Jaco Pastorius: la triste soledad del genio

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Jaco Pastorius (foto: DP)
Jaco Pastorius (foto: DP)

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11 de septiembre de 1987. Un hombre pretende entrar en una discoteca. Es joven, pero no presenta muy buen aspecto y puede decirse que atraviesa sus horas más bajas; de hecho acostumbra a dormir en un parque. El portero del local le impide acceder. El hombre enfurece y, mientras profiere insultos, comienza a patear una puerta de cristal. Cuando ve que los encargados de seguridad se le echan encima trata de huir, pero le alcanzan y empiezan a pegarle. Ni siquiera intenta devolver los golpes; parece completamente rendido e indefenso. Eso no detiene al portero, un cinturón negro de kárate, que se ensaña con el pobre tipo ante el horror de los presentes. Le propina una paliza que le rompe varios huesos de la cara y del cráneo, además de un brazo. Los golpes son tan brutales que uno de los ojos de la víctima se desplaza de su cuenca. Todo por haber pateado una puerta. Inconsciente, el hombre es llevado a un hospital, donde se le declara en estado de coma. Durante varios días permanece allí, mientras sus familiares conservan la esperanza de que pueda llegar a recuperarse. Pero las heridas son demasiado graves y, después de varios días de tensa angustia, una hemorragia interna detiene toda actividad cerebral. Su cuerpo aún vive, gracias a la respiración asistida, pero los médicos hacen un trágico anuncio a la familia: ya nunca volverá a despertar. Aunque su corazón late, su mente no volverá a funcionar. Diez días después de la paliza, los padres del infortunado individuo acceden a seguir el consejo del personal sanitario y autorizan la retirada de la respiración asistida. Así murió, a los treinta y cinco años de edad, Jaco Pastorius. ¿Les suena el nombre? Seguro que sí. Fue uno de los músicos más influyentes y respetados del mundo; el llamado «Jimi Hendrix del bajo» o, como se decía en la nota funeraria del New York Times, «un Monet con sentido del ritmo». Pastorius había revolucionado el bajo eléctrico durante la segunda mitad de los años setenta, llevando el instrumento, hasta entonces poco más que el discreto acompañamiento de los instrumentos solistas, a la primera línea de protagonismo. Su meteórica carrera, de una brillantez cegadora, terminó siendo interrumpida por problemas psicológicos que permanecieron durante varios años sin diagnosticar y que, sumados a un cada vez más caótico estilo de vida, lo llevaron a la completa ruina. Cuando sus allegados confiaban en que, con la debida asistencia, quizá lograse superar el bache, se produjo la macabra noticia de su muerte. Podían haber temido una sobredosis, incluso un suicidio, pero lo que de verdad nadie esperaba era que el gran, el formidable, el inigualable Jaco Pastorius muriese asesinado por el matón que vigilaba la entrada de un club nocturno. Un final dolorosamente absurdo para un genio de su magnitud.

Creciendo en Florida, nunca nadie me dijo: «tienes que tocar jazz» o «tienes que tocar blues». Yo me limitaba a escuchar. Lo que me gustaba, me gustaba. Y lo escuchaba todo, desde Elvis a Miles Davis. Florida es genial porque no existen los prejuicios musicales. Mi familia se mudó a Florida cuando yo tenía siete años y allí empecé a escuchar a grupos de percusión, a bandas cubanas, a James Brown, a Sinatra, a los Beatles. Lo oía casi todo por la radio. (Jaco Pastorius)

Nació en 1951 con el nombre de John Francis Pastorius, aunque desde siempre respondió al apodo de «Jocko», que le había adjudicado su madre;(lo convirtió en «Jaco» años después, cuando un pianista francés le escribió una carta con el apodo así transcrito, lo cual le hizo tanta gracia que lo adoptó como propio. Era un niño aparentemente feliz, el primero de tres hermanos en un hogar aparentemente normal. Un hogar en el que, como en casi todos, había problemas. En la superficie, los Pastorius eran una familia católica perfectamente convencional; el pequeño Jaco era monaguillo en la parroquia del barrio, nadaba y jugaba en la cercana playa, y repartía periódicos montado en su bicicleta. De puertas adentro, sin embargo, las cosas eran menos idílicas. Su padre era un cantante de swing que actuaba en garitos nocturnos y acostumbraba a alargar la fiesta bebiendo, a despecho de que le esperaban su esposa y sus tres hijos. Llevaba poco dinero a casa, cuando aparecía. La señora Pastorius se esforzaba por sacar adelante a los críos en mitad de no pocas dificultades: «a veces cenábamos un gofre y un refresco», recordaría uno de los hermanos de Jaco en el muy recomendable documental sobre Pastorius producido por Robert Trujillo, bajista de Metallica. En cualquier caso, Jaco era un niño entusiasta cuyas principales pasiones eran el deporte —el béisbol, el fútbol americano— y sobre todo la música, para la que mostró desde muy temprano una gran inclinación y también grandes dotes. Solía escuchar a todas horas un pequeño transistor con el que llegaba a captar emisoras de la cercana Cuba; la música cubana se convirtió en una de sus grandes influencias, aunque Jaco siempre recordó con énfasis que en Florida, mientras él crecía, no existían las restricciones estilísticas que sí se daban en otras partes del país. Para él no había distinciones de cultura o color de piel; juzgaba toda la música según los mismos criterios. Aunque le gustaba probar varios instrumentos, como la guitarra o el saxofón, la percusión fue su primer amor. En sus horas libres repartía periódicos sin descanso, hasta reunir dinero suficiente con el que comprar una batería a su medida. Empezó a tocar en bandas adolescentes, pero cuando tenía trece años se lesionó la muñeca mientras jugaba al fútbol («mi mano izquierda casi se separó del resto del brazo») y, tras recuperarse, descubrió que ya no tocaba la batería como antes. Esto hizo que perdiese el puesto en su anterior grupo; sin embargo, cuando el bajista se marchó, Jaco decidió que intentaría sustituirlo. Se compró un bajo Fender y empezó a practicar. Progresó con tanta rapidez que, aun siendo menor de edad, empezó a codearse con músicos profesionales de la zona. Se las arreglaba para pisar cualquier escenario; ante el asombro de sus compañeros de grupo, Jaco conseguía conciertos en garitos frecuentados por negros, en unos barrios donde, en otras circunstancias, no se hubiesen atrevido a poner el pie. Allí, Jaco era bienvenido por su simpatía y don de gentes, y respetado, porque el chaval sabía tocar.

