Ciencias

La salud en los tiempos de la cólera

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Friern Hospital, 1984. Foto: Alan Denney (CC).

Hay un lejano poblado oriental en el que consideran que estar enojado es una enfermedad. Me lo comentó un epidemiólogo mientras estábamos en un balcón mirando a los paseantes de una calle peatonal, extrañado por la cantidad de gente con cara seria. Ese concepto me recordó  a otro que manejan los indios de Chiapas; para ellos es lo mismo estar solos que estar tristes. Muchas veces sucede que cuando nos enfrentamos a otras definiciones nos damos cuenta de que por muy modernos que seamos, también somos una sociedad muy desgraciada. Para empezar confundimos conceptos, y de esa confusión nacen prioridades mezcladas, que nuestros gobiernos aprovechan para hacer más perezoso su discurso y desarrollar su ineptitud. Un buen ejemplo es el tema de la salud. Dicen que es la prioridad, junto con la educación, pero ¿de qué hablan cuando hablan de salud? ¿Cómo la definen? ¿Cuáles son las causas que la afectan?

Hay quienes siguen pensando que estar sano es no estar enfermo, que sería como decir que estar enamorado es cuando no se odia.

La falta de definición había  pasado de ser una ausencia a ser un problema. La OMS trató de establecer una meta: «Salud para todos en el año 2000». En el 2001, cuando supieron que no lo lograrían pensaron que quizás habían sido demasiado ambiciosos, sobre todo porque, según ellos, la salud era (desde 1948) «el completo estado de bienestar, físico, mental y social». ¿Conocen a alguien que tenga un completo estado de… algo? O sea que, según esta definición, estamos todos enfermos. Para ser justos, tener una definición trajo cosas buenas. Primero, es mejor que  tratar de entender un término por su ausencia. Segundo, asociar la salud al «bienestar» se acerca al concepto que popularmente entendemos como tal. Y tercero, por primera vez se habla de algo más allá del cuerpo al incluir el aspecto mental y  social.

Años después se cambió la palabra «estado» por «proceso», para darle dinamismo, y así ha quedado hasta el día de hoy, a pesar de tener numerosos detractores. Una de las principales críticas a esta definición reside en el concepto de «bienestar». ¿Es lo mismo estar bien que sentirse bien? Demasiado subjetivo como para usarlo en la práctica.

A pesar de su poca divulgación hubo, sin embargo, otra teoría sobre este tema, la teoría social de la salud. Según la cual la salud no existe por sí misma ni es un estado. Aunque  se puede ver de forma objetiva y por supuesto tiene muchas causas, pero no todas tienen la misma «jerarquía». Según esta teoría, lo correcto es hablar de la unidad dialéctica «salud-enfermedad»; o sea que son dos conceptos que no se pueden entender por separado. Esto a nuestra sociedad le cuesta la misma salud (valga la redundancia). Piensen en otras «unidades dialécticas»: «bondad-maldad», «belleza-fealdad», «inteligencia-estupidez» y evalúense de acuerdo a ellas. Todo cambia cuando admitimos que «alegría-tristeza» forman parte del mismo concepto, que son dos cosas que van juntas y que (en distintos grados cambiantes) se van expresando en cada momento según lo afecten diferentes causas. Esto incluso cambia el enfoque ante un paciente discapacitado. El término «discapacidad» pierde sentido ya que no se señala solamente la capacidad ausente, sino que se destacan las capacidades existentes. Hasta el cuerpo más enfermo tiene algo sano y hasta el más sano puede tener inflamadas las encías.

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5 comentarios

  1. Lo de la OMS siempre me pareció un disparate. Esa no es la definición de salud, sino la de felicidad. Son cosas diferentes, y no ayuda a nadie pensar que son lo mismo.

  2. Pingback: La salud en los tiempos de la cólera – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  3. La principal enfermedad de nuestros dias es la permanete obsesión por la salud y los productos presuntamente saludables. Lo dijo Quevedo: la posesión de la salud es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta no se goza

  4. Maestro Ciruela

    Espléndido artículo con picos brillantes y muy divertidos. Gracias.

  5. Excelente artículo. Los ricos suelen enfermar de un modo, los pobres de otro. Negar que las condiciones socioeconómicas influyen en la salud de los colectivos es negar el trabajo de los epidemiólogos. Es evidente que el abordaje de la salud en la sociedad tiene que ser multidisciplinar: a través de la clínica, la economía, la cultura, la psicología…

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