Quirke: el lado oscuro de Dublín

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Imagen: BBC.
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Como tal vez algunos recuerden John Banville fue hace unos meses el ganador del Premio Princesa de Asturias de las letras. Definido por el crítico George Steiner como «el escritor más inteligente de lengua inglesa», añadía así un premio más a una larga y fecunda carrera literaria que según algunos culminará tarde o temprano con el Premio Nobel y en la que también ha publicado bajo seudónimo. Benjamin Black es el que emplea para sus novelas de género negro, en las que ha encumbrado a un detective ya casi tan legendario como Philip Marlowe: igualmente solitario, desengañado y con una insana afición por la bebida, su nombre es Quirke. Una miniserie que parta de este material, que esté producida por la BBC y tenga por protagonista a un enorme Gabriel Byrne sería como participar en la carrera cuesta abajo de Gloucester y no llegar a la meta aunque sea con los pies por delante. Tras haber visto los tres episodios podemos decir que, además, consiguen quedarse con el queso.

La acción se sitúa en el Dublín de los años cincuenta. Una sociedad gris, muy estratificada socialmente, con las cicatrices aún presentes de la guerra civil y con una moralidad religiosa que les obliga a reprimir ciertos comportamientos o, al menos, esconderlos de la mirada de los demás. Por ese ambiente vaga como un alma en pena un médico forense que además de los cuerpos disecciona las vidas de aquellos desdichados que llegan a sus manos, intentando descubrir las circunstancias y decisiones que les llevaron a allí. La vida de Quirke no es mucho mejor, quizá por ello es capaz de comprenderlos y ponerse en su ya fría piel. Marcado por su infancia en un orfanato, por la muerte de su esposa y por un alcoholismo del que una y otra vez intenta escapar y que concluye inevitablemente con una recaída, Quirke observa reflexivamente lo que le rodea con un vaso de whisky en la mano. Escucha pacientemente las mentiras que le cuentan mientras poco a poco va hilvanando con mentalidad científica los hechos, construyendo el relato de lo que realmente ocurrió, generalmente bastante más sórdido. Los abortos clandestinos, las infidelidades, los celos que desembocan en el crimen, las relaciones familiares envenenadas por los reproches, el tráfico de niños huérfanos irlandeses a cargo de la Iglesia… esos son algunos de los mimbres que conforman la narración.

Cada episodio cuenta una de las novelas (El secreto de Christine, El otro nombre de Laura y En busca de April) y presenta un caso específico, pero hay además una trama general en la que el protagonista absoluto es Quirke. Esto requería un actor capaz de cargar semejante peso, de captar todas las aristas de un personaje de fuertes principios pero de personalidad frágil, que tiene muy claro qué es lo correcto cuando de las vidas de los demás se trata, pero de la propia ya no tanto. Byrne ha sido una excelente elección y logra transmitir toda su madurez al perspicaz investigador dublinés, ya no cabe imaginarse al protagonista de las novelas de Benjamin Black con otros rasgos. Un personaje fascinante, que ha vivido mucho —demasiado, quizás—, que observa el mundo con tal lucidez que necesita el alcohol para poder soportarlo y que nos muestra como lo único peor que carecer de familia es tener una.

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2 Comentarios

  1. Tiene la serie una pinta extraordinaria, además es cierto que pocos actores más adecuados para ese papel que el gran Gabriel Byrne; Siempre me gustó, desde «Muerte entre las flores» pero es que en «En terapia» era ya el acabóse. ¡No pienso perdérmela!

  2. Vi la serie y me gustó. Tiene una excelente ambientación y recrea lo que imaginé cuando lei al genial de Black-Banville. Byrne siempre me pareció un excelente actor, como no recordar su secundario en Spider de Cronenberg. Lo que me parece horrible es la tintura del pelo del bueno de Gabriel. Saludos desde Buenos Aires y aguante JotDown!!

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