Política y Economía

La democracia según Carl Schmitt

Carl Schmitt. Foto: DP.
Carl Schmitt. Foto: DP.

La democracia liberal ha tenido una gran cantidad de adversarios teóricos (y prácticos). A la izquierda se han situado todas las corrientes marxistas que la han menospreciado como poco más que un consejo de administración de la burguesía. A la derecha, aquellos que han considerado que el pluralismo lo que se hace es generar divisiones artificiales en un cuerpo natural y unido como es el Pueblo. De entre estas críticas quizá la que más destaque sea la de Carl Schmitt (1888-1985), un filósofo jurídico alemán conocido por su militancia en el partido nazi y claramente contrario al régimen parlamentario de la República de Weimar. Sus tesis han recibido la condena enérgica de nuestros contemporáneos, pero resulta notable en qué medida su influencia tiene ecos en nuestros días, como intentaré mostrar a continuación.

Antes de caer en el síndrome de Godwin, me gustaría revisar someramente algunos de sus argumentos. Hoy estamos inmersos en debates muy vivos sobre la capacidad de nuestros sistemas políticos para rendir cuentas y representar el mandato de la gente en un entorno de creciente división de poderes y vaciamiento del poder del Estado. Quizá por eso merece la pena seguir mirando a debates presentes con las luces largas, hacia atrás y hacia delante. Aunque solo sea por precaución.

La crítica al liberalismo

El pilar fundamental de la obra de Schmitt, como la de muchos teóricos de la época, es la crítica al liberalismo y a la democracia liberal. En sus textos este autor argumenta que durante etapas históricas pasadas liberalismo, parlamentarismo y democracia habrían marchado juntos. Sin embargo, en la actualidad (referida a 1923) no se puede considerar como equivalentes las ideas liberal-parlamentarias y las propias de la democracia de masas. Para él, la cháchara del parlamento, ese government by discussion, pertenece al ámbito del liberalismo. Sin embargo, eso no se ajusta a la dinámica propia de la democracia de masas por lo que se debe abandonar a esas instituciones caducas. El debate ya no está en los parlamentos. ¿Les suena?

El hecho es que cada vez más los comités de los partidos o coaliciones son los que deciden a puerta cerrada el destino de la ciudadanía. En la democracia de masas, con sus partidos sometidos a férrea disciplina, la discusión pública es puro teatro. No hay sino «pactos en los despachos» que hurtan la voluntad de la gente. Después de todo el Parlamento dista con mucho de ser una cámara de deliberación al ser incapaz de conciliar los intereses divergentes presentes en la sociedad. Al final estos tienen que ajustarse en negociaciones llevadas a cabo lejos de los ojos de la opinión pública. Además, critica furibundamente cómo la disciplina de partido impide que el diputado pueda representar de verdad al pueblo y cambiar de criterio sobre la base de la deliberación.

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19 comentarios

  1. Pingback: La democracia según Carl Schmitt

  2. Cuando uno se da cuenta que una u otra forma de organización, uno u otro patrón intelectual que pretende conformar al individuo -o por ende a una sociedad- es siempre limitado, y por tanto siempre condenado a generar conflicto, obviamente quizás se puede empezar a entreveer que el enemigo básico es el poder, pues este poder intensificará esta limitación, este conflicto. Aunque el poder extiende sus tentáculos mucho más allá de inventarse e imponer una forma de gobierno determinada, sea la que sea, sea este el poder de un individuo o el poder que manifesta la masa, el pueblo, según la naturaleza psicológica de cada uno de nosotros. Pues, en cualquier caso, el poder ya está implícito en la separación, en la división de la humanidad: religiones, países, partidos políticos, sectas, familias, ideologías, etcétera. Por eso seguir una religión, un partido político, ser nacionalista en cualquiera de sus niveles, aferrarse a una idea o ideología, sea ésta la democracia liberal, el anarquismo o la dictadura bananera, es ser el enemigo de la humanidad entera. Ciertamente, el poder crea el centro, y por tanto la periferia, los otros, inevitablemente, y no hay más problema político que este: la existencia de unos y otros, la falta de amor, la falta de unidad humana. Y mientras tanto esta falta de amor existe, cualquier forma de organización est consecuencia del egoísmo. Siguiendo este hilo tal vez recomendar este libro http://goo.gl/ktqYFq para entender de foma muy simple la naturaleza del conflicto, tan ligado a nuestro pensamiento que parece que no podemos evitarlo…

    • Es muy similar a como he percibido yo siempre, todo lo que nos rodea y axfisia. Los lúcidos tendemos a la melancolía y a la tentación de acabar con todo y con todos. Apocalípticos, creo que nos llaman algunos…

    • Más que decir que el poder crea el centro y la periferia, diria que la asimetría entre centro y periferia es lo que genera las relaciones de poder. Y esto no ocurre por falta de amor, sino por sobredosis. La oxcitocina no es solo la hormona que nos hace querer a las personas cercanas, sino también la que nos hace odiar las personas lejanas o extrañas. Mientras haya amor habrá guerra, son inseparables.