Atraído por el jazz, ahorró de nuevo, esta vez para comprarse un contrabajo. Esto, de manera indirecta, terminaría originando el estilo que le hizo famoso. Se estaba aficionando al sonido particular de ese instrumento, cuyo mástil no tiene trastes, cuando un día la madera de la caja de resonancia del contrabajo se quebró por culpa del calor y la humedad tan típicos de Florida. Jaco empezó a echar de menos ese sonido, pero no tenía dinero para comprar otro contrabajo. ¿Solución? Decidió quitarle los trastes al mástil de su bajo eléctrico, rellenando después los huecos con una resina que se utilizaba para la reparación de embarcaciones. Así nació su famoso «Bass of Doom», el bajo con el que empezó a tocar a todas horas, con el que grabaría durante toda su carrera, el que le acompañó durante casi toda su vida. Lo cierto es que cuando Jaco era un adolescente, los bajos eléctricos sin trastes o fretless ya se comercializaban, pero eran utilizados de manera esporádica, como una alternativa puntual al bajo convencional. Él, sin embargo, desarrolló todo su estilo tocando con su bajo fretless, y esto, con el tiempo, ayudaría a distinguirlo de todos los demás bajistas de su generación. No tardó en descubrir que nadie sonaba como él, ni en Florida, ni en cualquiera de los discos que pudiese escuchar en casa, ni en la música que sonaba por la radio. El jovencísimo Jaco tenía tanta confianza en sí mismo que, durante una conversación con su hermano pequeño Rory, hizo lo que para él constituía una revelación de enormes proporciones. Mirando a los ojos a su hermano, le dijo muy serio: «Rory, tío, soy el mejor bajista del mundo». Su hermano le respondió con igual seriedad: «Ya lo sé». Aquel cándido concepto de su propia grandeza se mantuvo durante sus años de gloria; escondía sus inseguridades, pero también le confería el necesario valor para salirse de todas las normas.

Decíamos que durante su adolescencia se curtió tocando con diversos músicos de la región; hizo una audición para la banda de Wayne Cochran, quien le puso delante unas partituras y le hizo interpretar un tema con los demás músicos. Cochran dedujo de inmediato que Pastorius no sabía leer música, porque no lo vio echar un solo vistazo a los papeles que tenía delante. Aun así, Jaco lo hizo tan bien que fue contratarlo de inmediato. Más tarde, a los veintidós años, quiso enrolarse como estudiante en la facultad de música de la Universidad de Miami. Los profesores descubrieron que, pese a sus evidentes carencias teóricas, su nivel técnico era tan avanzado y sus conocimientos sobre diversos estilos eran tan amplios, que no podía ser un alumno. De hecho, lo contrataron como profesor de bajo. Así conoció a otro profesor prodigioso, un chaval de diecinueve años llamado Pat Metheny, que tocaba la guitarra y que también era tan bueno que terminó convirtiéndose en profesor. Pastorius y Metheny se harían famosos por separado, pero eran amigos desde aquellos tempranos años. La primera vez que Metheny, recién llegado de Kansas y con muy poca experiencia musical, vio tocar a Jaco, no pudo creer lo que estaba presenciando. Creyó que el mundo fuera de su tierra estaba repleto de genios: «Mi primera reacción al escucharle fue pensar: ¿hay gente así en todas partes? ¿Es esto lo normal? Quizá debería subirme al autobús y volver a Kansas City». Formaban una curiosa pareja y, según Metheny, su relación era «volátil». Cuando tocaban juntos, Jaco tenía a todo el mundo a sus pies, pero Pat era el único que parecía crítico, pensando más en las piezas que acababa de escribir que en las inexplicables filigranas de su amigo. Ambos jóvenes prodigios fueron descubiertos por el legendario pianista de jazz Paul Bley, quien de inmediato captó su potencial. Quedaron estupefactos cuando este les propuso grabar un disco junto a él. Paul Bley era un icono, no en vano había compartido escenario con gigantes del calibre de Charlie Parker o Charles Mingus. El disco, autoeditado por Bley, no tenía título y simplemente mostraba los nombres de los cuatro participantes: Bley, Pastorius, Metheny y el batería Bruce Ditmas (hoy, sin embargo, se edita con el nombre de Jaco, supongo que para producir la falsa impresión de que se trata del debut en solitario de Pastorius, cosa que no es). Aunque es un disco muy relevante a nivel documental porque se trata de la primera grabación  profesional tanto de Pastorius como de Metheny, palidece en comparación con las cosas que Jaco estaba a punto de hacer. Por momentos suena demasiado a improvisación sin rumbo, y desde luego está muy, muy por debajo del auténtico debut en solitario de Jaco, que llegó cuando el batería de Blood, Sweat & Tears se topó con él y, pasmado por el talento de aquel joven desconocido, se marcó como meta conseguirle un contrato discográfico.

