
Una de las cosas de las que presumía Guardiola en su último año en el Barcelona era la increíble racha de semifinales que llevaba el equipo en Liga de Campeones: cinco consecutivas que llegaron a ser seis al año siguiente con Tito Vilanova y la debacle de Múnich. Pep sabía de lo que hablaba porque había visto al equipo venirse abajo en los momentos clave, en eliminatorias en principio sencillas, abrumado por la exigencia del entorno y la «maldición» que durante años persiguió al Barcelona en la principal competición europea.
Los desencuentros del Barça con la Copa de Europa empezaron en 1960, cuando llegó a la semifinal contra el Real Madrid pero no pudo oponer resistencia alguna (3-1 en el Bernabéu, 1-3 en el Camp Nou). La siguiente participación fue al año siguiente, en 1961, y coincidió con una de las decepciones más grandes de la historia del club: el equipo de Ramallets, Evaristo, Kocsis, Kubala, Czibor y el joven Luisito Suárez llegaba a la final contra el Benfica de Eusebio y compañía. Berna se llenó de aficionados barcelonistas confiando en triunfar en la competición que su máximo rival había ayudado a crear y que venía dominando desde la década anterior.
A los veinte minutos, los azulgrana ya iban ganando 1-0 con gol de Kocsis, pero de repente llegó el caos: empate de Aguas, gol en propia meta de Ramallets, cuatro tiros al poste y una ansiedad desbordada que derivó en el 1-3, ya mediada la segunda parte, resultado que solo podría ser aliviado por un postrero gol de Czibor. La primera de las dos Copas de Europa de Bela Guttmann en el Benfica, un hombre que siempre tuvo el destino de su parte.
Aquella derrota fue el presagio de años horribles para el Barcelona. Tan horribles que hubo que esperar catorce temporadas para volver a jugar una Copa de Europa, con Johan Cruyff de estrella. El equipo venía de ganar la anterior liga con 0-5 incluido en el Bernabéu y se postulaba como uno de los favoritos para acabar con el dominio absoluto del Bayern de Múnich. No pudo ser. En semifinales, se cruzó el Leeds, aquel Leeds que ese mismo año se había reforzado con Brian Clough como entrenador y lo había acabado echando a los cuarenta y cuatro días. «Hoy es un día triste…», dijo Clough en rueda de prensa cuando le comunicaron su destitución, «… triste para el Leeds, quiero decir».
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articulazo, enhorabuena. Me encantan vuestros articulos del fútbol de los 90, una gozada. Mil gracias
Pingback: Cuando Bakero ganó la primera Copa de Europa en Kaiserslautern
Una de las cosas que más recuerdo era el eterno mensaje de Cruyff que mandaba al Madrid de Antic, «van ganando pero no juegan bien ya perderan». Y esa treta le salió bien, de tanto repetirlo Mendoza destituye a Antic yendo lideres (algo hoy inimaginable creo) y el Madrid se desmorona jornada a jornada.
En eso tambien fue un grande Johan, el juego psicologico.
aparte del jueguito mental, Cruyff tenía razón: el Madrid de Antic hacía un fútbol lamentable. Sólo Hierro estuvo esa temporada a un nivel tremendo
No te quito razón en eso, pero destaco la habilidad de él. Hoy en día que dicen que tal o cual entrenador empieza el partido en la rueda de prensa Johan demostró que él jugaba la Liga en cada momento.
Muy buen artículo, como todos los tuyos!! Pero una puntualización, la primera Liga de Campeones fue la de la temporada 92/93, no la de la 91/92. Un saludo
Errr… creo que no.
«Disputada anualmente desde junio a mayo, la competición fue creada en 1955/56 bajo la denominación de Copa de Clubes Campeones Europeos (nombre original en francés: Coupe des Clubs Champions Européens), para enfrentar a los equipos vencedores de los torneos profesionales de liga de los países miembros del organismo. En 1992 el torneo fue reestructurado incluyendo por primera vez el formato de competición de liga en la fase de cuartos de final, siendo rebautizado con su actual nombre en la edición 1992/93»
Fuente: Wikipedia
Un saludo
Qué horrorosamente malo era Zubizarreta. Vaya portero tuvimos en la selección años y años. Increíble.
Zubi jugó más de quince temporadas en primera, disputó más de cien partidos con la selección, ganó ligas con el Athletic y el Barcelona, aparte de otros títulos. Tan malo no debía ser. Tenía una colocación impresionante bajo palos (virtud que condujo al defecto de que casi nunca necesitaba estirarse y por eso acababa siempre dejándose caer) y en el juego aéreo era formidable. Fue un gran portero.
