Spoiler

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Juego de lágrimas. Imagen: Miramax Films.
Juego de lágrimas. Imagen: Miramax Films.

Pene

En 1992 Neil Jordan estrenó Juego de lágrimas, una película en cuyo reparto figuraban Forest Whitaker, Stephen Rea y Miranda Richardson. Pene. El thriller, centrado en un miembro del IRA llamado Fergus (Rea) y su participación en el secuestro de un soldado británico, recibió numerosas alabanzas de la crítica aunque hubo quien se atragantó con la versión disneyficada de un terrorista. Pene. La canción que bautizaba a la película era interpretada por una chica llamada Dil, a quien el protagonista trataba de proteger y de la que finalmente acabaría enamorado. Pene. La producción de la película sufrió la negativa de muchos estudios al considerar que un punto fundamental de su reparto era imposible de satisfacer con éxito. Tras una financiación accidentada se estrenó en el Reino Unido e Irlanda y fracasó en taquilla, pero Miramax compró la historia para llevársela a las Américas y basó su promoción en rogar al espectador que no revelase a nadie el gran secreto que ocultaba la película. Pene. Juego de lágrimas en su ruta americana recaudó más de sesenta millones de dólares, fue nominada a seis premios de la Academia (incluido el de mejor película) y acabó volviendo a casa con la estatuilla al mejor guion original. El plato gordo y principal, el mango de la sartén, era una triquiñuela del guion inesperada que el público no había podido predecir, un «¿Pero cómo coño no me he dado cuenta?» enfundado en un vestido, un secreto tramposo de los de las películas. [OJO, SPOILER] El personaje de Dil, el interés romántico, la chica que cantaba «The crying game», en realidad era un hombre. Y un desnudo frontal se lo descubría al público al mismo tiempo que al protagonista de la historia desengañando a ambos. Las que para Fergus eran curvas peligrosas de repente incluían un inesperado accidente geográfico. La que para la audiencia era actriz de golpe era un actor. [FIN DEL SPOILER] En teoría es mejor enfrentarse a Juego de lágrimas sin tener ni idea de ese giro de guion pero en la práctica es imposible porque todo el que ha oído hablar de la cinta, aun desconociendo realmente la trama, está al tanto de su secreto.

Hay quien considera que no es justo revelar un momento crucial de la obra en un texto público. Existe la alegación de que eso es malsano y trapero porque destroza la experiencia que se pretende. En el artículo «Year of the dog», publicado en marzo de 1993 en New York Magazine, William Goldman, novelista y guionista a quien la humanidad le debe las versiones en papel y celuloide de la indispensable La princesa prometida, esparcía unas cuantas letras para hablar de los Óscar. Y de paso aprovechaba para soltar un spoiler como una mezquita al cascar con alegría el detalle más importante de Juego de lágrimas. De hecho, Goldman mandaba a paseo a todos los que se contenían en otras reseñas contemporáneas, y rubricaba un tren de falos: «Pene, pene, pene, pene, pene», escribiría como quien ametralla. Pero existían razones que justificaban su comportamiento: por un lado Goldman creía que si tras las dieciséis semanas que la cinta llevaba en cartelera alguien aún no se había molestado en ir a verla esa persona no era un diehard fan del cine y le daría un poco lo mismo. Por otro lado, y quizá más importante, Goldman había visto la película dos veces y reconocía haberla disfrutado más en la segunda ronda, porque según él todo funcionaba mejor si se conocía el contenido del paquete: «Juego de lágrimas tiene el guion más tramposo que he visto en un film de calidad, pero cuando el secreto es desvelado por fin la película permite mostrar su verdadero corazón». Al margen de sus argumentos existía una tercera razón que podría defender la actitud del novelista y esta era la lista pública de candidatos al Óscar. Jaye Davidson acababa de ser nominado por su papel en la categoría de mejor actor secundario. Y Davidson era un actor masculino interpretando a un personaje femenino, el género de la propia nominación de la Academia se convertía en el mayor spoiler que sufría la película.

En lo que respecta a estas líneas y aquellas lágrimas no habría que preocuparse demasiado porque aquí, siguiendo las más estrictas normas de netiqueta, se ha tenido la decencia de avisar sobre el spoiler antes de escupirlo durante el primer párrafo. Y de todos modos, si alguien a estas alturas tiene alguna queja porque le spoileen Juego de lágrimas lo mejor sería recordarle que, coño, ha tenido más de veinte años para ver la película.