Ese verdadero debut en solitario de Jaco, titulado Jaco Pastorius, se publicó en 1976. No le hizo famoso todavía, pero tomó a los bajistas (y al mundo del jazz en general) por sorpresa. Aquel joven músico de veinticinco años sonaba como ningún otro bajista había sonado antes. Además, el disco no tenía desperdicio. La grabación empezaba con una versión del «Donna Lee» de Charlie Parker, que servía sobre todo para desvelar al mundo el timbre único de su manera de tocar y su virtuosismo, pero lo mejor llegaba después con temas como «Portrait of Tracy», donde Pastorius hacía un uso de los armónicos inédito en un bajista, o «(Used to Be A) Cha Cha», donde mostraba la manera tan peculiar en que había asimilado las influencias cubanas. Y qué decir de la fascinante «Kuru / Speak Like a Child», con su maravillosa mezcla entre jazz de tintes caribeños y arreglos orquestales. Aunque también había un tema funk más asequible, destinado a ejercer de gancho para los oyentes casuales: la irresistible «Come On, Come Over», al que ponían voces nada menos que las leyendas del soul, Sam & Dave, y donde nada menos que Herbie Hancock se encargaba de los teclados. Es uno de los temas que mejor pueden servir para introducir a un profano en el mundo de Pastorius:

Jaco Pastorius ya tenía, pues, un fantástico disco en el mercado, aunque todavía era un desconocido. Y eso que estaba amenazando con poner patas arriba el concepto que todavía se tenía de un bajo eléctrico. El mencionado uso de los armónicos, por ejemplo, era un recurso puntual sobre el que ningún bajista había considerado construir toda una pieza. Los guitarristas lo usaban de vez en cuando en algunas canciones, y más habitualmente para afinar. Los armónicos son toda una serie de frecuencias sonoras que acompañan al sonido principal de un instrumento, que visten y le dan forma a ese sonido. Cuando en un instrumento se pulsa una cuerda de determinada manera, para que el sonido principal de esa cuerda quede enmudecido, se pueden escuchar de forma más distintiva los sonidos secundarios, los armónicos. De esa manera, el instrumento suena diferente, emitiendo una especie de nota fantasmal, que parece casi producto de alguna otra clase de instrumento. Jaco Pastorius aprendió esta técnica cuando escuchó a un guitarrista usando los armónicos para afinar: «A mí me sonó como música». Fascinado, empezó a introducirlos en su estilo, hasta el punto de que interpretaba piezas utilizando solamente esas notas espectrales, convirtiendo su bajo en una especie de orquesta etérea. Este era uno de los detalles técnicos inusuales que Jaco fue aprendiendo a usar durante sus años de formación, descubriendo de qué manera podía convertirlos en su propia manera de hacer música, sin preocuparse de cuáles eran las convenciones.

Estaba revolucionando su instrumento, pero casi nadie lo sabía aún. Todo lo que necesitaba era una plataforma con la que darse a conocer entre un público más amplio. La oportunidad llegó cuando fue a ver el concierto de Weather Report, la exitosa banda de jazz de fusión liderada por el austriaco Joe Zawinul, antiguo colaborador de Miles Davis. El grupo, en el que también militaba Wayne Shorter, era uno de los más populares del estilo y estaba ganándose un público cada vez más amplio. Pues bien, tras finalizar la actuación, Jaco se acercó a Joe Zewinul y se presentó de la manera que él consideraba más conveniente: «Hola, me llamo John Francis Pastorius III y soy el mejor bajista del mundo». Zawinul, que se no caracterizaba por su simpatía precisamente, le respondió con un seco «vete a tomar por culo de aquí». Sin embargo, Jaco insistió y consiguió iniciar una conversación; le rogó que escuchase sus grabaciones, cosa a la que Zawinul accedió finalmente. Fueron a su habitación de hotel y pusieron el disco. El que entonces era bajista de Weather Report, Alphonso Johnson, pasó por delante de la puerta y quedó sorprendido por lo que estaba escuchando: «Empecé a sentir que mis horas en Weather Report estaban contadas», recordaría después con sorna. En cualquier caso, Johnson terminó dejando el grupo no mucho después, descontento con el funcionamiento interno. El abandono se produjo mientras estaban grabando su nuevo álbum y Zawinul no dudó en llamar a Pastorius para cubrir el hueco.

