
Quienquiera que haya pisado el aula de un colegio sabrá de la atracción que causan los malotes. Chicos agresivos por fuera pero delicados por dentro; chavales que protegen su sensibilidad con una coraza impenetrable. Víctimas de la sociedad en el barrio chungo que se ven obligados a traficar con medias chinas de hachís para sobrevivir en un entorno hostil y despiadado. Van en moto. Tienen movidas. Escupen por el colmillo. Chocan la mano en escorzo y le miran mal a usted, que está leyendo tranquilamente el Don Miki en un rincón del patio sin meterse con nadie. A estos tipos duros solo los dejará fuera de juego la pérdida de encanto a determinada edad. Con treinta y muchos se les va el brillo a los macarras. Pero, entre tanto, un elevado porcentaje de las masas querrá aparearse solo con malotes. Usted no tiene nada que hacer. Pajas y Don Miki, ese es su sino mientras merodeen malotes torturaditos a su alrededor.
Y eso ha sido siempre así. Mucho antes de la llegada del rap y las firmas ágrafas en los urinarios. Hasta el personaje más célebre de la historia está cortado por ese patrón. No sé si les sonará, su nombre es Adolf Hitler. Envió sus aviones a bombardear nuestro país, entre otras aventuras, pero es más conocido por poner de moda el logotipo ese que hoy se raya torpemente en los ascensores. Hitler, el Fürher, que, además de ser un malote buena parte de su vida, fue también un perdedor. Por eso durante muchos años los vencedores le han caricaturizado, mostrándonoslo como un espantajo, un individuo patético y ridículo. Pero la realidad no fue así. Lamentablemente.
Veamos las equivalencias intertemporales con aquella época y aquel lugar. Primero, su bigotillo era como cuando usted se deja mosca en el mentón. Después, la fusta de montar a caballo pues es como el anillo que usted me lleva en el dedo gordo de la mano. ¿Y la esvástica? el logotipo de un grupo molón. Lo que ocurrió es que Hitler adoptó este look para ir a los bares a criticar al Gobierno muy pronto. Fue el primero. Un trendsetter. Y el paso definitivo lo dio cuando junto a su amigo Heinrich Hoffmann revolucionó el arte de la política a través de la fotografía poniendo caritas frente al objetivo. Es decir, se montó desde que quiso ser famoso lo que ahora sería un Instagram que lo peta. Como si hoy hubiese sido el primero al que le da por poner morros de pato en un selfie. De esta manera, logró establecer un fenómeno fan de primera magnitud. También dijo que con él iba a bajar el paro y tal, pero no se engañen. Eso, como ahora, lo decían todos.
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Es una tontería, pero…¿¿por qué, -al menos a mí-, es más fácil imaginar el momento del suicidio de ambos, que echando un buen y lujurioso polvazo en la famosa bañera??
Yo a este personaje siempre »lo he visto» algo…asexual. Me he tragado esa idea. Sin comparaciones de ningún tipo, uno ve las fotos de Lenin con Nadezhda y atisba algo de…empatía entre ellos, de emoción humana, como en casi cualquier pareja, hay cierta conexión. Sí me los imagino amándose, aunque…bueno, quién sabe, quizá se llevaban fatal y se querían menos que el führer y su chica.
Quizá ella vio en él la seguridad que no tenía y supongo que lo tendría que querer mucho para arrojarse de su mano al abismo.
Me ha parecido un artículo muy curioso y entretenido.
Felicidades.
-Eva, ¿qué viste en Adolf?
-Una polla de 35 cm y que comía coños como los ángeles.
Supongo que por poder ser, puede ser.
No deja de ser un poco LOL como tendemos a obviar la faceta sexual de nuestros ancestros. Todo se convierte en «amor» y no hay espacio para las relaciones sexuales. Quizás por eso sigamos pensando que el sexo anal o las corridas en la cara son «algo muy nuevo».
Así que quizás entre Eva y Adolf sólo había química sexual. Química jodida, en plan «Eva sabe que Hitler es un mierdas, pero aún así seguirá junto a él siempre». Quizás porqué el amor mola, pero mola mas tener orgasmos garantizados.
Según Speer, Eva Braun, sería una gran decepción para los historiadores. Supongo que estaba realmente enamorada. ¿Por qué? Eso sólo lo podría explicar ella, aunque intuyo que serían razones parecidas a las que tenían los millones de alemanes ( y no alemanes) que también quedaron quedaron prendados de semejante personaje.
Álvaro, como siempre una delicia leerte. Te sigo desde los tiempos del post sobre porteros de Madrid y «alborozo en el sofá». Nunca nos abandones
Estoy con Pablo. Qué gustazo leerte. Y tocas uno de esos puntos que, por incómodos, no se pueden debatir en una cafetería con tus cuñados: Lo que llamamos maldad es vanal y común, está en el ADN. Y la reproducción, principal motivación de todo ser vivo, se fija en lo malvado, lo granuja, porque es garantía de supervivencia. El sensiblero no liga, por algo será
¡Gracias!