No se lo cuentes a nadie

En 2010 Matthew Prichard se conectó a internet y poco después se cabreó con Wikipedia. Aquel enfado era una herencia en diferentes sentidos: por una parte era genética, puesto que su abuela ya había pasado por similares situaciones de encabronamiento con algún artículo. Pero por otro lado era literal porque esa misma abuela, una tal Agatha Christie, le había regalado a Prichard durante su noveno cumpleaños los derechos de La ratonera.

La ratonera es la pieza de teatro con el periodo de vida más largo de la historia. Está basada en una obra radiofónica que se convirtió en un cuento corto y posteriormente en libreto teatral. Comenzó a representarse en 1952 con tanto éxito como para continuar sobre los escenarios hasta el día de hoy, donde carga con más de veinticinco mil funciones a sus espaldas solamente en el Reino Unido. La pieza es un whodunnit clásico, con personajes encerrados, asesinatos y mucho sospechoso. Obviamente la gracia principal es señalar al asesino, aunque en este caso la revelación del auténtico culpable es presuntamente inesperada y eso es lo que ha otorgado fama a la representación. Y por eso mismo, para evitar que la identidad del villano fuese desvelada, la obra incluía una serie de normas extremas: limitaciones para su representación más allá del teatro donde lleva realizándose desde los cincuenta, un veto a que la historia original sea publicada en papel en el Reino Unido, la prohibición de realizar ninguna adaptación cinematográfica hasta que la representación original no haga una pausa superior a seis meses, y en lo personal el cabreo de Agatha Christie si alguien se atreve a explicar el final en alguna reseña o medio público. Por culpa de ese legado al nieto le sentó fatal ojear la Wikipedia cuando descubrió, en la entrada en inglés de The mousetrap, que en ella se revelaba la identidad del asesino. Prichard se quejó amargamente, pero desde Wikipedia alegaron que como la empresa trataba de cultivar el carácter enciclopédico (y la página había decidido no plantar señales de advertencia ante los spoilers) le tocaba aguantarse. Realmente era un poco tonto enfadarse por aquello, ya que el propio énfasis de la función en preservar su final sorpresa jugaba en su contra: si el espectador tenía el conocimiento de que existía una voltereta al cliché de la novela de misterio le resultaba más fácil señalar al villano. El desenlace de La ratonera acabó convirtiéndose en el secreto que todo el mundo conocía, a pesar de que los actores despedían cada función rogando a su público que no contara el final a sus conocidos.

Foto: DP:
Foto: DP.

Alfred Hitchcock también jugaba a la súplica y en algunas proyecciones de Psicosis se podía escuchar un mensaje del director: «No le cuenten el final a sus amigos, es el único que tenemos». Aunque Hitchcock llevaba la preservación del misterio hasta la obsesión: llegó a comprar todos los ejemplares que pudo del libro en el que se basaba el film e instauró una política de «Prohibido entrar tarde a la sala» en los pases para que nadie llegase con retraso a la butaca y se preguntase dónde estaba Janet Leigh. Las diabólicas (1955) tampoco permitía el acceso a la proyección de manera tardía y la propia función acababa con un mensaje que rogaba al espectador no desvelar la trama a conocidos. La mala semilla y Testigo de cargo finalizaban sus proyecciones con un mensaje similar. Y más recientemente La Lego película presentaba un spot televisivo que rogaba a la audiencia no revelar su final. Este último era un caso maravilloso ya que, al contrario de La ratonera, el golpe de efecto era mucho más sonoro por inesperado: nadie se podía imaginar que en una película de Lego los guionistas se marcasen un twist ending que no solo dejaba en bragas al M. Night Shyamalan reciente, sino que además aportaba coherencia a todo lo que había ocurrido hasta entonces y eso, cuando estamos hablando de una historia sobre juguetes cantarines, tiene muchísimo mérito.

Spoiler

A lo largo de la historia la humanidad ha resultado ser especialmente creativa a la hora de encontrar métodos con los que joderse a sí misma. El spoiler es uno de los más recientes y sociológicamente interesantes por nutrirse de un mundo paralelo al nuestro: el de la ficción. En otros tiempos las ofensas se saldaban visitando con un ejército el pueblo de alguien y tirando un par de antorchas sobre el tejado de la cabaña con pinta de estar más seca. Pero hoy basta con escupir el desenlace de una película, o la identidad del próximo personaje de Juego de tronos que enfriará el culo en el nicho, para fastidiar la existencia de alguien y hacerle sentir que está calcinando su tiempo de ocio. Porque el camino que lleva a un destino incierto parece menos importante que el hecho de encontrar dicho destino convertido en cenizas.

