- La primavera ilumina una tarde clara y limpia en Lisboa. Celeste Caeiro siente los rayos del sol atlántico en los cabellos y la nuca, y también en los reflejos del enorme ramo de flores que lleva sujeto con dificultad y que apenas le permiten fijarse en sus pisadas. Trota apresurada por las estrechas calles del Chiado hacia el restaurante donde trabaja como camarera y encargada del ropero. Mañana es 25 de abril y se cumple un año desde que el establecimiento abrió sus puertas. Los dueños quieren celebrar el aniversario con flores. Quieren llenar la sala de flores. Colgarlas de las paredes y poner un ramillete en cada mesa. Una flor para cada comensal. Cuando Caeiro llega al local, el gerente casi no es capaz de distinguir su diminuta figura de metro cincuenta y cuarenta kilos detrás de las docenas de flores. «Solo hay claveles» dice la camarera mientras se recompone el vestido y acomoda sus gafas, «es la flor de la temporada».
A las 22:55 horas del 24 de abril de 1974, el periodista João Paulo Diniz colocó la aguja sobre un disco de vinilo en la cabina de su estudio en Emissores Asociados de Lisboa. La canción que sonaba era «E depois do Adeus», un tema interpretado por Paulo de Carvalho y compuesto por José Calvário con letra de José Niza. La pieza había representado a Portugal en Eurovisión y se emitía a menudo por todas las radios del país pero, sinceramente, era bastante mediocre. De hecho, su participación en el festival que se celebró en Brighton un par de semanas antes se había saldado con un más que merecido último puesto. El alcance de la emisora apenas llegaba a la capital y algunas poblaciones del cinturón urbano, así que para los pocos lisboetas que la escucharon no significaba nada especial. Tan solo la canción de moda.
Para el mayor Otelo Saraiva de Carvalho significaba todo. Significaba el comienzo y significaba una llamada telefónica. «¿Están preparados?» preguntó desde su despacho en el cuartel de La Pontinha en Lisboa. «Estamos preparados» contestó el capitán Fernando José Salgueiro Maia, al mando de la Escola Prática de Cavalaria en Santarém, a cien kilómetros al norte de la capital.
Salgueiro Maia aún no había cumplido treinta años pero ya era veterano de guerra. Militar de carrera, desde 1968 había combatido en la Guerra de Ultramar. En Mozambique y en Guinea-Bisáu. No eran guerras coloniales, eran las guerras de independencia de Mozambique y Guinea-Bisáu, como también lo era la de Angola. En África vio cosas que no querría haber visto. Hizo cosas que no querría haber hecho. Aldeas devastadas y niños muertos. A su regreso a la metrópoli en 1973, Maia quería contarlo todo a todo el mundo. Pero en el Portugal salazarista solo estaba permitido el silencio.
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«Había caído el Estado Novo. Había caído la dictadura más antigua de Europa y se abría un proceso que, no sin dificultades,…»
Básicamente, que el país estuvo al borde de una guerra civil durante el 1975
Cierto. ¿Alguien llegó a pensar que era posible una segunda Cuba en Europa, en plena Guerra Fría? Si no lo permitían en América Latina, aun a costa de promover sanguinarios dictadores, cómo lo iban a permitir en un país miembro de la OTAN. Los militares revolucionarios portugueses eran muy ingenuos.
não seja parvo, nem ignorante.
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Que más se puede decir¿! que «… O povo é quem mais ordena…»
Informativos de la RTP en el 25 Abril
https://www.youtube.com/watch?v=N-PS3V5Hrek
https://www.youtube.com/watch?v=MOFrjP8bX_c
Pingback: 25 de Abril – Revolución de los claveles en Portugal. Por Pedro Torrijos | Comisión de Exiliados Argentinos en Madrid (CEAM)
Bellisimo artículo.Para cuando algo así en España?
Zeca Afonso tuvo muchas canciones que fueron censuradas, pero ésta no era una de ellas. Precisamente por eso la escogieron, porque era de un autor polémico pero la canción estaba autorizada y podían ponerla sin llamar (demasiado) la atención.
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