Su llegada a Weather Report fue providencial. El estilo del grupo estaba evolucionando y todo lo que necesitaban para alcanzar la perfección era un músico tan libre de restricciones estilísticas como Pastorius. Su presencia ya se dejó notar en el disco Black Market, de 1976; aunque únicamente tocó en dos temas, aportó una composición propia que anticipaba el futuro sonido del grupo, «Barbary Coast». En el siguiente álbum, Heavy Weather, Jaco ya era un miembro completamente integrado, aunque su ímpetu chocaba con la férrea dictadura creativa de Zawinul, con quien mantenía una extraña relación ambivalente. Por un lado, Zawinul sabía que su nuevo fichaje era una joya con enorme potencial, pero por el otro se mostraba reticente a cederle protagonismo, que Pastorius adquiría de manera natural con su mera presencia. Jaco era el único miembro de la banda que ponía en cuestión las ideas de Zawinul —Wayne Shorter, pese a su fama y prestigio, tenía pocas ganas de guerra y se mantenía al margen—, pero al mismo tiempo parecía necesitar su aprobación constante. En cualquier caso, esta especie de guerra fría creativa estimuló al grupo, que absorbió la influencia de Jaco y ascendió un nuevo escalón en su progreso musical. Heavy Weather supuso el momento de máximo esplendor comercial de Weather Report, siendo el álbum más vendido de toda su discografía. Por un lado, Joe Zawinul compuso el mayor hit de la banda, la inusualmente accesible «Birdland». Pero, además, el propio Jaco Pastorius aportó otras dos composiciones en las que su bajo se llevaba todo el protagonismo y que también sonaron bastante: «Havona», en la que mezclaba el estilo de Miles Davis con sus habituales influencias cubanas, y sobre todo un tema que con el tiempo fue ganando muchísimo peso en el repertorio del grupo, la fascinante «Teen Town», en la que podemos disfrutar con sus virtuosos frasesos de bajo, pero también lo escuchamos tocando la batería… con muchísima clase y un enorme sentido del groove.

Heavy Weather disparó la popularidad del grupo, mientras Jaco Pastorius aportaba otro elemento del que no solamente había carecido Weather Report, sino casi la totalidad de la escena de jazz del momento: carisma escénico. En los conciertos, Jaco aparecía con su aspecto de hippie, llenando el escenario con sus bailes y saltos, lanzando el bajo por los aires, etc. Su sentido del espectáculo, heredado del rock, le llevaba a espolvorear sus zapatillas con talco para que sus brincos levantasen una literal polvareda sobre el tablado. Empezó a acaparar la atención en los directos y su teatralidad cayó como maná del cielo en un grupo que estaba girando en recintos de cada vez mayor tamaño, ante un público heterogéneo que veía en Weather Report no un elitista combo de jazz al uso —pese a que todos sus integrantes fuesen músicos de jazz— sino una excitante banda instrumental de la que podían disfrutar como si fuese cualquier grupo de rock progresivo. El elemento carismático de Jaco Pastorius jugaba un importante papel de cara a ese nuevo público, convirtiendo a la banda en algo más visual y cercano. Por otro lado, sus extraordinarias dotes como intérprete y su insólita imaginación a la hora de abordar lo que podía hacerse con el bajo eléctrico empezaron a convertirle en un cotizado músico de sesión. Mick Ronson, el antiguo compañero de Bowie, descubrió a Pastorius y quedó fascinado por él. Gracias a esto, Jaco terminó tocando en el primer disco en solitario de Ian Hunter, donde demostró que su lenguaje iba mucho más allá del jazz o el funk. Óigase, por ejemplo, «All American Alien Boy», donde podemos escuchar un absolutamente maravilloso solo de bajo con guiños a las armonías tradicionales. El solo de Jaco (que suena al minuto y pico) es, de hecho, lo mejor de toda la canción:

Por aquel entonces, también la cantante y compositora Joni Mitchell andaba a la búsqueda de un bajista. Joni tenía un serio problema con su banda habitual; ella pretendía grabar una música más compleja, pero sus músicos no conseguían entender lo que les estaba pìdiendo y su bajista, sobre todo, pensaba que su jefa había perdido el rumbo y estaba reclamando extravagancias. Pero Mitchell hablaba en serio: se sentía cansada del estilo plano de bajo que había caracterizado el pop-rock de los sesenta y setenta, un estilo que le parecía pobre en comparación con las dinámicas líneas del jazz o el funk. Sin embargo, tampoco quería un bajista que se limitase a trasladar esos estilos a su música. Lo que ella buscaba era alguien que pudiese crear una interacción más compleja con las melodías vocales, que supiese armonizar de manera más rica, que fuese más allá de las notas típicas que componen el esqueleto de cada acorde. En otras palabras: buscaba un músico fuera de lo común. Un día, teniendo una de sus habituales discusiones con su bajista, el tipo le dijo: «No voy a tocar esas cosas raras que pides. Además, ya hay un bajista que hace esas cosas raras. Se llama Jaco Pastorius. Llámalo, te gustará». Picada por la curiosidad, Joni llamó a Pastorius. En cuanto se pusieron a tocar, ella rápidamente se dio cuenta de que aquel era el músico que necesitaba. El resultado de aquella colaboración, un extraordinario disco, fue otro de los puntales con los que Pastorius terminaría ejerciendo una indeleble influencia sobre los bajistas posteriores. Por ejemplo, en la canción que daba título al álbum, «Hejira», donde el bajo, en vez de ejercer solamente como mero cimiento, se mezclaba con el resto de armonías, demostrando la mentalidad orquestal con la que Jaco concebía su aportación a las canciones:

Estaba viviendo los momentos más felices de su vida. Casado con su novia del instituto, tenía dos hijos y llevaba una existencia despreocupada. Su prestigio como músico crecía a pasos agigantados. El mundo de la música empezaba a conocerle, y cuanto más se le conocía, más parecía el principal candidato a ocupar el trono de los bajistas. También se estaba convirtiendo en un símbolo de la caída de barreras entre géneros, y en una referencia para muchos colegas de profesión, fuesen bajistas o no. Por lo demás, Weather Report continuaba con sus exitosas giras y en el siguiente álbum, Mr. Gone, Jaco aportó dos más de sus particulares composiciones, «Punk Jazz» y «River People». Todo iba bien. Hasta que dejó de ir bien.