La primera vez que la palabra spoiler se presentó en sociedad con el significado que nos ocupa fue en un texto de 1971 de Douglas C. Kenney en la jocosa National Lampoon. El artículo se titulaba «Spoilers» y consistía en un glosario ordenado de obras de ficción cinematográficas y literarias junto al destripe del secreto principal de cada una de ellas, sin protección y a pelo. La excusa era erradicar la tensión generada por el suspense en unos tiempos en los que los corazones de los americanos estaban demasiado sensibles y Kenney aconsejaba leerse las páginas una y otra vez hasta aprenderlas de memoria para estar frescos cuando tocase enfrentarse a cada pieza.

El planeta de los simios. Imagen: 20th Century Fox.
El planeta de los simios. Imagen: 20th Century Fox.

Spoil me

La carátula del DVD de El planeta de los simios utiliza el revelador plano final de la Estatua de la Libertad en formato ruina, algo visualmente potente pero miserable en espíritu teniendo en cuenta que es la gran sorpresa del film. También tiene bastante sentido quejarse de la cartelería de Nivel 13, Carrie, aquella portada de Quarantine (ese remake/fotocopia americana de Rec) que utilizaba el último plano del film, algunos carteles de El juego de Ender (en algún caso coronados con la frase «Esto no es un juego») o el poco afortunado póster japonés de La cabaña en el bosque, que aireaba el regate de géneros que hacía la película. Muchísimo más sutil resultaba una carátula concreta (de las muchas que hay) de Sospechosos habituales que, quizás por mero azar, contaba un secreto con dos taglines promocionales: la frase superior sentencia un «No coincidence» y una ojeada a la fila de sospechosos revelaba que el único actor cuyo nombre coincidía con su personaje era Kevin Spacey. La frase inferior remataba con «in the last place you see», ¿quién se encontraba en la última posición de la fila?

Con Dark City nos encontrábamos con un nuevo nivel de troleo, la propia película en su monólogo inicial explicaba que ciertos extraterrestres andaban embrollando las cosas a lo loco, algo que el guion prefería guardarse hasta más avanzada la historia. La culpa en este caso era del estudio que, dudando de la inteligencia del público para asimilar un argumento, decidió pegar en el prólogo un diálogo que tenía lugar mucho más adelante. Los fans de la cinta de Alex Proyas (y el propio realizador, quien descontento con esta versión editaría más adelante un director’s cut) recomendaban al que se acercaba por primera vez a la ciudad oscura darle al mute o taparse los oídos durante los primeros segundos de metraje para al menos vivir con un poco de intriga.

Horrible era el caso de aquella Rosemary’s baby de Roman Polanski a la que el departamento de marketing español decidió traducir su título como La semilla del diablo. Horrible porque si tienes una historia cuya sorpresa es que Rosemary se preña de Satán es mejor no spoilear el asunto del parto demoniaco en el título ni tirando de metáforas. Por algo en el resto de países hispanohablantes la cinta se llama El bebé de Rosemary, no era tan difícil. Del mismo modo resulta cuestionable que por estas tierras Victory se convirtiera en Evasión o victoria, High noon en Solo ante el peligro o Love and death en La última noche de Boris Grushenko. Pero la verdad es que estamos hablando de un país en el que uno de los miembros del Gobierno cascó el final de Los otros durante un debate televisado en el Parlamento, probablemente consiguiendo que Alejandro Amenábar plantase de golpe un maravilloso ladrillo, así que podemos considerar lo de reventar los finales como una costumbre autóctona.

La posición de honor la ocupan los tráilers promocionales, los cuales hace tiempo que se convirtieron en un «Ya no hace falta que vea la película» berreado en la sala. La Carrie clásica se anunciaba mostrando las muertes más importantes y lo mismo ocurría con el material publicitario de la saga Destino final. La hija del general, Doble traición, Pesadilla en Elm Street o Rocketeer se destripaban por completo en sus tráilers oficiales, Aflicción mostraba la escena más importante en su avance, Arlington Road desvelaba la identidad del vecino. Incluso el tráiler de Solo en casa descuartizaba la peli: todas las trampas caseras desfilaban por la promo. Realmente hay ejemplos a patadas. Con The amazing Spiderman 2 el estudio se emocionó tanto enviando adelantos que alguien en internet decidió reunir todo el material y editarlo en orden para crear una pieza de veinticinco minutos de algo que ni siquiera se había estrenado. En el caso del cine de comedia estos anuncios han acabado convirtiéndose en un truco para identificar la chispa: si en todos tráilers disponibles de una película cómica se repiten los mismos chistes es muy probable que esos gags sean los únicos graciosos de la película. El clásico «Todos los chistes buenos salen en el tráiler».

