La movida pasa de Tino Casal

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Tino Casal. Imagen: RTVE.
Tino Casal. Imagen: RTVE.

En septiembre se cumplen veinticinco años del accidente de tráfico que —para los fans y muchos compradores de Yo fui a EGB— mitificó al vocalista Tino Casal. Tenía cuarenta y un años, cientos de noches y varias crisálidas a sus espaldas. «Prefiero que se diga que he muerto de sida que de un catarro», dejó dicho cuando le vincularon con la fatal pandemia en los ochenta. No se veía pasando al otro barrio desde la cama, como un viejo o un monarca. Mejor largarse antes de hora por la vía de la fatalidad, troquel instantáneo para la posteridad glam cañí y para una audiencia groupie que iba desde amas de casa con UHF hasta ejecutivos que hacían jogging con un walkman comprado en Ceuta. Lo raro es que no saliera en breve otro recopilatorio. Cómo no aprovechar el río de la efeméride. Agotadas rarezas y versiones, podrían lanzar un cofre con una salamandra autografiada, un fular atigrado, dibujos de tías en pelotas en sus cuadernos de la infancia, algún bastón retráctil con número de serie y, como metafórico combustible nocturno (y/o diurno), el polvo blanco que diseminaba la cementera sobre los tejados de Tudela Veguín, su asturiano pueblo natal.

En la industria musical hay aniversarios póstumos tan exhaustos que para algunos de mercadotecnia debe de ser como darle al play de una psicofonía o sacar de debajo de la cama la ouija de Aplauso y la Nochevieja de Viva 87. Casi todo está mercantilmente cantado, y tras el desastre binario, digitalmente manoseado. La nostalgia funciona, pero a veces es una ciénaga.

Tras tantos aniversarios, revisiones y reivindicaciones periódicas, aún no queda muy claro el trasfondo, la personalidad real, los claroscuros y la influencia artística de Casal. Hay libros enciclopédicos como el de Gerardo Quintana, Tino Casal: Más allá del embrujo (T&B Editores), en el que se repasa todo el animalario que pasó por su existencia (Paco Clavel, Las Costus, Manolo Cáceres, Mcnamara…), amén de detallar discografía y biografía con lupa. Hay documentales honestos, currados y sentidos, como el que José Antonio Quirós (paisano autor de la película Pídele cuentas al rey, 1999) filmó en 2006 Gran Casal, me como el mundo. Por esas cosillas de los derechos de autor (ay, la SGAE…) no hay tema que acompañe la narración, solo algún tarareo de maquetas del propio Tino en el estudio de grabación, lo que deja en sordina gran parte del discurso.

Haciendo historiografía de documentales, mitos y leyendas, no se apuesta si José Celestino Casal Álvarez fue feliz o atormentado, a quién realmente amó y cuál fue su influjo, si perteneció o no a la movida (y si tuvo conciencia de ella), dónde pretendía llegar profesionalmente (¿pintor?), y si su carrera musical ya estaba truncada —como argumenta el productor Miguel Ángel Arenas «Capi»— cuando se largó prematuramente de este mundo. Cualquier reseña se espolvorea de lugares comunes y clichés sobados: un adelantado a su tiempo, un icono, la transgresión necesaria en un país que despertaba tras décadas grises, el hombre que abrió las puertas de la modernidad de la electrónica, el primer neorromántico blablabla… Cada vez que su mirada pelirroja y su estampa de licántropo travesti se asomaba por programas como Entre amigos (del políglota José Luis Moreno y sus orgásmicas presentaciones), el zoom estilo Valerio Lazarov no da abasto ante tanto exceso. Lleva más de veinte prendas encima. Relojes, cadenas, pulseras, broches, semiponchos, capas… «Me odian porque me he adelantado con la chaqueta que ellos pensaban ponerse», dejó como despechada cita hacia el qué dirán. Y el sintetizador era lo más. Lo mismo te convertía en OMD o la Joy Division que te cardaba el pelo. La extravagancia de sus trazas opacaba injustamente el portentoso registro de su garganta. Se pormenorizaba el leopardo, el zarcillo corsario, el ojito pintado, la barba mefistofélica y la recargadísima inspiración de Bowie y Marc Bolan… Tanta vanguardia neobarroca acabó por vampirizar su principal activo, su voz, que realmente era extraña y cojonuda. A Javier Losada —amigo, productor, teclista y arreglista— siempre que se le pregunta subraya que a Tino no se le ha hecho justicia en ningún documental. Que el mundo de la música española tiene una deuda pendiente con el hombre que lo mismo producía el primer disco de Obús o de Vídeo («La noche no es para mí») que abría en Madrid la galería Tate Tate junto al artista Antonio Villa-Toro, para mostrar sus pinturas esotéricas, sus esculturas delirantes y «neopsicodélicas», terroríficas e invendibles.