El mejor que recuerdo en España, después de Luis Miguel Arkonada. En el Barcelona jugaba muchos partidos absolutamente vendido y salvó al equipo en incontables ocasiones. Un auténtico gigante.
He sentido lo mismo: qué horrorosamente malo era Zubi, Jesús.
Gran jugador Bakero, por eso era el favorito de muchos niños de aquella época (entre ellos, yo mismo). Jamás olvidaré aquel gol de Kaiserlautern, elevándose entre torres alemanas que le sacaban 30cm. de estatura y un servidor revolcándose por el suelo con su hermano pequeño celebrando el gol. No volví a pegar un salto así hasta el Iniestazo en Stamford Bridge.
Muy buen artículo. Saludos.-
Igualet que jo!!!
Ídem!
Aquel partido se convirtió en un punto de inflexión en la historia del Barça, que sobrevivió, no solo a un ambiente «calentito», a un arbitraje escandalosamente casero (el primer gol, no solo es una falta clarísima, si no que tb es fuera de juego) y al entonces expeditivo fútbol alemán (el Kaiserlautern, aún sin reconocimiento internacional, era el campeón de la Bundesliga, por entonces una de las competiciones más fuertes y competitivas de Europa).
Fantástico artículo, como siempre. Una puntualización, el gol de Iniesta en Stamford Bridge fue un «derechazo» y no un «zurdazo».
Podríamos, por favor, dejar de usar clichés estúpidos como «corajudos alemanes con sus bigotes prusianos»?
El autor de dos goles del Kaiserslautern en ese partido y orgulloso portador de un felpudo sobre el labio superior, es Don Demir Hotic, nativo de Novi Grad y bien lejano a cualquier asociación con Prusia.
Curioso caso el de Bakero, un futbolista que siendo incapaz de conducir 10 metros el balón sin tropezarse, consiguió dar un rendimiento alto en la elite unos cuantos años. Sin duda sus compañeros ayudaron a eso. Y su portentoso remate de cabeza, a la altura de los mas grandes. El gol de Kaiserslautern era sencillamente imposible.
Y Zubizarreta era buenisimo por alto, en el uno contra uno y en colocación. En lo demás era un desastre, incluyendo el presente.
Gran articulo.
Recuerdo más de un gol de Bakero elevándose a alturas impensables para rematar de cabeza, especialmente en su época de la Real Sociedad. Un futbolista inteligentísimo (una rata del área) y con gran personalidad, a quien no le importaban un pimiento los pitos del Camp Nou cuando muchas veces tocaba la pelota hacia atrás en lugar de mirar hacia delante. Sabía de sus defectos y virtudes como nadie, y eso le permitió ser extremadamente competitivo durante quince años en Primera División. Que no tuviera la técnica de Eusebio, Beguiristain o Guardiola y, sin embargo, fuera siempre un titular indiscutible para Cruyff dice mucho de su inteligencia en el juego. Aquella Copa de Europa la mereció totalmente el Barça, aunque recuerdo bien que la edición 91/92 fue bastante floja en cuanto a los equipos en liza. Pero había que ganarla, y nunca es fácil
Bakero era todo un artista, y además se vestía de maravilla:
https://www.youtube.com/watch?v=cqn_Pilkj_Y
Ese año, tras la liguilla y antes de la final contra la Sampdoria, el Barça jugó una semifinal contra el Oporto. Se ganó fácil con grandes goles de Hristo y, si no recuerdo mal, un gol de Koeman en el Nou Camp desde bastante lejos.
Aquél era un gran Oporto con Baia, Couto y otros.
Bakero, aparte de su inteligencia, tenía un gran carisma y coraje. No se rendía y, por ello, también fue un buen capitán.
La semifinal contra el Oporto fue efectivamente después de la liguilla, pero en la temporada 1993-94 (la de la final de Atenas).
La verdad que si no llega a meter en ese minuto del descuento el hoy a lo mejor ni estamos hablando de esto….
El Benfica de Eusébio comenzó el año siguiente, en la 61/62. El de la 60/61 no disponía aún de sus servicios en la Copa de Europa. Era un equipazo que marcó época, de cualquier manera. Ganó dos ediciones consecutivas, esa al Barça y la del año siguiente al Madrid, además de perder varias finales en esa década.