Y por último está el merchandising oficial en cualquier formato, que directamente asesina la sorpresa. Meses antes de que Oz, un mundo de fantasía (2013) llegase a los cines Disney tenía en su catálogo una taza de desayuno gritando bien claro que Mila Kunis era la Malvada Bruja del Este.

Spoilt, de Olly Moss.
Spoilt, de Olly Moss.

Vivir sin miedo

Jonah Lehrer, articulista de Wired, reconocía en un texto titulado Spoils don’t spoil anything que se había aficionado a la lectura de novelas pulp de misterio y asesinatos enfrentándose a ellas de una manera poco usual: leyéndose primero las cinco últimas páginas del libro, esas que desvelaban quién era realmente el asesino aunque aquello en ese momento no tuviese demasiado sentido. Y a continuación enfocaba la lectura a la manera clásica, descubriendo que disfrutaba mucho más de la experiencia al conocer de antemano el gran final. Lehrer renunciaba a la sorpresa del último momento, se perdía el instante en el que se destapa la pastelería porque le resultaba mucho más entretenido ir descubriendo cómo se fraguaba poco a poco la tarta de la fiesta sorpresa. Su artículo apuntaba a un curioso experimento llevado a cabo por Nicholas Christenfeld y Jonathan Leavitt en la UC de San Diego en el que se propuso a varios estudiantes la lectura de diversas obras cortas con giros y sorpresas más o menos destacables. Una parte de los lectores se enfrentaría a las historias tras comerse un spoiler directo en un prólogo añadido, otros se encontrarían con un spoiler camuflado en las entrañas del texto y otros tantos llegaban a las obras sin previo conocimiento de nada. Una vez leídas, los participantes debían valorar cuánto habían disfrutado de cada obra. Lo curioso fue el resultado: los que acabaron más satisfechos con las ficciones eran quienes habían sido spoileados.

Las conclusiones de Lehrer son interesantes: el spoiler es una preocupación obsesiva de la actualidad y en el fondo cualquier tipo de género es un spoiler en sí mismo. Nadie espera que en una película romántica Meg Ryan acabe de golpe repasando el frontal de un camión con los morros aunque la insoportable Ciudad de ángeles tratara de decirnos lo contrario. El héroe gana, el competidor alcanza la primera posición, el villano muere, la pareja se enamora, el mundo se salva y el género ya te ha descubierto el final del cuento. Lehrer también razonaba que el hecho de conocer el desenlace no significa que no exista ninguna otra sorpresa durante el viaje, y que en el fondo las sorpresas son más divertidas de planificar que de experimentar.

Y al margen de todo esto nos encontramos con los hábitos de consumo de la sociedad actual, su velocidad de deglución y su voracidad por lo que se supone más interesante. Saber que Dumbledore la diñaba en una entrega de Harry Potter probablemente impulsó más beneficios que pérdidas en las ventas gracias a los curiosos. El cine de Shyamalan inicialmente se vendía a golpe de twist end hasta tal punto que la ausencia de ellos llegaba a parecer un giro de guion. En la televisión las series clásicas suelen anunciar la muerte de un personaje —sobre todo si en la propia serie el casting no es muy de morirse— con antelación para congregar audiencias. Incluso spoilear es obligatorio en el concurso ligero: Pasapalabra anunciaba al ganador del rosco final antes de que el programa en el que aquello ocurría fuese emitido. El suspense diario nivelado a cero pero la audiencia del día elevada a las alturas.

Finales de 2014 y nosotros ahogados en nuestros ridículos problemas de mundo civilizado entregado al ocio. Y es que resulta hasta gracioso que hoy en día lo único que realmente pueda temer el ciudadano medio sea entrar en el siguiente link, una campaña publicitaria fabulosa de Netflix basada por completo en la idea de autospoilearse para disfrutar, y encontrarse jugando con seis balas a una ruleta rusa de spoilers:

Sed valientes, regaladle un click a esto. OJO, SPOILER.

