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De libros, universos paralelos y dinosaurios

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Flysch de Zumaia. Fotografía: Fotolibre (CC).

Hay lugares que son un libro abierto. Algunos, incluso, lo son literalmente. Si te das un paseo por la playa de Itzurun en Zumaia, verás un arrecife formado por capas de roca acumuladas durante sesenta millones de años. Como cuenta Lisa Randall en La materia oscura y los dinosaurios (Acantilado, 2016), el arrecife es como un libro abierto con todas las páginas visibles al mismo tiempo. Por si eso no fuese ya bastante impresionante, su rasgo más característico es una especie de renglón, un fino subrayado llamado límite K-T (o límite K-Pg), que señala un acontecimiento importante en la historia de nuestro planeta: la extinción de los dinosaurios. Randall plantea la posibilidad de que fuese la materia oscura, por definición invisible, la que dio lugar a una serie de cambios prácticamente inapreciables en el sistema solar que, en última instancia, hicieron que un meteoroide impactase contra la Tierra causando la extinción del 75% de las especies que entonces la habitaban.

Salvando las distancias, la sorprendente hipótesis de la científica norteamericana, muy bien argumentada en su libro, me ha recordado a la metáfora del texto invisible de Arthur Koestler. Para este escritor, la naturaleza de la realidad última, el sentido de nuestra existencia, estaría contenido en un texto escrito con tinta invisible. Nosotros seríamos como un capitán de barco que lleva en el bolsillo un sobre que solo puede abrir en alta mar, «pero cuando llega ese momento y abre el sobre, solamente encuentra un texto invisible que desafía todo tratamiento químico. De vez en cuando aparece una palabra o una figura que denota un meridiano, pero desaparece inmediatamente después. El capitán nunca conocerá el contenido exacto de la orden, ni tampoco sabrá si ha cumplido o no con su misión. Pero el saber que tiene la orden en el bolsillo, incluso si no la puede descifrar, le hace pensar y actuar de manera diferente al capitán de un crucero de placer o de un barco pirata». De momento, no somos capaces de descifrar el mensaje que contiene la materia oscura —si es que lo tiene—, solo sabemos, como explica Randall, que «incluso con razones variables, donde hay luz también hay oscuridad». También se sabe que la materia oscura jugó un papel importante en la formación de las galaxias y que es esencial «para la formación de nuevas estrellas y, en última instancia, para la vida misma».

Es curioso que tanto desde la ciencia como desde la literatura se haya recurrido con frecuencia a la metáfora del universo como libro (Mallarmé) o como biblioteca (Borges). Einstein decía que la posición del hombre en el universo es como la del «niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe de haber escrito esos libros. No sabe cómo o quién. No entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos. El niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, solo sospecha». Se podría decir que la biblioteca de Einstein destaca por el orden (obedece ciertas leyes, aunque apenas las entendamos); en cambio, en la biblioteca imaginada de Borges, el desorden ocupa un lugar destacado. La biblioteca de Babel incluye «la historia minuciosa del porvenir (…), el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero (…), el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito…». En palabras del narrador mexicano Mauricio Molina, en el universo borgiano hay cabida para «falsificaciones, copias y duplicaciones, libros imaginarios entre libros reales (Tlön, Uqbar, Orbis Tertius), pero sobre todo se alteran los órdenes cronológicos». En manos de Borges el tiempo se bifurca (El jardín de senderos que se bifurcan), se detiene (El milagro secreto), es refutado (Nueva refutación del tiempo)…

Curiosamente, hace poco me topé por casualidad con un libro «extraído» de la biblioteca borgiana. Se llamaba el Libro del tiempo y lo encontré en La historia de tu vida, el relato de Ted Chiang en que se basa —ligeramente— la película La llegada, de Denis Villeneuve. Teniendo en cuenta el gusto de Borges por los textos apócrifos, imagino que a él esta anécdota le habría encantado… En el relato de Chiang, el Libro del tiempo es «la crónica de cada hecho, pasado y futuro». Si alguien tuviera acceso a ese libro y quisiera saber qué le va a deparar el destino, solo tendría que buscar en él la historia de su vida. No obstante, como señala la narradora, la persona que lo lea puede optar por hacer lo contrario de lo que está escrito. La cuestión del libre albedrío trae de cabeza a los físicos desde hace siglos. La capacidad de tomar decisiones propia del hombre no parece ser compatible con la visión determinista del universo que plantea la mecánica newtoniana o la teoría de la relatividad: si el comportamiento futuro de un cuerpo se puede predecir a partir de una serie de leyes, no hay cabida para la incertidumbre o para la elección. En La historia de tu vida, Chiang le da una vuelta de tuerca a este debate y logra reconciliar lo que parecía imposible. «La existencia del libre albedrío quería decir que no podíamos conocer el futuro», pero ¿y si no es así?, se pregunta la narradora: «¿Y si la experiencia de conocer el futuro cambiase a una persona? ¿Y si evocase una sensación de urgencia, una sensación de obligación de actuar exactamente como sabía que debía hacerlo?».

