Äkta Människor, la Sci-Fi que vino de Suecia

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AKTA MANNISKOR
Imagen: Sveriges Television

Como algunos de ustedes ya sabrán, la cadena estadounidense AMC se ha aliado con la británica Channel 4 para producir Humans, versión anglófona de la serie de ciencia ficción sueca Äkta Människor. Esto de por sí es noticia, dada la relevancia de los agentes involucrados y la interesante idea de que AMC acceda a ambientar una serie de ficción en el Reino Unido. Quizá responda al hecho de que, mientras las cadenas estadounidenses saben que sus adaptaciones de series europeas consiguen atraer más público que las originales, de seguimiento minoritario, son estas últimas las que acumulan el prestigio crítico. No es un fenómeno que debiera resultarnos extraño, ya que en España sucede exactamente lo mismo. AMC quizá esté buscando una manera de intentar aprovechar el prestigio inherente a todo lo que les llega de Europa, y ahora que buena parte del público estadounidense se ha acostumbrado a ver series con acento inglés gracias a Game of Thrones (donde los actores o son británicos o imitan el acento), Sherlock y demás, ese ejercicio podría abrir todo un nuevo camino para los productores norteamericanos.

Sin embargo, dado que todavía es pronto para juzgar lo que esta conjunción transatlántica ha conseguido, ya que Humans apenas acaba de estrenarse, no está de más recordar que este nuevo programa es un remake de la serie sueca Äkta Människor, distribuida internacionalmente con el más asequible título traducido al inglés, Real Humans («humanos de verdad»). Las dos temporadas de diez episodios de Äkta Människor han cosechado premios y numerosos parabienes de la crítica especializada en muchos rincones del planeta. ¿Su secreto? Tratar con delicadeza y seriedad una temática como la inteligencia artificial, lo cual ha permitido que esta serie se distinga de muchos otros productos de ciencia ficción recientes. El concepto central de la serie es fácil de sobreentender, ya que nos habla sobre los problemas de integración de toda una nueva raza de androides («hubots») fabricados y comercializados como ayuda laboral o doméstica para los humanos, ya sea como obreros, criados, cuidadores de ancianos, etc. Esos hubots también han terminado ejerciendo otro tipo de funciones, desde ser usados como juguetes sexuales hasta convertirse en apoyo emocional —e incluso pareja sentimental— de algunos de sus compradores. No hace falta señalar lo evidente: que nos hallamos ante un tema muy trillado en la ciencia ficción, al que se le ha dado vueltas desde hace mucho tiempo, tanto en televisión como en cine, no digamos ya en literatura. Es más, Äkta Människor ni siquiera pretende darle un giro copernicano al asunto o encasquetarnos una forzada apariencia de novedad, más bien al contrario. Recurre sin complejos a todos los estereotipos temáticos que podamos imaginar, por lo que el argumento recuerda muchísimo a las viejas historias de Isaac Asimov. Por ejemplo, los androides de la serie están programados según las tres famosísimas «leyes de Asimov», lo cual se menciona explícitamente en el guion.

Sten Elfström, que encarna al apocado y dócil Lennart Sollberg, uno de varios nombres a descubrir en esta serie. (Imagen: Sveriges Television)
Sten Elfström, que encarna al apocado y dócil Lennart Sollberg, es uno de varios intérpretes a descubrir en esta serie. (Imagen: Sveriges Television)

Sin embargo, dicho así, podría dar la impresión de que Äkta Människor es un simple calco de productos anteriores (Yo, Robot, A.I., etc.) y lo curioso del asunto es que, aun sabiendo que no utiliza ideas novedosas, la sensación que produce es precisamente la contraria. Sin aportar nada revolucionario, se convirtió en un verdadero soplo de aire fresco para la ciencia ficción televisiva. ¿Cómo es esto posible?