De todos las antologías, montajes por YouTube, reseñas y loas hacia el primera bestia parda y rara de nuestro pop, pocas inciden en cómo carajo cantaba el guaje, y otras directamente creen que lo más que merece es que sus herederos pidan derechos de imagen a los Locomía. ¿Pudo ser el nuevo Bruno Lomas, el Anticristo Superstar, el Nino Bravo del Naranjo de Bulnes bautizado en las negras aguas del Nalón? ¿Ocuparía el escalón inferior debajo de las alzas de Raphael o de Camilo Sesto? Nunca sabremos si eligió la dimensión de su grandeza —como Mágico González, que de no haberse echado tantas siestas hubiera sido bastante mejor que Maradona— siempre inmerso en una vida hedonista, generosa, caótica y consagrada a falsetes catedralicios y a esa denostada electrónica que en España no molaba demasiado a los que hacían listas sagradas. Muchos de los popes de la movida le meten en el saco de los polifacéticos estilo mamarracha, y nunca en la misma cuerda creadora o benefactora que Radio Futura, Nacha Pop, Derribos Arias, Parálisis Permanente o Alaska y sus Pegamoides. Sin embargo, visionando de nuevo el vídeo de «Embrujada» —obra del malogrado realizador José Luis Lozano, grabado en 1984— se percibe toda su frescura lírica almodovariana (¿realmente le financió Pepi, Luci y Bom…?), con cenicientas de Disney, cuartos oscuros y autobuses de la EMT que se largan dejando tirada a la protagonista. Un clasicazo. Afectadísimo, como todo lo suyo, pero indeleble a modas. Da la sensación de que todo el universo Casal se circunscribe a la definición global y difusa que dio Fabio Mcnamara cuando le conoció en Malasaña. «Era la más moderna».

Hipérboles y hagiografías cutres y escasos los análisis a su carrera vocal, como si el talento interpretativo fuera una anécdota complementaria oculta tras ese cortinaje barroco comprado en Carnaby Street. Si se bucea en Google hay forofos que ¡¡¡aseguran!!! que iba a sustituir al mismísimo Freddie Mercury, cuando en verdad el líder de Queen moriría dos meses después. La cosa no daba para tanto (y lo del nuevo Bowie era un desfase anfetamínico del club de fans), pero sí que resulta delicioso escucharle en ese «Lamento de gaitas» (mucho antes que los gaseosos experimentos de Hevia y Carlos Núñez) donde liderando el grupo Archiduques pasea entre el blanco y negro por la románica Santa María del Naranco. «Me siento tan triste, como aquella noche / en que tú te fuiste, de mi lado en Asturias / Por eso hoy, que solo estoy, y tú estas ausente / ante tu tumba estoy llorando tu muerte». El clip destila un molón regionalismo posmoderno, Tino está guapísimo y con un pelazo que ni los click de Famobil y la tonada con oscilantes galleos suena bellamente premonitoria. En el pueblo ya empezaba a ser la comidilla del bar Ortea, por las plataformas y las patas de elefante, generando más comentarios que los goles que Quini y Enzo Ferrero le endosan a Esnaola o Urruti.

Cualquier crítico con dos dedos de oído suscribe que Tino cantaba de puta madre, con un corolario amplísimo y un registro versátil intuido desde sus tiempos en Zafiros Negros. Le arrebataba la copla, la desmenuzaba, y le quitaba los trajes de sevillana a su hermana Conchita para paliar la negrura del valle y el vasto aburrimiento de la zona, más por razones escénicas que freudianas. Luego se largó a Madrid con Archiduques con la promesa a su madre Eufrasia —Frasi— de ir a misa cabalmente. Al tercer domingo el despertador no sonó.