Cuando surgieron los problemas, nadie a su alrededor supo muy bien cómo reaccionar. El carácter de Jaco siempre había sido extrovertido y algo excéntrico, esto no era una novedad para nadie. Bromista y juguetón, le gustaba comportarse como un crío. Eran habituales sus simpáticas locuras; en una ocasión, desapareció del autobús de gira… ¡mientras el autobús estaba en marcha por la autopista! Dado que solía esconderse para tomarle el pelo a sus compañeros, todos dieron por hecho que se había metido en algún rincón inverosímil y que aparecería en cualquier momento. Sin embargo, pasaban los kilómetros y no había rastro suyo. Cuando llegaron al lugar del concierto, descubrieron con asombro que Jaco ya estaba en la sala, esperándolos. Al parecer, se las había arreglado para salir del autobús, descolgándose por una ventanilla y saltando (¡en marcha!) al coche de unos admiradores que lo habían reconocido. Esta clase de estupideces, muy propias de él, no suponían mayor problema. Por lo demás, era un tipo responsable y, por ejemplo, estaba muy entregado a su vida familiar. Como su padre había sido músico y, por causa del estilo de vida había abandonado a los suyos, Jaco no quería caer en los mismos errores. Sin embargo, el carrusel de la fama lo absorbió. Empezó a beber y tomar drogas. Sus fiestas cada vez se alargaban más, a veces durante días enteros. Su aureola de individuo imprevisible pasaba de boca en boca y le hizo caer en una espiral similar a la de Keith Moon; quienes querían estar de fiesta con Jaco siempre esperaban que les sorprendiese con alguna nueva locura. Pero mientras ellos se iban a casa a descansar después, Jaco continuaba de marcha con una nueva tanda de gente. Su matrimonio embarrancó. Se separó de su mujer, se volvió a casar y tuvo gemelos, pero las cosas no mejoraron. Es difícil determinar si ese tren de vida ayudó a despertar unos problemas psicológicos que ya estaban latentes, lo cual es probable. La conducta de Jaco fue empeorando, y no se trataba del típico hundimiento de una estrella. Más allá del alcohol o las drogas, tan habituales en el negocio, había algo que desconcertaba incluso a sus compañeros de jolgorio. El humor de Jaco había empezado a cambiar de manera cada vez más radical. Empezó a tener arranques de megalomanía mística que ya no se parecían a la egolatría adolescente de otros tiempos, y que iban seguidos de momentos de hundimiento en los que parecía venirse abajo por completo. Esto arruinó también su segundo matrimonio y enrareció por completo el ambiente dentro de Weather Report. Nadie entendía muy bien qué le estaba sucediendo.

Jaco, en cualquier caso, tenía ganas de formar una banda propia y firmó un suculento contrato con Warner Bros en 1981, para grabar su segundo disco en solitario, Word of Mouth. El disco contenía cosas tan impactantes como una hipnótica versión de los Beatles, «Blackbird», u otra muy sorprendente de Johann Sebastian Bach. O la no menos sorprendente pieza «John and Mary». Pero nada de esto era lo que la compañía había esperado de aquel disco. Habían confiado en que Jaco grabase algo más parecido a su primer álbum, más centrado en su virtuosismo técnico y no tanto en la composición de arreglos. Habían querido vender un disco en el que el virtuoso se exhibiese y estaban decepcionados. Para colmo, les entró el pánico cuando Jaco insistió en abrir el álbum con «Crisis», una nerviosa pieza que los músicos habían grabado ¡sin escuchar lo que hacían los demás! La verdad es que es una pieza fascinante, y desde luego más asequible que algunas de las locuras que había grabado John Coltrane, por ejemplo. Y en definitiva, aunque Pastorius se salió con la suya y el disco sonó como él quiso que sonara, en Warner respondieron no dándole al disco el apoyo que su protagonista creía merecer.

La gira de Word of Mouth terminó de confirmar las preocupaciones sobre su estado mental. El batería de su nueva banda, casualmente, era hijo de un psiquiatra. Al comentarle el caso a su padre, este le dio los primeros indicios de que Jaco podría estar padeciendo un trastorno bipolar. Ante la insistencia de su pareja para hacerse examinar, Pastorius fue efectivamente diagnosticado como maníaco-depresivo en 1982. Empezó a tomar litio para controlar el trastorno. Sin embargo, como muchos pacientes bipolares, tuvo problemas para asimilar lo que le estaba pasando, y sobre todo para sobrellevar los efectos secundarios de la medicación. En 1982 se publicó su último disco con Weather Report, en el que ya no había ninguna composición suya. Su tercer disco en solitario se quedó sin publicar. Herido por estos fracasos musicales y atormentado por su enfermedad, empezó a recorrer una espiral descendente que empezó a alejarlo de todo. En 1983 no hizo nada con su carrera, salvo editar un directo grabado en la gira de Word of Mouth. Su desánimo y los abandonos de la medicación hicieron empeorar todavía más la situación. Su mujer, preocupada, se separó de él y empezó a poner impedimentos para que pudiera ver a sus hijos. Para Jaco, que siempre había sido un padre afectuoso, esto era una tortura.