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20 comentarios

  1. The Hoff

    No lo he leído, gracias por avisar.

  2. Anuska

    Yo lo he leído entero. Y ahora le doy al link! ;)

  3. Horacio Montelimar

    Siempre me ha parecido de cortitos el basar la grandes expectativas sobre un film o lo que sea, en desear ser sorprendidos por su desenlace. A mí me importan un bledo las supuestas «sorpresas» finales o intermedias, lo que quiero es disfrutar de las muchas cosas que una película puede ofrecer en el transcurso de su desarrollo; labor actoral, diálogos, fotografía, iluminación, guión, atrezzo, etc, etc… Lo otro es comprensible hasta cierto punto, pero infantiloide, no nos engañemos.

  4. Karlsterio Kovas

    En un episodio de los Simpsons (ahora acuérdate de cuál, como hay pocos…) hay una escena en la que el personaje del alcalde Quimby se sube a un estrado a dar un discurso y lo primero que suelta es… el spoiler de «Juego de Lágrimas». Tócate los penes. La reacción de los habitantes de Springfield fue totalmente lógica: tras la fatídica frase pronunciada por Quimby (lo soltó con elegancia, con solo una frase, como debe ser todo buen spoiler) el populacho dedicó una sonora pitada a su político corrupto favorito.

  5. Roberto

    «A: ¿En qué andan? B: Arrendamos ‘Sexto sentido’ A: ¿Esa donde Bruce Willis estuvo muerto todo el rato?»

  6. Pablo

    Siempre me hizo mucha gracia aquel sketch de «HomoZapping» en el que presentaban «La Pasión de Cristo», y decía la supuesta presentadora que ella tenía un crucifijo pero no lo había llevado por no desvelar el final… XD

  7. Saulo Starr

    Una manera de autospoilerarse inconscientemente a uno mismo que me ha sucedido es entrar a http://www.imbd.com mientras estás viendo una serie porque quieres saber el nombre de algún actor que te suena y descubrir que tal personaje protagonista solo aparece en 7 episodios de los 8 que tiene la serie. Vamos, que lo han matao en el penúltimo :(

  8. La hora de Ving Rhames

    Hay una leyenda urbana según la cual, el film «Psycho» de Hitchcock fue traducida en portugal como «La madre era él».

    ¿Alguien puede confirmarlo-denegarlo?

  9. El giro final de «El sexto sentido» no lo vi venir, pero el de «Juego de lágrimas»…me pareció evidente desde que aparece que era un tío.

  10. Amalia Rodrigues Ronaldo

    Como é, caro rapacinho, e que foi porque naquela época era um serva a cargo de comissões e de cinema títulos de censura e saliome del higo facerlo asin. Esclarecidao el tema, senior?

  11. Epicureo

    Mi experiencia más grave de espoiler fue el del final de la cuarta temporada de Dexter; apareció en un blog de adecuado nombre. Y la verdad es que no empeoró mi disfrute del capítulo: lo transformó, eso sí. Lo que habría podido ser un simple thriller que acaba mal se volvió una tragedia griega, en la que uno sufre pensando que al héroe le espera el destino fatal que tiene predestinado. Tuvo su punto.

    A los auto-spoilers podéis añadir el de la muy mentada Interstellar (los que no la hayan visto pueden dejar de leer, ESPOILER). Inexplicablemente, en la primera parte de la película salen de vez en cuando unos ancianetes hablando a cámara, como si fuera un documental, diciendo que así de mal estaban las cosas cuando eran niños y blablabla. Gracias Nolan, ahora sabemos que la crisis se supera y la humanidad se salva, si no podría haber habido algo de tensión dramática.

  12. Jozeph

    El peor spoiler que me puedo imaginar es el Twin Peaks… son dos experiencias muy diferentes ver la serie sabiendo quien asesinó a Laura Palmer… las dos son muy buenas, pero hay que experimentarlas

  13. Pingback: ¿Cuál ha sido la palabra más manoseada del año?

  14. A mí me gusta ver una película sin saber cómo acaba, y luego, si me gustó, sabiendo cómo acaba, para comparar de cuál de las dos maneras me gusta más.

    Si al listillo de turno le da la gana, me arrebata la oportunidad.
    ¿Con qué derecho? Con ninguno. ¿Con qué excusa? Me da igual, NUNCA es necesario destripar una película para hablar de ella. NUNCA.

  15. Pingback: Shyamalan y los spoilers | pmpa01eav

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