En mi opinión, hay varias características que ayudan a reforzar esa impresión de frescura y «novedad», pero una destaca por encima de todas: su sencillez. Su estilo está bien lejos de los festivales de artificios argumentales en que suelen convertirse las series estadounidenses del género, y que no es que me parezcan criticables, ya que supongo que todos valoramos en su justa medida la capacidad de los americanos para hacer de la exuberancia estilística un arma. Pero en el contraste está el gusto, y el encontrarnos con un programa de ciencia ficción cuya narrativa apuesta por la simplicidad y la inmediatez es una agradable sorpresa. Pero, también conviene señalarlo, no hay rastro del oscurantismo tan típico de las series nórdicas. Ese oscurantismo que la ficción escandinava ha adoptado muy conscientemente como rasgo propio, sobre todo desde que saben la influencia verdaderamente enorme que ese tenebrismo ha tenido en productos estadounidenses (en True Detective sin ir más lejos, que a nivel estilístico era un remake sin título, o un gazpacho si prefieren un término más castizo, confeccionado con ingredientes procedentes de varios productos del norte de Europa).

Cuando Äkta Människor se estrenó, en el 2012, no había llegado True Detective pero desde luego el oscurantismo nórdico estaba ya en plena explosión comercial, por lo que resulta llamativo que esta serie renunciase abiertamente a ese sello noir que el mercado internacional identifica con los productos procedentes de aquellos lares, usando una fotografía muy luminosa y una ambientación que de tan convencional raya el estilo de catálogo de Ikea, aunque hay que decir que todo ello encaja perfectamente con la filosofía de la historia. De hecho uno de sus principales atractivos es el tono cotidiano con el que aborda el asunto de los robots. Entre sus diversas subtramas tenemos, claro está, el consabido grupo de androides rebeldes que se sublevan contra una vida de esclavitud o el consabido grupo de humanos que bajo el lema «Humanos Reales» aboga por la eliminación de todos los androides. Pero estas subtramas más tendentes a la acción o el thriller, siendo entretenidas, que lo son, no constituyen necesariamente el punto fuerte de la serie. Lo mejor de Äkta Människor es la sutileza y la leve pero claramente perceptible carga de ironía con que se aborda la relación entre las familias humanas y sus nuevos miembros cibernéticos. Ya digo que no hay grandes revoluciones, prácticamente nada que no hayamos visto antes bajo otras formas y contextos. Pero hay aquí y allá momentos con un convincente aire de inmediatez, que de repente nos descolocan con elementos dramáticos que, ocasionalmente, llegan a bordear el costumbrismo minimalista. Aunque obviamente los elementos de thriller y acción son casi irrenunciables en un ejercicio de género que pretenda tener algo de éxito, esta serie sueca no se olvida de intercalar cuestiones existenciales o emocionales, y por si fuera poco lo hace sin abusar de sentimentalismos.