A finales de los setenta, su carrera llamó la atención de los cazatalentos (Luis Cobos, estudio Scorpio, Phillips como discográfica) que ven en su porte y su timbre un cheque de ciento ochenta centímetros. Quedó segundo en el Festival de Benidorm de 1978 con el imperativo «Emborráchate», con una letra tremenda escuchada con los correctos oídos de hoy, en el que se insta a la mujer a hincar el codo para olvidar y perder el control «una vez más». Poco después y tras mamarse en Londres de vanguardia y mutar en un Billy Boy espídico (Julián Ruiz como pigmalión), regresa a España como si un remedo de Ziggy Stardust quisiera lavarse todo el tizne de la cuenca minera: champú de huevo para el pelo y tinte de camomila para el bigote. En la ribera del Tamésis estuvo siempre con Pepa, su escudera fiel y personaje que se habría asomado a muchos abismos del cantante, quizá quien mejor le conoció y quien más calló.

Así aterriza Tino en Barajas, como la nueva rara avis del panorama musical español. Se populariza aún más cuando «Pánico en el Edén» (1984) suena encima de las escaladas de José Luis Laguía o los demarrajes de Marino Lejarreta. La jugada del sintetizador se repetía de nuevo, puesto que Unipublic había dado en la diana con con electrónicos Azul y Negro y sus pegadizas «Me estoy volviendo loco», y «No tengo tiempo», en los años 1982 y 1983 respectivamente. El tema se incluyó en el disco Hielo rojo, y en Etiqueta negra destacan «Los pájaros», metáfora sufriente de la horda aún metida en el armario, y «Póker para un perdedor», que trataba de dar carpetazo a su Asturias, al pasado enlutado y mediocre del que se ve atrapado entre sus raíces y los cantos de sirena de la gran ciudad. El bingo supremo llegó en 1987 otra vez con Julián Ruiz —amiguísimo productor y aún metido a blogger futbolístico— quien le brindó la versión ibérica de «Eloise» de Barry Ryan para reventar las listas y codearse con el despachadísimo Descanso dominical de Mecano. «Eloise» era «Embrujada» envejeciendo mal, con los pechos caídos sin nitroglicerina que los levantara. Como en casi todos sus discos, en el LP abundan las letras que aluden a facilones juegos florales de sexo, instintos, drogas escapistas, alhajas, fulgores decadentes, parejas mutadas en animales que se devoran… El diseño de las portadas, loquísimo. Con toda la impostura que se quiera y con el sonrojo del paso del tiempo, pero el menda desplegaba un magnetismo en escena que hasta el más estólido se dejaría engañar por mirada tan embaucadora. Y vendió una barbaridad…

Ya estaba subido al coche, reina de la noche, que le conducía por el Madrid de los Austrias, por Malasaña, y que le devolvía al Paseo del Rey donde viviría a todo trapo (literalmente) con vistas a la Casa Campo. Fueron noches sin días, y días a base de pastillas para un esguince fortuito y automedicado tras un traspiés en un concierto en Pachá Valencia. Por eludir la prescripción, se le necrosó la cabeza del fémur. Acabó su corpachón en silla de ruedas y con una cojera que apagó las ganas de bailar. Una convalecencia penosa que tiene traslación en algunos de sus deprimidos cuadros, brochazos desde las entrañas. El mundo cambiaba (el muro, los Simpson, el bótox, Tiananmen…) y él publicaba Hysteria (también con sello de Julián Ruiz) que es un disco directamente malo, con alusiones al hastío que le producía frecuentar los templos del mal como la Joy, Nairobi o Voltereta donde tan estupendamente se lo pasó. «Quemamos el ozono con pintadas de sprays/ ¿Subversivas tal vez?/ No, no fuimos héroes/ Ya todo estaba escrito». Ruiz jura y perjura que la letra de «No fuimos héroes» cinceló el epitafio de la movida, más aún cuando ese mismo año morían las Costus; Juan, por causas derivadas del sida, Enrique, de pena.

En el año de la EXPO y los Juegos de Barcelona, mucho antes de que la Gran Vía mutara en Broadway de pacotilla, Casal estaba en todas las quinielas para el musical de Lloyd Weber El fantasma de la ópera. Un monstruo minado en su salud, un barroquismo tenebroso, un chantajista del amor… Que ni pintado para relanzar personaje. También había proyectos en Japón, vivero de cualquier marcianada. Pero una maldita farola del Puente de los Franceses bajó el telón. El pintor Antonio Villa-Toro iba junto a él en aquel Opel Corsa blanco. Rememora con horror cómo le agarró la mano antes de soltar un terrible alarido, el más agudo jamás proferido, previo a su adiós en un helicóptero sobre el amanecer de Madrid. Hoy una calle de Tudela Veguín, que irónicamente circunda y atraviesa toda la cementera, lleva su nombre, una factoría cuyo traqueteo industrial le arrullaba de crío. El emigrado, el pájaro que metamorfoseó en Londres, el artistaza manierista que se embozó en mil movidones madrileños, sin esa maldita cadencia nunca nunca pudo conciliar el sueño.