No mucho antes, Jaco Pastorius había ocupado la portada de todas las revistas especializadas. Los bajistas, los demás músicos y muchos aficionados lo consideraban una leyenda viva, pero él era incapaz de salir del pozo. Su dinero se esfumó, en buena parte por culpa de la cocaína. Le desalojaron de su apartamento neoyorquino porque no pagaba el alquiler. De repente, estaba alejado de la primera línea a la que por talento e importancia musical pertenecía. Quienes le conocían y se lo topaban por casualidad apenas podían creer lo que veían. Joni Mitchell pudo verlo tocando en un club y quedó sobrecogida por su pésima forma tanto musical como personal. No mucho tiempo después, se lo empezó a ver tocando en la calle a cambio de monedas. Al mismo Jaco Pastorius del que aún se hablaba con reverencia en la prensa musical. Aún peor, sus allegados supieron que estaba durmiendo en un parque de Manhattan. Era un homeless, un sin techo. Él, sin embargo, rechazaba toda ayuda y parecía querer quedarse allí. Para colmo, estando en un banco del parque, le robaron su legendario instrumento, el «Bass of Doom», que permaneció desaparecido durante años; mucho después, al saber que lo tenía un coleccionista, Robert Trujillo lo recompró y se lo cedió a los herederos de Jaco.

Aun estando en un estado tan lamentable, grabó un vídeo educativo sobre técnicas de bajo junto a uno de sus ídolos, el también legendario Jerry Jemmott (en sus momentos de bajón, Jaco había llegado a decir: «todo lo que hago es una mala imitación de Jerry Jemmott»). En el vídeo, a Pastorius se lo ve con mal aspecto, aparentando bastantes más años de los que tiene. Cuando un respetuoso Jemmott le pregunta sobre cómo le hace sentir que el mundo lo considere un músico increíble, Pastorius responde con un descorazonador «pues conseguidme un concierto». Aún era famoso, aún era respetado; incluso sus ídolos hablaban de él con veneración… pero estaba solo. No porque no tuviese a nadie. Tenía una mujer, tenía hermanos, tenía amigos, tenía admiradores. Pero era incapaz de aceptar la ayuda que le ofrecían. Como si estuviese en otra dimensión.

La caída a los infiernos del divino Jaco Pastorius parecía no tener final, hasta que regresó a Florida, donde su mujer y sus hermanos consiguieron por fin que aceptase ingresar en un hospital. Aquel noble intento no duró demasiado. Jaco salió y, cuando todos quisieron darse cuenta, volvía a estar durmiendo en un parque. De nuevo se negaba a recibir ayuda. Nadie sabía qué hacer para sacarlo del hoyo; no se veían capaces de conseguir mucho más que agarrarse a la idea de que quizá el paso del tiempo le devolvería cierto equilibrio, como sucedía a veces con otros pacientes. Pero ya era demasiado tarde, y no por culpa de la enfermedad, sino del arrebato criminal de un portero de discoteca. Una mañana, quienes confiaban en su salvación se despertaron con la noticia de que una paliza lo había dejado en coma. Menos de dos semanas después, Jaco Pastorius moría. Su asesino se libró de la condena por asesinato, que pasó a condena por homicidio, y terminó cumpliendo solamente cuatro meses de prisión.

La existencia de Jaco Pastorius fue algo fuera de lo común, extrema para lo bueno y para lo malo. Supongo que nadie supo nunca qué pasaba por su cabeza; quizá otros pacientes de la misma enfermedad puedan entenderlo, pero para la mayoría de nosotros su declive es un enigma. Aunque mayor enigma todavía constituye su deslumbrante talento. Un hombre que había revolucionado el universo de un instrumento, algo que se dice pronto y que constituye una hazaña cultural única por definición. La magnitud musical de Jaco Pastorius es infinitamente mayor que su fama. En cualquier caso, lo mejor es recordarlo en su punto más alto, cuando pisaba los escenarios con la actitud despreocupada de quien está haciendo algo para lo que posee una facilidad innata, de la que carece el 99’9% de los mortales. Sonriendo, como si la enormidad de su incomparable talento le hiciese gracia incluso a él mismo. Un coloso. Este es el Jaco Pastorius que todos deberíamos recordar siempre. 

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44 comentarios

  1. luchino

    Muy buen artículo. Ha conseguido engancharme, a pesar de no tener muchas referencias sobre J. Sartorius ni haber oído su música, pero sabe presentar los hechos con amenidad e interés.
    Felicidades.

  2. Robert Trujillo bajista de Metallica. Anda que…

  3. A mi las historias de estos supuestos genios me parecen un poco de chiste. Genios fueron los Beatles, los Rolling, Nirvana, the Doors, Queen o Led Zeppelin.
    Pero que me digan que pajas de canciones a lo Dream Theather son geniales me da risa. Una cosa es ser un virtuoso, la otra pasatre una canción entera haciendo un solo, la música sin melodia se convierte en un peñazo. Y a esto solo tengo dos excepciones: Hendrix y los gloriosos Pink Floyd, pero estos si escribian canciones y no solos interminables.

    • ver a alguien comparar a músicos de dos géneros completamente diferentes me da mucha risa. pero es comprensible de alguien que limita su mundo de genios a esos que menciona.

      • Viccus

        Genio no tien que ver con que te escuche mucha gente, además en tu lista sobran los Zeppelin y los Rolling.

    • Te ha faltado incluir a Michael Jackson en tu lista de grandes. Lo que hay que oir…

    • alahu akbar

      que tengas un oido haragán no te da mucho credito para opinar de esa «musica sin melodia» que mencionas.

