
Un mordaz pasquín motivacional basado en once pifias del Führer
1) Escoge bien tus amistades: Nunca lo de «dime con quién andas y te diré quien eres» ha resultado más cierto que con el malo de Adolf. Desde su mocedad, Hitler erigió a su alrededor una auténtica pandilla basura. Ernst Röhm, fundador de las SA e ilustre víctima de La Noche de los Cuchillos Largos, era un lerdo, un simple bruto, irascible y tosco a más no poder. Heinrich Himmler era, como dijo Hugh Trevor-Roper en Los últimos días de Hitler, un «creyente elemental» cuyos actos de despiadada crueldad no obedecían a frialdad de temple sino a «pobreza de sangre». El muy memo creía a pies juntillas todas las chifladuras teutónicas de la religión nazi, las majaderías wagnerianas, las chorreces rúnicas, el rosicrucianismo-para-gilipollas y ese irritante misticismo nórdico, tan dado a la palabrería grandilocuente. Era un tocho, en fin. Joseph Goebbels, por su parte, era un fanático inteligente, receta infalible para la más holocáustica de las catástrofes. Suyas eran las ideas de la «guerra total», «movilización total» y quizás incluso el Mákina Total. Era además un predicador eficacísimo y un radical insobornable. El único «intelectual» auténtico del Reich era, en suma, más peligroso que unas manoplas hechas de cuchillas de afeitar (cosidas por fuera). Rudolf Hess era más zopenco aún que Rohm; un tío incapaz de limpiarse el trasero sin consultar antes un manual de instrucciones. En los retratos, sus ojuelos de topillo quedan a la sombra de una única ceja colosal, protuberante y negruzca como una visera de contable. Y qué me dicen de Hermann Goering, creador de la Lutwaffe e inspirador de la Gestapo, que aunque no era tan acémila como Su Ceporridad (Hess), sí era un putero, un morfinómano arribista y corrupto, un «hombre entregado a la voluptuosidad, como un perfumado Nerón tocando la cítara mientras Roma ardía» (Trevor-Roper dixit). Y estaba loco como una cabra, al modo Heliogábalo. Himmler declaró que Goering pasaba su tiempo «tomando cocaína, envuelto en una toga y pintándose las uñas de rojo». No suena como la compañía ideal para alguien como AH, que ya no estaba muy fino. Y en cuanto a Jodl, Bormann, Berger, Keitel… Tiralevitas asquerosos y aduladores rastreros, del primero al último. Y los que no le besaban el culo a AH se frotaban las manos y preparaban el alfanjazo a traición: Schellenberg, el conde de Bernadotte, el cuñadísimo Fegelein (otra moraleja: nunca se fíen de los cuñados), y por supuesto Hess —que se esfumó en aquel aeroplano hacia Escocia—, Himmler y Goering, entre tantos otros. Yo no digo que no tuviesen razón; solo digo que como amigos eran un asquito. Excepto Albert Speer. Speer era el único que parecía tenerle un afecto sincero a Adolf. Lo que, a su vez, dice bastante poco de él: ¿quién podría haber trabado amistad con aquel zombi de vidriosos ojos vacíos, cenas macrobióticas y odio racista congénito? Menuda panda, macho.
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Tengo un primo igual.
Sencillamente espectacular la descripción del funesto personajillo. Me alegro de que se haga referencia, o así lo entiendo, a la escandalosa inutilidad militar de los aliados (lo de Francia fue de traca) que permitió el éxito de la famosa Blitzkrieg, añadida a que Hitler aún estaba en una fase menos avanzada de narcicismo y le hizo caso a Von Manstein (si no es por él conquista Francia por mis cojones; eso sí el mérito de la operación se lo apunto Hitler, obviously). A veces la gente debate sobre quién salvó a Europa de Hitler, cuando tendríamos que ver qué país hizo más para provocar que Hitler no se llevara una somanta desde el principio. Enorme artículo, enhorabuena.
buenisimo!!! que me decis de los dirigentes de Corea del NORTE??
