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El efecto Buddenbrook

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Thomas Mann y su esposa Katia, 1932. Foto: Cordon.

En el mundo empresarial se conoce como efecto Buddenbrook la progresiva descomposición de una compañía familiar al descender la triple escalera que lleva desde los abuelos (fundadores y verdaderos artífices del hecho) a los hijos (que ya introducen la primera variable debilitadora con la llegada de yernos y nueras) y más tarde a los nietos, con quienes por lo general dicha empresa familiar es definitivamente liquidada, si no dilapidada. El término naturalmente proviene de esa delicia que es Los Buddenbrook, novela publicada en 1901 y la mejor obra de Thomas Mann con permiso de La montaña mágica. Constituye una observación minuciosa del declive de una familia burguesa y su negocio familiar, con un mimo de detalle tan exhaustivo y una exigencia tan tremenda al lector que uno tiene poco menos que dejar de hacer cualquier otra cosa si realmente se decide a leerla. Es bien conocido que Los Buddenbrook se encuentra inspirada en la pérdida paulatina de poder y patrimonio de su propia familia. De hecho, el plan inicial era que fuese elaborada a cuatro manos por el propio Thomas y su hermano Heinrich, de manera que fue concebida como una especie de testamento literario/familiar. En el momento de su aparición, supuso un retrato tan cercano del entorno de su autor que bien podría haber dado nombre a otro efecto: el efecto Mann, que puede definirse en pocas palabras como la posibilidad de arruinar la vida de alguien retratándole en una novela.

Todo acercamiento a la visión de una familia como una lenta decadencia —porque eso es en definitiva Los Buddenbrook— se queda corto si se compara con lo que realmente se vivió en el seno de la familia Mann. El escritor alemán exprimió tanto el material que encontraba a su alrededor (sus padres, sus círculos íntimos, su mujer, sus hijos) que no resulta exagerado afirmar que durante grandes etapas de su vida una de sus grandes ocupaciones fue ser testigo de cómo esa materia que le era tan preciada sobre su escritorio se descomponía. La incapacidad de Mann —o ausencia de interés, según lo severos que queramos ser con su figura— para transformar y disfrazar algo las vidas de los que le rodeaban le hizo perder no pocos amigos y, sobre todo, resultó una plaga de infelicidad para su familia. Andrea Weiss, autora de un libro interesantísimo sobre los Mann llamado significativamente In the Shadow of the Magic Mountain, lleva este gusto del autor de La muerte en Venecia por la copia del natural a los territorios más íntimos que uno pueda imaginar, incluyendo el incesto (siempre hubo un runrún incestuoso entre Katia, la mujer de Thomas, y su hermano Klaus) y la homosexualidad oculta (del propio Thomas Mann, de algunos de sus hijos).

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4 comentarios

  1. Se han escrito y se escribirán ríos de tinta sobre esta familia.
    Es cierto que el nobel de Thomas lo empeoro todo pero la relación ya venia mal de antes. Para mejor ni Klaus ni Heinrich eran malos escritores, eran brillantes escritores, pero especialmente para el hermano, ser el «hermano de» era pesado.
    Lo de Klaus era mas complicado, el era abiertamente homosexual y su padre era reprimido, solo en sus libros da rienda suelta a la verdad. En sus diarios esta casi patente la gran atracción física que sentía por klaus, y a la ves o quizás por eso lo amonestaba.
    El muchacho bastante consciente de eso utilizaba esa atracción para burlarse de el padre (lo escribe en un cuento de un padre que es atraído por su hija y terminan enredados y ella se rie de el) casi una provocación sumada a su homosexualidad militante que el padre reprobaba. Si hubiera sido otra epoca historica y Mann otro hombre quizas lo hubieran hablado y el hijo hubiera podido liberar al padre pero nunca sucedio.
    Lo del suicidio de Klaus es mas difícil de achacar a Thomas, Klaus ya venia de una estirpe de suicidas tios tias, hermanos sobrinos, puede haber un componente genetico.
    En cuanto a Heinrich, en su ultimo libro novela habla en clave de «dos hermanas» , una de ellas gano la «orden de la cruz sideral», y decia que » desde muy joven ya me di cuenta de que no llegaria a esa categoria, y yo ya sabia que tenias la intencion de superarme» «yo era arrogante y rechaze la competencia».

  2. Como les ocurrió a otros escritores, hizo mal al elegir entre arte y vida, pero al menos en el arte no se equivocó y afortunadamente ahora podemos disfrutar de sus obras.

  3. Pingback: Diario de tentaciones - José Luis Serrano

  4. Titubeos de ajolote

    El efecto Buddenbrook se da a todos los niveles. ¡Qué poco apreciamos lo que nos viene dado sin esfuerzo!
    Gran artículo. Muchas gracias.

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