«Mil gaitas sonaban, con triste dulzura / de pena por verme con gran amargura / me siento my solo, me siento muy triste / por eso pido a Dios, que me dé la muerte».

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37 comentarios

  1. Marcos

    Es ‘Naranjo de Bulnes’,’ Naranco’ es otro. Saludos.

    • vanessavankoff

      No, Marcos. El Monte Naranco está a las afueras de Oviedo y Santa María del Naranco está ahí. El Naranjo de Bulnes o Pico Urriellu está en los Picos de Europa.

  2. pijus magnificus

    Por favor, si alguien es capaz de mencionar alguna obra procedente de la «cuerda creadora» de la tipa conocida como Alaska me la envíen al 742 de Evergreen Terrace. Gracias

  3. Gondisalvo

    Si que tenia una estupenda voz y la canción que acompaña al video es bastante buena…aunque no me guste la producción. Esos teclados, sintetizadores, de los ochenta que tan cutres suenan: ya en su momento ese sonido global no me gustaba nada…me refiero a los teclados y sintetizadores tan habituales en el sonido de la segunda mitad de los ochenta, sobre todo. Tino Casal no solo tenia una extraordinaria voz – nada habitual en el pop, rock, techno español…de siempre. Ni siquiera en la actualidad hay , casi, cantantes excepcionales – y cantaba bien, era pintor, y mas cosas. Y si, llevaba «pintochos», pero de eso se trataba en esos años… de ser la mas moderna. Como anécdota : el que conducía el coche en el trágico accidente lo conocía yo. Me acuerdo cuando nos dieron la noticia que nos quedamos impactados. Pues donde quiera que esté Tino Casal (si está), un abrazo

  4. Un tío con más talento que ninguno que los que pululaban por la época. Lo cual, por otra parte, no es tanto.

  5. ANGEL

    Pues sí, Tino fue algo más…¿ Visionario ?, cuando tu archivo de …… te hable de guerras que no puedes ver…. ¿Las vemos? , las visibles no, las ocultas siguen ahí. Intuía, captaba, eclosionaba y por fin moría noche tras noche entre sabanas de satén y seda. Tendría yo unos 22 años cuando lo conocí. solo intercambie unas breves palabras con él, recuerdo esa noche en la discoteca Voltereta. Él, en una esquina, dominando la pequeña pista de la entrada. No daba crédito a mis ojos, mi ídolo, mi referencia, el que había sustanciado magistralmente tono y timbre. El que nos presentó un soplo de la miniaturización que vivimos hoy, de la mano de un casiotone, estaba disponible todo para mi.

    Me acerque sin pensarlo y se lo solté. Eres Tino Casal, ¿ verdad ? , cuando pasas de R2 a R3 o lo que es lo mismo, del 2D de la pantalla de la tele al 3D de la realidad, y encima con la poca luz del cementero antro, es lógico que preguntes, ¿No?, Me sonrió y asintió. En ese momento sentí algo indescriptible, tal vez la misma osadía que siente Saturno al conocer que consume nuestro mortal tiempo.No quería ser un estorbo ni causarle ningún tipo de molestia, pero tenia que hacerle saber, que yo simple mortal que embobado escuchaba sus canciones sin pausa ni método, tenia una que especialmente tocaba cada una de mis neuronas, alineándolas en una perfecta simetría. «un minuto más»…. Así que se lo solté. Me sonrió sin apenas apartar la mirada de la pequeña pista. Si, es la mía también. Esa noche quedó grabada en mi mente, y dormí feliz al entender un trocito de su alma.

    • Imagino la emoción que sentiste al poder decirle a tu ídolo, con unas palabras, cuánto le admirabas… ¡Qué bonito recuerdo de juventud!

  6. Pingback: La movida pasa de Tino Casal

  7. ALFREDO SALA PALACIO

    Desde Bcn España. Bien el artículo, un poco ininteligible para mí, la edad que tengo, claro. Tal vez lo que más me gustó fue el inteligente y emotivo comentario de Ángel, el lector. Me encantaba Casal, mi paisano, no murió sólo por el accidente; este fue la conclusión. Murió, como tantos, por los excesos.

  8. Midnighter

    «Pánico en el edén» no pertenece a «Etiqueta negra» (1983) con el que ya consiguió ser superventas, sino a «Hielo rojo» (1984).

