
Es sencillo, chicos. ¿Si bebéis y fumáis y coméis y folláis tanto como yo? Bueno, chavales, algún día seréis simplemente así de buenos en los deportes.
El mejor atleta del siglo XX (1) irrumpió en Boston en 1914 procedente de las divisiones inferiores de los Baltimore Orioles. Entró en la primera cafetería que le salió al paso y se quedó prendado de la camarera que le atendió. Él tenía diecinueve años y ella, solamente diecisiete. Tres meses y tres días después contrajeron nupcias. Un matrimonio que Babe Ruth compaginaría con sus diarias infidelidades.
Llevaban cerca de siete años casados cuando Helen se vio sorprendida con la llegada de su esposo sosteniendo una niña de mantas y convinieron en adoptarla. No se sabría hasta tiempo después que Dorothy había sido fruto de la relación del jugador de béisbol con una de tantas amantes.
Babe Ruth no destacaba por su exquisitez. Espigadas y petisas, blondas y bermejas, exuberantes y escasas, no se le conoció una especial inclinación por ninguna de ellas. Cuando primero los Red Sox y después los Yankees salían de viaje, el bigardo de Maryland no hacía distingos. Jovencísimas granjeras, expertas rameras, empleadas de almacén, viudas, institutrices en día de libranza, artistas del celuloide, secretarias desaliñadas, hastiadas amas de casa y empleadas del telégrafo le buscaban a la salida del estadio o en el hall del hotel sabedoras de su febril entusiasmo por las faldas. Sus compañeros nunca supieron discernir si le privaban más las mujeres o el béisbol por el que sentía veneración. Su compañero Ping Bodie compartió dormitorio con él durante los primeros años de su carrera y acostumbraba a relatar que el Bambino llegó a desfilar con todas la chicas de un burdel de Filadelfia una noche. Alrededor de una docena.
En 1921 los periodistas que cubrían los viajes de los Red Sox fueron testigos de cómo una mujer perseguía a Ruth por los vagones del tren, cuchillo en mano, tras haber descubierto el pastel. La señora, casada para más señas, se sentía traicionada porque el deportista le había prometido varias veces que ella era la única en su vida.
Llegó un momento en el que por casa pintaron bastos, tanto que, harta de su marido, a Helen se le acabó la mecha y desfiló hacia Massachusetts sin billete de vuelta. Cuatro años más tarde perdió la vida al incendiarse la casa que habitaba y a Babe le faltó tiempo para volver a pasar por la vicaría. Su nueva esposa, consciente de la fama que precedía a la estrella de los Yankees, logró convencer a su marido para viajar siempre con él con la excusa de llevarle la agenda. Claire, que había sido actriz y modelo, no precisaba de nadie que le contara cómo era el mercadeo que se generaba en torno a ídolos de masas como aquellos Yankees de Babe Ruth y Lou Gehrig.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Posiblemente hoy en día sería imposible que un deportista de semejante nivel durara tanto tiempo en la élite con ese ritmo nocturno. Gracias por el artículo.
Qué buena peli la de El orgullo de los yanquis. Con Gary Cooper nada menos. Nunca he entendido el beisbol pero a quién no le gustan historias humanas como la de Ruth. Felicidades al autor.
No sé qué gracia le veis a que una estrella del deporte tuviera una vida tan poco ejemplar la verdad. Si el deporte es limpieza, los ídolos deberían llevar una vida más acorde a los valores que el deporte tiene que transmitir. Mezclar alcohol y juegas con algo que tiene que animar a la gente a no quedarse en casa siendo sedentarios no parece un buen negocio.
Lo que hay que hacer es vivir la vida. Lo de «sanamente» es sólo una opción más.
Los deportistas son eso, deportistas. Aquello que hagan fuera del campo no debería ser de la incumbencia de nadie. Los valores que deben transmitir son dentro del campo. Y fuera de él, que cada uno haga la vida que mejor le plazca.
Yo veo el deporte como un entretenimiento como cualquier otro (después de todo, el aficionado medio no es que se anime tras el partido de turno a salir a correr 15 km, gane o pierda su equipo), lo de los valores que transmite y esas cosas son, desde mi punto de vista, polladas que se venden a los crédulos para que dejen de darte la brasa cuando te ven en los partidos del cole aconsejando a tu hijo que le rompa la pierna a algún compañerito del otro equipo (anécdota real).
O sea, el deporte transmite tantos valores al ciudadano medio como cultura transmite el cine español (eso sí, aprendes más geografía con el fúrbo).
Tal vez sea que a pesar de llevar una vida disoluta consiguió triunfar en el deporte profesional y tal vez sea que en muchos casos algo de envidia nos da, entre los que, obviamente, no se encuentra usted.
Muy bueno el articulo
Lo único que sé de Babe Ruth es la inmensa idolatría que atesoró, y que me llega a través del cine o de los libros. Me encanta el artículo (es persuasivo y está muy bien escrito). Y pese a todo el crudo sentido común y el conocimiento de la realidad que dicen que esa vida tuvo que ser infernal, frustrante y dolorosa, que probablemente su actitud fuera el producto de traumas y angustias infinitas, me devuelve a una primitiva y muy inmadura simpatía (o adoración, según el caso) por los vivalavirgen de todas las épocas, y me hace sonreír con un poquito de tristeza por sus dolores y un mucho de admiración por su temperamento.
Qué buena noticia que vuelvas por aquí, Lartaun. Tiempo sin leer tus historias llenas de gusto y detalle. Espero que sea para quedarte.
Buen artículo.
Se mantuvo en forma mientras fue atleta que es lo que nos interesa a los que amamos el deporte. Si después se vino abajo por su mala vida, pues una pena pero su legado permanecerá imborrable.
Grande. Mi abuelo, nacido en Cuba y aficionado al béisbol, era un gran admirador de Babe Ruth. El artículo me ha transportado a esa época tan despreocupada, políticamente incorrecta y feliz.
Sin embargo y pese a sus problemas con la justicia por supuesta pederastia, creo que fue Sports Ilustrated que eligió a Bill Tilden cómo mejor deportista de la primera mitad del siglo XX por sobre Babe Ruth o Jack Dempsey, entre otros…Bill Tilden merecería un artículo dedicado en Jotdown…saludos!!!
¡Gracias!