La historia de tu vida se sirve de las posibilidades metafóricas del principio de tiempo mínimo de Fermat para contar cómo una mujer se enfrenta a lo inevitable. All the Myriad Ways, de Larry Niven, explora las implicaciones que tiene para el ser humano la teoría de múltiples universos de David Deutsch (1). En el relato, el detective Gene Trimble investiga una oleada de suicidios sin explicación aparente. Pronto descubre que las víctimas tienen en común el haber viajado a otros universos paralelos. La historia tiene varios finales posibles, representativos de las infinitas posibilidades que ofrece la interpretación de los mundos múltiples de Hugh Everett. Según esta teoría cuántica, todo lo que puede pasar, pasará, en su propio universo separado. Al final del relato de Niven, Trimble está en su despacho con la pistola encima de la mesa preguntándose qué pasaría si se pegase un tiro. La respuesta es que daría un poco lo mismo. ¿Qué importancia tiene que alguien decida pegarse un tiro si sabe que en otro universo paralelo va a seguir vivito y coleando? Además, aunque siga con su vida como si nada, cabe la posibilidad de que en otros universos ya se haya disparado… En este escenario, si ya hemos tomado todas las decisiones posibles, no tiene mucha importancia qué decisión tomemos. Conceptos como «libertad» o «moral» dejan de tener sentido.

A pesar de que Borges sea el escritor más citado en artículos científicos o que una reciente teoría (Gravity’s Rainbow Theory) se llame igual que la novela con la que Thomas Pynchon ganó el National Book Award en 1974, no parece probable que los escritores sean capaces de predecir teorías científicas antes de ser formuladas. No obstante, sí que creo que la literatura puede jugar un papel importante a la hora de divulgar este tipo de conocimiento y a la de plantear experimentos mentales. El relato de Larry Niven puede leerse como un experimento mental en el que el autor explora las implicaciones de la teoría de múltiples universos al bajarla a la realidad, por así decirlo. Del mismo modo, a través de su célebre gato, Schrödinger planteó uno de los experimentos mentales más famosos de la historia para ilustrar los problemas de la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica al ser aplicada a la vida cotidiana.

En La materia oscura y los dinosaurios, Lisa Randall explora la interconectividad del universo: las relaciones entre lo visible y lo oculto, lo lejano y lo próximo, la luz y la oscuridad. Se cree que gracias al telescopio más grande del mundo, el Telescopio del Horizonte de Sucesos, pronto podremos ver la primera imagen de la historia de un agujero negro, o mejor dicho de la luz que rodea al agujero negro en su horizonte de sucesos. Sin duda, nuestro conocimiento de lo que ocurre ahí fuera es cada vez mayor, pero, como señala Randall, puede que nos empeñemos «en sobrevalorar el alcance de lo que realmente entendemos». Todavía no sabemos por qué hay algo en lugar de nada, qué pasó antes del big bang, por qué sigue habiendo una cantidad tan grande de materia ordinaria… Por otro lado, «aquí abajo» las cosas tampoco están más claras. La consciencia, la interacción entre mente y materia, sigue siendo un misterio.

Pese a nuestras limitaciones, es fascinante ver cómo se las ingenia el ser humano, gracias a esa mente que está dando tantos quebraderos de cabeza a los científicos, para plantear sugerentes teorías acerca de lo que no vemos, ya sea por lejanía o por ser indetectable para los instrumentos de medida de los que disponemos. Como ella misma dice, a día de hoy, la propuesta de Randall sobre la materia oscura es un experimento mental. Pero, independientemente de que sea validada o refutada en un futuro, merece la pena seguir el itinerario de su viaje: «Pensar en la materia oscura me llevó a reflexionar sobre nuestra galaxia, lo que me enseñó más sobre el sistema solar, lo que me condujo a centrarme en los cometas, lo que me llevó a una mejor comprensión de la extinción de los dinosaurios, lo que me llevó a contemplar la fragilidad del equilibrio que permite que florezca la vida». Sin salir de su propio cuarto, el ser humano puede hacer viajes tan emocionantes como el que cuenta Xavier de Maistre en Viaje alrededor de mi habitación. Lo que nos lleva de nuevo a Borges… esta vez vía Enrique Vila-Matas. Como este escritor nos recordó, el libro de Maistre aparece de forma tangencial, como de perfil, en El aleph, de Borges La interconectividad del universo de la que habla Randall es sorprendente e inagotable. Sin duda, fascinante.

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Fotografía: Vera Kratochvil (DP).

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(1) Sobre este asunto, merece la pena leer Ciencia y consciencia. La interacción entre mente y materia, de Eduardo Arroyo (RBA, 2016).

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6 Comentarios

  1. Pingback: De libros, universos paralelos y dinosaurios – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Agustín Serrano

    Con torpe oportunismo voy a citar a Cartarescu: »la escritura es teratología».

    A mí me gusta decir que, con las palabras y la imaginación que las pare, escribiendo puede uno dar forma a millones de cosas, entendiendo cosa como definición máxima de un todo particular.

    Leyéndote, yo me siento como ese niño de Einstein. Feliz ante la vasta cantidad de eruditos conocimientos.

    Como un ciego que, a medida que va atesorando datos, -leerte conlleva el tránsito, mediante copia y pega, de tus palabras y tus menciones a las enciclopedias-, va recuperando la vista poco a poco.

    Brillante artículo, Rebeca.

    Leeré el libro de Randall, gracias.

  3. antonio priante

    Sí, brillante artículo, Rebeca. Pero un poco de vértigo sí que da.

  4. Apasionante relato. De todas formas, eso de que la materia oscura estuvo detrás del meteorito que extinguió a los dinosaurios me gustaría que me lo explicaran más despacio.

  5. Yo no descartaría que la «Gravity’s Rainbow Theory» resolviese todas nuestras dudas, la novela es casi tan compleja como la propia Naturaleza.

  6. Debido al título del artículo: «De libros, universos paralelos y dinosaurios», pensé que la cosa iba de Harry Harrison, o de un estudio detallado sobre Edén y sus curiosas criaturas.
    Lástima.
    Por otro lado, el artículo es interesante y me ha descubierto una obra, en principio, apetecible.

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