
Admito que me pierdo con los análisis del fútbol que se hacen ahora. Da la impresión de que la gente ha estudiado cinco años de carrera para poder entender un partido. En las tertulias de bar, donde antes se expelían trozos de boquerón y cacahuetes cuando se gruñía algo sobre el equipo que se defendía, ahora tenemos intelectuales franceses de izquierda que se colocan la melenita en cada verso sobre un asqueroso córner. ¿Es posible que haya gente pensando que va a follar por su dominio del tema de los movimientos sin balón del Levante, por ejemplo? Parece que sí.
Y tampoco me divierte mucho ya este fútbol neoliberal que se hace ahora. Todo con pases al hueco para que no corten los rivales, chutando a puerta perfectamente colocado para que no la alcance el portero. Si no te gusta que el otro equipo le dé a la pelota vete a jugar solo. Sería más pobre, pero era mucho más emocionante el fútbol de los primeros cristianos. Rifando cada balón, que tanto tu compañero como el oponente tengan siempre oportunidad de darle a la pelota. Todos iguales ante el pase, todos iguales ante la ley, todos iguales a los ojos de Dios.
Del estadio no tengo nada mejor que decir. Cuando iba de adolescente a uno de los campos de mi ciudad la ilusión era hacerse rápidamente con la revistilla sobre el partido para hacerla pedazos y lanzarla a la salida de nuestros chicos del túnel de vestuarios. ¿Leerla? ¿Qué ibas a leer sobre fútbol? ¿Que el balón es redondo? Ahora, la verdad es que ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que fui al Santiago Bernabéu. Creo que fue un partido contra el Mallorca con Vanderlei Luxemburgo asombrando al mundo con su cuadrado mágico. Y el problema no fue que el dibujo en cuestión tuviera nombre de lema de los Power Rangers, sino sus integrantes. Recuerdo a Roberto Carlos, Baptista y Ronaldo hacer una tontuna celebrando un gol con la que el club me obligó a colgar las pipas hasta hoy. Pocas semanas antes habían hecho la cucaracha, creo recordar. Con lo que me obsequiaron a mí no sé lo que era, pero pensé que el espectáculo ganaría si les dieran la suerte de varas en ese mismo instante.
Tampoco tenía con quién comentarlo aparte de mi acompañante. A los lados tenía turistas. Enfrente, calefacción. Y detrás, una pecera con demócratas centrados viendo el partido por televisión comiendo jamón. ¿Para eso vas al campo? Yo vine al fútbol en el gallinero, grada de pie, entre botellas de calimocho, hachís y tortillas de patata. Éramos feos. Vestíamos mal. Llevábamos walkmans muy grandes y sin autoreverse. Pero con quién casaría usted a su hija, con alguien como nosotros con su plumífero y su chándal de táctel o con un tío que es un prodigio de la elegancia pero que en el fútbol parece que va a romper a gritar: ¡Qué diría Lacan de ese pase! Piense en las Nochebuenas.
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Pingback: Anatomía de una tragedia balompédica
No había leído un inicio de párrafo que enganchara tanto desde hace mucho tiempo. Sería el equivalente futbolero a Metamorfosis de Kafka. En lo que a mí respecta hace años que no miro un macht de fútbol. Para que? Me pregunto. Prefiero conservar el recuerdo de un viejo amor a constatar las ruinas que la decadencia ha inoculado en el…
No se porque pero este articulo me ha hecho recordar los gloriosos tiempos de la Real Bitácora Balompédica Española
Qué grande, Álvaro.
Qué bueno que ahora escribas en jotdown y esos sesudos analistas de hoy lo tengan más jodido para fusilar en Marca y As lo que se escribía en la RBBE.
Excelente la parte desde Belgrado.
tremendo artículo, por fin verdades sobre el fútbol.
Yo fui al derby eterno partizan – estrella roja, donde el partizan gano la liga, pero como el estrella roja ganó el derby, los jugadores del partizan salieron a la carrera por miedo a los grobari.
otro mundo
» puede estar relleno de beicon o de beicon y queso, depende de cuántas temporada de su equipo quiera ver el cliente estando presente en este mundo. »
jajajaj
https://www.youtube.com/watch?v=oGzYlqEJ-tU
Qué cosa más bárbara Don Alvaro! Un placer enorme la lectura y gracias por las risas.
Estaba interesante hasta que empezó a meter indirectas de que la historia de Europa es la de un contubernio judeomasó… digo, antiserbio.
Los croatas también se consideran los más puteados del continente. Y los húngaros. Y los albaneses. Y los montenegrinos. Y los griegos. Y los catalanes, claro.
Pero está bien que comparta las obsesiones de su país de acogida. Así no se siente tan extranjero.
Grande!!!
Como fan incondicional de RBBE se me ha saltado una lagrimilla…
Que gran artículo, Alvaro
Álvaro en estado puro. ¡Qué nostalgia de aquellos tiempos de la RBBE que no volverán! ¿O sí?
Muy buen artículo, felicidades, y sí, odio eterno al futbol moderno….
Saludos