Esa sencillez se manifiesta incluso en las caracterizaciones. El maquillaje de los actores que interpretan a los androides tiene un aire retro y artificioso que, curiosamente, termina favoreciendo una aureola de verosimilitud. Dado que se nos representa un mundo donde los androides llevan ya bastantes años integrados en la sociedad, tenemos modelos más antiguos o más baratos cuyo aspecto es casi una parodia de humanidad, más parecidos a maniquís que a verdaderos humanos, mientras que otros tienen un aspecto indistinguible de un ser humano e incluso, en algún caso, dotados con gran belleza física (una de las actrices fue Miss Suecia hará unos diez años; no les resultará difícil deducir cuál). Lo mismo puede decirse de la ambientación. Como comentaba, la escenografía es muy de catálogo, pero su gran acierto es que no recurre a elementos futuristas. La acción tiene lugar en una sociedad exactamente igual que la nuestra (o que la de los suecos, que aquí no vivimos tan bien) y más allá de la propia existencia de los androides no tenemos artilugios tecnológicos extraños. Esto ayuda a que el mensaje de la serie no quede descontextualizado. El guion contiene las previsibles reflexiones existencialistas sobre la naturaleza del individuo, pero también juega hábilmente con los paralelismos, sobre todo empleando el racismo como metáfora. Si usted sustituye a los robots por los miembros de cualquier grupo étnico, tendrá un drama racial en toda regla. Ese es uno de los puntos fuertes de la serie, que no está dirigida exclusivamente a «frikis» del género, sino que ha sido concebida para que cualquier tipo de espectador pueda sentirse aludido tarde o temprano por una u otra situación. La manera en que los humanos del programa reaccionan ante los robots es un reflejo verdaderamente incómodo de la forma en que nuestras sociedades reaccionan ante lo diferente, ante lo nuevo, incluso de los deseos ocultos o las frustraciones de nosotros mismos con individuos. No es que la serie entone grandes discursos morales, al contrario. Pero sus simbolismos pueden inquietar a más de uno en su sillón. De hecho leí a algún crítico (creo que era australiano aunque no consigo recordar dónde lo leí) que señalaba con mucho acierto un rasgo poderoso de Äkta Människor, el que tras una fachada sencilla y sin grandes aspavientos se esconde un argumento que no impacta de primeras, pero que en cuanto uno lo piensa un par de veces contiene un considerable número de detalles tétricos sobre la naturaleza humana.

Josephine Alhanko, el mito de la sueca, redivivo (Imagen: Sveriges Television)
Josephine Alhanko, el mito de la sueca redivivo (Imagen: Sveriges Television)

Así pues, una serie derivativa si quieren, pero muy inteligentemente construida, que recibió tantos elogios precisamente por la manera tan humana, tan cotidiana y a la vez tan insidiosamente envenenada de tratar el asunto de la relación entre seres humanos y otros seres que son casi humanos, pero no del todo. Con los consabidos clichés, repito, pero enfocados de una manera tan directa y desprovista de adornos innecesarios que, como decía, realmente llega a parecer novedosa sin serlo. Por lo demás, lo que ya podemos esperar de una serie nórdica. Está filmada con mucha sabiduría, lo cual no es una sorpresa porque el nivel técnico de las series nórdicas ha llegado a ser puntero, como el de las francesas. También cuenta con un reparto muy efectivo, otro rasgo habitual en las series escandinavas, que hace un gran trabajo matizando todo el abanico de actitudes y personalidades, humanas y cibernéticas.

A la espera de comprobar cómo se desarrolla la versión anglosajona que acaba de estrenarse, harían ustedes bien en concederle una oportunidad al molde sueco en que se han basado y que, en mi modesta opinión, es una de las series de ciencia ficción más sorprendentemente satisfactorias de estas últimas temporadas televisivas. Ah, y si a usted uno de los personajes le acaba recordando al rubio de Los Morancos disfrazado de mujer… bueno, sepa que no ha sido el único en pensarlo. Sí, tenía que decirlo.

Imagen: Sveriges Television
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5 Comentarios

  1. La adaptación anglosajona me está resultando sensacional. Y los datos de audiencia en UK (en la emisión de Channel 4, coproductor junto a AMC) el mejor estreno en 20 años de la cadena.

    Katherine Parkinson está magnífica en este papel dramático de madre que se siente culpable por no ser tan buena madre como quisiera (hace tiempo que dejó de ser únicamente «la chica de The IT crowd»). Gemma Chan la hubot, acá Synth, a veces fría, otras tierna y otras aterradora (esta última característica que no la recuerdo en la versión sueca y aquí la han acentuado para bien In my opinion)

    Comparar ambas daría para otro artículo, porque por lo que estoy viendo por ahora creo que la adaptación está siendo aún mejor que la sueca, y seguro que hay diferentes posturas.

  2. Muy buena serie, pero también estaría bien mencionar en el artículo que ha sido cancelada después de su segunda temporada y nos hemos quedado sin un final medianamente decente…

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