    • Javier Caballero

      Hola Midnighter,
      Gracias por la lectura y por alertar del gazapo. Ahora lo subsanamos. Saludos

  9. Tino el asturianu que inventó la movida madrileña, era el más moderno, el más guapo y el que mejor voz tenía, no como la mamarrachas politizadas histérico-hipsters comunistillas como la Nacho Vegas

    • luuisaa

      Nacho Vegas no tiene nada que ver con la movida madrileña, es de una generación posterior. No sé porqué los relacionas

      • Enamorado de la moda juvenil

        .¡ No sé por qué, no sé por qué…Ni tengo vino, ni tengo sed…!

        Si prefieres te pongo a la auserona de ejemplo….son cosas de la escritura automática.

  10. Benji

    Gran artista y mejor persona Tino.Sólo puntualizar que si bien fue una de las almas de la Galería Tate-tate, hubo más nombres en ese gran proyecto del inicio de los 90. Rufino de Mingo, Manolo Campoamor, Paco Clavel,Diego Romero, Fabio McNamara, el ya mencionado Villatoro.También participaron artistas como José Manuel Velasco, Eva Liberten, GonzAlo Torné, Luis Perez Calvo, Antonino.Artistas iberoamericanos como Aldo Menendez, Jose David Miranda y alguno más que me disculpe si no recuerdo ahora.

  11. Benji

    Se me olvidaba hablar de Vampirella y Blanca Sanchez también como habituales de la Tate-tate

  12. Daniel

    Creo que por discoteca Nairobi te refieres a Hanoi

  13. Ni vampirellas ni alaskas, ni almovovares

    Si mal no recuerdo Tino no iba al Nairobi a que le pusiese las copas la Rossy de Palma, si Tino levantase la cabeza y viese en lo que se han convertido todas las mamarrachas de la movida. Qué movida!

    • Donde estaban las salas Hanoi y Nairobi que dice en una de sus letras? Lo único que he encontrado es que la sala Hanoi era propiedad del empresario del sector de la noche Marcelo Calvo pero ni rastro de la dirección .. me gustaría pasarme por ambas por curiosidad ( aunque ahora puede que estén convertidas en unos chinos o un banco como ha pasado con muchas salas míticas ..)

  14. Una pena que no se recuerde, prácticamente, a Los Archiduques.
    «Quiero volar muy alto» es una verdadera joya.

  15. Estimado Javier Caballero, advertirle de otra grave errata, Enrique Naya (Enrique Costus) fue el que murió de complicaciones derivadas del SIDA el 4 de mayo de 1989. El día 3 de Junio del mismo año, Juan Carrero, Juan Costus, íntimo amigo y acompañante de Tino en numerosísimas actuaciones musicales como figurante, fue encontrado muerto. Ah! gracias por el reportaje y por Recordar a Tino. Podría solicitarle uno sobre mis tan admirados Costus (y denostados al mismo tiempo)?.

  16. manuel

    Me sorprende la poca credidbilidad que le das a la obra plástica. Para mi grandiosa.
    sus cuadros son una nueva psicodelia

  17. Luis Blanco

    Santa María del Naranco no es románica, es prerrománica.

  18. Carlitos

    Qué manía con ensalzar, alabar y encumbrar a personas que no fueron nada especial, excepto para sus fans mas acérrimos.

    Comparar a Tino con Almodovar, un tío que no me gusta pero que tiene Oscars en su haber, es un despropósito.

    Pocos artistas buenos hay que hayan sido maltratados por la industria y el público. Muy muy pocos, por no decir ninguno.

    Tino fue lo que fue: un personajillo raro que sacó un par de discos buenos. Pero ni fue un visionario, ni dejó un legado de incalculable valor, ni merece estar en el pedestal que le ponéis algunos.

    • Julio Cesar Martin

      Carlitos. Tu opinión la respeto pero faltar el honor es un delito te recuerdo y en tu opinión hay mucha falta de respeto a Tino y su Honorífico Arte que puede que no sepas valorar o apreciar. Te requiero para que no faltes el honor a Tino y a nadie.

    • Carlitos

      Ojo. Yo no falto al respeto de Tino ni de nadie. Somos libres de escuchar/disfrutar/idolatrar lo que nos dé la gana en esta vida. Faltaría más.

      Sólo digo que un servidor (y muchos millones de personas conmigo) hemos sido incapaces de valorar y apreciar la genialidad y el incomparable legado de Tino. No se lo vimos en vida como hicieron con Picasso, ni siquiera a título póstumo como le pasó a Van Gogh.

