Cine y TV

El cine marginal de Uganda

Fotografía cortesía de Isaac Nabwana y Alan Hofmnanis.
Fotografía cortesía de Isaac Nabwana y Alan Hofmanis.

En el año 2010, un tráiler totalmente alocado y marciano comenzó a propagarse de manera viral por internet. El avance de Who Killed Captain Alex no tenía ningún sentido a ojos occidentales. Las escopetas son de madera pintada; el montaje, demencial; los disparatados efectos digitales, propios del Spectrum; y la banda sonora consiste en un tipo gritando consignas como un energúmeno, prometiendo toneladas de «¡ACCIÓN!» en la que afirman que es la «primera película de acción de Uganda». La mayoría de sus espectadores rieron un rato y pasaron al siguiente meme sin mayor importancia. Pero hay quien se quedó totalmente fascinado por lo que vio.

Alan Hofmanis, un productor de TV de Nueva York nacido en 1970, estuvo entre ellos. Aquel vídeo destrozó todos sus esquemas de lo que era una película. En cuestión de horas decidió viajar a Uganda para descubrir cómo es posible que existiera semejante artefacto audiovisual. «Un día estaba en un bar, en Nueva York, y un amigo me puso el tráiler de Who Killed Captain Alex en su iPhone», cuenta Alan por Skype, desde Kampala. «Me quedé alucinado. No sabía qué pensar. Llegué a casa y seguía dándole vueltas al tema. No tenía ningún sentido, y era evidente que no había ni un duro. Y aun así se ve mucha gente, se nota que ha habido una producción y una dirección detrás. En esos noventa segundos me enseñaron más pasión que muchos largos en noventa minutos. Al día siguiente me planté en Uganda. No conocía a nadie, ni había llamado por teléfono ni nada. Simplemente, al llegar, llamé al número de teléfono que aparecía en el tráiler. Tenía miedo de que estuviera rodando en alguna parte, pero no fue así. Pude hablar con director, quedamos para conocernos y hablamos durante horas. Al volver tenía clarísimo que quería formar parte de esto».

En los suburbios de Kampala, capital ugandesa, es donde encontró la sede de Ramón Films, la productora de Isaac Nabwana, que lucha contra viento y marea para sacar adelante sus películas, con presupuestos que orbitan en torno a los ciento cincuenta euros. Y eso las caras: en sus comienzos eran capaces de sacar adelante un largometraje con lo que te gastas en un par de gramos de coca.

Su primera experiencia en Uganda quedó reflejada en el documental Welcome to Wakaliwood, absolutamente revelador y entrañable. En un país atenazado por la pobreza (incluido en la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados) y la corrupción, descubrió una manera de hacer cine con la que nunca había soñado. Poco después, Alan decidió mudarse a Uganda y, desde allí, dar a conocer al resto del mundo su particularísima obra, que en apenas nueve años ya contaba cuarenta títulos a sus espaldas.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

18 comentarios

  1. Maravilloso artículo y un verdadero placer leer a Viruete por aquí

  2. Pingback: El cine marginal de Uganda u otras maneras de hacer una película

  3. No se si son del mismo autor o ha coincidido de alguna forma supracosmica el hecho de que en el blog de Vicisitud y Sordidez salga el mismo tema del post.

    http://vicisitudysordidez.blogspot.com.es/2015/04/ente-onvre-nabwana-igg-la-cuna-de-la.html

  4. David: la explicación es que ambos somos amigos de David White, que es el que empezó a soltar la bola por el mundo de fans del cine chungo

  5. «…en sus comienzos eran capaces de sacar adelante un largometraje con lo que te gastas en un par de gramos de coca»… ¡Uy, qué malote! Esa frase es un poco Pérez Reverte de baratillo. Yo soy tan cateto que he tenido que buscar en Google a cuánto está el gramo de esta sustancia.

  6. Puede ser que haya un error con el nombre de Alan Hofmnanis?
    He buscado información y en otros sitios se refieren a el como Alan Hofmanis.

  7. Estas historias me producen admiración, envidia, y un poco de vergüenza de rico (en comparación, claro). Esta gente hace cosas, mejores, o peores, pero las hace, con cualesquiera medios a su alcance, y se divierten y divierten a otros con ello. Cualquiera de los que vamos a leer este artículo probablemente podría comprarse hoy mismo todo el equipo necesario para emular esas producciones, pero aquí estamos, regodeándonos de nuestros altos estándares.

  8. Estos son los proyectos que te devuelven la energía perdida y te hacen recordar los fines de semanas que quedabas con los amigos y la videocámara familiar para grabar tu corto de colegas… ¡que muchas veces no necesitas más que eso para hacer una película que pueda ver un montón de gente!

  9. Pingback: Feas que dan para paja. España opina. | Viruete.com

  10. el nombre correcto es Alan Hofmanis, aunque allí le han adoptado como parte de su «tribu» añadiendo Ssali.

    Alan Ssali Hofmanis

  11. fantástico articulo….!

  12. Judge Dredd

    Fascinante artículo.
    Me gusta bastante la música Bongo Flava o Bongo Rap y cuando pincho videos en Youtube me quedo un poco perplejo de cómo los realizan. Se parecen a los vídeos en playback que grababa cuando era adolescente con los compañeros de instituto.
    Pero llega ESTO, y entonces ya entro en otra dimensión que me supera.
    Intentaré alejarlo rápidamente, no vaya a ser que me enganche también.

    • Judge Dredd no dice ninguna tontería.
      De verdad que resulta peligrosamente fascinante… a uno le entran ganas de liarse la manta a la cabeza e irse a África a rodar su propia versión de «El Silmarilion».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*