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El 25 de noviembre se celebra el «Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer» (sic), fecha que observa la ONU para concienciar sobre otra de las barbaridades que cometemos las personas. Aprovechando el día, los medios ofrecen su generosa ración de contenidos. Es curioso que el porcentaje de opiniones sobre la violencia contra las mujeres (desde la cultura, la economía o la política) siga siendo abrumadoramente masculina. Lejos de mi intención sugerir oportunismo o alguna otra clase de actitud discriminatoria a costa de un asunto tan delicado, pero es tanta la presencia de expertos-para-todo, que algunas creerían que los crímenes sexuales los inventaron la televisión y los portales de noticias, siempre en manos de fenomenales compañeros de la información. Pero no, la violencia del género masculino contra el femenino, del femenino contra el masculino, y de cualquier género contra otro o contra sí mismo, ya estaba antes. No se lo van a creer, antes incluso de internet.
Mi intención en este texto se circunscribe a la música pop, y cómo viene reflejando estos temas. Los malos tratos, el abuso, la violación, el asesinato entre parejas, etc. La música es producto de las ideas y costumbres de la sociedad, por lo que siempre será llamativa la presencia o ausencia de temas sobre las relaciones violentas, que insisto, son unas cosas muy antiguas. Esto es como con los contenidos políticos: nos dice mucho de una corriente musical si esta tiene canciones concienciadas, poseur o «apolíticas». Hay estilos que han tratado y tratan de forma muy abierta esta problemática de los malos tratos, sin considerarlos como tal, ni siquiera como un problema. En otros se canta contra ellos de forma militante. También hay ejemplos de pop de trazo grueso, que como con el resto de asuntos mundanos, han hecho chistes de más o menos gusto. Unas veces, la ideología violenta aparece como algo natural a sus intérpretes; vamos, como una continuación de su vida en el arte (véase la plana mayor del hip hop, trap, reguetón…). Otras veces estas canciones sobre la violación o el abuso han sido compuestas como simple entretenimiento de hombres postmodernos, sin pensar en una valoración ética o social, como el que canta fascinado por las fechorías de un asesino en serie. O un violador con capucha. Aquí entraría la mitad del repertorio del pop español de los años ochenta, burlesco y satírico, pero este no es un asunto demasiado interesante. Si no, tendríamos que volver a las camisetas que Malcolm McLaren vendía para epatar a las modernas, impresas con la imagen del violador de Cambridge, o con fotos de niños extraídas de revistas pedófilas. Bueno, a todas no, puntualicemos que Glen Matlock se negó a ponerse la camiseta del niño desnudo por no sé qué principios y lógicamente fue expulsado de los Sex Pistols por moñas.
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Estupendo artículo, enhorabuena, pero creo que debería incluir a Paquita la del barrio.
Me ha encantado leer esto: el punto de vista, el respeto, la seriedad, la honradez, y la forma en que expresa todo eso. Muy agradecida.
¡Hola! Estupendo artículo, me ha gustado mucho. Pero una puntualización: cuando mencionas a una tal Aurora Rodríguez y su tema «Walkirias», creo que a quien realmente te refieres es a Aurora Beltrán (cantante de Tahúres zurdos). Un saludo.
Mis disculpas por lo de Aurora Beltrán. Me extraña que no haya cometido más errores. Mejor no lo releo. Dejo aviso en edición, gracias por el comentario.
El Kiss With a Fist, de Florence and The Machine, que recuerde…
Fistful of Love – Antony and the Johnsons
No hay nada más feo que una mujer borracha – Horregias
¡Gracias!