    • Antonio Jiménez

      Interesante comentario. El objetivo de toda elite organizada es extraer los recursos económicos, el fin último es hacerse con el poder. Bien para imponer una ideología afín para mantenerse con el mismo o bien para imponer su voluntad de dominio sobre los demás.
      Por favor vuelve a mandar título del libro y autor.

  3. Como buen pensador historicista típico de los años 20 del siglo pasado, Carl Schmidt agarró las conceptualizaciones políticas y sociales del liberalismo e intentó reformularlas en un estilo algo oscuro (por enrrevesado y poco claro) pero exitoso, para dotarlas de un sentido nuevo y legitimar así modelos políticos alternativos que aportaran orden y estabilidad ante los desafíos y novedades de la Modernidad y la modernización occidentales.
    Su base argumentativa era puramente metafísica, sin el más mínimo respaldo de una investigación histórica o sociológica empíricas. Su argumentario simplemente se cree o no se cree y divide los conflictos y divergencias sociales en un dualismo maniqueo e irreductible sin remedio, entre amigos y enemigos. Todo esto no significa que no fuera una teoría sumamente atractiva para enormes masas de población a comienzos de siglo, y como bien apunta el autor de JotDown, siguen ejerciendo mayor influencia de lo que estamos dispuestos a creer.
    El reto es asumir la obligación individual que tenemos cada uno de nosotros de estar alerta ante los abusos de poder, desde el Estado o desde los poderes económicos corporativos. El reto es ser críticos pero tolerantes a diario y no buscar respuestas simplistas y maniqueas a los problemas de cualquier sociedad y cualquier democracia.
    Recomiendo la lectura imprescindible de «La sociedad abierta y sus enemigos» de Karl Popper como introducción a la lucha filosófica y política entre la tentación historicista y/o totalitaria frente al racionalismo lógico y la responsabilidad individual.
    ¡Un saludo!

    • Totalmente de acuerdo, uno de esos comentarios que expresan lo que pienso mejor de lo que yo sabría expresarlo

  4. Tanto como que hayamos conjurado el totalitarismo.. Aparece una herramienta potente como Twitter y emerge la naturaleza humana que fácilmente se somete a la dictadura de la mayoría. Muy buen artículo, Pablo.

  5. Carl Schmitt! En COU mi profesor de historia me lo recomendó, me fue difícil entonces hacerme con algún libro suyo, no había vuelto a oír su nombre hasta ahora.
    A mi el liberalismo siempre me ha parecido sexy, al contrario que a Spartan, precisamente por representar lo que critica Schmitt, y muy bien lo explica el autor, la libertad individual como ningún otra corriente, ni siquiera la ácrata que en la practica se mete más con el de enfrente que ninguna otra, aunque hoy parece que se enfoca solo a lo económico que es su peor parte

  6. Estaría bien que el autor detallara lo que significa «democracia parlamentaria», ya que el parlamentarismo por definición no es democrático.

  7. De la siguiente afirmación dé un breve comentario según el pensamiento expuesto por Schmitt:

    “Para continuar con la complementación del proceso de Paz, daremos un año para que el Congreso conforme una sala independiente que reglamente todos los temas relacionados con el acuerdo y a su vez haremos lo mismo con la Corte Constitucional para que estudie la viabilidad constitucional de los Acuerdos y de las normas que se emanen de él.”

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  10. Pingback: Carl Schmitt – árbol de la democracia

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  12. La base Teórica es interesante y abierta al debate , en una sociedad ideal es todavía perfectible , pero la la Socieda NO es Ideal !! En su seno cohabitan marginales de la corrupción, especuladores y negociadores de los intereses del Capital , siendo más perjudiciales los infiltrados extranjeros y los especuladores del Capital !! además de los ciudadanos desorientados de su propia Nacionalidad ..por su vaga y bajisima capacidad intelectual …con más vicios que virtudes !! No Todos son Ciudadanos de una Nación.

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