    • Sciarpa

      Bastante comprensible por parte de alguien que se las da de entendido por escuchar sólo a los «grandes».

      Y esto se demuestra en el último párrafo. Pastorius tiene en su repertorio canciones mucho más accesibles que «Echoes» de tus adorados Pink Floyd. Y para muestra de ello no hay que salirnos del artículo.

    • Mago de la Rosa

      No vale ni la pena responderte, cuando escuches mucha música durante miles de horas podrás estar en otro nivel para compréndela, de lo contrario reserva tus comentarios para la emisora q escuchas

    • Ruymán

      La verdad Yeah, te luciste, de echo pienso que lo has hecho adrede, para generar controversia. De verdad si empezamos a hablar de genios en la música creo que sería justo que empezaramos por Bach, te parece?……..

    • Fidel

      Sabes porqué se define a un genio?….Supongo que no… tus ejemplos de genios NO SABIAN LEER MUSICA…De hecho, Miles Davis(éste si,genio) le tenía que deletrear o silbar o tocar despacio en el piano a Hendrix lo que quería que éste tocara….Mejor cierra el pico. ..

    • Leonardo

      Como existen grandes clásicos de la música que popularmente son reconocidos por ser hits, musicalmente también existen otros tipos de composiciones «no tan hits» que independientemente de su virtuosismo marcaron algo…
      Es importante saber apreciar, y mismo si no sos musico, por lo menos valorar que marcó tantos otros. Jaco Pastorius es si un genio, y gran compositor. Y compararlo con dream theater es cosa de quien todavía escucha ac/dc con 40… falta de melodía!? Jajajjajajajjaja

    • David Santos

      Él no fue un genio por lo que tú tienes pensado, ya que hay gente a la que le puede gustar más unos estilos de música que otros, y dentro de lo que cabe eso puede ser subjetivo. Pero es indudable que Jaco fue un genio ya que tuvo un ingenio y facilidad que no ha podido llegar a tener ni un 5% de la gente del planeta y sobre todo por hacer pasar al bajo eléctrico de ser un contrabajo más pequeño a ser un instrumento con el que se puede acompañar tanto como hacer unos solos de una magnitud que ningún otro instrumento puede envidiar. Que te guste más o menos su música, es otra historia muy diferente.

  4. popete jorl

    Ciertamente pastorius fue the milk in bicicle. Pero de ahi a decir que antes que el (recordemos 2 quinquenio de los 70) el bajo era poco más que el discreto acompañamiento de los instrumentos solistas’…macho, te has pasado. Hay un buen puñado de virtuosos que crearon escuela…..

    No ultramitifiquemos al personaje, por favor

    • Gustavo

      No conozco ningún bajista que haya explorado la cuestión melódica y compositiva como lo hizo Jaco en 1976 con su primer disco. La cuestión del virtuosismo no está encerrada en su técnica, sino en los límites que rompió con el instrumento. Recordemos que en los setentas el bajo eléctrico aún era una herramienta novedosa (creada a inicios de los cincuentas), que tenía un gran potencial por descubrir. Jaco descubrió la virtud melódica del instrumento más allá de los solos incidentales propios de jazz. Hablo de composiciones específicamente creadas para el bajo eléctrico, con una ingeniería musical extraordinaria, como nunca antes de había hecho.

  5. Pingback: Jaco Pastorius: la triste soledad del genio

  6. Carlitos

    Que Robert Trujillo, un bajista bastante limitado, sea muy fan de Jaco no sé si encumbra o hunde más al pobre.

    Metallica es un grupo que puede prescindir perfectamente del sonido del bajo y hacer obras magistrales, siendo …And justice for all el mejor ejemplo.

    Es como si hablamos de un guitarrista y leemos que el guitarrista de Vetusta Morla o de los Hombres G, por ejemplo, le tiene en un pedestal. Guay para los fans y quinceañeras, pero para un músico serio…

    • Bueno, hay gente que ni siquiera sabe tocar la guitarra y admira a grandes guitarristas, porque su música los toca, y eso no los hace ni mas ni menos,.. Las pasiones van mas allá de lo que te dedicas o tus habilidades, y Jaco es un bajista que despierta pasiones.

    • Ataúlfo

      ¡¡¡Qué disparate!!! ¿Metallica puede prescindir del bajo? Es opinar por opinar… El sonido de Metallica no se comprende sin Cliff Burton, otro genio oscuro y virtuoso, muy adelantado para su época. Jason Newsted, un bajista digno para el directo, fue eternamente «el nuevo», porque era incapaz de llenar el hueco que dejó un monstruo como el tito Cliff…

    • Cuando dices que Trujillo es limitado como bajista y sólo lo mencionas por Metallica queda clara tu ignorancia. Escúchalo en Infectious Grooves y luego te formas un mejor criterio para que tu opinión empiece a ganar un poco más de validez.

    • Te acabas de lucir con tu comentario. Escúchale con Infectious Grooves y luego me dices si Trujillo es mal bajista.

  7. Carlitos

    Dicho eso, me gusta mucho el sonido de Jaco. Le daré más escuchas.

  8. Joaquin

    Buena nota, gracias. No olvidemos nunca a James Jamerson, gran influencia en Jaco. Algunas preguntas: ¿cómo sabemos que Jaco grabó la batería de Teen Town? ¿Es cierto que ya se vendían fretless? ¿Cómo lo demostras eso? ¿Quién era el bajista de Joni que recomendó a Jaco?
    Gracias!!