      Sois pocos los Elegidos de entrar en el Cielo de Casal, me temo.

      • Valorar los Óscar es como valorar el Festival de Eurovisión en este momento.Tino despertaba sentimientos antagónicos a la gente que lo escuchaba, pero lo que denota las palabras de Carlitos es que se quedó en esos dos discos que conoce pero no ha visto su legado pictórico y sus esculturas que son totales como lo era su voz. A mi Almodóvar no me dice nada, mira tú y se le ha valorado en exceso para mi gusto, ya sabes, para gusto, colores.

    • Tiene un Oscar….. ¡¡¡¡¡MUERO!!!!!!!!!!!!!!!! ¿qué coño son los Oscar? igual todavía hay gente que piensa que los Oscar tienen prestigio. No puede ser..

  19. PUXA TINU !!!

  20. Jesse Pinkman

    Cuando uno escucha alguno de sus discos se puede comprobar que Casal siempre se tomó la musica muy en serio. Buenos músicos, a la última en la tecnología que por entonces aparecía (e.g. el Fairlight), buenos directos …a años luz de muchos de los musicos que por entonces tuvieron éxito. La cantidad de trabajo (y dinero) puesta en la produccion de un disco como Hielo Rojo -de principios de los ochenta!- es difícil de encontrar en la historia del pop español, incluyendo la paupérrima escena de las dos últimas décadas. Invito a escuchar canciones como ‘Teatro de la oscuridad’ o ‘Mañana’ en un buen equipo de música (no en un video de youtube con el altavoz del teléfono móvil) para poder apreciar la riqueza de los arreglos.

  21. Prerrománica, por dios!! Santa María del Naranco ye una iglesia prerrománica…

  22. Ramón Palicio Suárez

    Felicito a Javier Caballero por el artículo. Aparte de las pequeñas erratas que se han comentado, es un magnífico recorrido zigzagueante por la vida y obra de mi querido amigo Tino Casal … Se ve que conoces bien, Javier, tanto sus raíces, como su devenir vital. Y quizas el fondo de todo se resuma en el hecho de que toda su odisea lo termines con esa canción, «Lamento de gaitas» ( » …« Mil gaitas sonaban, con triste dulzura / de pena por verme con gran amargura / me siento muy solo, me siento muy triste / por eso pido a Dios, que me dé la muerte»…. un círculo que nos recuerda que todo vuelve a su origen…

    Por cierto, cuando Tino compuso esa letra, tenía 17 años.¿ No es señal inequívoca de la precocidad propia del genio, de potencial creativo y de una inquietante premonición ?

    Yo así lo creo… Sé de sus preocupaciones, de su personalidad y de sus principios… un poquitín. Nos conocimos con cinco años, fuimos al cole juntos otros 8 y pasamos la adolescencia conectados. Y sí: es muy cierto que su calle atraviesa el corazón de la cementera que siigue aquí, frente a su casa y la mía, en Tudela-Veguín … La misma fábrica cuyo ruido le arrullaba cuando era niño y hoy día me sigue arrullando a mí.

    Leyéndote, Javier, 62 años después, me reafirmo en que la infancia, contra lo que algunos piensan, es la mejor etapa de la vida. Un saludo desde el pueblo del que un día partió y al que otro regresó un niño llamado Tino Casal.

    Ramón Palicio.

    • Creo que su infancia no fue buena, guardaba muchos traumas. Cuando alguien canta su vida y su angustia vital, su soledad, cuando alguien no quiere volver a casa hasta que amanece, hay que preguntarse: ¿Qué te ha pasado?

      • Tuvo una infancia FELIZ, adoraba a sus padres y hermanas que bebían los vientos por él y económicamente nunca le faltó de nada, era una familia de clase media trabajadora. La soledad la tuvo cuando se marchó de su tierra, fuera de su familia y amigos de infancia,la soledad propia del artista en solitario, dicho por todos los que pasan por esa situación.
        Su único exceso fue vivir la vida intensamente, murió por un accidente, no a causa de ninguna sobredosis.
        Los grandes se marchan pronto, supongo que será porque tienen que enseñar todo lo que saben en otros planos, en este caso, el espiritual.

  23. Tino era mucho más que Embrujada, Champú de huevo o Eloise.Si después de conocer su obra en su conjunto, no gusta nada de lo que hizo, denota poco criterio o prejuicios camuflados que se intentan justificar valga la redundancia, sin justificación sólida alguna.

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