaran a chino, para que el golpe de efecto funcione al desvelar que en realidad hablamos de mitos de la envergadura de Predator, Alien y Godzilla; bicharracos bajo los que tal vez no se hayan preguntado si existía un tipo, o simplemente lo accionaba la mecánica o la informática. Pero sería una zafia manera de enmascarar lo que no es otra cosa que un reducido recopilatorio sobre enmascarados. Sobre los hombres que sudaron sangre bajo el icono, que arrastraron prótesis y se intoxicaron con colodión para dar vida a la ensoñación monstruosa que en pantalla pisoteaba ciudades o se tapizaba entre las sombras. A veces supimos su nombre y coronaron el Olimpo de nueve letras en el monte Lee, otras vivieron en el limbo ignoto de los títulos de crédito. Y con suerte, en algún making-off. Muchos acabaron devorados por su propio monstruo, pagando el préstamo de su invisibilidad para preservar el embrujo.
En tiempos en los que la magia es sinónimo de motion capture, levantemos el disfraz y recordemos quién estaba en sus tripas, luchando por ser algo más que un títere, aspirando a que viéramos la luna, como contaba Peter Brook. «Un día Yoshi Oida contó el dicho de un viejo actor Kabuki: «Puedo ensenar a un joven actor el movimiento de cómo señalar a la luna. Pero desde la punta de su dedo hasta la luna, es responsabilidad del actor»». Y Yoshi añadió: «Cuando actúo, lo que importa no es si mi gesto es hermoso. Para mí solo hay una cuestión. ¿Vio el público la luna?».
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La foto de Nakajima es perfecta, enternecedora.
A mí no me la pegan ustedes… Ese señor es, o era, José Luis Cantero Rada, «El Fary».
Bolaji Badejo falleció en el año 1992 según Imdb de un tipo de anemia a los 39 años de edad.
Oiga usted. Y Lon Chaney Sr. y Ron Perlman ¿Donde se los deja en esta lista?
«la falta de ventilación hacía de la experiencia algo cercano a follar debajo de un plástico en mitad de los Monegros en agosto.»
¡¡Mmmmmmm…!! Casi, casi, me he puesto cachondo…
Ni una mención a (en pie todos, les ruego) Javier Botet? Grandísimo actor, sepultado o no en latex, puro terror en tantas ocasiones!
Hola, el artículo se parece mucho a este otro:
http://cinemania.es/noticias/el-hombre-detras-del-monstruo-actores-bajo-la-piel-de-criaturas-de-pelicula/
Por lo demás, interesante.
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