    • Javier

      El bajista que tocaba con Joni Mitchell hasta Hejira era Max Bennett, que tampoco me parece que fuera manco, venía también de L.A. Express. Él toca en los discos «Court and spark» y «The hissing of summer lawns», que son dos maravillas. Pero creo que el que recomendó a Joni escuchar a Jaco Pastorius fue Robben Ford, guitarrista también de Joni en esa época.

      • Jaimebcn

        Tal y como él mismo dice en el documental sobre su vida, él mismo le extrajo los trastes a su Fender Jazz Bass del 62 de forma artesanal para convertirlo en un Fretless. Bajos que sí, ya se utilizaban por el entonces.

  9. Tronak

    El disco All American Alien Boys no es el primero de Ian Hunter sino el segundo. Un saludo.

  10. Imprescindible escuchar el doble en directo de Joni Mitchel «Shadows ad Ligths» con la mejor banda que se haya unido nunca para acompañar a un cantante en gira . Jaco y Pat Metheny al bajo y guitarra, Randy Brecker al saxofón, Don Alias percusión y Lyle Mays a los teclados. Espectaculares también los arreglos de viento de Jaco para la canción The dry cleaner from Des Moines del disco Mingus de Joni.
    ¿Para cuando un repaso a Joni Mitchel, Emilio?

  11. elorens

    Gran artículo. Enésimo genio que acaba fatal. Cuando piensas en Charlie Parker, o Pastorius, por poner dos ejemplos ¿se puede desligar su genialidad de su carácter y de cómo afrontaron su vida?

  12. eggman

    Buen artículo. A ver cuándo haces uno sobre Phil Lesh, el más original bajista de r&r de todos los tiempos

  13. Colorao

    Tuve el privilegio de verlo en un concierto de los Weather Report en la Monumental de Barcelona en la década de los 80. Tras más de 30 años, el recuerdo que atesoro de ese concierto es de !vaya gozada!, los detalles se han ido perdiendo. Recuerdo que en un momento del concierto Zawinul, Shorter y compañía se van y queda solamente Jaco, y toca. Empieza tocando el bajo reconociéndolo com tal, y a medida que pasan los minutos te preguntas ¿como lo hace? No parece un bajo ¿cuando ha cambiado de instrumento? Pero no, sigue con el mismo. Increíble!
    No soy un experto y hablo solo de la música que me gusta y emociona. Esa noche gocé y me emocioné.

    ¡Ah! Weather Report fue el primer plato. El segundo fue Jeff Beck acompañado de Stanley Clarke.
    Ahí hay otro artículo

  14. Perikorro

    Tengo que confesar que no soy un fan de la música de Jaco. Sé que queda mal decirlo (aunque peor sería maldecirlo) y más en alguien que lleva años intentando tocar el bajo. Pero su sonido, su capacidad y sus momentos son inigualables. Una cosa no está reñida con la otra, hay músicas que nos entran mejor que otras y el free-jazz (whatever) a mí no me entra, pero que ese tío es el mejor yo no lo puedo poner en duda.

  15. Admiro muchísimo a muchos músicos. Pero esto de la «genialidad»… se nos va de las manos casi siempre. Jaco es un musicazo, ha escrito su nombre en los libros. Pero el mundo estaba, y está, lleno de bajistas haciendo miles de cosas, que por las razones que sea no trascendieron tanto como Jaco. Quizás no estuvieron aquella noche en aquel momento preciso para hablar con Zawinul… o tenían menos don de gentes que Jaco, o lo que fuese. Admirémosle, disfrutemos su música, pero no novelemos más de la cuenta, porque la música es lo bastante asombrosa para que no necesite añadirle novela. Ah, y señores… el talento no existe. Es trabajo. Pero eso da para otros mil debates.

    • Skoria

      Claro que existe el talento, este es una disposición innata para hacer ciertas cosas. Otro tema es que sin trabajo el talento no trascienda y que a veces, algunas personas con menos talento natural lleguen más lejos que otras con más talento por tener más capacidad de trabajo. Pero vamos, que yo por mucho que hubiese entrenado en mi infancia y adolesencia jamás hubiese llegado donde Messi como futbolista porque no tengo ni un miligramo de su talento, no sé si me explico.

    • El talento existe, pero necesita de trabajo. Ambos se necesitan mutuamente. Obviamente no todo el mundo tiene la habilidad para la música, el deporte o las matemáticas. Y eso se llama talento.

  16. No entiendo que pinta el conepto de hit en Weather Report, incluos en este tipo de música seguimos en la onda de dime cuantos likes tienes y te diré cuanto vales?

  17. turvytt

    Muy buen artículo. Grazie

  18. Nomusz

    Gran músico, pero el Weather Report de Zawinul era un truño. Y eso que estaba el genio de Shorter.

  19. Bello artículo <3 Me servirá mucho para contextualizar la historia de Jaco en un programa de radio. Gracias :)

  20. Jose Campo

    Soy bajista y jaco cambio el curso de este gran instrumento , les guste a unos o mo les guste , pero fue mas que un virtuoso fue un inovador visionario hubicado en esa decada y eso es lo que lo hace Genial….

  21. Se que es muy tarde pero igual quiero pedirles disculpas a todos por mi primer comentario ,es que es dia estaba muy borracho. Sorry a todos soy n imbecil

  22. La informacion es muy interesante y completa sobre este musico.

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