Es una vergüenza que España expulsara a los moriscos y sin embargo permitiera seguir en el país a los cuñados. Necesitamos enmendar ese error histórico: expulsemos a los cuñados con urgencia.
Que artículo! Excelente, me ha divertido de principio a fin.
He creído todo el tiempo que hitler no era nada original, extremista y radical donde los haya, tomó prestado de Bismarck los modos, de Nietszche la delirante verborrea, y de aquí y acullá todos los detalles que conformaron a este grotesco personaje.
Y sin embargo, que hubiese sido de este bufón, si no hubiese tenido la complaciente audiencia alemana. La nada.
genialll me salvaste la noche y lo que me he reido
No es que Hitler no quisiera follar, es que no podía. Heridas sufridas en la primera guerra mundial lo dejaron estéril e impotente.
¿«Hitler iba alto»? ¿En serio? ¿Qué será lo próximo, «yo te llamo atrás»? ¿«No me permitas abajo»?
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Es interesante eso de los defectos físicos de la gente a la que tenemos tirria:
«No sólo era un idiota, sino que además le olían los pies»
Como si no bastara que fuera un idiota.
Uff …
Cojo – nudo el post, Kiko.
Lo acompañas del maestro Chaplin
Resultado: a copiar, pegar y conservar.
¡GRACIAS!
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El artículo bien, macarilla y gracioso, pero decir que las grandes victorias de la Werhmacht se debieron únicamente a la suerte de principiante del tipejo es de una ligereza argumental severa.
El anschluss (unión, reunión) es el concepto con el que se conoce únicamente la anexión de Austria por parte de Alemania. El matiz es significativo porque para los ideólogos nazis Austria era parte intrínseca del Tercer Reich -lengua, población, cultura e historia así parecían indicarlo. De ahí que su incorporación en 1938 a la Alemania nazi tenga poco o nada que ver con las invasiones alemanas al resto de países limítrofes, y en particular hacia el Este, con el fin de dar cumplimiento efectivo a las teorías del lebensraum o espacio vital. Aparte de esto, buen artículo.
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Es evidente que el articulo no va de Historia, con mayusculas, y es un simple divertimento. Pero hay un dato en él que es necesario corregir.
El autor dice que el antisemitismo en Alemania era «tradiciones germánicas tan antañonas como vomitivas (el musgoso antisemitismo teutón es más viejo que la polka; medieval, como mínimo)» y eso sencillamente no es cierto.
En un entorno europeo que iba del progromo ruso a la expulsion española, Alemania o sus antecesores (el Sacro Imperio Romano Germanico y Prusia), eran lo más aceptable dentro del anisemitismo general. No es casual que en las epocas de más duras matanzas eslavas en Rusia o Polonia, los judios se refugiaron en los estados alemanes.
A cada uno lo suyo: los nazis causaron el Holocausto industrial hebreo, pero eso no da permiso para distorsionar un pasado que no fue como relata el autor.
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¿Y si eran tan tontos Hitler y sus amigos, cómo es que sometieron a casi toda Europa en tan poco tiempo? Subestimar al enemigo es subestimar sus fuerzas. Esos tontos convencieron a millones de europeos para iniciar la mayor guerra de la historia. Eran unos asesinos, genocidas, bárbaros, sanguinarios, crueles… pero no eran tontos.
No hay más que recordar cómo terminó aquello para decidir que los alemanes fueron, más que tontos, subnormales. El mayor episodio de locura de masas de la historia mundial. Por cierto, que la prosa metanfetamínica y desbordante de Amat no nos oculte su profundo conocimiento del asunto, que es indiscutible.
Hacía tiempo que no me reía tanto. Felicidades por este satírico e inteligente alegato contra los salvapatrias y los idiotas que los siguen babeando.
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Me pareció pésima la nota… pareciera intentar describir algo… pero a cada cosa se repite, por lo que no dice nada. Se muerde la cola, como quien dice.
Qué gran descripción…, me has hecho reír a pierna suelta. ¿Para cuando uno así sobre nuestro pequeño dictador bigotudo? Lo mismo me valen el Gran Ánsar que Paquito el Chocolatero…
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